menu

Campañas de risa. Las sit-com como herramienta de la comunicación política


Por Andrea Valeiras@andreiagallega periodista y consultora de comunicación.

No solo de “El Ala Oeste de la Casa Blanca” o “Veep” vive la ficción televisiva. También se procura equilibrar la balanza respecto a los espectadores: la mayoría son ciudadanos de a pie que jamás han pisado una war room, pero han vivido en su propia piel las campañas electorales y les gusta ver reflejado ese momento en series más heterogéneas temáticamente, cuyo centro es la vida cotidiana y en las que en cada episodio se suceden tramas diferentes. Me refiero a las sit-com, series de veinte minutos con un elenco habitual de personajes y con características con las que se puede identificar el ciudadano. Veamos algunos ejemplos de campañas electorales y escenarios políticos narrados a través de este formato:

– Los Simpson: es la serie paródica por excelencia a este respecto. Desde contar con Bush padre como vecino de Homer (y todos los problemas que surgen entre ambos), hasta Bill Clinton tratando de ligar con Marge, las referencias políticas han sido constantes. En cuanto a las campañas, destaca el episodio en el que, mediante una reducción al absurdo, un niño de ocho años (Ralph Wiggum) acaba siendo candidato al Congreso… por ambos partidos. Este capítulo presenta a Springfield como ciudad clave para medir los posibles resultados en las elecciones generales y por tanto la atención mediática se concentra enteramente allí. Gracias a ello podemos ver la parodia del sistema de cobertura mediática electoral, retratos a base de tópicos de ambos partidos, grupos de opinión con fines estadísticos que salen mal y debates ridículos que denuncian el excesivo uso de números y datos que desinforman al elector para intentar convencerle. También es clásico el capítulo en que dos extraterrestres se presentan como candidatos (uno como republicano y otro como demócrata), como primer paso para la dominación mundial. Finalmente se descubre que ambos son “lo mismo”, pero las elecciones continúan y el destino de la ciudadanía acaba siendo desgraciado. Siempre nos quedará ese “a mí no me mires, yo voté a Ko-Dos”. Esta trama de candidatos aparentemente distintos pero iguales se da también en la otra popular ficción de Matt Groening, Futurama, si bien de una forma radicalmente opuesta, presentándose aquí un debate entre dos candidatos con distintas ideas, pero el mismo ADN. El enfoque político de esta serie es muy interesante, ya que se plantea un presidente único para toda la Tierra (el cual es la cabeza preservada y con vida propia de Richard Nixon).

– Padre de Familia: la serie de Seth Mac Farlane se caracteriza por sus pocos límites a la hora de hacer humor, y la política no escapa a sus sátiras: desde situaciones que parodian indirectamente a otras reales (por ejemplo, cuando uno de los amigos del protagonista admite haber mantenido relaciones con la mujer de otro, vestido igual que Clinton cuando se enfrentó al escándalo Lewinsky), hasta “apariciones” de figuras políticas en la trama como el mismo Clinton, Obama, Putin y hasta Hitler, entre otros. Se ha bromeado con temas como el asesinato de Lincoln o el Holocausto (incluso Stewie se disfraza como el dictador en un viaje al pasado). En cuanto a campañas electorales, se nos presenta un capítulo en el que Lois (la madre de familia), se presenta a unas elecciones contra el eterno alcalde Adam West tras haber intentado, sin éxito, denunciar un problema medioambiental que este había permitido a cambio de un soborno (llevando esto al absurdo por tratarse de aceite capilar el pago por la complicidad de este). Durante la campaña, Lois intenta conectar con sus votantes, pero no lo logra: la palabrería vacía de West suscita respuestas positivas en el electorado, mientras que ella solo aborrece a los ciudadanos. Siguiendo los consejos de Brian (su perro), varía su discurso, recurriendo a tópicos trillados como el terrorismo, de manera forzada y ridícula, parodiando así la retórica mal entendida que roza el populismo y que se basa en la “grandes palabras” (patriotismo, Dios, miedo…), sin preocuparse de generar un mensaje directo y bien orientado a la ciudadanía que transmita información útil y relevante.

