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	<title>Iglesia archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Iglesia archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Franciscus, Communicator. Ha nacido una estrella</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2018 04:59:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Rafa Rubio, @rafarubio profesor de la Universidad Complutense de Madrid y consultor de comunicación El 13 de marzo de 2013, el Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio se asomaba a la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro. Bergoglio, que había llegado a Roma como un Cardenal al borde de la jubilación, poco [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Rafa Rubio,</span> <strong><a href="https://twitter.com/rafarubio?lang=es">@rafarubio</a> profesor de la Universidad Complutense de Madrid y consultor de comunicación</strong></p>
<p>El 13 de marzo de 2013, el Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio se asomaba a la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro. Bergoglio, que había llegado a Roma como un Cardenal al borde de la jubilación, poco conocido fuera de los ambientes argentinos y los ambientes eclesiales, acababa de ser elegido como cabeza de la Iglesia Católica.</p>
<p>Su primera “puesta en escena”, una intervención de menos de diez minutos iba a definir su papado y marcar el destino de la Iglesia durante el mismo. Una identificación de la jerarquía como servicio, el amor a la Iglesia más allá del protagonismo personal y una visión optimista, que solo justificaba la confianza en Dios, ante una situación llena de dificultades.</p>
<p>Desde entonces el Papa Francisco se ha convertido en un actor protagonista de la escena mundial. Ese mismo año Francisco era el líder mundial más buscado en Google, y desde entonces sus cuentas en Twitter, heredadas de Benedicto XVI, superan los 50 millones de seguidores y sus mensajes alcanzan unos niveles de interacción inéditos para un personaje público, logrando ese milagro de la viralidad que consiste en que se distribuyan con éxito incluso textos apócrifos. Elegido como la persona del año por distintas publicaciones, en la era de la desconfianza su estilo de liderazgo se estudia con detalle y hasta los jóvenes lo han adoptado como una referencia.</p>
<p><strong>APERTURA Y LIDERAZGO</strong></p>
<p>Cuando Francisco llegó al Vaticano, hace cinco años, la Iglesia atravesaba un complicado momento histórico. Se enfrentaba por igual a la irrelevancia externa y a crisis internas. Su presencia en los medios se contaba por escándalos. Como el del IOR, las filtraciones internas conocidas como el “Vatileaks”, los escándalos de pederastia… Consecuencia o no de lo anterior, la renuncia de Benedicto XVI, había desconcertado al pueblo católico, abriendo una reflexión de una parte importante de la opinión pública y de los medios de comunicación, sobre el papel de la Iglesia en el mundo y el lugar del papado en el siglo XXI.</p>
<p>Enfrente las teorías conspiratorias, que ven la pérdida de influencia de la Iglesia como el resultado de una confabulación entre los distintos poderes del mundo (NOM) que encuentran en la Iglesia el último obstáculo para imponer su agenda oculta, y que ven los medios como aliados privilegiados de esta conspiración.</p>
<p>A esto se unían las teorías derrotistas, que constatando la pérdida de importancia social y cultural de la Iglesia, parecían optar por el aislamiento como única forma de garantizar la supervivencia.</p>
<p>Consciente de la situación el cabeza de la Iglesia católica optó por la evangelización, “dar a conocer la fe en Jesucristo y las virtudes cristianas” (RAE) convencido de que la Iglesia católica puede contribuir con voz propia a los problemas globales del mundo actual (que en ocasiones se habían contemplado como algo ajeno, cuando no directamente opuesto, a la temática y los enfoques tradicionales de la Iglesia católica).</p>
<p>Francisco dejó claro desde el principio su voluntad de liderazgo denunciando que una Iglesia que no sale, en la atmósfera viciada de su encierro, enferma de autorreferencialidad, una especie de narcisismo que “conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado”.</p>
