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La comunicación política desde la óptica de la investigación. Estado de la cuestión.


Por Joaquín Marqués, @quim_marques Doctor en comunicación, abogado y politólogo.

La reflexión científica y la actividad investigadora sobre la comunicación política (compol) como objeto de estudio, a lo largo del presente siglo, ha ido creciendo, tanto en cantidad como calidad, en línea con lo que ya apuntó María José Canel, presidenta fundadora de ACOP, hace ahora casi una década. Opinión que coincide con la expresada por Manuel Martínez Nicolás, que, sobre esas fechas, realizó un trabajo de investigación sobre la misma materia: “desde hace unos años (1996-2007), el campo de la Comunicación Política está siendo uno de los más dinámicos, y quizá también solventes, de la investigación española sobre comunicación”. Su percepción, a día de hoy, es que el proceso ha continuado con fuerte dinamismo: “la evolución ha sido brutal pero hasta un punto que considero excesivo. Prolifera mucho la investigación generada en las redes sociales pero realizada con poca substancia”.

Este fuerte desarrollo ha ayudado a la creación y/o consolidación de una serie de grupos de investigación, imbricados en el ámbito universitario español. Como consecuencia de ello, la producción científica en este campo ha vivido un fuerte dinamismo a la vez que se han elevado los niveles de cumplimiento de los estándares metodológicos internacionales. Este comportamiento interior está en línea con la dirección de esta materia a nivel internacional, como puso de manifiesto en su día la también expresidenta de ACOP, Karen Sanders, en Telos.

Se constata que la investigación científica de la compol empezó a despegar en España, al menos como objeto académico, en la última década del siglo pasado al socaire de varios factores: el sorpasso político que se inició en aquella época y que aún hoy pervive (declive del PSOE y auge del PP); de los cambios en la sociedad española (donde se empezó a incrementar la utilización del voto instrumental por parte de muchos ciudadanos); de una proliferación de empresas demoscópicas y una incremental profesionalización de los especialistas, entendida ésta en línea con la expuesto por Jordi Rodríguez Virgili. Este profesor titular de la UNAV, es de la opinión que, en la actualidad “la investigación en comunicación política en España está ya plenamente consolidada con un buen número de tesis doctorales, presencia habitual en la revistas académicas, grupos de investigación emergentes, intervención de investigadores españoles del área en los congresos científicos de mayor impacto internacional, compite en las convocatorias públicas de proyectos de investigación, etc.”

Estado de la cuestión

Este artículo pretende esbozar la situación actual a partir de los grupos formalmente estructurados. La dificultad de la investigación estriba en que muchos de ellos no tienen la comunicación política como única línea de investigación, ni tan siquiera como la principal. Muy a menudo comparten el estudio con otras temáticas colaterales. Esta situación es fruto de la necesidad (u obligación impuesta por sus universidades) de agrupar a diferentes colectivos (habitualmente compuestos por un reducido grupo de profesores universitarios e investigadores) en torno a un único grupo, más fuerte (en todos los sentidos), para fortalecer su potencial, con el objetivo de conseguir tanto subvenciones públicas como ayudas privadas que posibiliten el desarrollo investigador, en un contexto de fuerte reducción de las inversiones en este campo. De esa manera, observamos grupos con más de una veintena de miembros, como, entre otros, Novos Medios (de la mano de Xosé López García), Mediaflows (Guillermo López García), Parte Hartuz (Iñaki Barcena), o Unica (Miquel Rodrigo).

Se han identificado en torno a una veintena de grupos de investigación en España, la mayor parte de ellos consolidados desde hace años y casi todos están ligados a una universidad. Algunos de ellos, como CONEP, grupo de investigación de la UCM (reconocido en 2007), disponen de miembros adscritos a varias universidades (cinco, en este caso). Lo más habitual es que todos los miembros pertenezcan a la misma facultad y que ésta esté ligada al ámbito de la comunicación. CONEP es una excepción (Sociología).

