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	<title>Estados archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Estados archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Entrevista a Javier Lesaca</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Mar 2018 09:14:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«Gran parte de la lucha contra el terrorismo se combate en la opinión pública». Javier Lesaca, @LesacaJavier Por José Luis Izaguirre, @jl_izaguirre92 Gabriela Ortega, @gabrielaortegaj Es autor del libro Armas de seducción masiva: la factoría audiovisual de Estado Islámico para fascinar a la generación millennial. Es investigador visitante en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>«Gran parte de la lucha contra el terrorismo se combate en la opinión pública».</h2>
<p><strong>Javier Lesaca, @LesacaJavier</strong></p>
<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">José Luis Izaguirre,</span> <a href="https://twitter.com/jl_izaguirre92">@jl_izaguirre92</a> <span class="DestacadoB">Gabriela Ortega,</span> <a href="https://twitter.com/gabrielaortegaj?lang=es">@gabrielaortegaj</a></p>
<p>Es autor del libro Armas de seducción masiva: la factoría audiovisual de Estado Islámico para fascinar a la generación <em>millennial</em>. Es investigador visitante en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la George Washington University en D.C., donde se encuentra investigando la disrupción digital del ISIS en el contexto de las guerras híbridas. Ha colaborado como consultor de comunicación en organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Comisión Europea o las Naciones Unidas. Fue profesor asociado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y ha sido durante cuatro años jefe de gabinete del portavoz del Gobierno de Navarra, donde participó en la puesta en marcha del proyecto “Relatos de Plomo”, destinado a recuperar el relato de las víctimas del terrorismo en Navarra. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y Máster en Estudios Árabes por la Universidad de Georgetown, donde estudió como becario Fulbright. Durante un año estudió árabe en la Universidad Americana de El Cairo, en Egipto. Ha trabajado dos años como investigador del Área Socioeconómica de la Casa Árabe en Madrid y ha colaborado en diversos medios de comunicación como <em>Washington</em> <em>Post</em>, <em>Brookings</em>, <em>El Pais</em>, el suplemento <em>Crónica de El Mundo</em>.</p>
<p><strong>La batalla al terrorismo también se libra en la dialéctica y pasa por ganar el espacio de la comunicación, tal y como usted mismo lo señala en su libro <em>Armas de seducción masiva</em>. La factoria audiovisual de Estado Islámico para fascinar a la <em>generación millennial</em>. En este sentido, empecemos por lo más básico, ¿por qué no utilizar el término Estado Islámico para referirnos a ISIS o Daesh?, ¿o por qué Daesh le resulta tan molesto al grupo yihadista?</strong></p>
<p>El grupo terrorista Daesh tiene un objetivo político muy concreto: construir un Estado en las regiones sunís de Iraq y Siria. Por eso ha forjado la marca de Estado Islámico, <em>porque</em> está buscando ser reconocido como un Estado moderno. El acrónimo ISIS o ISIL hace referencia a las iniciales de Estado Islámico en Iraq y Siria en inglés y el acrónimo Daesh representa las misma iniciales, pero en lengua árabe. Todos estos conceptos tienen el mismo significado y refuerzan el frame del grupo terrorista como Estado. Sin embargo, el concepto Daesh tiene un doble significado en árabe y puede ser entendido como “intolerante”, “semilla de discordia”, o incluso “algo que aplastar”. Por eso se aconseja utilizar siempre este término.</p>
<p><strong>Usted ha estudiado a fondo la estrategia de comunicación y propaganda de Daesh. ¿Cuáles considera que han sido las estrategias comunicativas pioneras que ha realizado este grupo terrorista?</strong></p>
