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	<title>Obama archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Obama archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Las cinco ‘obsesiones’ de Donald Trump a través de su timeline</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Mar 2017 06:57:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Javier Álvarez Amaro, @javalvarezamaro Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Javier Álvarez Amaro, <a href="https://twitter.com/javalvarezamaro">@javalvarezamaro</a> Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC</strong></p>
<p>A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad inagotable de generar conflictos. Donald J. Trump también está aplicando en estas primeras semanas como presidente una estrategia de comunicación muy discutible técnicamente y que no es fácil de ver en una Administración. Esta estrategia se basa en 3 pilares:</p>
<p>• Los ‘hechos alternativos’. Sus portavoces han hecho de los ‘alternative facts’ una herramienta habitual. No entran a debatir, sólo transmiten la opinión del presidente y que sean los ciudadanos los que juzguen quién dice la verdad.</p>
<p>• “Si no te gusta lo que dicen, cambia la conversación”. Una de las reflexiones más contundentes y lúcidas de la mítica serie Mad Men parece formar parte de la estrategia transversal de Trump. Técnicamente lo mejor en este caso es usar mensajes positivos llamativos, anunciar nuevos proyectos… pero eso no va con Trump. El último ejemplo ha sido la nueva crisis de su gabinete por sus relaciones con Rusia, que resolvió acusando a Obama de pincharle los teléfonos durante la campaña electoral.</p>
<p>• Cuenta personal de Twitter. Si hay algo que distingue a Trump del resto de los presidentes es que es él, personalmente, el que desarrolla la estrategia de comunicación de su Presidencia. Y para ello no necesita notas de prensa ni portavoces experimentados. Le basta con 140 caracteres y su cuenta personal de Twitter, <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump">@realDonaldTrump</a>.</p>
<p>Su perfil está operativo desde marzo de 2009, tiene más de 26 millones de seguidores y presenta una actividad frenética que no se ha frenado con su acceso a la presidencia del país más poderoso del planeta. En este artículo analizamos los 100 tuits lanzados por Donald J. Trump en sus primeros 18 días como presidente.</p>
<p>Esos primeros 100 tuits del presidente Trump nos dan algunas de las claves que definen a su presidencia, y podemos analizar cuáles han sido, hasta la fecha, sus <strong>cinco grandes obsesiones</strong>:</p>
<p><strong>1. Inmigración:</strong> 25 tuits. Tanto el muro del que siempre habla con la frontera mexicana como los peligros de la inmigración.</p>
<p><strong>2. Medios de comunicación:</strong> 19 tuits. El presidente ya avisó de que los medios de comunicación que le critican son “enemigos del pueblo”. Especialmente duros y habituales son sus ataques al New York Times.</p>
<p><strong>3. Seguridad…</strong> o la falta de ella: 19 tuits. Mensajes de miedo en los que avisa de que la falta de control fronterizo hace de Estados Unidos un país más peligroso.</p>
<p><strong>4. Jueces:</strong> 10 tuits. La decisión de los jueces de suspender su orden ejecutiva sobre inmigración provocó la ira del presidente, que llegó a decir que serían responsables en caso de que hubiese un atentado.</p>
<p><strong>5. Obama:</strong> 7 tuits. Seguramente sea el presidente americano que más ha roto esa norma no escrita de respetar a todos los que han ostentado el cargo.</p>
<p>Nunca un <em>timeline</em> definió tan bien una presidencia.</p>
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		<title>Orador en jefe. El legado de Obama a través de sus discursos</title>
		<link>https://compolitica.com/orador-en-jefe-el-legado-de-obama-a-traves-de-sus-discursos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Mar 2017 08:41:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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		<category><![CDATA[Fran Carrillo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Fran Carrillo, @francarrillog Consultor político y asesor de comunicación. Director de La Fábrica de Discursos. Era el año 1991. En el patio principal de la Facultad de Derecho de Harvard, un joven afroamericano tomaba la palabra para defender a un profesor que estaba sufriendo injustamente el racismo que aún pervivía en las mentes de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Fran Carrillo,</span> <strong><a href="https://twitter.com/francarrillog">@francarrillog</a> Consultor político y asesor de comunicación. Director de La Fábrica de Discursos.</strong></p>