– Modern Family: si bien el arco central de tres o cuatro episodios se basa en la candidatura de Claire a concejal, a través de ella no solo vivimos la preparación para un debate y un par de desafortunadas apariciones públicas, sino que también vemos a una familia reconvertida en consultores, un salón transformado en war room y centro de llamadas, un marido recogiendo votantes y a varios miembros de la familia a quiénes distintas distracciones les impiden emitir su voto, entre otros escenarios reales de una campaña vistos desde la parodia. De esta forma podemos comprobar cómo vive unas elecciones a pequeña escala el entorno del candidato. Además, este arco narrativo dura varios episodios, como se ha mencionado, y comienza con un suceso que hace que Claire decida presentarse al cargo, por lo que se nos muestra todo el proceso de toma de decisión y el camino hacia el puesto, lo cual no es habitual porque en este tipo de series ajenas a la política (en su argumento y desarrollo principales), las campañas electorales se muestran a través de los protagonistas como ciudadanos, no como candidatos. La historia del ama de casa que se presenta a concejal queda así completa al tratarse desde el interior y el exterior del entorno político (si bien llevado al terreno más modesto, al tratarse de un puesto en la Concejalía de Urbanismo).

– Uno para todas: un buen método para introducir el tema de las elecciones en las series familiares es centrar la trama en el primer voto de uno de los protagonistas. En este caso se trata de la hija mediana, una chica popular y superficial que nunca se ha interesado por la política, pese a que en su casa es un tema recurrente. De hecho, en esta serie hay continuas referencias políticas desde distintos puntos de vista ya que el padre es un republicano convencido en cuyo negocio se venden armas, pero la hija mayor y su novio son demócratas convencidos y concienciados con los problemas del medio ambiente. La hija pequeña sigue los pasos de su padre y la madre prefiere evitar estos temas. Con semejante contexto, el episodio dedicado al día de las elecciones está lleno de debates, peleas, intentos de convencer a la nueva votante, a costa de lo que sea… todos los guiños políticos habituales confluyen en este episodio hasta convertirlo en monotemático.

– Frasier: en un episodio, el famoso psiquiatra y su hermano, tras ver que su padre aparece en el spot de un candidato, deciden hacer campaña activa por el contrario. Un malentendido acaba ocasionando que el doctor haga público que su candidato sufría delirios y alucinaciones cuando en realidad “solo” tenía inmigrantes ilegales trabajando en su casa. Al igual que en el caso anterior, se muestra el conflicto en el ámbito familiar al enfrentarse dos generaciones, si bien las diferencias entre sus posturas políticas no son tan acusadas. La trama de este episodio nos deja ver no solo la preparación de spots electorales, sino la búsqueda de apoyos que colaboren en esta propaganda a fin de transmitir un mensaje más: la gente de la calle confía en el candidato A, pero el candidato B está respaldado por una figura mediática respetada, recurriéndose incluso a las alusiones a la profesión de Frasier, la psiquiatría, declarando que el voto a su candidato es “el voto sano”.

– Sabrina, cosas de brujas: Esta serie para adolescentes introduce el tema de la política de una forma más orientada a los símbolos patrióticos y a la utilidad del voto. En este caso, las elecciones se celebran en la “Otra Esfera” (el mundo dónde viven muchos brujos y brujas y desde el que se gestionan las cosas relacionadas con la magia) y son anunciadas por el Tío Roy, el equivalente mágico del Tío Sam. En la trama del episodio se presentan tres proposiciones de ley que se relacionan con los diversos miembros de la familia: una que permitiría a la protagonista contar a su novio que es bruja, otra que enfrenta a sus dos tías (por lo que se puede ver a ambas haciendo campaña por sus respectivas causas) y una propuesta absurda que solo interesa al gato.

– Aída: Un ejemplo patrio que, si bien no cumple con algunas características de la sit-com americana, es el equivalente español a este tipo de series. Además de las constantes referencias políticas que surgen entre dos personajes principales con ideologías opuestas (Chema y Mauricio Colmenero), se viven unas elecciones a pequeña escala en las que uno de los protagonistas, no pudiendo presentarse, hace candidato en su lugar a su empleado inmigrante. El quid de la cuestión es que los ideales del “titiritero” son opuestos al del candidato visible y los hilos se van quebrando no pudiendo sostenerse una farsa en la que un inmigrante sobreexplotado está en contra de la inmigración y de los derechos de los trabajadores.

Estos ejemplos paródicos ayudan a que el ciudadano vea de manera distinta las campañas que, en principio, pueden llegar a aburrirle y, así, le llegan por medio del ocio. No obstante, no están vacías de contenido, el significado se entresaca de ser reflejos descontextualizados de la realidad y los mensajes calan en el espectador: el cerebro del votante nunca duerme.

Deje un comentario:

Subir
X
Ir a la barra de herramientas