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	<title>Donald Trump archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Donald Trump archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Líderes de la pequeña pantalla: Los casos de Ronald Reagan y Donald Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Sep 2018 22:52:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Miguel Antonio Molina Picazo @miguelmolinapcz Doctor en Derecho y Consultor Político Comunicación y Liderazgo a través de la pequeña pantalla. ¿Es posible? Que nadie lo dude a estas alturas. La habitual es que la comunicación juegue un papel fundamental a la hora de transmitir, trasladar o dar a conocer a quienes se exponen en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Miguel Antonio Molina Picazo <a href="https://twitter.com/miguelmolinapcz?lang=es">@miguelmolinapcz</a> Doctor en Derecho y Consultor Político</strong></p>
<p>Comunicación y Liderazgo a través de la pequeña pantalla. ¿Es posible? Que nadie lo dude a estas alturas. La habitual es que la comunicación juegue un papel fundamental a la hora de transmitir, trasladar o dar a conocer a quienes se exponen en primera línea de fuego para conseguir un fin.</p>
<p>Lo habitual o normal es que el sujeto primero dé un paso al frente y, por mediación de los medios de comunicación, obtenga el reconocimiento social necesario para consolidarse entre las masas. Sin embargo, este proceso de “promoción” no es el único válido para ser famoso entre la multitud. Existen y existirán casos de personajes que, en primer lugar, fueron famosos por sus careos en la pequeña y gran pantalla, y después dieron el salto hacia otro ámbito, como es la política.</p>
<p>Arnold Schwarzenegger, de <em>Terminator</em> a Gobernador de California; Clint Eastwood, de Harry el Sucio a Alcalde republicano en California o Cynthia Nixon, de <em>Sex and the city</em> a candidata a gobernadora de Nueva York. Estos son algunos de los casos más llamativos a nivel internacional.</p>
<p>Sin embargo, no podemos pasar por alto dos nombres propios: Ronald Reagan y Donald Trump. El primero por su optimismo, liderazgo transformacional y afán populista merced a sus apariciones en películas de western; y el segundo, con un cierto paralelismo con el primero: aparece en más de doce películas e, incluso, en <em>Los Simpsons</em> y durante diez años se coló en los salones de los americanos con su espacio televisivo <em>El aprendiz</em>.</p>
<p>Ambos posicionaron el mismo eslogan, que no era otro que hacer grande a Estados Unidos aunque eran épocas diferentes las heridas contextuales eran las mismas: crisis económica, conflictos internacionales varios y ausencia de las señas de identidad patriótica.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11141" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2B_N30.jpg" alt="" width="863" height="578" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2B_N30.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2B_N30-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2B_N30-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></p>
<p>A Ronald Reagan se le conocerá por el desembarco de Normandía. Bush llegó a decir de Reagan que era «un aguerrido líder en la causa de la libertad». Contempló el nacimiento y la muerte del comunismo. Era consciente del poder de la televisión y no dudó en utilizar su poder para promocionar, justificar y planificar tantas acciones fueran necesarias para tranquilizar a la sociedad norteamericana y la del mundo entero.</p>
<p>Al actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, también tuvo un largo recorrido por las televisiones. Nada más llegar al poder no vaciló a la hora de atacar a Afganistán. Amenazó a Corea del Norte y advirtió al resto de disidentes. Al igual que Reagan, su postura es contraria al comunismo, es capitalista y proteccionista americano. Representa a ese nuevo sueño americano. La televisión permitió a Trump consolidarse ante la opinión pública como un hombre de negocios. Explotó la grandeza de la televisión e introdujo uno de sus vocablos favoritos: “Desire”.</p>
<p>Lo de ser presidente no fue casualidad. A finales de los años 80´s del siglo XX, Donald Trump ya pensaba en ser el inquilino del despacho más importante de EE. UU. Fue realmente una idea promocional para una de sus publicaciones, que una carrera seria hacia el despacho Oval. Él nunca escondió la idea de verse como presidente.</p>