<p>Era el año 1991. En el patio principal de la Facultad de Derecho de Harvard, un joven afroamericano tomaba la palabra para defender a un profesor que estaba sufriendo injustamente el racismo que aún pervivía en las mentes de muchos americanos. Con la mano en el bolsillo y ante la mirada del damnificado y de sus compañeros, apeló con elocuencia a la necesidad de superar barreras, con la convicción alta y la frente limpia. Diecisiete años después, ese joven abogado se convertiría en el presidente número 44 de la historia de los Estados Unidos. Entre medias, dos libros escritos, un breve paso por la docencia en Chicago y, finalmente, su entrada en política como senador.</p>
<p>Ya se ha hablado suficiente de lo que supuso para Obama aquel encuentro con Jon Favreau mientras preparaba entre bambalinas el discurso de telonero de John Kerry para la presidenciales de 2004. En aquella sugerencia de modificar una frase y sustituirla por otra se estaba gestando la poesía política que durante varios años ha sublimado la comunicación como no se recuerda en la historia contemporánea.</p>
<p>Porque Obama fue un comunicador que se hizo político, un activista reconvertido en orador por la causa (y sus causas). Fue un tipo de puntos suspensivos, de opiniones sin indiferencias, el hombre que rompió tabúes a contracorrriente y alteró la forma de contar las cosas en política. Ya nada será igual después de su paso por la Casa Blanca. Nos hechizaba con discursos bien leídos, consecuencia de su afición por la lectura y por referentes nacionales e históricos que ya han pasado a formar parte del imaginario de todos. Escuchar apelaciones a los Padres Fundadores, a reverendos que contagiaron de retórica luchadora por los derechos civiles a sus comunidades, a presidentes que consiguieron cambiar el rumbo del país, nos ha familiarizado con esa idea mayor de que las palabras pueden, deben y saben cambiar el mundo, de que un mensaje a tiempo provoca el mismo impacto que un proyectil en hora.</p>
<p>David Kusnet fue el director de discursos de Bill Clinton entre 1992 y 1994, la persona que perfiló la oratoria improvisada del hombre de Arkansas. Desde su pericia en la creación de marcos visuales, Kusnet es una autoridad a la hora de tomarle el pulso a los discursos de cada inquilino del Despacho Oval. Califica de orador en jefe a Obama por su habilidad en insertar la tradición retórica del país en sus intervenciones. «Obama no habla inglés, habla estadounidense», sostiene, como también hablaban al pueblo Mark Twain, Faulkner, Kerouac o Hemingway, escritores de honda raigambre popular. Obama ha hecho de la mesurada lectura de sus discursos una manera de ver el mundo a través de un prisma pasado. Porque el futuro no se construye en fase REM, sino en modo retrovisor. Y esa es precisamente una de las virtudes que Obama posee en sus intervenciones: su habilidad para asociar sus palabras a sus experiencias. Cada mensaje tiene un ancla en el pasado, bien por vivencias personales o por protagonistas heroicos que marcaron el devenir del país. Mientras se preparaba para competir contra Hillary Clinton por la nominación demócrata de 2008, recordaba sus inicios en Chicago como trabajador comunitario, el origen obrero de su mujer, Michelle, o sus raíces de inmigrante cosmopolita. La persuasión que no busca patrones de identificación no es buena persuasión, sino un contrasentido.</p>
<p><strong>Reverendo Barack</strong></p>
<p>En un país en el que la retórica nació con el deseo de los curas protestantes de expandir y difundir su trabajo canónico, era evidente que muchos presidentes usarán la técnica del sermón para cautivar y seducir a las masas. Obama ha sido, quizá, el mejor exponente de esta deriva. Sus discursos son, efectivamente, como sermones, estructurados para buscar ese nexo de unión con la audiencia que le hace granjearse la atención desde el primer minuto. Usa en sus secuencias una estrategia de desafío constante: viajes desde el problema a la solución, retos que obligan al ciudadano a visualizar de dónde vienen y adonde quieren llegar. Una aproximación a sus deseos, necesidades y constantes vitales que impulsan al receptor a acompañar la idea o proyecto que les quiere compartir.</p>