<p>La disrupción digital que Daesh ha realizado en la opinión pública internacional está basada en tres pilares: creación de una elaborada narrativa transmedia; construcción de una red de medios propios y la utilización de ejércitos de bots en las redes sociales para distribuir de manera masiva y segmentada sus contenidos a sus audiencias potenciales. Es la primera vez que se puede describir la utilización combinada de estos tres elementos por parte de un grupo terrorista y las lecciones aprendidas son muy preocupantes. Daesh ha elaborado y distribuido en cuatro años más de 15.000 campañas de comunicación, incluidos 1.500 vídeos de alta calidad. Estas campañas tienen diversidad temática y están adaptadas culturalmente a diferentes audiencias. La verdad es que desde 2014 hasta 2017 Daesh ha comunicado más y mejor que cualquier otro organismo o institución pública.</p>
<p><strong>Las redes sociales han jugado un papel clave en la comunicación de los grupos terroristas, ¿cómo lidiar con esa apertura mundial de la información en el gran mundo de internet y las redes sociales?</strong></p>
<p>Todas las campañas distribuidas por Daesh se han hecho públicas en plataformas digitales y redes sociales públicas a las que ha tenido acceso cualquier ciudadano. Es cierto que las grandes compañías tecnológicas han ido mejorando en los últimos tres en años su capacidad para detectar y eliminar estas campañas, pero aún queda mucho hacer. Las nuevas plataformas de comunicación social tienen que comprender que no son únicamente empresas de tecnología, sino que se han convertido en agentes clave de la gobernanza y la opinión pública y tienen que asumir ese rol con todas las consecuencias.</p>
<p><strong>¿Qué medidas están adoptando plataformas como Facebook, Twitter, YouTube o Google para mermar el éxito narrativo de Daesh y otros grupos terroristas? ¿Son medidas adoptadas como empresas o impuestas gubernamentalmente? ¿Hay una estrategia conjunta?</strong></p>
<p>Como he dicho anteriormente, las grandes empresas de tecnología han realizado motu propio un gran esfuerzo estos últimos años en detectar y eliminar contenidos y grupos extremistas de sus plataformas. Sin embargo, estos esfuerzos aún no son suficientes. Daesh aún es capaz de distribuir una media de dos campañas diarias por las redes sociales y alguno de estos contenidos están disponibles más de 24 horas en la red. En cualquier caso, la lucha contra las estrategias de comunicación <em>online</em> de grupos violentos y extremistas no debe limitarse únicamente a la eliminación de contenidos. Es necesaria una colaboración estable y sistematizada entre empresas privadas, gobiernos y sociedad civil para crear y distribuir narrativas positivas que puedan competir en seducción con las narrativas de los terroristas. Otra área potencial de cooperación entre las empresas privadas y los gobiernos es el de la recopilación de evidencias digitales para la detección y posible enjuiciamiento de individuos que han aparecido en las comunicaciones oficiales distribuidas por Daesh.</p>
<p><strong>La guerra dialéctica pasa por las redes sociales, pero especialmente por los medios de comunicación ¿Cuál es el papel de la prensa frente a los grupos terroristas? ¿Ha estado la prensa a la altura de lo que sucede?</strong></p>
<p>Gran parte de la lucha contra el terrorismo se combate en la opinión pública. Es una guerra de encuadres y los grupos violentos y extremistas son muy conscientes de ello. Daesh ha hecho un gran esfuerzo por presentar el terrorismo con enfoques atractivos, seductores, incluso agradables. Hay un dato realmente inquietante en este sentido. El cincuenta por ciento de los videos donde se muestran ejecuciones están inspirados en los videojuegos y las películas más populares del mercado adolescente. El terrorismo de Daesh ha convertido el terror y los asesinatos en espectáculos audiovisuales atractivos y familiares para sus audiencias. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de revertir esos enfoques y destacar el sufrimiento que causa el terrorismo. Es necesario humanizar a las víctimas, mostrar sus rostros, sus historias, sus nombres y el sufrimiento de los familiares para mostrar cuál es la verdadera cara del terrorismo y el extremismo.</p>
<p><strong>Tal y como usted señala en su libro, la estrategia de comunicación transmedia que mantiene Daesh tiene un antes y un después de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, ¿por qué?</strong></p>
