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	<title>propaganda archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>propaganda archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Ars propagandi:</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Nov 2018 08:28:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Estrategias de propaganda política a lo largo de la historia Por Miguel Candelas @MikiCandelas Politólogo y profesor de Comunicación Política en la Universidad de Alcalá A lo largo de la historia, los grandes propagandistas han diseñado diversas estrategias y tácticas de persuasión, las cuales se han ido perfeccionando con el paso del tiempo, sistematizándose su [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Estrategias de propaganda política a lo largo de la historia</h2>
<p><strong>Por Miguel Candelas <a href="https://twitter.com/mikicandelas?lang=es">@MikiCandelas</a> Politólogo y profesor de Comunicación Política en la Universidad de Alcalá</strong></p>
<p>A lo largo de la historia, los grandes propagandistas han diseñado diversas estrategias y tácticas de persuasión, las cuales se han ido perfeccionando con el paso del tiempo, sistematizándose su planificación y empleo. No existe manual de estrategia definitivo, ya que se trata de un conocimiento progresivo que cada tratadista va implementando con los descubrimientos de su época, pero que posteriormente, queda limitado por el paso de los años, obligando a pensar en nuevas estrategias y tácticas. Desde Sun Tzu a George Lakoff, pasando por Nicolás Maquiavelo, el cardenal Mazarino, Jean-Marie Domenach o Drew Westen, en este artículo vamos a estudiar la evolución estratégica de ese <em>ars propagandi</em>.</p>
<h1>1. TRATADISTAS HISTÓRICOS</h1>
<p>Desde las primeras civilizaciones de la humanidad hasta comienzos del siglo XX, la propaganda fue experimentando progresivas evoluciones e innovaciones. En esta etapa «pre-científica», el arte propagandístico estaba basado en la inspiración, la experimentación, la reflexión y el ingenio humano.<br />
El espionaje y la guerra<br />
psicológica</p>
<p>Basándose en el axioma «conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo, conoce el terreno, y en cien batallas jamás estarás en peligro», Sun Tzu es el primer tratadista en darse cuenta de la importancia del espionaje para establecer cualquier tipo de estrategia. Según su planteamiento, siempre que se quiera atacar a un ejército o asediar una ciudad, se ha de recabar previamente toda la información sobre los generales que la defienden, sus aliados, sus visitantes, sus centinelas y sus criados. Además, insiste en que dicho conocimiento no debe obtenerse de fantasmas o espíritus, sino de datos objetivos. También son muy importantes las aportaciones respecto a la guerra psicológica, entendida por Sun Tzu como todas aquellas acciones destinadas a confundir, desanimar y desmovilizar al enemigo, para finalmente, ser capaces de «derrotar al enemigo sin luchar».</p>
<h2>La retórica</h2>
<p>La gran aportación de Aristóteles fue descubrir las tres fuentes del discurso persuasivo (Ethos, Pathos y Logos). El Ethos es la credibilidad del emisor, el Pathos es la capacidad de emocionar a la audiencia que tienen las palabras del emisor, y finalmente, el Logos es la argumentación lógica del discurso, es decir, todo aquello que refuerce el mensaje del emisor desde el punto de vista de la razón. Lograr que en el mensaje se fundan en armonía Ethos, Pathos y Logos, debe ser siempre el objetivo de todo propagandista, ya que es el triángulo retórico que permite que el mensaje del emisor tenga opciones de persuadir a sus receptores.</p>
<h2>La estrategia de campaña</h2>