<p>No exageramos si afirmamos que Obama fue un orador de efectos y afectos. Los que provocaba con su elocuencia, lo que generaba con su asertividad. Capaz de humanizar tanto su alegato que ha hecho de la emoción un modo de vida y no un medio para ese fin de activismo social permanente que tanto gusta a sus seguidores. Personaliza sus mensajes hasta la saciedad, buscando el punto de encuentro que equilibre el postureo y la sinceridad, con la sonrisa blanca por bandera, con la mirada humedecida de unidad buscada. Es un magistral dominador de los tiempos del discurso, porque sabe que lo sentimental es más poderoso cuando el silencio determina la palabra.</p>
<p>Sus dos mandatos nos dejan una gran cantidad de intervenciones didácticas, por los valores que transmitía, por las enseñanzas recogidas en personajes a los que admiraba por lo que significaron en un momento histórico y por el cambio que sus políticas provocaron y de las que él es deudor. Obama, ese diplomático del buen rollo, ha pretendido cambiar el mundo con eslóganes poderosos y teleprónteres trabajados. Indirectamente ha infundido en la clase política la necesidad de cuidar su lenguaje y sus gestos, su vestimenta emocional y su porte discursivo.</p>
<p><strong>Valores políticos. Política que vale</strong></p>
<p>Con su discurso de Chicago, el día de la victoria, nos enseñó que la metáfora en política es determinante. Crea el lenguaje visual que muchos retienen cuando toman decisiones ulteriores. En Selma, donde se conmemoraba el 50º aniversario de las marchas por los derechos civiles que encabezaba Martin Luther King, aprendimos que crecemos cuando toleramos, que son los otros quienes más nos descubren sobre nosotros mismos, porque nos definimos por la reacción ante la causa ajena. Obama tuvo en el reverendo a un referente esencial en una América que seguía mirando de reojo al prejuicio racial. No obstante, en sus ocho años como Presidente habló poco sobre este hecho, algo que muchos colectivos le recriminaron.</p>
<p>Con su discurso en el Gran Teatro de La Habana, el 16 de marzo de 2016, comprobamos cómo la oratoria puede conciliar allá donde la política sólo construyó diques de contención. Con su habitual dominio de la anáfora, Obama se plantó ante los cubanos que le esperaban impaciente y les dijo:</p>
<p><em>«He venido aquí para enterrar los últimos vestigios de la Guerra Fría en las Américas. He venido aquí para extender la mano de la amistad al pueblo cubano».</em></p>
<p>Ese discurso del deshielo, como muchos analistas bautizaron a aquella intervención, ya en el ocaso de su segundo mandato, reflejaba la capacidad que debe tener todo orador que se precie en hablar el lenguaje del otro, en buscar esa alteridad de la que hablaba Todorov en sus ensayos y que nos define como civilización frente a la barbarie.</p>
<p>Tres discursos que, junto a muchos otros, ejemplifican valores y virtudes como la escucha, tolerancia, empatía o la firmeza. Con Obama se va el hombre que hizo más comunicación política que política, que provocó más fotos que cambios. Supo sacar fruto de las nuevas herramientas que la tecnopolítica le proporcionaba, conformando ese mensaje multicanal que hizo de @POTUS la cuenta más seguida y atendida del momento. Implantó la necesidad de acercarse al ciudadano como mantra de aplicación periódica, ayudado por la fotopolítica de Pete Souza, quien hizo de cada «robado» del presidente, su mejor estrategia de venta personal y presidencial. Obama nos deja un álbum de imágenes para la posteridad, confirmando lo que muchos hemos visto en él. Alguien cuyas ideas quedan mejor en un libro que en un parlamento, que crecen en el oído antes de diluirse en una realidad discutible en el fondo.</p>
<p>Aunque no todos creen en la eficacia de sus discursos, como sucede con Charles Crawford, quien fuera embajador de Reino Unido en diferentes etapas, que considera la oratoria de Obama como «buena para hacer campaña, pero poco efectiva cuando se analiza la sustancia de sus discursos. Apenas hay ideas interesantes o medidas específicas que puedan debatirse». No es una opinión ni un criterio aislado, porque no son pocos los que critican el envoltorio del equipo del anterior presidente norteamericano, empezando por quien esto escribe.</p>