<p>El ataque terrorista de París fue concebido como un espectáculo audiovisual transmedia. La preparación logística del atentado se realizó teniendo en cuenta la campaña de marketing digital y los productos audiovisuales que se iban a elaborar para socializar el acto terrorista. Daesh difundió 18 videos de alta calidad en los que aparecían veintidós ciudadanos franceses justificando el atentado; dos notas de prensa; dos infografías, artículos en tres revistas; un videoclip musical y entrevistas exclusivas con los responsables del atentado. Todo ello en francés, inglés y árabe. El vídeo en el que Daesh reivindicaba el atetando estaba inspirado en uno de los videojuegos más populares del mercado y mientras se estaba produciendo el ataque, los terroristas pusieron en marcha una campaña en redes sociales donde comparaban el ataque con otro famoso videojuego. Todo estaba pensado para transformar el terror en un espectáculo familiar para sus audiencias.</p>
<p><strong>Nada menos que 35.000 jóvenes occidentales se han visto “seducidos” por la potente maquinaria de propaganda del grupo yihadista. ¿Considera que los Estados están utilizando una estrategia efectiva para combatir esa narrativa de los grupos terroristas? ¿Hay una estrategia conjunta contra Daesh y otros grupos terroristas?</strong></p>
<p>Los Estados no están preparados para las guerras de narrativas contra grupos violentos y extremistas. Es, sin duda, uno de los principales retos que tienen los actuales Estados de derecho. No se trata de hacer contra narrativas, el reto está en contar historias atractivas, transmedia y seductoras que logren generar la simpatía de las nuevas audiencias entorno a los valores del Estado de Derecho y de las instituciones democráticas que lo garantizan. La creación de narrativas de consenso que pongan en valor los logros de la convivencia en democracia debería de ser tratado como una política de Estado. En este sentido, hay que tener en cuenta que Daesh nos ha facilitado enormemente el trabajo de creación de narrativa. Disponemos de una base de datos de 1.500 vídeos que, analizados de forma correcta y sistemática, pueden generar la evidencia científica necesaria para la elaboración de mensajes clave contra este tipo de grupos violentos y extremistas.</p>
<p><strong>Usted afirmó en una entrevista hace menos de un año que “las peores consecuencias del califato digital de Daesh están por llegar”, ¿a qué se refiere con esta afirmación?</strong></p>
<p>Esas declaraciones las realicé el 21 de junio de 2017, dos meses antes del atentado en Barcelona. Lo que quería decir entonces es que la narrativa creada y distribuida por Daesh desde enero de 2014 estaba generando cambios de comportamiento violentos muy extremos y rápidos y que había logrado un nivel de adhesiones muy alto en países de todo el mundo. Quería advertir de que la derrota militar de Daesh en Iraq y Siria no iba a ser suficiente para derrotar a este grupo en el largo plazo. Los terroristas de Daesh sabían que su Califato no era sostenible y que tarde o temprano iban a perder el control sobre el terreno, por eso pusieron tanto interés en ganar la batalla por las mentes y los corazones de millones de jóvenes frustrados en todo el mundo a través de una sofisticada campaña de comunicación y marketing. Si no se combate con firmeza esa estrategia, seguiremos viendo durante muchos años las consecuencias del terror inspirado por el Daesh.</p>
<p><strong>España quedó muy traumatizada después del 11-M y los recientes ataques en Barcelona y Cambrils fueron un duro recordatorio de que existe una amenaza real. ¿Debe España estar preocupada ante más ataques? ¿Tiene España particularmente una estrategia concreta para combatir al terrorismo fundamentalista?</strong></p>
