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	<title>diálogo archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>diálogo archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>“Los lobbies abrimos canales de diálogo y participación de la sociedad en los asuntos públicos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 May 2013 05:57:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista a María Rosa Rotondo, presidenta de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) y primer ejecutiva de la firma de public affairs Political Intelligence. María Rosa Rotondo es presidenta de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI). Acaba de pasar por la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Entrevista a María Rosa Rotondo, presidenta de la <a href="http://relacionesinstitucionales.es/">Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales</a> (APRI) y primer ejecutiva de la firma de public affairs <a href="http://www.political-intelligence.com/es/">Political Intelligence</a>.</h2>
<p><strong>María Rosa Rotondo es presidenta de la <a href="http://relacionesinstitucionales.es/">Asociación de Profesionales de las Relaciones</a> Institucionales (APRI). Acaba de pasar por la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados para exponer su punto de vista sobre el borrador de la ley de Transparencia, Acceso a la Información y Buen Gobierno. Está preocupada porque la ley corre el riesgo de convertirse en un cajón de sastre absolutamente ineficaz. De hecho, aún no ha conseguido que se reconozca la necesidad de regular la actividad del <em>lobby</em> ni de elaborar un código ético. Pero está en ello y con su habitual persistencia y capacidad de persuasión, va por buen camino.</strong></p>
<p>Por <span class="DestacadoB">Juan M. Zafra</span></p>
<p>Nos encontramos en las oficinas de <em>Political Intelligence</em>, que se define como “el principal grupo independiente de<em> public affairs</em> en Europa”. María Rosa es socia y una de sus dos primeros ejecutivos en España. Comenzó su carrera profesional en el despacho de abogados Cremades &amp; Sánchez Pintado y se especializó en el sector de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Empezamos la conversación con un repaso a la evolución de ese sector en España y Europa, al desarrollo que ha seguido la competencia, a la importancia que tiene Bruselas en su ordenación y a las posibilidades que ofrecen las TIC para configurar un nuevo orden político, económico y social más transparente, participativo, rico en todos los aspectos.</p>
<p>Nos habíamos propuesto que en la conversación participara también el autor de “Que vienen los lobbies”, pero no ha sido posible. Dedicamos un par de minutos al libro. “Cuan­do se trata el tema del <em>lobby</em> se emplean imágenes y frases hechas. Algunas de ellas no se ajustan en nada a la realidad”.</p>
<p><strong>Creo que iría bien empezar por clarificar a qué os dedicáis los profesionales del <em>lobby</em>.</strong></p>
<p>La actividad principal del profesional del <em>lobby</em> es canalizar la participación de la sociedad civil en las instituciones públicas y en la toma de decisiones. Tratamos de ayudar a las empresas y las instituciones en la toma de decisiones. Lo entendemos como una forma de participación en la consolidación de la democracia.</p>
<p><strong>¿Por qué se asocia a asuntos turbios, en la sombra, a la manipulación…?</strong></p>
<p>Tiene que ver con la falta de regulación clara y al hecho de que la ausencia de normas hace que se confundan términos para referirnos a actividades distintas. Tiene relación también con la ausencia de cultura en nuestro país en esta materia. Las normas que regulan el <em>lobby</em> facilitan la igualdad de todos a la participación y a la información. Se nos acusa de querer mantener puertas secretas de acceso a los políticos y a los decisores. Es todo lo contrario, lo que queremos es que ese acceso sea lo más transparente y democrático posible en beneficio del conjunto de la sociedad.</p>
<p><strong>¿Hacía dónde debe orientarse esa regulación de la actividad de <em>lobby</em>?</strong></p>
<p>Desde hace cinco años venimos reclamando una ordenación por parte del Gobierno y del Congreso, de la misma manera que se ha hecho en Bruselas y en las instituciones euro­peas. Miramos lo que se está haciendo en otros países de la UE, en Estados Unidos y en Reino Unido. Vimos que lo más adecuado a nuestro entorno es lo que se está haciendo en Bruselas: un registro de <em>lobbistas</em> y un código de conducta obligatorio.</p>