<p>El Papa adopta una visión valiente, de apertura, sin miedo al choque entre las visiones y los valores de la Iglesia y los de una sociedad compleja y plural, pero ante esta alternativa prefiere “mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma», y ha dejado buenas muestras de ello.</p>
<p>Francisco cree que la Iglesia puede aportar mucho a esta sociedad en la que la fe ya no es un presupuesto obvio de la vida en común, y es consciente que para hacerlo tiene que crecer y fortalecerse por dentro. Una opción por la reforma que ha elegido la comunicación como vía más eficaz para hacerla realidad.</p>
<p><strong>LA COMUNICACIÓN COMO HERRAMIENTA ESTRATÉGICA</strong></p>
<p>Como señala Austen Ivereigh, Francisco no es solo un gran reformista (reformer); es un gran “reframer”, o precisamente ha entendido que para reformar en la sociedad de la información no hay vía más eficaz que confiar en el poder transformador de un nuevo relato. Y lo ha hecho provocando un cambio de perspectiva, rompiendo con el encasillamiento habitual en el que cualquiera dentro de la Iglesia debe situarse en una batalla simplista entre conservadores y progresistas.</p>
<p>El Papa entiende, como Francisco de Vitoria, que formar parte de la humanidad y comunicarse con todos los seres humanos son dos caras de la misma moneda. Su comunicación parece brotar de un deseo imperioso de hacerse entender. Consciente que el éxito de la comunicación depende, en buena parte, de encontrar tierra abonada. Construye su comunicación para un público en el que la cultura católica se va perdiendo y muchas de las referencias tradicionales, palabras, referencias, hoy resultan incomprensibles para el público mayoritario, también muchas veces entre los propios católicos. Parece haber interiorizado las palabras de Benedicto XVI que alerta a los cristianos que “se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no solo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado”.</p>
<p>Lejos de quedarse a la espera del próximo escándalo del que defenderse Francisco tiene una agenda clara para la Iglesia católica y la impulsa de manera proactiva. Es una agenda de reformas no improvisadas, fruto de años de trabajo y reflexión, que aparece perfilada en el documento de Aparecida, en cuya redacción participó activamente y que incluye como prioritarios, la cultura del descarte, el cuidado de la tierra, la periferia, geográfica y social… Sin dejar de abordar temas de la enseñanza de la Iglesia como la defensa del no nacido, los peligros de la secularización o la llamada a la conversión y a la autenticidad evangélica.</p>
<p>Sus mensajes son claros, y apelan a todo el mundo, con una visión trascedente o no de la vida, católicos o no católicos. A todos ellos les habla de lo que nos une, de lo que tenemos en común, sin renunciar, pero sin poner el acento en temas en los que una parte considerable de los católicos ya no viven, como los relacionados con la moral sexual o matrimonial de la Iglesia, evitando, con su mensaje integrador, reforzar el sentido de orfandad de estos, o abocarlos a una doble moral destructiva.</p>
<p>Una agenda que quizás no se identifica con el pensamiento conservador, pero que aborda desde una visión tradicional. Por poner un ejemplo su firme voluntad de reforma de los usos y costumbres clericales y eclesiales, que no forman parte de la Tradición de la Iglesia, bebe de referencias clásicas del catolicismo como el Catecismo de la Iglesia Católica.</p>
<p>Como consecuencia la gran atención generada por el nuevo Papa, se ha traducido, en un cambio de marco, un enfoque diferente, poco habitual al tratar asuntos de la Iglesia, un voto de confianza hacia su ministerio y hacia el mensaje de la Iglesia. Una visión en la que prima la propuesta frente a la protesta, la alegría frente a la tristeza y el pesimismo, con el que habitualmente se asociaba la propuesta católica en los medios de comunicación.</p>