<p>Pero si nos atenemos a las normas retóricas, a su capacidad para comprender y aplicar registros de elocuencia compartida, de penetrar en corazones ajenos, sin duda estamos ante el hombre que ha roto los patrones de la comunicación política tal y como la entendíamos, adaptado a los contextos que ya existían y reinventando otros. El legado de Obama serán sus frases, convertidas en eslóganes inmortales, en mensajes de réplica eterna que traspasarán los muros del olvido para volver a replicarse con fuerza cada vez que alguien nos diga que no podemos hacerlo.</p>
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		<title>Cinco ideas del discurso del estado de la unión de Obama</title>
		<link>https://compolitica.com/cinco-ideas-del-discurso-del-estado-de-la-union-de-obama/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Jan 2017 08:58:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates? Por Ismael Sánchez Cañavate, @cannavate Jurista y politólogo, consultor en Asesores de Comunicación Pública Aún cuesta creerlo pero, sí, Donald Trump es el Presidente de los Estados Unidos de América. Con el ascenso del magnate quedó atrás el discurso de la esperanza de aquel que devolvió [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates?</h2>
<p><strong>Por Ismael Sánchez Cañavate, <a href="https://twitter.com/cannavate">@cannavate</a> Jurista y politólogo, consultor en Asesores de Comunicación Pública</strong></p>
<p>Aún cuesta creerlo pero, sí, Donald Trump es el Presidente de los Estados Unidos de América. Con el ascenso del magnate quedó atrás el discurso de la esperanza de aquel que devolvió a la oratoria política el prestigio que había perdido hace tiempo, Barack Obama.</p>
<p>Como nuevo Presidente de la nación más poderosa del mundo, Trump pronto se expondrá al ejercicio de oratoria presidencial más relevante del panorama norteamericano, el <a href="http://www.presidency.ucsb.edu/sou.php">Discurso del Estado de la Unión</a>. Más allá de las promesas electorales, será el momento en el que presentará a la nación y a todo el mundo su visión de país y proyecto político.</p>
<p>Algunos nostálgicos no podremos evitar recordar al anterior Presidente frente al Congreso, defendiendo un discurso que ha tejido una narrativa presidencial histórica. Por ello, dedico este breve artículo a señalar cinco ideas del Discurso del Estado de la Unión de la era Obama.</p>
<p>La primera idea es la importancia de <strong>definir la narrativa</strong>. Obama siempre identificó en todos sus discursos roles narrativos como el héroe, la víctima, el villano y el crimen, lo que permitió reforzar la épica discursiva. Todos estos roles se intensificaban en la última parte del desarrollo de los discursos, dedicada a las relaciones internacionales.</p>
<p>Gran parte del éxito de su relato se debe también al uso del <strong>storytelling</strong>, que permitió reforzar la carga emocional del discurso, más cuando se trataba de historias de personas que se encontraban presentes en el momento de la pronunciación del mismo. Desde los Presidentes del Senado y Cámara de Representantes (<a href="https://youtu.be/F1TEAKNbH44">republicanos incluidos</a>) hasta personas ajenas de la vida política -como <a href="https://youtu.be/wtLJtGUsIdM">Cory Remsburg</a>, <a href="https://youtu.be/vT91DbySJ5E">la familia de Hadiya Pendleton</a> o <a href="https://youtu.be/qs59wUHFUrs">Scott Kelly</a>-, cuando Obama involucró al auditorio en su discurso creó los momentos más emotivos.</p>
<p>En un escenario repleto de simbolismo y gracias al <em>teleprompter</em>, Obama pronunció ocho discursos que seguían una <strong>estructura común</strong>. Normalmente el desarrollo arrancaba con el bloque económico, le seguía uno social y concluía con la posición internacional del país. En todos los discursos han existido relatos permanentes en torno a cuestiones como la independencia energética, la falta de consenso entre los partidos o la reforma sanitaria.</p>
<p>Sin embargo, las temáticas del discurso y la estrategia argumentativa fueron cambiando en función de <strong>las mayorías del Congreso</strong>. Durante los dos mandatos de Obama, los demócratas, que empezaron teniendo la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, perdieron su dominio en favor de los republicanos a partir de 2014. De esta manera, Obama pasó de adoptar una argumentación didáctica a una más polémica, también como consecuencia del desgaste de las relaciones entre los dos partidos y entre el Capitolio y la Casa Blanca.</p>