<p>Como asociación estamos centrados en crear una profesión y en dar carta de naturaleza a una actividad que necesita ajustarse a unas reglas y dotarse de elementos que den prestigio a quienes se dedican a ella. Para ello hacemos difusión, formación para empresas y profesionales, intentamos establecer parámetros de actuación….</p>
<p><strong>Sin embargo, el proyecto de ley de Transparencia y algunas cosas más que se está tramitando en el Parlamento no contempla esas medidas… ¿cuál es la razón?</strong></p>
<p>Habría que preguntárselo a los diputados que están tramitando esa ley. A nosotros nos han invitado a participar en su elaboración a través de una comparecencia en la Comisión Constitucional. Es un proceso extraordina­riamente abierto, en el que hemos podido transmitir nuestras propuestas a todos los grupos parlamentarios. Pero a ese respecto, quiero destacar dos aspectos. Primero, que la ley de transparencia afecta al Gobierno, al Ejecutivo, y deja fuera al legislativo y desde el Gobierno creen que no es el momento de incluir normas de regulación de <em>lobby</em>. En segundo lugar, o en paralelo, sí se ha anunciado que Congreso y Senado, en el ámbito de sus competencias, van a aplicar medidas de transparencia como el registro de <em>lobby</em> otras normas de acceso a grupos, diputados y senadores. No sabemos aún cómo, pero se va a regular.</p>
<p><strong>¿A qué cree que se debe la negativa del Gobierno a incluir ese registro en la ley de Transparencia?</strong></p>
<p>Creo que existe una predisposición muy positiva para que se regule, pero que no se ha llegado a una decisión clara sobre el cómo. No es una resistencia, sino una cuestión de tiempo y de recursos para llegar a una posición. La ley de Transparencia está pensada para una serie de cosas y no se quieren introducir más elementos en el debate.</p>
<p><strong>Entretanto seguimos descubriendo casos de corrupción y prácticas de parte de las empresas que supongo les perjudican enormemente a ustedes. ¿No es así?</strong></p>
<p>Bueno… supongo que te refieres al caso Bárcenas. Hay que esperar a lo que digan los jueces. Los delitos de tráfico de influencias y cohecho están claramente tipificados en el Código Penal. Lo importante es que se denuncien esas prácticas cuando se detecten y que los jueces actúen con rapidez y contun­dencia. La actividad del <em>lobbista</em> no tiene nada que ver con esas prácticas.</p>
<p><strong>¿Qué nos diferencia del resto de Europa y de Estados Unidos en lo que respecta a esta actividad?, ¿por qué no tenemos esa regulación aún?, ¿no hay porque somos corruptos?, ¿o somos corruptos porque no hay regulación?</strong></p>
<p>La diferencia fundamental es precisamente que no tenemos una regulación. Sin embargo, sólo 14 países de 27 miembros tienen una regulación de <em>lobby.</em> Estamos en la media (risas). En Bruselas se reguló muy pronto porque allí se toman las decisiones. El <em>lobby</em> es consustancial a la Unión Europea y, por tanto, se establecieron normas que permitieran la confluencia de una serie de culturas muy distintas respecto a esta materia. Son normas que han evolucionado mucho y que están en cons­tante revisión. Es un modelo perfectamente válido a día de hoy para cualquier país miembro a pesar de las diferencias evidentes en el régimen político de cada país y de estos con la propia ordenación política de la UE.</p>
<p>El caso de EEUU es distinto. Creemos que las normas allí se hacen precisamente para que la regulación no sea operativa y no haya suficiente transparencia sobre el funcionamiento del <em>lobby</em>.</p>
<p><strong>Otros dos fenómenos recientes están impactando en el ejercicio de su profesión: los movimientos sociales formalmente no organizados, según el modelo del 15-M, y el de las “puertas giratorias” entre políticos y empresas….</strong></p>
<p>Tener una sociedad movilizada es bueno para la democracia. Cuanta más participación y más demanda de participación por parte de la sociedad exista, mejor para todos. La explosión de los movimientos sociales es una evidencia de que el gobierno y el legislativo tienen que entenderse con la sociedad. Es una prueba de que en nuestro estado de derecho no hay un nivel de diálogo, o al menos, no es el nivel de diálogo que demanda nuestra sociedad. En ese sentido, quienes nos dedicamos a esta profesión ha­cemos una aportación para establecer puen­tes y canales de diálogo y de participación de la sociedad en los asuntos públicos. Todas las normas que los profesionales del <em>lobby</em> están tratando nos afectan a todos y también a los miembros de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) o a Greenpeace. Ellos lo saben, las ONGs lo saben y se consideran tan <em>lobbistas</em> como nosotros.</p>