<blockquote><p>Ambos posicionaron el mismo eslogan, que no era otro que hacer grande a Estados Unidos</p></blockquote>
<p>En ambos casos, su liderazgo procede de la televisión y de la toma de decisiones atrevidas. Los dos coinciden en la transformación de su país, en el proteccionismo económico americano y conocedores del poder de la televisión ya que Reagan y Trump lograron su presidencia por la fuerza de su imagen personal y de lo que fueron capaces de transmitir a través de ella. La fama, el carisma y la credibilidad de estos dos tipos se forjaron entre cámaras, luces y mucha acción.</p>
<p>Por lo tanto, el liderazgo político no es una cualidad innata sino que se adquiere con la experiencia de diferentes ámbitos profesionales tal y como ha ocurrido con estos dos casos analizados.</p>
<p>Para entender y desarrollar las funciones de un líder en el ámbito político, debemos centrarnos en las numerosas características que se describen y de la innumerable literatura que hay sobre ella. Al tratarse de un área de conocimiento estudiada por distintos ámbitos, se aprecia cómo ésta evoluciona y cómo los líderes políticos se adaptan a los nuevos tiempos para mantener su hegemonía.</p>
<p>Por ejemplo, ahora Trump se ve obligado a utilizar las redes sociales para posicionarse. El uso y consumo de los teléfonos móviles y el auge de estas herramientas digitales provocan cambios en sus hábitos, una adaptación a la que no se tuvo que enfrentar Ronald Reagan puesto que en su época era la radio quien competía con la televisión.</p>
<p>Como es sabido la televisión marcó un antes y un después en EE. UU. tras el debate de 1960, en aquel cara a cara entre un Nixon sin maquillar y un Kennedy que cuidó hasta el más mínimo detalle de su estética. Las cámaras ensalzaron a un candidato que entendió una nueva forma de comunicar. Kennedy y Nixon rompieron la dinámica establecida. Supuso un antes y un después para la comunicación política y, especialmente, en la forma de captar el voto. La sociedad americana entendió ese modelo televisivo como un cambio innovador.</p>
<p>En España, tendríamos que remontarnos a la etapa dorada de Adolfo Suárez cuando en julio de 1976 puso en marcha toda la maquinaria y técnicas persuasivas en un momento y contexto histórico clave en nuestro país, como era la Transición. Suárez no tuvo más opción que trasladar el modelo americano a España. Se rodeó de los mejores profesionales del sector y dotó de medios un canal que fue capaz de reunir a todos los españoles alrededor de la pequeña pantalla. Entre series de televisión con temática adecuada al contexto de la época y unos informativos cuyos contenidos estaban a medida para que la sociedad tomara la forma adecuada.</p>
<p>Como se puede comprobar, en todo este proceso de “liderazgo”, nos encontramos con un mismo elemento: la televisión. En los tiempos actuales no hay político que no persiga una cámara de televisión. Motivos no le faltan. La comunicación política televisada no es nueva y no necesita adaptarse a nuevos contextos. Está consolidada y es influyente. Hay alcaldes que disponen de programas mensuales para interactuar con los vecinos y conocer de este modo sus sugerencias o quejas.</p>
<blockquote><p>La fama, el carisma y la credibilidad de estos dos tipos (Reagan y Trump), se forjaron entre cámaras, luces y mucha acción.</p></blockquote>
<p>Por todo ello, la comunicación y la relación de los líderes con su audiencia causa unos efectos tanto positivos como negativos, pero quiénes saben explotar las virtudes de este medio favorece la imagen del político. Un líder capaz de plantar cara a los retos de la pequeña pantalla obtiene ese grado de riesgo que se le exige a los líderes para consolidar dicha condición. Un líder debe ser atrevido, tiene que arriesgar y afrontar los retos de la sociedad. La televisión logra reunir todas estas variantes y muchas más, que solo son entendidas por quienes aceptan el pulso social.</p>
<h2>Trump y su liderazgo empresarial</h2>
<p>Cuando se dice que la experiencia es un grado con Trump, su trayectoria empresarial no es menos interesante. Aunque hay que saber diferenciar el liderazgo político del liderazgo empresarial, todavía hay autores que vinculan de una forma u otra al mundo los dos liderazgos por la forma de gestionar los recursos humanos de la misma. Tanto en política como en la empresa, el propósito no es otro que llegar a los objetivos trazados por la organización: sean empresa o institución pública.</p>