<p>En estos cinco años Francisco se ha convertido en un transmisor del mensaje de la Iglesia, que ha vuelto a ocupar las portadas de muchos medios de comunicación con propuestas concretas para la sociedad. Algunos le reprochan que la contundencia del mensaje no se ha visto reflejado en las anunciadas, sin reparar en que incluso en la sociedad de la inmediatez los cambios culturales y organizacionales requieren ir asentándose y contar con el soporte institucional e incluso logístico, y en el camino recorrido no han faltado resistencias internas, que han protagonizado las críticas más virulentas.</p>
<p><strong>SUAVITER IN MODO</strong></p>
<p>Su estilo comunicativo, la forma y los canales utilizados, se han revelado como aliados indispensables de este uso estratégico de la comunicación, proporcionándole un hueco entre las noticias del día y, lo que es más importante, despertando la curiosidad y la atención de la opinión pública de todo el mundo.</p>
<p>Consigue, algo que en la economía de la atención es un tesoro, casi magia: dirigir la atención a lo esencial a través de gestos y lenguaje, sin caer en el <em>show</em>, lo accidental. Francisco favorece la atención a lo esencial, evitando así que lo “secundario” ocupe el lugar de lo “sustancial”. Algo que el mismo ha resumido con acierto en la expresión: “No darle tantas vueltas al Evangelio”.</p>
<p>Sus gestos mandan mensajes claros. Consciente del significado de sus acciones simbólicas, el Papa no desaprovecha ocasión para enviar mensajes a través de sus acciones que sin ser accidentales, conservan el aroma de la autenticidad, tan necesario para generar confianza.</p>
<p>Su autenticidad es fruto de la integración de signos, gestos y palabras, una gran capacidad comunicativa y una insólita cercanía a los oyentes, con independencia de su origen, cultura, credo o posición social.</p>
<p>Desde la elección de su nombre, Francisco, el Santo de los pobres, el Papa ha cuidado sus gestos, consciente de su potencial comunicativo. Su aparición en el balcón con la sotana blanca, sin la tradicional muceta roja; sus famosos zapatos de cordones, que le enviaron de la zapatería bonaerense donde los había dejado a reparar; la elección como lugar de residencia de Santa Marta, donde se alojan a diario decenas de personas que trabajan en el Vaticano, celebrando allí a diario la Santa Misa y compartiendo el comedor con las personas allí alojadas, en lugar de los tradicionales Palacios Apostólicos&#8230;</p>
<p>Signos como la elección de Lampedusa como su primer viaje fuera de la Península Itálica, el báculo de madera de cayuco y el uso de una patera como altar; la exigencia de vehículos sencillos para sus desplazamientos, a pesar de las residencias de sus anfitriones internacionales; el empeño en subir y bajar del avión con su propio maletín en sus viajes; el lavatorio de pies en una cárcel de jóvenes en la celebración del Jueves Santo; o la comida con los trabajadores del Vaticano, son solo algunas muestras de la importancia que la imagen tiene en la comunicación del Papa.</p>
<p>El Papa no necesita intérprete, tiene el don de la plasticidad lingüística, la difícil virtud de materializar lo abstracto. De explicar la riqueza y complejidad de la fe con mensajes gráficos, claros y directos, en los que utiliza palabras sencillas, coloquiales, sintéticas e intuitivas, basadas en imágenes de gran plasticidad, como balconear o licuar la fe, que no pueden ser casuales, y metáforas que ayudan a captar la profundidad del mensaje evangélico: el olor de las ovejas que deben tener los sacerdotes, como el buen pastor; o las lágrimas del sufrimiento, que son como lupas que permiten que el hombre se vea al lado del Señor; parábolas modernas, <em>storytelling con copyright</em> eclesial que se remonta al siglo I, que vuelven su mensaje más cercano y comprensible y alcanzan los titulares en todo el mundo.</p>
<p>Además de una atención continua de los medios de comunicación, Francisco ha innovado en los canales de comunicación tradicionales en el papado. Más allá de su éxito en Twitter, ya señalado, su homilía diaria en Santa Marta, con la ayuda del vídeo, ha logrado una repercusión mediática y eclesial inusitada convertida en fuente habitual de titulares y alimento de las homilías de sacerdotes en todo el mundo especialmente en América. La entrevista, personal o en grupo, sin guiones previos, sin acuerdos ni revisiones, “a pecho descubierto”, también se ha convertido en un canal de comunicación extraordinario, y poco habitual en sus antecesores. Entrevistas personales en las que habla con cercanía y credibilidad, o sus esperadas entrevistas en grupo a bordo del avión con los medios de comunicación que han participado en el viaje, que por su espontaneidad y apertura a cualquier pregunta, son observadas con lupa, convertidas en un género propio. Ambas, a pesar de haber provocado más de una polémica, se han revelado como instrumentos con una gran capacidad de crear agenda.</p>