Si analizamos los grupos centrados exclusivamente en la compol observamos que hay muy pocos. Alguno, como Estrategias Persuasivas: Propaganda Política y de Guerra, se centra en esta área temática. Comunicación, Esfera Pública y Ciudadanía dispone de cuatro líneas, todas ellas relacionadas, en mayor o menor medida con la compol. Otro grupo, con una orientación similar pero mucho más reciente, creado en 2013, es el valenciano Mediaflows, ya citado, que centra su esfuerzo en torno a flujos de comunicación en los procesos de movilización política. Pero la mayor parte de ellos dispone de un número amplio de líneas de investigación que fluctúa entre 3 y 14 donde la compol es una más. Un ejemplo de ello es GEAC (Grupo de Estudios Avanzados de Comunicación), creado en 2003 y ligado a la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos, liderado por Enric Saperas, que centra su esfuerzo en torno a seis líneas de investigación, siendo la compol una de ellas. Este caso no es una rara avis. Es la norma. Verbigracia, el grupo MDCS (Mediación Dialéctica de la Comunicación Social) de la Universidad Complutense de Madrid, con una antigüedad similar, y dirigido por José Luis Piñuel. A pesar que incluye la compol como una de sus líneas de investigación la producción de esta materia en los últimos años es casi nula, a tenor de lo publicado.

A lo expuesto debemos añadir otra problemática para delimitar el ámbito. En torno a la compol conviven varios ámbitos de las ciencias sociales: aquellos provenientes de los estudios de comunicación junto a los procedentes de la ciencia política, pero sin olvidar algunas líneas de la sociología y, en menor medida, el derecho. José Luis Dader apuntó en su día esta dualidad de planteamientos investigadores: “el enfoque politológico (inspirado en la tradición de la ciencia política) y el enfoque comunicológico (derivado de la teoría y sociología de la comunicación)”. Nos interesa más el segundo donde “la pregunta central indaga sobre el papel que juega la variable comunicacional en los diversos procesos políticos en los que interviene”¹.

Otro elemento de análisis del estado de la investigación sobre compol en España se relaciona con la formación y procedencia de los miembros que participan tanto en los grupos como en los proyectos de investigación. Dicho en román paladino, el nivel de interdisciplinariedad. En el pasado era inexistente. Y en la última década también. Para Martínez Nicolás, miembro del grupo de investigación GEAC, que es requerido por el Ministerio de Economía como evaluador de proyectos sobre compol, “la interdisciplinariedad está ausente en los propuestas que demandan apoyos públicos”. Es una de las asignaturas pendientes.

Ejes temáticos

Obviando las problemáticas expuestas, podemos establecer unos ejes temáticos principales en las investigaciones que se han ido realizando en los últimos lustros. El trabajo “La investigación en comunicación en España: estado de la cuestión” ya los expuso en el IV Congreso Internacional de la Asociación Española de Investigación en Comunicación, en 2014:

  • Identificación de similitudes y diferencias en las relaciones entre el periodismo y la política con la intención de conocer la articulación de los sistemas políticos y sistemas de medios en la oferta de oportunidades de información.
  • Explicar las estrategias de la sociedad civil para influir en las condiciones de publicidad en la esfera pública. Aquí se incluyen aquellos trabajos interesados en entender la participación cívica y la crisis de representación en las democracias contemporáneas.
  • Nuevos desafíos normativos como producto de las tendencias en la comunicación política.

En el pasado, la investigación en compol era muy mediacéntrica. Para Rodríguez Virgili predominaban las investigaciones que ponían en los efectos negativos de los medios de comunicación en la confianza política. Desde el nacimiento del movimiento del 15M en España (2011) el escenario ha cambiado gracias al empoderamiento de la ciudadanía y al desarrollo tecnológico.

Se puede observar cómo, en los últimos años, menguan las investigaciones que ponen el foco en el tratamiento de la política por los medios de comunicación (y, eventualmente, el análisis sobre las campañas electorales) en favor de nuevos objetos de estudio como son la nueva función política de la ciudadanía, potenciada por otro objeto como es la compol en el entorno digital lo cual ha estimulado la producción de la investigación científica en este campo.

Esta proliferación de las investigaciones que no ponen el foco sobre la acción de los medios sino sobre la ciudadanía activa, especialmente en el ámbito digital, se complementa con otra: ¿de qué manera se comunican los políticos ahora que pueden dirigirse a la ciudadanía de manera directa gracias a las nuevas herramientas digitales y ya no necesiten necesariamente a los medios como intermediarios?