<p><strong>¿Las “puertas giratorias” son una forma de corrupción?</strong></p>
<p>La necesidad de regular el <em>lobby</em> está muy relacionada también con este fenómeno. En muchos otros países hay normas para estos casos y en España tenemos la ley de incompatibilidad de los altos cargos, pero que no se aplica o se buscan fórmulas para eludirla. La ley debe ser mejorada y ampliada, pero sobre todo, aplicada.</p>
<p>En el <a href="http://relacionesinstitucionales.es/?page_id=147">Código de Conducta de APRI</a> decimos que no debemos tentar a los altos cargos con remuneraciones excesivas. No podemos hacerlo. Si esta norma se extendiera a todas la empresas, tendríamos un sistema mejor. La cuarta norma que aprobó Obama al llegar a la Casa Blanca fue limitar las remuneraciones a los ex altos cargos, de forma que el interés por pasar a la empresa privada es menor. La corrupción y la posibilidad de ofre­cer altas remuneraciones son fenómenos muy relacionados. El <em>lobbista</em> debe actuar y lograr sus objetivos por convencimiento, no por amistad, porque su interlocutor haya sido su jefe a vaya a serlo.</p>
<p><strong>Ya que lo menciona, ¿qué cualidades debe tener el <em>lobbista</em>?</strong></p>
<p>Argumentos, persistencia, honestidad.</p>
<p><strong>¿Dónde se aprende?</strong></p>
<p>La trayectoria profesional es muy importante. Tradicionalmente a esta incipiente profesión se llega a través del derecho y la comunicación. Tenemos que mejorar la formación, la cultura y la participación de la universidad española. La actividad del <em>lobby</em> es innata a la condición humana. La persuasión, el interés por cambiar las cosas, es innato a los hombres y mujeres desde pequeños. El ejercicio de la profesión nos hace mejores.</p>
<p><strong>¿Quien tiene influencia en España?</strong></p>
<p>En general, las grandes empresas. Yo no tengo influencia; si la tengo es porque represento algo o a alguien. Intento convencer, persuadir, basándome en unos argumentos y en la confianza que soy capaz de generar. Si no sabemos a quién representa un <em>lobbista</em>, ni con quien se ha visto, ni para qué, nunca sabremos la capacidad de influir que tiene cada uno en España. Es importante conocer quién y porqué hace determinadas propuestas de enmienda a una ley para saber qué motivos lo mueven. Las decisiones serían diferentes si estuvieran sometidas al escrutinio público. La huella legislativa es importante para consolidar la democracia.</p>
<p>Tradicionalmente se vincula al <em>lobby</em> con la influencia y en España, muy pocas personas tienen capacidad de influir. Es habitual que cuando las empresas quieren tener influencia, recurran a la corrupción. Eso nos preocupa mucho. Nuestra actividad se vincula injustificadamente a lo opaco y lo oscuro precisamente porque hay empresas que no quieren que se conozcan sus contactos con los gobiernos, cómo los mantienen y para qué. Hay que dejar de lado el concepto de influencia y empezar a hablar de participación.</p>
<p><strong>¿Se necesita una ley para ello?</strong></p>
<p>En tanto en cuanto no exista una ley que nos obligue, actuaremos conforme a las leyes vigentes. En referencia al registro de lobbies, por ejemplo. Cuando haya un registro, nosotros en mi empresa publicaremos la lista de clientes. Hoy por hoy tengo un deber de confidencialidad con mi cliente y tengo que regirme por el. En el momento en que haya una ley de transparencia o un registro, le tendré que decir a mis clientes, tengo que decir que trabajamos contigo. Y eso mismo aplica a otras instituciones.</p>
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		<title>La importancia de lo público en la nueva diplomacia</title>
		<link>https://compolitica.com/la-importancia-de-lo-publico-en-la-nueva-diplomacia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 15:00:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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		<category><![CDATA[democracias masivas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En los últimos años el debate intelectual y científico ha trabajado sobre la capacidad de la nueva diplomacia para influir en actores internacionales diferentes de los Estados. Se han identificado conceptos puramente arraigados en el kratos, en el poder. De esta forma destacan autores que analizan el poder centrado en la influencia, en la persuasión; [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>En los últimos años el debate intelectual y científico ha trabajado sobre la capacidad de la nueva diplomacia para influir en actores internacionales diferentes de los Estados. Se han identificado conceptos puramente arraigados en el kratos, en el poder. De esta forma destacan autores que analizan el poder centrado en la influencia, en la persuasión; diferenciando aquellas acciones basadas en la coacción, en el uso de la fuerza. Y también se encuentran líneas de pensamiento enfocadas en la capacidad normativa de la diplomacia. Es el llamado poder normativo, la capacidad de generar normas, establecer vías de relación regladas.</h2>