<p>Lo que no cabe duda es que un líder debe interactuar con su ámbito de dominio para asentar su posición dominante, todo ello en base a unas características concretas. Por liderazgo, bien sea político o bien empresarial, se concibe como proceso de interacción y cuyo resultado de esas relaciones favorecen la posición del político o gestor. En el caso concreto de la política, el líder<span style="font-size: 12px;">1</span> se posiciona en un sistema democrático con un modelo concreto de comportamiento (NATERA, 2001).</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11143" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2C_N30.jpg" alt="" width="863" height="578" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2C_N30.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2C_N30-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/09/Afondo2C_N30-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></p>
<p>Ahora, Trump es el líder de los americanos aunque genere dudas con sus formas. Reagan y Trump son dos ejemplos de representantes electos que no solo tenían y tiene –en el caso de Donald– la misión de administrar de forma eficiente, eficaz y responsable los recursos públicos y dar solución a los problemas que la sociedad plantea sino que, además, tiene que ser capaz de solventar cuestiones como las propias crisis de gobierno, las institucionales o las estructurales procedentes del territorio. Por ese motivo, del término “líder”, el ciudadano lo que espera en situaciones adversas son explicaciones y argumentos convincentes de que “no volverá a ocurrir”<span style="font-size: 12px;">2</span> (BOIN, HART, STERN y SUNDELIUS, 2007). Y en este caso, Ronald Reagan y Donald Trump van cogidos de la mano aunque en contextos y problemáticas diferentes.</p>
<p>Para la experta María José Canel, el líder no solo depende de su eficacia y eficiencia ante una institución política, sino que tiene que contar con otros factores que también se cruzan por su camino. Por ese motivo, el liderazgo no es resultado solo de una persona, sino que hay otros elementos -de carácter más organizacional- que están jugando también un efecto en la capacidad de liderar (CANEL, 2010:119-120). También hay que resaltar, la importancia de las estrategias del equipo y la política comunicativa, no solo de la marca del partido sino de la propia persona. En este sentido, la televisión juega una baza crucial para la obtención de los resultados deseados y esperados. Las audiencias crecen por lo que la lucha por ganar audiencia se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchas televisiones y partidos políticos que son conscientes del poder de la televisión. La pequeña pantalla ha sido capaz de cambiar nuestros propios hábitos.</p>
<p>La sociedad se ha ido adaptando a esos nuevos modelos y cambios, pero aún más los políticos que requieren lanzar masivamente un mensaje. La tecnología se adapta con eficacia y comodidad, a una sociedad abierta, relacional y móvil que pasa muchas horas en la calle, en contacto con otras personas (GUTIÉRREZ-RUBÍ, 2011:114), por lo que el tamaño de la pantalla sigue siendo uno de los objetos más deseados por el ciudadano y el político, independientemente si se trata de una tele, móvil o <em>tablet</em>.</p>
<blockquote><p>El liderazgo no es resultado solo de una persona, sino que hay otros elementos</p></blockquote>
<p>Al margen de la variedad de las pantallas y los terminales, el impacto referencial se da en la mayoría de ocasiones a través de la televisión aunque en determinados casos son los periódicos o las emisoras de radio quienes alzan a uno u otro. Aunque, cabe matizar que la batalla por liderar el proyecto o por ganar unas elecciones “se da en la mente de los electores, no en los medios de comunicación” (SANCHÍS y MAGAÑA, 1999:93).</p>
<h2>Medio de reacción</h2>
<p>La televisión se consolida cada día más como un medio de reacción ante los acontecimientos de su entorno de influencia. Este medio supone que los ciudadanos también son parte activa, al igual que los políticos.</p>
<p>El político tiene en sus manos un medio que favorece la transmisión de información y, al mismo tiempo, de promoción de sus contenidos políticos, lo que supone una clara puesta en escena de la propaganda política. Detrás de cada noticia, información o proyecto que difunda siempre tendrá una intencionalidad electoralista.</p>