En la actualidad podemos establecer que las principales temáticas que desarrollan los grupos de investigación apuestan más por investigaciones aplicadas, observándose un retroceso en las materias teóricas. Uniformando las líneas de investigación por ámbitos conceptuales podemos establecer que los más populares se centran en torno a: 1. la relación entre la política y los medios de comunicación, en definitiva, los actores de la compol que supone el tema más clásico junto a la emergencia de nuevos actores; 2. la propaganda y la opinión pública, con especial incidencia en las estrategias de persuasión; 3. los procesos electorales y la utilización de la compol; 4. la influencia, utilización e intervención de las nuevas tecnologías y robotización en la compol; 5. el análisis y desarrollo de temáticas relacionadas con el conocimiento teórico de la compol; 6. y la imagen y lenguaje de los políticos en su compol.

Uno de los grupos más antiguos (se creó en 1995) es Euskobarómetro proveniente, en este caso del ámbito de la ciencia política (UPV/EHU). Es un caso atípico en el panorama de la investigación en compol. La producción de su veintena de miembros está ligada fundamentalmente al banco de datos generado por el barómetro de opinión vasco, y se concreta en torno al comportamiento electoral en ese territorio, la cultura y la socialización políticas, el liderazgo político, el capital social, los partidos políticos, las identidades colectivas, la violencia política y la victimización, las políticas de género, las políticas lingüísticas, la descentralización o la evaluación del rendimiento institucional y de las políticas públicas, entre otras.

Otros grupos del ámbito público que también investigan la materia objeto de este artículo son, en el País Vasco Biography and Parliament, centrado en su historia parlamentaria, y el Grupo de Investigación en Sociedad, Política y Comunicación; en Andalucía, Comunicación y Poder en Málaga, IDECO (Grupo de Investigación en Comunicación Política, Ideología y Propaganda) y Compolíticas, (Grupo interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social) en Sevilla; en Murcia el Grupo de Investigación en Comunicación Política e Imagen; en Valencia, el Grupo de investigación sobre Comunicación Política y Políticas de Comunicación; en Castellón, Periodismo, comunicación y poder; también en algunas universidades privadas se han potenciado grupos de investigación en compol. Como en Aragón, Comunicación, periodismo, política y ciudadanía; en Galicia, CIDACOM (Ciudadanía y Comunicación); en Salamanca, COPP (Comunicación, Opinión Pública, Sociedad y Política); en Madrid, CIGMAP (Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político) y el Grupo de Análisis de Investigación Mediática Aplicada – Ciberimaginario (ANIMA+D) Sociales; y en Cataluña, GECP (Grupo de Estudios de Comunicación y Política), el Grupo Daniel Jones, Democracy, Elections and Citizenship (DEC), y Digilab: Media, Strategy and Regulation.

Otra de las asignaturas pendientes, según Martínez Nicolás, es que los investigadores españoles siguen obviando realizar investigaciones sobre procesos políticos, sobre debates públicos en torno a cuestiones “que es lo interesante de la compol. Seguramente porque es muy costoso tanto en tiempo como en dinero”. Las investigaciones siguen apostando por analizar cortos períodos de tiempo. “Lo interesante no es analizar acontecimientos sino procesos políticos, entendidos como temáticas que se prolongan en el tiempo sin solución determinada. Ese es un tema no resuelto aún. Seguramente debido al cortoplacismo con el que trabajan muchos investigadores. Es mucho más costoso recoger esa información”, afirma Nicolás.

Las temáticas de estudio de los grupos españoles son muy similares a las de otros países de nuestro entorno aunque la producción final, medida en publicación de artículos científicos en journals internacionales de prestigio, sigue siendo baja en comparación a la que presentan otros países. Para Carles Pont, integrado en UNICA (Unitat d’Investigació en Comunicació Audiovisual) un grupo consolidado de la Universidad Pompeu Fabra, la producción anglosajona “nos lleva una ventaja de más de cincuenta años. Pero aun teniendo en cuenta esta diferencia creo que la investigación de las universidades españolas, especialmente en las catalanas, Navarra y algunas públicas de Madrid, es equiparable a la de los países más avanzados”. Para Rodríguez Virgili la calidad de esta producción científica es más difícil de determinar. “Creo que el llamado ‘efecto ANECA’ ha tenido como parte positiva un impulso cuantitativo de la investigación y a enfrentarse al reto de la internacionalización. Pero como efecto negativo quizá sea un excesivo empirismo como patrón central de la investigación y una pérdida del reconocimiento académico de la investigación de carácter más comprensivo. En términos generales, creo que la calidad es buena y equiparable en gran medida a los países de nuestro entorno. Aunque desde luego, hay mucho que mejorar y madurar. Quizá investigaciones más longitudinales, y comparativas en el escenario internacional”.