<p>Ese tipo de ataques puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. España no está más amenazada que otros países. De hecho, de acuerdo a la evidencia científica del análisis de los videos de Daesh, España es uno de los países menos amenazados por este grupo terrorista. Sólo en una ocasión este grupo terrorista amenaza de manera directa a España. En cuanto a la estrategia, es muy significativo y positivo el hecho de que la Estrategia de Seguridad Nacional de España elaborada en 2017 incluyera por primera vez una sección entera contemplando la guerra de opinión pública en contextos de guerra híbrida, que es un elemento clave para derrotar a Daesh.</p>
<p><strong>El objetivo de Daesh, ¿sigue siendo una “guerra religiosa”?</strong></p>
<p>No. De hecho, el análisis científico de las campañas de comunicación de Daesh demuestra claramente que Daesh es el grupo yihadista menos islamista de la historia. La temática exclusivamente religiosa apenas tiene presencia en la comunicación de Daesh. Este grupo terrorista sabe que sus audiencias potenciales son hijos de su generación y que la religión no es un elemento fundamental de sus vidas. La narrativa de Daesh está más cerca de las respuestas violentas nihilistas de Bakunin en el siglo XIX.</p>
<p><strong>Otra de las líneas de su investigación y de su profesión se centra en la recuperación del relato de las víctimas del terrorismo, específicamente en el País Vasco, ¿cómo avanza este tema o desde qué enfoque se está abordando esta recuperación histórica?</strong></p>
<p>No hay duda de que el Estado de Derecho logró derrotar a ETA. La presión de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y la justicia colocó a este grupo terrorista en una situación insostenible e inoperativa. Sin embargo, tengo muchas dudas de que se esté logrando la derrota verdadera de ETA en el campo de la opinión pública y eso, a largo plazo, puede implicar una derrota para el Estado. Apenas existe una narrativa sistemática y coherente que cuente la victoria del Estado de Derecho frente a ETA y que ponga en valor el verdadero sufrimiento de las víctimas del terrorismo y del conjunto de la sociedad que se vio amenazada y aterrorizada por esta organización terrorista. No existen productos de ficción populares que transmitan de una manera atractiva a las nuevas audiencias episodios clave para la historia reciente de España como la detención de la cúpula de ETA en Bidart; el atentado de Hipercor; la liberación de Ortega Lara; el asesinato de Miguel Ángel Blanco; la persecución y el asesinato de ciudadanos como Joseba Pagazartundua; el atentado de la T4 y la detención de Txeroki; la historia de los 314 asesinatos de ETA sin resolver&#8230; Estas historias, entre otras, deben de convertirse en películas de éxito o en series de ficción en plataformas como Netflix, que es donde verdaderamente se está configurando ahora la opinión pública.</p>
<p>Existen cientos de héroes anónimos (ciudadanos y funcionarios) que dieron literalmente su vida y la de sus familias para garantizar la democracia y la libertad en este país, pero son historias que nadie las conoce.</p>
<p>España, a pesar de sus errores, ha sido un ejemplo de lucha contra el terrorismo, pero no lo estamos sabiendo poner en valor y corremos el grave riesgo de que a medio y largo plazo se asiente una narrativa hegemónica donde las víctimas y los verdugos tengan el mismo peso moral o donde ETA y los partidos políticos que la apoyaron sean considerados como los valedores del fin del terrorismo.</p>
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		<title>La doctrina del post. Posverdad, noticias falsas&#8230;Nuevo lenguaje para desinformación clásica</title>
		<link>https://compolitica.com/la-doctrina-del-post-posverdad-noticias-falsas-nuevo-lenguaje-para-desinformacion-clasica/</link>
		
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		<pubDate>Thu, 02 Mar 2017 08:42:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Myriam Redondo, @globograma Periodista, Doctora en Relaciones Internacionales En la obra ‘1984’ -escrita en 1948- George Orwell otorgó gran protagonismo a la neolengua. Era un conjunto de palabras y modos de utilizarlas que servía a un gobierno para imponer una visión del mundo y dejar fuera de juego no ya formas críticas de hablar, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Myriam Redondo,</span> <strong><a href="https://twitter.com/globograma?lang=es">@globograma</a> Periodista, Doctora en Relaciones Internacionales</strong></p>