<p><strong>DESDE SU PROPIA VIDA</strong></p>
<p>Francisco se define por sus gestos y sus palabras, pero también por su vida. Una historia personal, una vida muy rica, una personalidad en la que aquellos que lo conocen desde mucho antes de llegar a Roma destacaban la austeridad, su cercanía y que se adapta de maravilla a estos tiempos. Una visión del mundo en el que pesa mucho la impronta latinoamericana, que le permite conocer los problemas y afrontarlos con un estilo propio.</p>
<p>El Papa actúa así porque es así. No finge, no interpreta un papel para transmitir una enseñanza. Actúa como es y su ejemplo arrastra. Su actuar es consecuencia de su ser. Su historia personal se hace vida en el día a día, y se vuelve comunicación. Se trasluce una gran coherencia entre lo que piensa, lo que dice, lo que hace y lo que vive. Recuerda ese consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: “Predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras”.</p>
<p>Las palabras de Francisco se plasman en sus obras. Por ejemplo, si habla de cercanía con los que sufren y abraza a los enfermos al final de su audiencia, a continuación manda al Limosnero del Papa a repartir su ayuda a Lampedusa… Su enseñanza va siempre de la mano del ejemplo convencido de que el mundo está más necesitado de testigos que de maestros; y solo aceptará a los maestros en la medida en que sean testigos.</p>
<p><strong>CINCO LECCIONES DE CINCO AÑOS</strong></p>
<p>Al contemplar estos cinco años de vida pública del líder de la Iglesia católica existen dos tentaciones, la de considerarla como un fenómeno peculiar de un ecosistema católico, ajeno a nuestro día a día, o como algo propio de una persona excepcional y, como tal, inevitable. Sin embargo, pienso que de lo expuesto podemos extraer algunas de lecciones válidas para la comunicación de cualquier personaje público.</p>
<p>Francisco puede servir de modelo a muchos líderes que viven inmersos en un mundo en cambio permanente y buscan como transformar sus organizaciones para que sigan manteniendo su razón de ser.</p>
<p>Podemos aprender de su concepción estratégica de la comunicación como herramienta de transformación social. Como recordaba Antonio Spadaro, tras entrevistarle “para el Papa Francisco comunicar es una exigencia” y pone a la organización frente a la necesidad de la comunicación del mensaje cristiano y de la vida de la Iglesia. Y lo hace con transparencia y valentía, superando el error del silencio, más propio de otros tiempos y que dio pie a muchas incomprensiones, a ataques indiscriminados hacia la Iglesia y a falsas acusaciones que han cuajado en una parte importante de la opinión pública.</p>
<p>La iniciativa, que le permite marcar la agenda de la conversación global con sus acciones, en lugar de ir a remolque, es otra de sus lecciones.</p>
<p>Otra sería la combinación entre profundidad y sencillez, ya señalada, que hace posible con la combinación del enfoque gráfico, imprescindible para comunicar en el siglo XXI, con el planteamiento profundo de temas de fondo.</p>
<p>También podemos aprender de la necesaria autenticidad, que se refleja en la coherencia entre lo que piensa, lo que dice, lo que hace y lo que vive. Vive lo que dice y con la comunicación amplifica sus efectos para lograr arrastrar con este ejemplo.</p>
<p>En tiempos de liderazgos contestatarios, centrados en el rechazo y la generación de resentimiento, Francisco nos enseña que comunicar bien significa sembrar esperanza aun a veces en medio del dolor.</p>
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		<title>Iglesia y propaganda: dos milenios de persuasión desde la silla de San Pedro</title>