<h2>Con este texto no quiero desviarme del poder e influencia que ejerce la diplomacia del siglo XXI, pero sí he pretendido centrar la reflexión en el aspecto público que tiene la diplomacia. Porque lo público es el entorno natural de las acciones del gobierno y el fin primordial en el uso del poder político. Y quiero referirme al poder político, ya que cuando se habla de diplomacia se está asumiendo es una actividad política históricamente realizada por el corps diplomatique. Éste considera a las relaciones internacionales como “algo más que la simple yuxtaposición de Estados” (Del Arena, 2007, p. 56).</h2>
<p><span class="DestacadoB">Francisco Javier Hernández Alonso</span>, Profesor de la Universidad CEU San Pablo y del C. U. Villanueva, Madrid.</p>
<p>Las nuevas condiciones comunicativas que han abrazado a la sociedad internacional han transformado significativamente la función de la diplomacia. Ahora la política exterior se está democratizando rápidamente. Actores diferentes de los Estados tienen una gran importancia en la configuración del orden internacional; por lo que se hace necesario para el estratega político y para el diplomático comprender el comportamiento y la formación de conceptos como el de opinión pública o el de espacio público. Ambos centrados en lo público como factor fundamental.</p>
<p>De esta manera, el presente texto pretende aportar una breve explicación acerca de la configuración de una nueva política interna­cional centrada en lo público. La reflexión no se va a focalizar primordialmente en el uso del poder, sino en el concepto que va a legitimar el uso de este poder. Para esta tarea, es interesante echar un vistazo al pasado, a los orígenes de la actividad política internacional. Así, el lector podrá contextualizar perfectamente la naturaleza social de la diplomacia centrada en lo público.</p>
<p><strong>Algunos referentes históricos</strong></p>
<p>Uno de los autores que primero descubrió el poder de la sociedad fue el florentino Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527), cuyo interés por las apariencias y la comunicación de los asuntos públicos recorren su obra, especialmente su libro <em>El Príncipe</em>, de cuya pu­blicación se cumplen ahora quinientos años. Este diplomático y jurista argumentaba de la siguien­te manera: “Nada causa tanto la estima de un príncipe como las grandes empresas y dar particular ejemplo de sí mismo”; y conti­nuaba: “también es muy útil a un príncipe dar particular ejemplo de sí en los asuntos internos aprovechando la ocasión de que alguien haya obrado en sociedad de modo extraordinario, bueno o malo, para adoptar un modo de premiarlo o castigarlo que dé mucho que hablar”.</p>
<p>Este ejemplo es muy revelador de la importancia de la estrategia política centrada en la comunicación; aunque, afortunadamente, con el paso del tiempo estas técnicas <em>ma­quiavélicas</em> se han ido puliendo para dar paso a formas más respetuosas con el ciudadano y con la verdad.</p>
<p>Es significativa la actividad del político suizo Jacqes Necker, quien fuera ministro de finanzas de Luis XVI. Este personaje del siglo XVIII adoptó una de las premisas de la Ilustración que supone un punto de partida esencial para la diplomacia pública de nuestros tiempos: la verdad y no la autoridad hace la ley. De esta manera se aceptaría el derecho de los ciudadanos a participar de los asuntos públicos y el deber de los políticos a gobernar de cara a la opinión pública.</p>
<p>Las ideas de Necker contribuyeron al estallido revolucionario francés; pero para el recuerdo quedará su conciencia de lo público, reflejada en su famoso <em>Compte-rendu au Roi</em> (Rendición de cuentas al rey), un texto con el objetivo de hacer más transparente el gasto público y la situación financiera del país.</p>
<p>Las democracias masivas no han hecho más que reforzar los argumentos históricos que esgrimían personajes como Maquiavelo y Necker. La propia sociología política incide en el hecho de comprender un espacio público político en el que fomentar el debate y la parti­cipación de una opinión pública activa. En esta línea giran los trabajos de sociólogos como el francés Dominique Wolton o el alemán Jurgen Habermas. El primero refuerza sus argumentos a través de la importancia de los sondeos de opinión: “Todo puede impulsar a los políticos a buscar, y a encontrar, en la opinión pública, representada por los sondeos, un apoyo en su relación de fuerza con los medios, y esto tanto más cuanto que opinión pública y políticos tienen una referencia común: el peso de la legitimidad representativa, unos por medio de elecciones y otros mediante las virtudes de la estadística” (Wolton, 1989, p.188).</p>