<p>En la obra ‘1984’ -escrita en 1948- George Orwell otorgó gran protagonismo a la neolengua. Era un conjunto de palabras y modos de utilizarlas que servía a un gobierno para imponer una visión del mundo y dejar fuera de juego no ya formas críticas de hablar, sino incluso de pensar. La neolengua estaba concebida para que el hombre hablase con la laringe, no con el cerebro. En tiempos de tuits que sobresaltan al mundo a la hora americana del desayuno cabe pensar si las redes sociales no estarán siendo utilizadas como nuevas gargantas-altavoz para imponer creencias.</p>
<p>¿Hablaría hoy Orwell de postlenguaje? Indagando en vocablos triunfantes como postverdad (FUNDEU prefiere posverdad) se comprende que son menos novedosos de lo que parece y que esencialmente juguetean con mecanismos muy antiguos, como la propaganda y la demagogia. Por eso ya en 1992 Steve Tesich utilizó el término en <em>The Nation</em> para alertar de que mentiras gubernamentales como las derivadas del Watergate o la Guerra del Golfo sugerían que habíamos decidido libremente vivir en un mundo posverdad. La palabra volvió a utilizarse cuando el Gobierno de George W. Bush subió enteros propagandísticos para afrontar el <em>shock</em> del 11-S, consolidando expresiones como “Eje del mal” con las que demonizaba a países concretos.</p>
<p>Es un saber común que la empresa que edita los diccionarios Oxford nombró la posverdad (<em>post-truth</em>) palabra del año en 2016, relacionándola con circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que las apelaciones a la emoción y las creencias personales a la hora de conformar la opinión pública. El prefijo post pasa de indicar algo que quedó temporalmente atrás a algo que se ha convertido en irrelevante, como ocurrió durante el referéndum a favor del <em>brexit</em>, en el que circularon numerosas falsedades políticas.</p>
<p>Después de que Reino Unido dijera no a la Unión Europea, muchos tildaron el veredicto popular de sorprendente e irreal. La sensación se repitió con el referéndum para un acuerdo de paz en Colombia. Estas situaciones y otras vividas durante 2016 han generado una lógica sensación de alucinación. Pero popularizar la palabra posverdad para describir los episodios, manosear el concepto, está haciendo caer en la trampa de la desinformación. No existe la posverdad como no pueden coexistir la vida y la muerte más allá de las licencias literarias y cinematográficas. La verdad no puede superarse, y si se supera en el sentido en que se está haciendo (se deja al margen, se relega) es que no hay verdad, hay artificio.</p>
<p>La inclinación a hablar de posverdad ha politizado y complicado otras expresiones como la de noticias falsas (<em>fake news</em>). La experta en verificación digital Claire Wardle ha intentado ofrecer una tipología, reconociendo que no se puede esquivar la expresión hoy en día, y el título de su artículo lo dice todo: “Falsas noticias. Es complicado” (<a href="https://firstdraftnews.com/fake-news-complicated/">Firstdraftnews.com</a>).</p>
<p>En las falsas noticias estrictamente concebidas, fuentes que se presentan como legítimas pero no lo son difunden informaciones cien por cien inventadas como si fueran hechos objetivos con el propósito de obtener clics y/o dañar. Algunas ciudades de la República de Macedonia se han hecho famosas por su intensidad en la creación de sitios falsos que emiten este tipo de contenidos: sus jóvenes esquivan el paro haciéndose expertos en atraer publicidad con titulares estrambóticos.</p>
<p>No tiene que haber intención política en ese emprendimiento, pero el concepto de noticia falsa se ha acabado extendiendo hasta convertirse en un objeto que arrojar al contrario con objetivos claramente partidistas. Falsa noticia es ahora sesgo. Emplear actualmente la locución es dejar al ciudadano confuso. Mientras el concepto posverdad le lleva a concluir que está ante realidades radicalmente nuevas (realidades post) que no puede comprender y sobre las que tienen que decidir otros, la expresión noticias falsas volando de un lugar a otro como avión de papel le conduce a pensar que la mentira es un concepto escurridizo que está por todas partes, sin que tampoco en este caso haya posibilidad de comprensión o comprobación personal.</p>