<p>Quinto Tulio Cicerón nos deja importantes enseñanzas en comentarios como «una candidatura a un cargo público ha de centrarse en obtener la adhesión de los amigos y el favor popular» (es decir, movilización y comunicación), «la gente vota a un candidato por beneficios, expectativas y simpatía» (en otras palabras, el comportamiento electoral), «adulación, generosidad y adaptando las palabras a las opiniones de cada público» (es decir, en la época ya nos habla de la segmentación), «los hombres se dejan seducir por las palabras y por el aspecto» (lo que hoy llamamos comunicación verbal y comunicación no verbal), «el candidato debe estar siempre rodeado de un gran séquito» (nos anticipa también la percepción de unanimidad), «si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te apoyarán mucho» (importancia clave del voto indeciso). En resumen, para ganar unas elecciones es vital la planificación estratégica, basada en el estudio de uno mismo, en la fijación del horizonte electoral y en el establecimiento de metas factibles.</p>
<h2>El prestigio del príncipe</h2>
<p>Nicolás Maquiavelo maneja un concepto clave, el del prestigio. Es decir, para que el mensaje propagandístico tenga éxito, se debe siempre mostrar iniciativa, valentía y decisión. Al mismo tiempo, se debe de tener y proyectar una visión ilusionante, que el consejero florentino relaciona con el emprendimiento de grandes empresas y hazañas. Finalmente, se ha de mantener un término medio en el amor que profesan los seguidores, combinándose identificación con superioridad, porque si no puede pasarse del amor al desprecio. En resumen, el mensaje debe marcar identificación popular, pero al mismo tiempo, remarcar la vanguardia del príncipe.</p>
<h2>La movilización y la infiltración</h2>
<p>Ignacio de Loyola, que no por casualidad había sido militar antes de sacerdote, sabía que la clave para que los jesuitas pudieran convertirse en una auténtica legión de propagandistas misioneros, pasaba por una instrucción drástica y dramatizada (lo que hoy en día llamaríamos un «lavado de cerebro») que convirtiese a los iniciados en fanáticos militantes, dispuestos a soportar cualquier penuria por la causa. Según Loyola, se trata de «preparar y disponer el alma para eliminar<br />
todas las afecciones desordenadas con el fin de buscar la voluntad divina». Una vez captados y movilizados, la segunda estrategia estaba basada en la infiltración (tomada también de las tácticas militares, y entendida, como la capacidad de mimetizarse con el entorno, siendo percibido así por los infieles no como un extraño, sino como alguien que les entiende y les habla desde su propia lógica). En resumen, el propagandista debe formar a nuevos propagandistas absolutamente motivados, y al mismo tiempo, infiltrarse en la cultura y sentido común de las audiencias.</p>
<h2>La imagen pública</h2>
<p>El cardenal Mazarino redactó una serie de consejos prácticos para construir una «máscara» del poder, es decir, lo que hoy en día llamaríamos gestión de la imagen pública. Mazarino, aunque no vivía en nuestra sociedad de masas hipermediatizada, ya se había dado cuenta de que para sobrevivir en la corte (un nido de víboras donde las intrigas, traiciones y puñaladas estaban a la orden del día) la imagen era fundamental, por lo que había que analizarla, estudiarla y ensayarla. Si Maquiavelo nos hablaba del prestigio objetivo (por los actos), Mazarino introduce un nuevo elemento, el del prestigio subjetivo (es decir, por la apariencia), por lo que se debe aprender a controlar los actos y a no relajarse jamás en esa vigilancia, maquillando el corazón como se maquilla un rostro.</p>
<h1><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11338" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2C_N32.jpg" alt="" width="863" height="578" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2C_N32.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2C_N32-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2C_N32-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></h1>
<h1>2. LA PROPAGANDA CIENTÍFICA</h1>
<p>Tras el final de la Primera Guerra Mundial, algunos académicos y asesores comenzaron a reflexionar sobre el trasfondo del fenómeno persuasivo, dando lugar a los primeros<br />
estudios teóricos sobre propaganda. Los totalitarismos y la Segunda Guerra Mundial no hicieron sino confirmar el enorme impacto que la propaganda podía tener sobre las sociedades, lo que llevó a un análisis aún más sistemático del fenómeno, y paralelamente, al desarrollo de los estudios de opinión pública, planteando el problema de la influencia de los medios de comunicación en el seno de las sociedades. Si a ello le sumamos los estudios sobre la persuasión como modificadora de actitudes, cuando comience la Guerra Fría nos vamos a encontrar ya con un más que sólido aparato teórico para el estudio de la propaganda. Jean-Marie Domenach fue el autor que mejor sintetizó toda esta cascada de estudios y experiencias de la primera mitad del siglo XX, compendiando las estrategias propagandísticas en seis reglas.<br />