<p>Como última idea, han existido <strong>dos relatos principales</strong>: uno dedicado a la recuperación económica y social (2009-2014); y otro enfocado al crecimiento (2015 y 2016). Para reforzar la carga emocional de sus 8 discursos, Obama apeló a los mitos americanos (el <em>American Dream</em> o los Padres Fundadores) y se apoyó en citas de personajes históricos (<a href="https://youtu.be/9nCH1E29jjw">John F. Kennedy</a>, <a href="https://youtu.be/xeCUbTyXgmY">Martin Luther King</a> o el <a href="https://youtu.be/Yi3P2ygLNVM">papa Francisco</a>).</p>
<p>En definitiva, el Discurso del Estado de la Unión (<em>State of the Union</em>, SOU) no deja de ser lo que Daniel Boorstin denominó como un <a href="https://www.amazon.es/Image-Guide-Pseudo-Events-America/dp/0679741801">pseudoacontecimiento</a>. Es decir, una actuación no dirigida a aliviar una necesidad instrumental, sino una puesta en escena que permite a los individuos cooperar en pro de una convivencia pacífica.</p>
<p>Ahora es el turno de Trump como presidente y el momento de comprobar si la posverdad sigue en boga tras la resaca electoral. Es el momento de comprobar si en política los llamamientos a la emoción y a la creencia personal siguen superando a los hechos objetivos.</p>
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		<title>Las elecciones 2012 de Estados Unidos en tu librería</title>
		<link>https://compolitica.com/las-elecciones-2012-de-estados-unidos-en-tu-libreria/</link>
		
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		<pubDate>Fri, 30 Nov 2012 05:02:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Acaba de celebrarse la 57ª elección presidencial estadounidense. Otra forma de acercarnos a este fenómeno es a través de las publicaciones que acaban de ver la luz con esta contienda electoral como protagonista. En el libro «Estados Unidos 3.0: La era Obama vista desde España» (Plaza y Valdés. Madrid, 2012), Rafael Barberá y Miguel Ángel [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Acaba de celebrarse la 57ª elección presidencial estadounidense. Otra forma de acercarnos a este fenómeno es a través de las publicaciones que acaban de ver la luz con esta contienda electoral como protagonista.</p>
<p>En el libro <strong>«Estados Unidos 3.0: La era Obama vista desde España»</strong> (Plaza y Valdés. Madrid, 2012), Rafael Barberá y Miguel Ángel Benedicto pretenden darnos a «conocer cómo ha sido la histórica presidencia de Obama desde distintas perspectivas y hacia dónde se encamina Estados Unidos, de manera didáctica y con el mayor rigor posible, sin conocer aún el resultado de las presidenciales de noviembre de 2012». Para ello, en 260 páginas y a lo largo de diez capítulos que se dividen en más de ochenta subcapítulos, han entrevistado a una cuarentena de intelectuales de distintas procedencias. Un magnífico libro de divulgación general, de redacción concisa y breve que nos acerca a la Norteamérica contemporánea.</p>
<p>Los corresponsales del diario El Mundo en Nueva York, Eduardo Suárez y María Ramírez, acaban de publicar <strong>«La carrera. Retrato de diez candidatos cuyo ascenso marca el futuro de América»</strong> (La Esfera de los Libros, 2012), una obra que traza un retrato de diez candidatos -además de los perfiles de los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos- cuyo ascenso empieza a marcar el futuro de América. A través de sus 128 páginas nos acercan los nombres de los protagonistas de la política estadounidense que, si no lo hacen ya, nos empezarán a sonar en el futuro más próximo: Joe Kennedy, Marco Rubio, Rahm Emanuel, Elisabeth Warren, Jonathan Kreiss- Tomkins, Ron Paul, Paul Ryan o Julián Castro. Esta obra aspira a mirar más allá de las elecciones de 2012 para encontrar pistas sobre los problemas de fondo del país más poderoso del mundo y sobre los líderes llamados a resolverlos. Además, éste es el primer libro de una nueva colección de La Esfera, que se publicará únicamente en formato electrónico (ebook).</p>