<p>Hay expertos que emplean responsablemente el prefijo post para describir lo que ya está entre nosotros (<a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/voto-postpolitica_6_578552151.html">Imma Aguilar, “El voto a la contra o la era de la postpolítica”</a>). Pero la posverdad, la llamada realidad postfactual y las noticias falsas son en manos de algunos políticos la nueva savia comunicativa para imponer teorías de la conspiración, complots imaginarios que refuerzan su figura.</p>
<p>El presidente de EE. UU., Donald Trump, o los candidatos políticos de extrema derecha Geert Wilders (Holanda) y Marine Le Pen (Francia), así como sus equipos, han promovido el nuevo humo terminológico desde que comenzó. Kellyanne Conway, una de las principales asesoras de Trump, introdujo el concepto de “hechos alternativos” para referirse a cosas que nunca sucedieron. “Sois falsas noticias”, espetó Trump a un reportero de la CNN en su primera rueda de prensa presidencial.</p>
<p>Algunos periodistas han caído de lleno en esta trampa: “Cualquiera que diga que <em>The Wall Street Journal</em> está siendo permisivo con Trump está difundiendo noticias falsas”, ha dicho el editor de este diario, Gerry Baker, según recoge Politico.com. Es una guerra de la información continua que se va alimentando con distintos episodios, algunos banales como una falsa acusación a un político y otros de enorme relevancia como una PSYOP (operación psicológica) estatal en el terreno digital, con muchos dedos apuntando en este campo a Rusia.</p>
<p>La propaganda legítima -persuadir de la bondad de productos, ideas, personas o iniciativas- ha tenido a lo largo de la Historia vertientes menos edificantes. Hay propaganda gris, en la que el emisor diluye su identidad; propaganda negra, en la que se atribuye falsamente el origen del mensaje a otra fuente; y propaganda blanca con fuente identificada pero donde se ofrecen realidades parciales o datos interesados. Son modos de desinformar que tuvieron siempre su aliado en la comunicación política poco profesional y que promovieron la desconfianza, el temor y la toma de decisiones irracionales sobre todo en momentos de crispación o conflicto. La persuasión existe desde el origen de la humanidad y la propaganda es inseparable del nacimiento de los estados (Alejandro Pizarroso, <em>Historia y Comunicación Social</em>, nº 4, 1999). Cabe añadir que también de los partidos.</p>
<p>No son fenómenos exclusivos de la derecha o la extrema derecha. China ha sido siempre un grande de la desinformación y Rusia puede ser considerado el estado que mejor ha sabido adaptar las propagandas gris y negra a la tecnología moderna. Son conocidas sus campañas masivas de bots y sus fábricas de trols donde los empleados reciben cada día argumentarios políticos extremos para expandir por las redes (<a href="https://compolitica.com/acop/publicaciones/acop-papers/">Myriam Redondo, “Política Automatizada. Bots, trols y propaganda digital encubierta”, ACOP Paper nº 5, 2016</a>). Si algo ha demostrado la renovada guerra fría política entre el este y el oeste es que el Kremlin lo ha hecho mejor que Washington en materia de propaganda digital. Sólo hay que preguntar a un adolescente occidental con qué contenidos se topa más a menudo en Internet: los procedentes de <em>Voice of America y Radio Free Europe</em> o los de RT y Sputnik. Rusia ha ido por delante en la combinación neolenguaje + propaganda + redes sociales + nuevas opciones multimedia.</p>
<p>La desinformación digital se extendía a velocidad quizá demasiado rápida para el ojo humano. Los medios tenían bastante con su supervivencia desde el inicio de la crisis económica (2008) y no han estado en condiciones de patrullar la Red mientras crecía. Probablemente nunca lo estarán en solitario y tendrán que colaborar en este campo con entidades especializadas, siguiendo el ejemplo de redes sociales y gigantes digitales (Google, Facebook y Twitter principalmente).</p>