Otra reflexión a analizar es la aportada por Martínez Nicolás en torno al gran número de investigaciones basadas en técnicas cuantitativas. “En ese tema no se ha avanzado mucho en los últimos años. Se sigue potenciando este tipo de investigaciones sobre las cualitativas. Mi impresión es que es un mal prácticamente incorregible. Se siguen haciendo análisis de contenidos cuantitativos, una investigación muy centrada en material documental. Sería bueno apostar por cambiar los objetos de estudio donde la fuente de datos fueran las personas, no los documentos”. Esta práctica probablemente se deba a que los journals priman la investigación cuantitativa ya que los estándares evaluadores están más estandarizados y son más sencillos de realizar.

Otro de los aspectos a destacar de la actual producción científica, no solo en compol, es que se prima los trabajos empíricos por encima de los de reflexión o teóricos, aquellos que trabajan con ideas. Estos últimos son importantísimos porque van proponiendo nuevas formas de explorar la realidad o nichos no explorados.

Apuntar que el ya referido ‘Efecto ANECA’ no influye únicamente en la compol. Abarca todas las ciencias y excede del presente artículo pero es necesario apuntar que la presencia de lo mejor de la investigación española se publique en journals extranjeros, normalmente anglosajones, genera efectos añadidos. Uno de ellos el empobrecimiento de la investigación en las diferentes lenguas del Estado, especialmente las más minoritarias, generando, como consecuencia, un retroceso en los rankings internacionales de las publicaciones españolas. Es una pescadilla que se muerde la cola. Es una paradoja ver cómo las investigaciones más importantes, habitualmente generadas con financiación estatal, acaban viendo la luz en publicaciones foráneas y, principalmente en inglés, aunque en este ámbito el francés también tiene cierta presencia internacional.

La profesionalización

Hay que tener muy presente que uno de los objetivos de la producción científica es elevar el nivel de profesionalidad, como dice Pont: “no debemos olvidar que nuestro trabajo contribuye a mejorar la praxis profesional en el ámbito de la comunicación y de la política y, en consecuencia, el sistema democrático español”. Por su parte, Canel que tiene una proyección internacional indudable (copresidenta de la Sección de Comunicación Política de la International Association for Media and Communication Research, IAMCR), y es una de las autoras españolas más citadas en la especialidad, apunta los retos de la profesionalización de la compol.

No sería adecuado finalizar este artículo sin referirse a la labor que realizan una serie de investigadores independientes, una figura que agrupa un cierto número de personas, que pueden (o no) estar ligadas a un grupo concreto pero que se mueven fundamentalmente en función de proyectos. El profesor Víctor Sampedro, de la URJC, sería un claro ejemplo de ello a pesar de su imbricación en el grupo de investigación en Ciberdemocracia. También completamos la lista atendiendo a grupos de investigación no ligados directamente a ningún centro universitario sino a asociaciones como ACCIEP que dispone de Compolwatch.

Con todo lo expuesto, poniendo de manifiesto la situación y dificultades, no queremos dejar una imagen aviesa de la situación. Más bien estamos en línea con la opinión de Sanders: “el panorama para la investigación en la Comunicación Política es apasionante”. Rodríguez Virgili cree que “desde luego, hay mucho que mejorar y madurar. Quizá investigaciones más longitudinales, y comparativas en el escenario internacional”. Aunque para ello las investigaciones deben estar dotadas de financiación suficiente que es “uno de los principales problemas, aunque no exclusivo de la compol”, según Virgili. “Tengo la impresión que competimos con desventaja en la financiación respecto a la mayoría de nuestros colegas europeos y norteamericanos”. Para Pont ello es debido a que “no hay voluntad de financiarla mejor pues, a menudo, se considera que en las propuestas científicas puede haber voluntades políticas”.

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¹ Dader, JL (2008). La adolescente investigación en Comunicación Política: Estructura del campo y tendencias prometedoras (cap. libro). En: Manuel Martínez Nicolás (ed.): Para investigar la comunicación. Propuestas teórico-metodológicas. Madrid: Tecnos.

 

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