<p>De todos modos, independientemente de que la comunicación del político o líder transfiera información o propaganda política, SANCHÍS y MAGAÑA (1999), indican que “la única forma de ganar en unas elecciones es crear corrientes de opinión favorables, ya que es imposible ganar las mentes una a una”.</p>
<p>Sobre ello, el consultor político PEYTIBI (2016) hace una acertada y concisa referencia sobre la importancia que los ciudadanos le dan a dicho medio de comunicación, ya que según éste ocupa “junto a la jornada laboral y dormir, la mayor parte de la vida cotidiana de un considerable número de personas”.</p>
<p>Otro dato que pone de relevancia el uso de la televisión es que éste sigue siendo uno de los equipos tecnológicos con más presencia en nuestros hogares. La televisión sigue acaparando nuestra atención, y es por ello que el político pone todo su foco en llegar a impactar al votante.</p>
<p>El experto SÁNCHEZ MEDERO (2016) también aporta a esta teoría que la sociedad se enfrenta a una “democracia minutada, caracterizada por una fuerte obsesión por el minutaje de la televisión y aparición en los medios”.</p>
<p>Queda patente que en un mundo más conectado, la comunicación del líder no debe descuidar su presencia en los medios de comunicación tradicionales como la televisión y tampoco los emergentes como los blogs, webs o redes sociales, que son visualizadas constantemente por los usuarios a través de terminales digitales. La comunicación es igual de importante para cualquier plataforma ya que el público objetivo se halla disperso tanto geográficamente como a la hora de consumir su información.</p>
<p>Pero es indudable que la televisión es el medio por excelencia de la clase política. La televisión es, sobre todo, proximidad y se concibe como un medio de comunicación muy influyente. La política difícilmente pueda prescindir de ella. La apuesta por la pequeña pantalla supone una herramienta poderosa para escuchar y ser escuchado, uno de los mayores ejercicios de los políticos que quieren llegar lejos.</p>
<p>Tras conocer los casos de éxito expuestos, no cabe duda que la pequeña pantalla atrapa a las masas tanto para lo bueno como para lo malo. En el caso concreto de Donald Trump, se le sigue viendo como un reclamo televisivo. A principios de este año se anunció que tendría su propia serie de televisión. Veremos en que queda este proyecto, pero lo que no cabe duda, que los focos siguen encendidos para un presidente que es incapaz de huir de las cámaras de televisión: sus gestos, sus decisiones, sus formas de comunicar y su perfil de extravagante le convierten en un reclamo de masas, pero con el condicionante de que ahora ya se trata del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Su sueño se hizo realidad.</p>
<hr />
<p><span style="font-size: 12px;">1 La percepción de liderazgo es un concepto complejo, lo que debe desagregarse de nuevo en dimensiones que intenten de alguna forma acotarlo y simplificarlo. Pues bien, dicho concepto puede ser estudiado contemplando cuatro dimensiones fundamentales: la competencia percibida, la ambición que se atribuye al líder, la popularidad del mismo y la credibilidad que inspira. En NATERA PERAL, Antonio. El liderazgo Político en la sociedad democrática. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid (2001:110).</span></p>
<p><span style="font-size: 12px;">2 Estos autores indican que la gestión de crisis en los sistemas políticos plantean cinco retos al liderazgo: La gestión de crisis y el liderazgo público, la naturaleza de la crisis, la omnipresencia de la crisis, la gestión de crisis: las perspectivas del liderazgo y, por último, el liderazgo en la crisis: tiene cinco tareas críticas. Véase en [The Politics of crisis management. Español]. La política de la gestión de crisis. El liderazgo público bajo presión: /Arjen Boin… [et al]; traducción José A. OLMEDA- 1ª edición. Madrid. Instituto Nacional de Administraciones Públicas INAP.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Luces y sombras en el lenguaje corporal de Donald Trump</title>
		<link>https://compolitica.com/luces-y-sombras-en-el-lenguaje-corporal-de-donald-trump/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Feb 2018 07:55:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Alicia Martos, @aliciamartosCNV Psicóloga. Analista de comunicación no verbal Puedes estar de acuerdo o no con su ideología política pero no se puede negar que Donald Trump sabe conquistar a su público. Su vehemente lenguaje corporal agrada y perturba a partes iguales. Levanta pasiones y esto se debe, en gran parte, al modo único [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Alicia Martos, <a href="https://twitter.com/aliciamartoscnv?lang=es">@aliciamartosCNV</a> Psicóloga. Analista de comunicación no verbal</strong></p>