<p>Durante la campaña electoral de 2016, numerosos proyectos de <em>fact-checking</em> periodístico siguieron a Trump allá donde fuera para comprobar si sus afirmaciones respondían a hechos objetivos. Algunos partían de grandes instituciones, pero hubo también iniciativas individuales llevadas a cabo por amor propio. Daniel Dale, corresponsal en Washington del diario canadiense <em>Toronto Star</em>, volcaba cada noche en Twitter las mentiras del día del candidato republicano, lo que después le reportó un gran reconocimiento.</p>
<p>Si esa vigilancia periodística existió, aunque distó de ser perfecta, en realidad lo justo es preguntarse por la labor de los medios pero también por el papel del ciudadano ¿Seguro que los votantes estadounidenses eran ignorantes en cuanto a las mentiras en la campaña? ¿Seguro que a Trump le apoya sólo un votante poco formado? Es cierto que el candidato republicano tiene grandes bases en ese perfil social, pero algunos datos advierten contra la simplificación en este ámbito. Las estadísticas del Roper Center para la Investigación en Opinión Pública muestran cómo en EE. UU. el respaldo al partido republicano por parte del conjunto del perfil “raza blanca con estudios” (hombres y mujeres), ha sido constante desde el año 1996, aunque en el subgrupo de las mujeres de raza blanca con estudios esa afirmación no se cumpla, según María Ramírez y Eduardo Suárez (<a href="https://medium.com/politibot/11-mitos-sobre-el-triunfo-de-trump-b40f336df1fe#.ltfk5uc2s">“11 mitos sobre el triunfo de Trump”</a>). Un mes después de hacerse con el cargo, las encuestas referían un aumento del rechazo a Trump, que recibía menos confianza de lo habitual para un presidente en esa etapa inicial. Sin embargo, un 36% de los entrevistados con título universitario se mostraba todavía a su favor, como también lo estaba un 31% de personas con estudios de posgrado (<a href="http://www.people-press.org/2017/02/16/1-early-public-attitudes-about-donald-trump/">“Early public attitudes about Donald Trump”, National Survey, Pew Research Center</a>).</p>
<p>¿Es ignorancia lo que guía a los votantes? ¿Son emociones? En todo caso emociones que parten de una decisión racional. Trump recibió apoyo destacado en entornos rurales duramente castigados por la crisis. Esos votantes hicieron cuentas sobre aspectos como la distorsión que generarían más inmigrantes en el mercado de trabajo. Tomaron decisiones racionales, aun cuando las cifras que manejaban pudieran ser erróneas. Hay que aceptar que hay un votante estadounidense ilustrado al que le gusta Trump o que eligiendo tradicionalmente votar a un partido ha decidido racionalmente que lo seguirá haciendo aunque el candidato no le atraiga, porque cree en su modo de hacer las cosas. No es sólo una cuestión de emociones, sino también una constatación de que la Humanidad no se pone de acuerdo sobre cómo resolver los grandes problemas que afronta el planeta o sobre quién debe hacerlo.</p>
<p>Lo que ocurre en EE. UU. también sucede en Europa. Es un estado de polarización ideológica real en el que influye el momento económico, pero también factores diversos como la educación o el lenguaje político predominante, y el periodismo no es ajeno al fenómeno. Con los faros mediáticos tradicionales en retroceso y los nuevos medios digitales multiplicándose, algunos académicos sugieren que la fragmentación de las audiencias puede estar alimentando la polarización (Ricardo Gandour, Pablo Javier Boczkowski, Eugenia Mitchelstei, David Tewksbury, Jason Rittenberg o Markus Prior). Los <em>legacy media</em>, que tienen su responsabilidad en el proceso de deterioro informativo, han dejado de ser referentes, han perdido el poder para fijar la agenda. El usuario practica la serendipia lejos de contenidos que reten su posición ideológica, es más difícil llegar a una esfera pública compartida de comprensión y el comportamiento político se hace impredecible.</p>