		<link>https://compolitica.com/iglesia-y-propaganda-dos-milenios-de-persuasion-desde-la-silla-de-san-pedro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 07:49:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Miguel Candelas, @mikicandelas Politólogo La Iglesia Católica es la única institución política que ha logrado pervivir en el tiempo durante casi dos milenios, sobreviviendo a todo tipo de cambios políticos, vaivenes económicos o descubrimientos científicos, y saliendo airosa incluso de los siglos oscuros medievales o de las revoluciones contemporáneas que cortaron la cabeza de más [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Miguel Candelas,</span> <strong><a href="https://twitter.com/mikicandelas">@mikicandelas</a> </strong><strong>Politólogo</strong></p>
<p>La Iglesia Católica es la única institución política que ha logrado pervivir en el tiempo durante casi dos milenios, sobreviviendo a todo tipo de cambios políticos, vaivenes económicos o descubrimientos científicos, y saliendo airosa incluso de los siglos oscuros medievales o de las revoluciones contemporáneas que cortaron la cabeza de más de un poderoso monarca. Al margen del uso del poder duro (que obviamente los Papas han ejercido siempre, matanzas inclusive), el otro pilar esencial que le ha permitido navegar a lo largo de los siglos sin zozobrar, ha sido la puesta en práctica desde sus inicios de una eficaz estrategia de propaganda, basada en un sustrato doctrinal simplificado, compensado con una tendencia a la innovación cuando se percibe una amenaza. Por ello, la política del Papa Francisco en absoluto supone una revolución en la Santa Sede como claman las voces más idealistas, sino únicamente, una nueva demostración de la capacidad de adaptación y de supervivencia de esta poderosa institución, la cual es probablemente una de las mejores maquinarias propagandísticas del mundo.</p>
<p><strong>La propaganda católica en la Edad Antigua, en la Edad Media y en la Edad Moderna (Siglos I-XVIII)</strong></p>
<p>Dicha estrategia comienza ya en la Antigüedad con los viajes de Pablo de Tarso a los confines del Imperio romano, que lo convierten en el primer gran propagandista de la Iglesia al tener la inteligencia de ampliar el área de influencia cristiana también a los no judíos (la «Epístola a los Corintios» es un muy buen ejemplo de ello). Esta política de predicación permitió a la Iglesia abrirse camino entre el paganismo, competir con él y finalmente destruirlo, cuando su hegemonía política e ideológica en el seno del Imperio fue tal que acabó siendo declarada como religión única por el Emperador Teodosio, con la consiguiente persecución de los demás credos. Además, a través de los concilios ecuménicos del siglo IV se dio unicidad al culto católico al condenar todas las interpretaciones cristianas alternativas como la arriana o la nestoriana, con lo que también se aseguraba la simplificación del mensaje y la proyección de unanimidad.</p>
<p>El ocaso del Imperio romano y la llegada de los tenebrosos tiempos medievales no terminaron con la Iglesia sino que, por el contrario, la fortalecieron. Aniquilado el poder administrativo y civilizacional de Roma, la doctrina cristiana y la estructura eclesiástica tomaron el relevo, convirtiéndose la Iglesia en la única fuerza ideológica con proyección en toda Europa a lo largo del medievo, al controlar y monopolizar en exclusividad la producción cultural de estos siglos oscuros. La Iglesia así termina de jerarquizar su estructura de poder creando un aparato sofisticado en pleno caos feudal, durante el papado de Gregorio I en el siglo VI, el cual se da cuenta de la enorme importancia de los símbolos en el diseño de una propaganda eficaz hacia unas poblaciones rurales y analfabetas (a las que había que tener atemorizadas y adoctrinadas con un dogma directo, maniqueo y simplificado), lo que da lugar al surgimiento de la mayor parte de la iconografía cristiana en los frisos de los claustros medievales. Siglos después, la convocatoria de las diferentes cruzadas que inicia el Papa Urbano II, al margen de sus objetivos económicos y geoestratégicos, supone también un gran acto propagandístico, destinado a la unión de la cristiandad.</p>