<p>Puedes estar de acuerdo o no con su ideología política pero no se puede negar que Donald Trump sabe conquistar a su público. Su vehemente lenguaje corporal agrada y perturba a partes iguales. Levanta pasiones y esto se debe, en gran parte, al modo único en que transmite su mensaje. La comunicación no verbal del presidente de EE.UU. se rige principalmente por las siguientes claves:</p>
<p>En primer lugar, destaca su constante expresión facial de ira. El ceño fruncido y la boca en forma de embudo enseñando los dientes suelen ser un habitual en él. Esta es una emoción negativa, pero es una emoción. Y es que precisamente uno de los atractivos de Trump es la de presentarse al público de una forma honesta, espontánea y transparente. Realmente es coherente entre lo que dice y lo que expresa con su cuerpo y, por tanto, sus apariciones se perciben como sinceras y auténticas. No oculta lo que siente y la gente puede identificarse con él, ya que no es una figura hierática sin sentimientos, su mensaje es enérgico, fuerte y atrevido. Trump cree en lo que dice. La coherencia con su lenguaje corporal hace que nos fiemos de él de una forma tan férrea como sus propias convicciones.</p>
<p>Sus gestos también siguen este mismo patrón, suelen tener una apertura desmesurada, indicando dominancia, orgullo y agresividad. En lugar de conectar y mostrarse colaborativo con sus votantes, ha optado por una postura de “macho alfa” de la manada, proyectando poder, control y seguridad. Algo que le hace extraordinario y le distingue históricamente del resto de presidentes. Además, Trump se mueve mucho, utiliza numerosos gestos ilustradores del mensaje verbal para convencer, lo cual es muy positivo. Los estudios al respecto determinan que así el espectador entenderá y recordará mucho mejor el discurso pronunciado.</p>
<p>Concretamente, los gestos con las manos más típicos del Presidente, son: el dedo acusador, que comunica amenaza y advertencia, un movimiento que todo orador evita menos él, pero también aporta contundencia y veracidad al mensaje, es una forma no verbal de hablar de tú y saltarse el usted. Perder las formas protocolarias le hace conectar con la gente de a pie. Otro gesto usual en Trump, es el que forma con los dedos la señal de “ok”, indica un pensamiento preciso, exhaustivo y disciplinado. Por último, le veremos en no pocas ocasiones los brazos extendidos y las palmas abiertas, este gesto vendría a decir un: <em>“¡Miradme! Estoy con vosotros y no tengo nada que ocultar!”.</em></p>
<p>Para terminar, no podemos dejar de destacar el apretón de manos marca registrada de Donald Trump. Es uno de los comportamientos gestuales más insólitos que he visto. Sus fuertes sacudidas al saludar han dado la vuelta al mundo. Agarra con fuerza la mano de su interlocutor, la agita violentamente y, literalmente, le arrastra hacia él. La duración de este inquietante ritual ha llegado a durar más de 20 segundos, cuando lo habitual es no superar los cinco. Es un apretón de manos muy intimidante, dominante y agresivo, parece una batalla territorial. Esto expresa su afán por quedar por delante del otro, destacar, mostrar su poder y superioridad hacia el otro, intenta someterlo, casi humillarlo, diría yo. Realmente, Donald Trump posee un concepto muy elevado de la puesta en escena. Es consciente de que estos momentos transcienden y los aprovecha para comunicar una imagen de poder al mundo. Además, creo que también utiliza este recurso gestual para “medir” la personalidad, la intención y la resistencia de su interlocutor. De cualquier manera, este gesto también está en consonancia con su personalidad.</p>
<p>Como vemos, Donald Trump tiene luces y sombras en cuanto a comunicación no verbal se refiere, pero está claro que no dejará a nadie indiferente. O te encanta o le odias.</p>
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		<item>
		<title>Las cinco ‘obsesiones’ de Donald Trump a través de su timeline</title>
		<link>https://compolitica.com/las-cinco-obsesiones-de-donald-trump-a-traves-de-su-timeline/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Mar 2017 06:57:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Javier Álvarez Amaro, @javalvarezamaro Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Javier Álvarez Amaro, <a href="https://twitter.com/javalvarezamaro">@javalvarezamaro</a> Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC</strong></p>