<p>La siguiente publicación tiene la particularidad de haber sido financiada a través de una <a href="http://www.lanzanos.com/proyectos/las-elecciones-americanas-vistas-por-dentro/">iniciativa de crowdfunding</a> para costear el viaje electoral de su autor a Estados Unidos (consiguiendo 3.159€ sobre los 2.000 € previstos) y publicarse también en formato ebook. El periodista Jordi Pérez Colomé, autor de «En la campaña de Obama. El movimiento que cambió la historia de Estados Unidos» (Editorial UOC-Niberta, 2008), acaba de publicar <strong>«Guía para seguir las elecciones en Estados Unidos»</strong>. En sus 75 páginas y seis capítulos responde a las siguientes preguntas: por qué son diferentes las elecciones en Estados Unidos, por qué algunos estados tienen tanta importancia, por qué es un problema el presunto fraude electoral, qué ha hecho Obama y cuáles son los grandes temas electorales, quién es Mitt Romney y qué más se vota en 2012.</p>
<p>Y como regalo a esta breve selección bibliográfica, otro libro electrónico. Se trata del Informe especial del <em>portal de noticias, información y recursos para la generación conectada</em> &#8216;Mashable&#8217;<strong> «Politics Transformed: The High Tech Battle For Your Vote»</strong>. A lo largo de sus 109 páginas nos ofrece una recopilación de reportajes publicados en su web en los que analiza la forma en que los medios digitales están redefiniendo la forma en que seleccionamos a nuestros líderes y descubre las principales maneras de cómo la tecnología ha afectado a las elecciones de 2012, así como el papel que jugará en los próximos años. Además, añade entrevistas exclusivas que no se encuentran en su web. El libro se puede conseguir gratuitamente en la iBookstore de Itunes.</p>
<p>Ésta es una pequeña muestra de los que seguramente saldrán en próximas fechas. Que los disfrutéis.</p>
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		<title>La campaña de base de Obama</title>
		<link>https://compolitica.com/la-campana-de-base-de-obama/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Nov 2012 00:47:31 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Voto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Han pasado algunas semanas desde que se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Tiempo suficiente como para poder diseccionar algunas claves de la campaña de ambos candidatos desde el punto de vista de la organización, de la movilización, etc. A continuación una crónica de cómo fueron organizadas las campañas de base de ambos candidatos, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Han pasado algunas semanas desde que se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Tiempo suficiente como para poder diseccionar algunas claves de la campaña de ambos candidatos desde el punto de vista de la organización, de la movilización, etc. A continuación una crónica de cómo fueron organizadas las campañas de base de ambos candidatos, a tan solo unos pocos días de la celebración de las elecciones.</h2>
<p><span class="DestacadoB">Pérez Colomé</span>, autor del blog <a href="http://www.obamaworld.es/">http://www.obamaworld.es/</a></p>
<p>La campaña de base de Obama es el factor que más ha contribuido a su reelección, pero quizá el menos conocido. En mi viaje por Virginia, Carolina del Norte, Pensilvania y Ohio durante los 18 días previos a la elección, dediqué buena parte del tiempo a investigar cómo ha sido este año la campaña de base de Obama por dentro.</p>
<p>Las dos mayores diferencias entre las elecciones de 2008 y 2012 han sido: la precisión en los datos de los votantes y el menor entusiasmo, lo que implicaba disponer de menos voluntarios. La campaña ha paliado este problema al empezar a preparar el terreno en enero. Han tenido menos voluntarios en número, pero seguía habiendo muchos y muy dedicados.</p>
<p>La campaña electoral de Obama tenía tres objetivos, según dijo uno de sus encargados a Politico: “Veo las campañas como construir una lista. Puedes hacerla con nuevos votantes que apoyen al presidente. Puedes persuadir a los indecisos. O puedes hacer que más de tus partidarios vayan a votar”.</p>
<p>La campaña tiene tres métodos para lograr esos objetivos: primero, el candidato y otros políticos -mítines y debates-; segundo, los anuncios -en la tele y otros medios- y, tercero, la campaña de base. Los políticos y la tele se encargan de organizar el mensaje y de persuadir o convencer. La campaña se ocupa de aumentar el grupo de votantes y de hacer que vayan a votar.</p>
<p>La ventaja de Obama sobre Romney en la campaña de base fue apabullante. Este año menos que en 2008 -los republicanos estaban más movilizados-, pero la diferencia aún resultaba abismal. En tres puntos explico cómo funciona la campaña de Obama y las diferencias con la de Romney.</p>
<p><strong>La política da igual</strong></p>