<p>Ya en los albores de la Edad Moderna, la Iglesia Católica es la primera en darse cuenta de la importancia ideológica de los nuevos descubrimientos geográficos y marítimos, gracias a los cuales puede hacer llegar sus mensajes propagandísticos allá donde no había llegado nadie hasta entonces, por lo que la propaganda se sistematiza y perfecciona. La Iglesia colabora decisivamente con los artistas del Renacimiento y del Barroco dando lugar a un nuevo auge del arte propagandístico, y a su vez, surge la simbiosis entre la estrategia militar y la doctrina religiosa, plasmada en los “Ejercicios Espirituales” de Ignacio de Loyola. Este militar convertido en monje y fundador de la Compañía de Jesús (de la que es miembro el Papa actual), plasma en esta obra los verdaderos principios de la propaganda política; todo un manual de persuasión y comunicación que en nada tiene que envidiar a los que en la actualidad elaboran los consultores políticos. Tampoco es casualidad que sea durante estos siglos modernos cuando la Iglesia inventa el término “propaganda” a través de la Bula <em>Inscrutabili Divinae</em> promulgada por el Papa Gregorio XV en 1622, la cual crea la “Sacro Congregatio de Propaganda Fide”, como un organismo encargado de frenar la ideología protestante y contraatacar con una propaganda católica renovada, todo ello en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.</p>
<p><strong>La propaganda católica en la Edad Contemporánea y en el Mundo Actual (Siglos XIX-XXI)</strong></p>
<p>Pero la verdadera prueba de fuego para la Iglesia llega al iniciarse la Era Contemporánea, cuando los franceses (desde Rousseau a Napoleón, pasando por Robespierre), cambian la cruz por la llama de la Ilustración. La revolución que se desencadena no solo corta la cabeza del soberano, sino que inicia una secularización social al amparo de los nuevos movimientos nacionalistas. Esta oleada de laicismo apostaba por la ciencia y la razón frente a la magia y la fe, y se extendió por el resto del mundo cristiano, socavando de nuevo los pilares ideológicos de la Iglesia Católica, hasta el punto de que tras la unificación italiana, el nuevo gobierno de Roma despojó a la Iglesia de sus dominios territoriales (Estados Pontificios) en 1870, dejando a la curia vaticana sometida a un poder laico. Una vez más, la Iglesia se anticipó a los acontecimientos, al haber convocado un año antes el Concilio Vaticano I y reformulando sensiblemente el dogma para adoptarlo a las nuevas realidades de la revolución liberal e industrial, mientras que utilizaba la inmensa fuerza social que aún conservaba (especialmente en Italia), para apoyar al movimiento fascista de Mussolini décadas más tarde, que una vez en el poder, recompensó el apoyo eclesiástico financiando económicamente a la Iglesia y firmando posteriormente el Tratado de Letrán (1929) con el Papa Pío XI (el cardenal Ratti), tratado por el que nacía un nuevo Estado: la Santa Sede, consagrándose las fronteras de la Ciudad del Vaticano que conocemos en la actualidad y permitiendo a la Iglesia recuperar la dualidad de poder (terrenal y espiritual), si bien es cierto que de facto estaba ya creado años atrás.</p>
<p>De ese primer Concilio Vaticano anteriormente mencionado surgió también la “Infalibilidad Papal”, lo que supuso una reacción a la secularización, reforzando la autoridad espiritual del pontífice con respecto a sus feligreses, y por ende, su capacidad de persuasión de las masas. Una vez más, todo un ejemplo de maestría en el arte de la propaganda, leyendo acertadamente las condiciones contextuales del momento y reaccionando a las amenazas con una renovación de los viejos mensajes de siempre (campo ideológico-religioso) y con una articulación de nuevas alianzas estratégicas (campo político-social).</p>
<p>Ya en plena II Guerra Mundial y tras el bombardeo de San Lorenzo, el Papa Pío XII (el cardenal Pacelli, denominado en ocasiones a nivel mediático como el “Papa de Hitler” por su cercanía con el régimen nazi), aparece en público ayudando a rescatar a los heridos de las ruinas, en una nueva y magistral lección de propaganda y de gestión de la imagen pública, muchas décadas antes que Bergogglio. Además, el Vaticano aprovechó su neutralidad en la contienda también para extender su influencia ideológica por muchos de los países en guerra, incluyendo países protestantes, al erigirse en árbitro de ciertas disputas diplomáticas y militares.</p>