<p>A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad inagotable de generar conflictos. Donald J. Trump también está aplicando en estas primeras semanas como presidente una estrategia de comunicación muy discutible técnicamente y que no es fácil de ver en una Administración. Esta estrategia se basa en 3 pilares:</p>
<p>• Los ‘hechos alternativos’. Sus portavoces han hecho de los ‘alternative facts’ una herramienta habitual. No entran a debatir, sólo transmiten la opinión del presidente y que sean los ciudadanos los que juzguen quién dice la verdad.</p>
<p>• “Si no te gusta lo que dicen, cambia la conversación”. Una de las reflexiones más contundentes y lúcidas de la mítica serie Mad Men parece formar parte de la estrategia transversal de Trump. Técnicamente lo mejor en este caso es usar mensajes positivos llamativos, anunciar nuevos proyectos… pero eso no va con Trump. El último ejemplo ha sido la nueva crisis de su gabinete por sus relaciones con Rusia, que resolvió acusando a Obama de pincharle los teléfonos durante la campaña electoral.</p>
<p>• Cuenta personal de Twitter. Si hay algo que distingue a Trump del resto de los presidentes es que es él, personalmente, el que desarrolla la estrategia de comunicación de su Presidencia. Y para ello no necesita notas de prensa ni portavoces experimentados. Le basta con 140 caracteres y su cuenta personal de Twitter, <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump">@realDonaldTrump</a>.</p>
<p>Su perfil está operativo desde marzo de 2009, tiene más de 26 millones de seguidores y presenta una actividad frenética que no se ha frenado con su acceso a la presidencia del país más poderoso del planeta. En este artículo analizamos los 100 tuits lanzados por Donald J. Trump en sus primeros 18 días como presidente.</p>
<p>Esos primeros 100 tuits del presidente Trump nos dan algunas de las claves que definen a su presidencia, y podemos analizar cuáles han sido, hasta la fecha, sus <strong>cinco grandes obsesiones</strong>:</p>
<p><strong>1. Inmigración:</strong> 25 tuits. Tanto el muro del que siempre habla con la frontera mexicana como los peligros de la inmigración.</p>
<p><strong>2. Medios de comunicación:</strong> 19 tuits. El presidente ya avisó de que los medios de comunicación que le critican son “enemigos del pueblo”. Especialmente duros y habituales son sus ataques al New York Times.</p>
<p><strong>3. Seguridad…</strong> o la falta de ella: 19 tuits. Mensajes de miedo en los que avisa de que la falta de control fronterizo hace de Estados Unidos un país más peligroso.</p>
<p><strong>4. Jueces:</strong> 10 tuits. La decisión de los jueces de suspender su orden ejecutiva sobre inmigración provocó la ira del presidente, que llegó a decir que serían responsables en caso de que hubiese un atentado.</p>
<p><strong>5. Obama:</strong> 7 tuits. Seguramente sea el presidente americano que más ha roto esa norma no escrita de respetar a todos los que han ostentado el cargo.</p>
<p>Nunca un <em>timeline</em> definió tan bien una presidencia.</p>
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		<title>Los cara a cara Hillary Clinton – Donald Trump:</title>
		<link>https://compolitica.com/los-cara-a-cara-hillary-clinton-donald-trump/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 07:47:03 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates? Por Miljana Micovic, @MiljanaM Doctora en comunicación y argumentación políticas. En las campañas electorales de EE. UU. los debates son los eventos que suscitan el mayor interés de los ciudadanos y los medios de comunicación. En la campaña actual, los tres enfrentamientos dialécticos entre Hillary [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates?</h2>
<p><strong>Por Miljana Micovic, <a href="https://twitter.com/miljanam?lang=es">@MiljanaM</a> Doctora en comunicación y argumentación políticas.</strong></p>
<p>En las campañas electorales de EE. UU. los debates son los eventos que suscitan el mayor interés de los ciudadanos y los medios de comunicación. En la campaña actual, los tres enfrentamientos dialécticos entre Hillary Clinton y Donald Trump han generado innumerables noticias y análisis a nivel internacional, en los que hemos podido encontrar raudales de información sobre el predebate y sobre quién ha ganado cada uno de los encuentros. Como siempre. No obstante, esta campaña ha sido distinta y los debates celebrados durante el último mes han sido diferentes de los anteriores. Esta vez no se trataba solamente de reforzar la imagen presidencial y el liderazgo e intentar ganar votos de los votantes indecisos, se trataba también de “sobrevivir” al debate, sobrevivir a los ataques del adversario.</p>