<p>En 2016, un 62% de los adultos estadounidenses accedían a las noticias a través de las redes sociales; un 44% lo hacía específicamente a través de Facebook (<a href="http://www.journalism.org/2016/05/26/news-use-across-social-media-platforms-2016/">Pew Research Centre &amp; Knight Foundation, “News use across social media platforms”</a>). En esta plataforma el menú de contenidos se basaba en algoritmos diseñados para que el usuario encontrase mayoritariamente cosas atrayentes y de su gusto, similares a las que ya había leído antes, hasta que el triunfo de Trump dio la voz de alarma (<a href="https://www.buzzfeed.com/craigsilverman/viral-fake-election-news-outperformed-real-news-on-facebook?utm_term=.yq1mv2PN7#.lhPnvX8Jr">Craig Silverman, “This analysis shows how viral fake election news stories outperformed real news on Facebook”</a>). Cada uno estaba leyendo dentro de su burbuja.</p>
<p>En un magnífico artículo titulado “Las falsas noticias son una cortina de humo”, el director del <em>Center for Civic Media</em> del MIT, Ethan Zuckerman, escribe: “La verdad realmente perturbadora es que las falsas noticias no son la causa de nuestra disfunción política. Más inquietante es que vivamos en un mundo donde la gente esté profunda y fundamentalmente en desacuerdo sobre cómo entenderlo, incluso cuando compartamos el mismo conjunto de datos. Solucionar los problemas de las falsas noticias hace ese mundo algo más fácil de navegar, pero no trasciende la superficie de los problemas más profundos de cara a encontrar terreno común con las personas con las que discrepamos” (<a href="http://www.dw.com/en/fake-news-is-a-red-herring/a-37269377">“Fake news is a red herring”</a>).</p>
<p>Dado que bajar los brazos no es una opción, hay algunas vías por las que seguir caminando para reducir la polarización y el hooliganismo político, así como su plasmación en Internet:</p>
<p>a) Formar más a la ciudadanía en alfabetización mediática, lectura y comprensión crítica (muchos creían que la propaganda y la desinformación eran cosas del pasado);</p>
<p>b) Expandir una cultura de verificación digital sistemática;</p>
<p>c) Ofrecer a los electores herramientas que les hagan conscientes de la habitación ideológica cerrada en la que piensan.</p>
<p>En la columna <a href="https://www.theguardian.com/us-news/series/burst-your-bubble">“Burst your bubble”</a> (Revienta tu burbuja) el periódico de izquierdas <em>The Guardian</em> recomienda cada semana cinco artículos conservadores que considera de interés para expandir el pensamiento de sus lectores. En su recurso digital <a href="http://graphics.wsj.com/blue-feed-red-feed/">“Blue feed, red feed”</a>, <em>The Wall Street Journal</em> deja caer a la vez dos hilos: a la izquierda los post que publican en Facebook los medios progresistas, a la derecha los de publicaciones conservadoras.</p>
<p>Si se le llama posverdad a lo que sucede se estará ocultando que es demagogia. Mientras se enreden los debates terminológicos y se recurra a la expresión noticias falsas para referirse a todo lo ideológicamente sesgado, ganarán tiempo y libertad de acción quienes desmontan derechos humanos bajo el tapiz de la postlengua. Con similitudes a la ‘doctrina del shock’ que describió Naomi Klein en 2007 (aprovechar el impacto y la confusión psicológica provocada por desastres para hacer reformas que perjudican al ciudadano), la utilización actual del prefijo post garantiza el alejamiento comprensivo y la confusión entre los votantes, que quedan retenidos en su polo ideológico considerando que más allá sólo hay un caos nuevo para ellos. En ese terreno movedizo se seguirá apoyando al candidato que sea capaz de generar más temor sobre el contrario, un candidato que tendrá manos libres para hacer barbaridades mientras distrae con su malabarismo lingüístico. Si ello se completa con la réplica acrítica de anuncios políticos realizados a golpe de posts (entradas en plataformas digitales) o a golpe de tuits, se puede concluir que habrá ganado la desinformación. Nunca tuvo a su alcance herramientas tan potentes ni tan rápidas.</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/la-doctrina-del-post-posverdad-noticias-falsas-nuevo-lenguaje-para-desinformacion-clasica/">La doctrina del post. Posverdad, noticias falsas&#8230;Nuevo lenguaje para desinformación clásica</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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