<p><strong>El público para la diplomacia</strong></p>
<p>En esta línea, la diplomacia pública no puede dejar de trabajar en el estudio, la selección y la comprensión de los públicos que van a reforzar su poder y con los que va a encontrar una relación directa en el llamado espacio público político. Pero, ¿qué es el público para la diplomacia?</p>
<p>En primer lugar es fundamental discernir entre público y masa. Aunque las acciones de diplomacia pública se dirijan a grandes grupos de ciudadanos, y se establezcan programas a gran escala y a largo plazo; los estrategas políticos y los diplomáticos deben comprender que el público tiene la capacidad del razonamiento crítico. Una esfera pública política activa supone una nueva forma de autoridad.</p>
<p>Tanto la masa como el público son meca­nismos de adaptación social, son elementos fundamentales para el cambio y la evolución, ya que se basan en una voluntad común que los hace crecer. Mientras la masa responde a emociones compartidas y se moviliza a través de condiciones de excitación emocional; el público vive en el discurso racional, en la discusión y en la oposición. Mientras las técnicas propagandísticas trabajan sobre la masa; la deliberación y el diálogo comprenden la relación con el público.</p>
<p>La diplomacia pública deberá, por tanto, ser capaz de identificar a sus públicos y desa­rrollar acciones específicas para favorecer un exitoso debate social. La diplomacia pública sólo será exitosa si es capaz de reconocer a su público.</p>
<p>El ejercicio del liderazgo en el entorno público político será el natural objetivo de la diplomacia pública del siglo XXI. Un liderazgo público se basará en la capacidad de encontrarse con los ciudadanos, en la capacidad de argumentar y de influir. Y en este punto nos encontramos directamente con las visiones científicas centradas en el poder. El poder blando será la consecuencia de asumir que las acciones políticas son fruto de una correcta comprensión del público como legitimador y fin último del hecho político. Ya sea una acción política de carácter global, o de carácter regional, destinada a grandes sociedades o a pequeños grupos previamente seleccionados.</p>
<p>La diplomacia pública es un cauce de comunicación muy valioso que pone en relación a ciudadanos y a políticos, que alimenta el debate y que fortalece las estructuras democráticas. Así lo expuso también Dominique Wolton en 1997: “La comunicación es uno de los símbolos más brillantes del siglo XX; su ideal, el de acercar a los hombres, los valores y las culturas, compensa los horrores y las barbaries de nuestra época” (Wolton, 1997, p. 13).</p>
<p><strong>El carácter simbólico de la diplomacia</strong></p>
<p>El carácter simbólico de la diplomacia es un aspecto muy interesante al que es necesario prestar mucha atención. Para concluir me voy a centrar en un símbolo que explica perfectamente la razón de ser de esta nueva diplomacia y la actitud que necesariamente ha de tomar.</p>
<p>Este símbolo es el famoso cuadro de Theodore Gericault, <em>La Balsa de la Medusa</em>. En esta obra se refleja una situación de confusión y de crisis. Este aspecto supondría la complejidad de las relaciones internacionales en un entorno difícil y competitivo. Sobre unas tablas, un grupo de náufragos intentan ser avistados y luchar en medio de un mar embravecido. Todos agitan sus brazos y gritan para salvarse. Todos tienen un objetivo, llegar a un barco que navega en la lejanía.</p>
<p>Las herramientas de la nueva diplomacia buscan llegar a ese barco lejano, a ese público objetivo. La diplomacia pública envía señales y quiere entrar en contacto con otros actores en un espacio público complejo. La diplomacia, como los marineros del cuadro, es colaborativa, aúna fuerzas para ser más efectiva y convertirse en una verdadera fuente de poder. La nueva diplomacia se anticipa y envía señales a su público.</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<p>&#8211; DEL ARENAL, C., <em>Introducción a las relaciones internacionales</em>, Tecnos, Madrid, 2007.</p>
<p>&#8211; WOLTON, D., <em>El nuevo espacio público</em>, Gedisa, Madrid, 1989.</p>
<p>&#8211; WOLTON, D., <em>Penser la communication</em>, Flammarion, 1997. g</p>
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