<p>Esta novedad, que ha influido negativamente en el nivel de los debates en la tradición estadounidense, ha ocurrido por varias razones. Entre estas hay que destacar, principalmente, el estilo comunicativo de cada uno de los candidatos, que ha influido en el desarrollo de los debates y ha determinado el transcurso de los mismos. Los tres encuentros televisivos celebrados en la campaña 2016 se caracterizan, sobre todo, por el escaso uso de los recursos retóricos, poca variedad de argumentos y estrategias argumentativas utilizadas por los candidatos, aunque hay que destacar que el discurso de Hillary Clinton fue más rico en cuanto a la tipología argumentativa.</p>
<p>Como es habitual, todo lo ocurrido durante la campaña y los principales argumentos de los programas electorales de ambos candidatos encontraron su hueco en los tres enfrentamientos. En estos se trataron los temas trascendentales para el país, referentes a la política interior y exterior, se plantearon (y en parte respondieron) las preguntas de los moderadores y ciudadanos. Sin embargo, nunca antes se había cuestionado tanto la personalidad de los candidatos, su idoneidad (fitness) para gobernar el país, su comportamiento, temperamento o resistencia. En consecuencia, nunca antes en los debates de EE. UU., pero tampoco en el conjunto de la campaña, ha aparecido con tanta frecuencia como en los tres debates Clinton-Trump el argumento ad personam, un ataque contra la persona del adversario para descalificarlo. Y es precisamente ese contraste de las experiencias y cualidades personales –la argumentación en términos antagonísticos yo versus usted-, el que ha marcado los tres debates, por encima de las diferencias entre los partidos que estos políticos representan.</p>
<p>Observamos que, en general, tanto Trump como Clinton insistían en reforzar los mismos argumentos, repitiéndolos hasta la saciedad en los tres debates. Percibimos que determinadas estrategias, incluso cuando se empleaban, no surtían el efecto deseado, como es el caso del storytelling, argumentación de carácter emocional, que no resultó convincente ni en el caso de Clinton ni en el caso de Trump. Por un lado, notamos que la candidata demócrata usaba la argumentación cuando aportaba muchos ejemplos de lo que Trump había dicho o hecho y que, precisamente a partir de estos, ella establecía el contraste entre las políticas del candidato republicano y las suyas. Por otro lado, identificamos en las intervenciones de Trump un uso elevado de hipérboles y palabras con connotación negativa, como, por ejemplo, desastre, desgracia, error, estupidez, utilizadas por este político para llevar sus acusaciones a niveles extremos. Observamos claramente que la elección temática fue la estrategia argumentativa de Trump para responder a algunas preguntas de los moderadores o al ataque de Clinton: nos trasladaba del tema de los insultos hacia las mujeres al tema de ISIS, de las tasas (no pagadas) a los mails de Clinton, y un sinfín de ejemplos de esta estrategia.</p>
<p>Por último, nos dimos cuenta de que la descortesía lingüística, las interrupciones y la acusación de mentir protagonizaron también los debates; eso sí, expresadas de diferentes formas, con un “no es verdad” y apelaciones a fact-checking de Clinton, y un “ella miente” de Trump. En este sentido, percibimos que ridiculizar al oponte y el uso de humor e ironía aparecieron en los tres debates, sobre todo en el primero, como parte del show, y que en cada espectáculo iban desapareciendo no solo la sonrisa de Hillary Clinton, sino también el saludo con la mano y, en definitiva, el respeto que estos candidatos tenían el uno por el otro.</p>
<p>Y esto es lo que nos ha sorprendido. Se dice que en los debates hay que sorprender, pero ¿nos referimos a no aceptar el resultado electoral o amenazar con encarcelar a la candidata del partido contrario? No ¿Nos parece lo suficientemente sorprendente el aumento de beligerancia y agresividad en los debates estadounidenses? Sí. En definitiva, ¿se trata de un paso atrás en la tradición de los debates estadounidenses? Desde luego.</p>