<p>También durante este primer siglo y medio de la Edad Contemporánea, la propaganda vaticana se adapta al surgimiento de los medios de comunicación de masas, creando el Papa León XIII el diario “L´Observatore Romano” como prensa oficial de la Santa Sede en 1883 (aunque los orígenes del diario se encontraban en dos jóvenes abogados católicos décadas antes), inaugurando el Papa Pío XI la “Radio Vaticano” en 1931 (con la participación del propio Marconi en sus primeras emisiones, presentando al nuevo pontífice, para sacar todo su potencial al arma de propaganda por excelencia durante este periodo de entreguerras), e instaurando finalmente el Papa Pío XII la “Comisión de las Comunicaciones” en 1948 (un órgano que unificaba a dichos medios de comunicación para dotarlos de una mayor coordinación en su eficacia propagandística, y donde posteriormente también se sumarán la televisión e internet).</p>
<p>Posteriormente, tras el final de la II Guerra Mundial y el surgimiento en Occidente de la nueva sociedad “abierta” (con todos los matices y reservas que pueden realizarse a dicha definición de Karl Popper), se inició un nuevo ciclo político caracterizado por el keynesianismo económico, la sociedad de consumo y la revolución educativa, que socavó los cimientos de la estructura familiar y social tradicional. Ante las nuevas demandas de esta sociedad (que combinaba su escepticismo hacia la Guerra Fría con la música pop, los pantalones vaqueros o la libertad sexual), la Iglesia Católica se vio de nuevo obligada a realizar cambios en sus estrategias de propaganda, ante el riesgo de perder a su parroquia en el mundo desarrollado. La amenaza en esta ocasión no era directamente militar como en ocasiones anteriores, pero sí que era lo suficientemente importante como para llevar a cabo una nueva reforma.</p>
<p>Así nace el Concilio Vaticano II en 1959 de la mano del nuevo Papa Juan XXIII (el cardenal Roncalli), al cual se aúpa a la Silla de San Pedro para que vertebre un nuevo discurso más acorde con los nuevos tiempos, y el cual permitió que se pudiesen acometer diversas reformas que muchos cristianos venían reclamando desde décadas atrás. La clave del éxito del concilio fue en esencia la revitalización de los canales de comunicación entre la Iglesia y su base social, y situaciones que hoy en día nos parecen tan habituales como escuchar una misa en la lengua vernácula del país en lugar de en latín, o ver a un cura cantando y tocando la guitarra sentado en el suelo de igual a igual con sus feligreses, provienen de la doctrina social surgida de este concilio. Por ello, Juan XXIII ha quedado en el imaginario popular como el “Papa Bueno”. Como curiosidad, mencionar que había sido, durante la II Guerra Mundial, el nuncio vaticano en la neutral Turquía, por lo que fue el jefe de la red de espionaje de la Santa Sede en la ciudad de Estambul, con lo que ello conllevaba. Pablo VI (el cardenal Montini) prosiguió la línea comunicativa de su antecesor e incluso la intensificó, posicionándose abiertamente frente a dictaduras nacional-católicas como la de España, lo que provocó grandes tensiones entre los nuncios vaticanos y los arzobispos de dichos países. Al mismo tiempo, Pablo VI se situó en contra de las tensiones de la Guerra Fría y los conflictos regionales que de ellas se derivaban, elaborando un discurso político pacifista y antinuclear que permitía que la Iglesia no se desconectase del todo de los nuevos movimientos sociales de izquierdas surgidos tras el Mayo del 68 (ecologismo, antibelicismo, feminismo). Igualmente, su sucesor Juan Pablo I (el cardenal Luciani) leyó muy bien de nuevo la situación de la batalla comunicativa, y su efímero papado (fue sospechosamente hallado muerto un mes después de su elección), generó también una gran expectación y entusiasmo entre los católicos del mundo entero, similar a las que genera el Papa Francisco en la actualidad.</p>