<p>La campaña de base de Obama es una empresa. Su objetivo es encontrar y acumular gente y llevarlos a votar. Da igual lo que ocurra en los debates, lo que diga Romney o el último error del presidente. “Nosotros tenemos la cabeza metida aquí dentro”, me comentaba una empleada de la campaña de Obama en el norte de Virginia.</p>
<p>El sistema es sencillo. Hace un año, la campaña empezó a alquilar locales comerciales en ciudades clave de los estados importantes (también tienen sedes en estados seguros o perdidos, pero destinan menos recursos). Las oficinas suelen ser locales en centros comerciales, al lado de otras tiendas, o despachos en edificios. Se alquilan unos meses hasta el 7 de noviembre -el día después de las elecciones- y lo paga la campaña gracias a sus donativos. A esas oficinas enviaron primero a un miembro a sueldo (se llaman <em>field organizers</em>, organizadores del terreno) para que empezara a montar la red de voluntarios.</p>
<p>El presidente Obama tiene su propia campaña de base, independiente del Partido Demócrata. Un gran debate que apenas acaba de empezar es dónde irá a parar la base de datos del presidente con millones de potenciales y activos votantes demócratas. Obama perdió algunos millones de votantes -entre ellos los que no fueron a votar por los efectos del huracán Sandy-, pero ganó. En esas bases de datos hay muchos de los nombres que le dieron la victoria. Si van a votar a cada demócrata que se presente, es mucha ventaja. El problema es que otros candidatos no tienen el tirón emocional de Obama, incluso en 2012 con el desgaste del primer mandato.</p>
<p>La primera diferencia con Romney fue que el candidato republicano se basaba en las sedes de su partido para crear un satélite de su campaña. En todas las oficinas de Romney en las que estuve, al lado o en el mismo edificio había la de los candidatos locales. La segunda gran diferencia fue el número de oficinas por estado. En Ohio las de Obama triplicaban a las de Romney. Lo importante no fue sólo eso, sino también la dedicación al presidente en unas y la división de esfuerzos para el aspirante en otras.</p>
<p><strong>Qué hacen los voluntarios</strong></p>
<p>Nada más llegar lo primero que hacían los <em>field organizers</em> era buscar voluntarios. La columna vertebral de la campaña de Obama eran los empleados, pero sin los miles de voluntarios no hubiesen llegado a nada. A principios de año, buscaban primero “súpervoluntarios”, gente que conociera bien el terreno y tuviera tiempo para implicarse con responsabilidad: son los líderes del vecindario (<em>neighbourhood team leaders</em>). Conforme se acercaba la elección escogían a “capitanes” de equipos: en los días antes de las elecciones, había tres equipos: puerta a puerta, acompañar a gente a las urnas y de soporte.</p>
<p>Una vez montado el equipo, y con más<em> field organizers</em> según la importancia de la oficina, empezaba la caza de voluntarios de a pie. En 2008 no hacía falta: había un sinfín de americanos que querían que ganara Obama con entusiasmo. Fue el típico año donde la gente decía que llevaba treinta años sin meterse en política. En 2102 no fue así: había voluntarios, pero menos.</p>
<p>El esfuerzo por conseguir implicación creció durante la campaña. El equipo no supo o no pudo crear grandes lazos con sus votantes durante los cuatro años de presidencia. El momento más espectacular que viví de caza de voluntarios fue en un mitin de Obama en Richmond, Virginia: docenas de miembros de la campaña pedían a los asistentes si podían hacer algo como voluntarios. Estuvimos allí 4 horas en colas y esperando a Obama, así que hubo tiempo. Pedían siempre nombre, dirección, teléfono y correo, y lo apuntaban. A mí me lo preguntaron tres veces. Había unas 15 mil personas. Es un promedio increíble.</p>
<p>Lo primero que hacían cuando alguien pisaba una oficina de Obama era pedirle los datos. La gente de Romney, en cambio, no era nada sistemática. En alguna oficina de Romney pregunté cuándo se hacía <em>canvassing</em>: “Tú ven, te damos unas direcciones, algunos folletos y vas”, me dijeron a seis días de las elecciones. Nada más; ésta era la organización. En cambio, dejé mi teléfono en una oficina de Obama y un par de días después me llamaron porque aún no me había presentado. Pura eficacia.</p>