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		<title>Donald Trump, el hombre del espectáculo, en el espectáculo de elecciones de Estados Unidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jun 2016 16:19:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[Donald Trump]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Claudia Flores @cjfm11 Periodista, estratega de comunicación política «La civilización del espectáculo”, ya lo profetizó Vargas Llosa en su libro publicado hace apenas cuatro años. Ahí describe un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. No solamente se ha [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Claudia Flores</strong> <a href="https://twitter.com/cjfm11">@cjfm11</a> Periodista, estratega de comunicación política</p>
<p>«La civilización del espectáculo”, ya lo profetizó Vargas Llosa en su libro publicado hace apenas cuatro años. Ahí describe un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal.</p>
<p>No solamente se ha banalizado el arte o la literatura, el ansia por entretener abarca también tragedias como la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, se han hecho películas y desatado distintas versiones sobre los hechos… Y, por supuesto, no se queda atrás la política, como las elecciones presidenciales en Estados Unidos que estamos viviendo, en las que el ingrediente Donald Trump ha venido a transformar este proceso en todo un espectáculo.</p>
<p>Escándalos, controversias, concursos de belleza, reality shows, todo es material que atrapa, no solo a sus simpatizantes sino a millones de personas alrededor del mundo. Trump lo sabe y lo ha sabido capitalizar en su campaña en las primarias del partido Republicano.</p>
<p>No es la primera vez vemos políticos de Estados Unidos relacionados con la farándula. De hecho, ya tiene en su haber un actor de cine como presidente, como fue el caso de Ronald Reagan (1981 a 1989); o el caso de Arnold Schwarzenegger “Gobernator de California” (2003-2011).</p>
<p>Esto no significa que actores o cantantes no tengan un talento para el campo político, pero ante la opinión pública no son elegidos por sus ideas sino por su presencia mediática y por sus aptitudes histriónicas. En la opinión pública predomina la imagen sobre las ideas, la banalidad sobre lo profundo, lo frívolo sobre lo serio porque requiere un esfuerzo más sencillo de comprensión, provoca emociones y, además, entretiene. La consecuencia es el deterioro y escasez de nuestros “genios” creativos, literarios o políticos; hasta el extremo de que despierta más admiración un artista o un político por la provocación que por su talento.</p>
<p>Salvando las distancias, Guatemala es otro caso donde el espectáculo gusta. Recientemente en este país centroamericano el actor cómico Jimmy Morales ganó las elecciones presidenciales producto del marketing político y de la crisis que Guatemala atravesaba en ese momento. Aprovechando el hartazgo de los guatemaltecos de los políticos tradicionales y de los graves casos de corrupción en el gobierno, los asesores de imagen d e Morales lograron capitalizar su carisma y popularidad como cómico hasta convertirlo en un outsider que rompió el esquema de “los políticos de siempre”. Resultado: Jimmy Morales se convirtió en el 50º Presidente de Guatemala con 67.44% de votos válidos, el mayor porcentaje que ha obtenido algún candidato en la historia de ese país.</p>
<p>Caso similar al de Trump, pero al que se suma el dinero y la controversia como combinación de una bomba que está a punto de estallar en Estados Unidos ya que, según las encuestas y los resultados de las elecciones primarias, este magnate será el candidato presidencial de los republicanos.</p>
<p>Es importante aclarar que, además de toda la espectacularidad de la campaña, ésta no va vacía de propuestas. Sus tres grandes apuestas son: una reforma económica, una reforma migratoria y la defensa de la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que otorga el derecho a los ciudadanos de poseer y portar armas. Sin duda, Donald Trump es el protagonista de la campaña presidencial estadounidense de 2016.</p>
<p>En la otra esquina, Hillary Clinton se vislumbra como la candidata del partido Demócrata. De ser así es muy posible que la competencia final sea entre la “nut cracker” y el “showman”. Veremos entonces si Clinton logra “quebrar las nueces” del hombre del espectáculo, para ello la función debe continuar y esperar a noviembre.</p>
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