<p>Sus sucesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI (los cardenales Woj­tyla y Ratzinger respectivamente) ideológicamente iniciaron una línea política mucho más conservadora, caracterizada por un ferviente anticomunismo y una rigidez moral en las cuestiones sexuales, pero comunicativamente de nuevo hicieron gala de una extraordinaria habilidad para la propaganda, especialmente el primero, que aprovechó como nadie la televisión (creando de hecho el “Canal de Televisión Vaticana” en 1983 como cadena oficial de la Santa Sede) y realizó una cantidad inmensa de viajes alrededor del mundo jugando mucho con la realidad de la nueva política-espectáculo (fue la primera vez que vimos a un pontífice esquiando, por ejemplo). En el terreno de las relaciones internacionales, concretamente en el contexto de la guerra que asoló los Balcanes durante los años 90, este Papa utilizó el dinero del Óbolo de San Pedro para financiar en secreto las campañas de propaganda a favor de la independencia de Croacia y de su ejército durante la contienda bélica. Todo ello se hizo a través de empresas de relaciones públicas alemanas, y su resultado fue que, a ojos de la opinión pública mundial, el genocidio que los croatas provocaron pasó completamente desapercibido, y solamente se habló del que cometían los serbios.</p>
<p>Ratzinger por su parte tuvo un perfil mediático más bajo debido a su avanzada edad y a su condición de académico, pero aun así también supo hacer un uso magistral de la propaganda en actos como la “Jornada Mundial de la Juventud de 2012 en Madrid”, donde la Iglesia desplegó toda su maquinaria movilizadora para reclutar a miles y miles de jóvenes que acudieron desde todas las partes del mundo para ver a Benedicto XVI. Igualmente, este Papa alemán tuvo también la inteligencia de dimitir y retirarse a Castelgandolfo cuando se percató de que su imagen estaba comenzando a deteriorarse y de que la Iglesia necesitaba un nuevo cambio de imagen. Cabe mencionar también que fue durante los pontificados de estos dos Papas cuando el Vaticano se lanza al ciberespacio, creándose en tiempos de Juan Pablo II la página web del Vaticano, y ya con Benedicto XVI, la cuenta de Twitter del Papa, lo que allanará bastante el camino a la exitosa política comunicativa del pontífice actual.<br />
Y finalmente, con la dimisión de Rat­zinger llegó la elección del Papa Francisco (el cardenal Bergoglio). La historia aquí ya es de sobra conocida y se han escrito páginas y páginas en diarios y revistas a lo largo de estos dos últimos años (discurso progresista, visión latinoamericana, sentido del humor, opción preferencial por los pobres, austeridad, etc.). No obstante, merecen hacerse dos breves apreciaciones para cuestionar dichos mensajes triunfalistas de los medios que señalábamos al comienzo de este artículo. En primer lugar, se trata del enésimo cambio de imagen en la Silla de San Pedro: si al “Papa de Hitler” (Pacelli) le había sustituido el “Papa Bueno” (Roncalli), ahora, al distante y anquilosado Ratzinger, le sustituía un bonachón, dinámico y divertido Bergoglio. En segundo lugar, su condición de jesuita más que un signo de rebeldía o progresismo, es sobre todo un signo de gran estratega de la guerra y de la propaganda, tal como lo era el fundador Loyola. Por ello, los gestos, mensajes y cambios protagonizados por Bergoglio hay que analizarlos en clave propagandística más que ideológica.</p>
<p>En resumen, como se ha vislumbrado a lo largo del artículo, la Iglesia lleva 2000 años sobreviviendo a todos sus enemigos (romanos paganos, invasiones bárbaras, islam, cismas, reforma protestante, Ilustración, secularización, laicismo, ateísmo, comunismo, revolución sexual…), a través, de un uso efectivo del poder duro, pero sobre todo, de una utilización magistral de la comunicación propagandística a lo largo de etapas y periodos tan dispares. Sus estrategias de persuasión cambian, mutan y se adaptan a cada contexto, pero su mensaje central sigue perenne e inmutable, y por ello, los tuits, los chistes o las zapatillas deportivas de Bergoglio hay que entenderlas dentro de esa historia cíclica y esa visión estratégica que ha caracterizado a la Iglesia durante sus dos milenios de existencia. El Papa Francisco, del mismo modo que Pablo de Tarso, Gregorio I, Ignacio de Loyola, Pío XII, Juan XXIII o Juan Pablo II, es un maestro de la propaganda. Nada nuevo bajo el sol.</p>
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