<p>Los miembros del staff de Romney estaban peor organizados. No había criterios comunes en las oficinas: todas las de Obama se parecían, con los mismos cárteles y objetos; las de Romney, no. Aunque Romney era el hombre de negocios, la campaña que funcionó como una empresa solvente fue la de Obama. Incluso el temor exagerado que tenían sus miembros a hablar con periodistas estaba organizado. Era un búnker de empleados asustados para el ya presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.</p>
<p><strong>¿Y ahora dónde están los votantes?</strong></p>
<p>Hay una organización, cientos de oficinas y empleados, y miles de voluntarios. ¿Ahora por dónde se empieza a buscar a los votantes? Las listas con las bases de datos llegan desde “la campaña”, me decían. “La campaña” es el cuartel general en Chicago. Es el Santo Grial de la política electoral: ¿en qué barrio viven los votantes más probables? ¿Cuáles son los indecisos fáciles de persuadir? ¿Qué tipo de mensaje enviar a alguien que nunca ha votado? Parece pura ingeniería social y era un gran secreto.</p>
<p>La preparación del software que gestionara esta avalancha de información llevó dos años y al final requería el trabajo de 120 empleados, según <em>The Washington Post</em>. La base de datos había crecido a partir de datos públicos (el censo y el registro) y los de consumo: a qué revistas está alguien suscrito, cuántos coches tiene, cuánto cuesta su casa o si tiene licencias de caza. Según el cruce de datos, se daba un coeficiente sobre las posibilidades de que alguien votara por el presidente de 2012.</p>
<p>Esta información se unía a la que los voluntarios lograron durante meses por teléfono o en visitas a casas. Las preguntas solían ser siempre variantes de las mismas: ¿está registrado para votar?, ¿puede el presidente contar con su apoyo?, ¿cuáles son los temas que más le preocupan? El perfil resultante era casi perfecto de las intenciones de voto o las opciones de convencer a alguien. Los voluntarios que no suelen hacer persuasión, solo se encargan de recopilar información. La persuasión se la dejan a otros canales. Si el votante pide saber más, le envían o dan folletos. Pero no van con puntos específicos que haya que vender y convencer.</p>
<p>En una oficina de Romney pude coger una guía para llamadas. Es así de sencillo, con todas las opciones previstas: cada palabra está medida. “Hola, soy ____. Hago de voluntario para la campaña de Mitt Romney y el Partido Republicano para recordarle que su voto es importante en esta elección”.</p>
<p>En una oficina en Ohio una voluntaria de Obama me contó que desde Chicago les habían ordenado peinar tres barrios del condado. En total, unas 17 mil personas. En esos meses había que descubrir los partidarios, los indecisos y, cuando se abriera la opción del voto anticipado, preguntarles una y otra vez si habían votado. Para llamar y visitar a 17 mil personas se necesitan bastantes horas y manos.</p>
<p>Este tipo de estrategia tan precisa puede parecer extraña para no iniciados. Leslie es profesora de español en Pensilvania. Como la mayoría, en 2008 se implicó más que este año. En 2012 solo fue a llamar puertas el último sábado porque la líder vecinal era amiga suya. En 2008, Leslie no entendía por qué debían ir una y otra vez a la misma calle con el peligro de molestar y perder a votantes cuando había barrios enteros en otras zonas que ni siquiera habían visitado. Leslie le echaba la culpa al encargado de la oficina, “un californiano que no entendía esta región”. Pero la campaña es así: detecta un bolsillo de votantes posibles y se centra en ellos; repetir calles no significa llevar el mismo mensaje a las mismas casas. Por ejemplo, la campaña sabe qué ciudadanos han votado en años anteriores. Hay que perseguir sobre todo a los esporádicos.</p>
<p>El nivel de sofisticación de Romney fue ridículo comparado con esta maquinaria. Su sistema para llevar a la gente a votar -el ORCA- reventó en el día clave y dejó a miles de voluntarios sin nada que hacer ese día. Fue un fracaso enorme y merecería otro artículo aparte. Los republicanos saben que les costará años ponerse a ese nivel de precisión.</p>
<p>El problema para los republicanos fue que la gente de Obama ya había previsto que iban a perder votantes y su primer objetivo fue aumentar el número para tapar esos agujeros. Lo consiguieron y en porcentaje el electorado fue tanto o más demócrata que en 2008. En suma, Obama trabajó en tres frentes -púlpito, tele y calle- y Romney solo en dos -púlpito y tele. Hubo un candidato que salía con ventaja.</p>
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