Regla de la simplificación</p>
<p>Un punto esencial en la propaganda. Cuando el mensaje se dirige a una audiencia amplia, debe ser sencillo, claro y breve, y en el caso de la propaganda de agitación, además debe, a ser posible, poder terminar sintetizándose en un eslogan o un símbolo. Estos mecanismos de simplificación pueden servirse de técnicas discursivas como la rima, el ritmo, la metáfora, el símil, la paradoja o la personificación. En el caso de la propaganda de integración, dicha simplificación generalmente deberá ir acompañada de alguna síntesis doctrinal que le dé un mayor substrato al mensaje.</p>
<h2>Regla del enemigo único</h2>
<p>La mejor manera de definir quiénes somos es en base a quiénes no<br />
somos, y por ello, toda propagand­a debe de concentrarse en un solo objetivo. Es decir, localizar un enemigo, personal o impersonal, y concentrar contra él todos los argumentos. Para ello, se debe de tratar de demonizar a dicho enemigo de todas las maneras posibles. Del mismo modo, la exaltación del «nosotros» a ser posible debe concentrarse también en un héroe, igualmente personal o impersonal.</p>
<h2>Regla de la exageración</h2>
<p>La exageración y desfiguración de la información permiten al propagandista destacar aquello que le interesa, provocando en el receptor un mayor impacto, ya sea sobre el enemigo, sobre el «nosotros» o sobre aspectos concretos del mensaje. Por ejemplo, respecto al enemigo, no basta con seleccionarlo, sino que se debe llevar a cabo una desfiguración en torno a él que anule en el receptor cualquier posibilidad de condescendencia. Dicha exageración también debe realizarse en torno al «nosotros», exagerando las fortalezas y bondades propias, e igualmente, sobre cualquier elemento del mensaje que interese.</p>
<h2>Regla de la repetición orquestada</h2>
<p>Una vez simplificado el mensaje, delimitado el objetivo y exagerado el contenido a favor o en contra, es necesaria la repetición orquestada. El mensaje debe repetirse una y otra vez para que termine calando en la sociedad. En el lenguaje popular se le suele llamar la «táctica del martillo pilón». Sin embargo, no basta con la repetición monótona del mensaje, ya que podría llegar a saturar a la audiencia. Es necesario por lo tanto, una orquestación en dicha repetición, como una gran orquesta en la que la melodía es siempre la misma, pero se va interpretando con distintos instrumentos y siempre in crescendo, para que el auditorio vaya sintiéndose partícipe de la experiencia musical. En el terreno de la propaganda por lo tanto, la orquestación significa el ir adaptando el mensaje a los distintos tipos de audiencia (segmentación).</p>
<h2>Regla de la transfusión</h2>
<p>Para que dicha repetición orquestada llegue a buen puerto, tiene que haber un punto de contacto entre el propagandista y su audiencia. La propaganda actúa siempre sobre un substrato preexistente, basado en una mitología nacional, unas creencias religiosas, fobias y filias comunes, tradiciones populares o una cultura política determinada. El propagandista debe antes que nada captar ese substrato e identificarse a través de él con su audiencia para transmitir su mensaje, estableciendo anclajes emocionales entre el mensaje persuasivo y el sentimiento preexistente en el grupo.</p>
<h2>Regla de la unanimidad</h2>
<p>Finalmente, una vez que el mensaje va llegando a las audiencias, es muy importante hacer hincapié en su unanimidad. Todo grupo social desea estar siempre a la moda, reproduciendo las opiniones y comportamientos <em>mainstream</em>. Este fenómeno se percibe, por ejemplo, en las concentraciones de masas, manejadas muy bien por la organización para que los asistentes aplaudan, canten, coreen alguna consigna, etc. Por ello, el propagandista debe intentar que los que aún no han sido persuadidos por el mensaje perciban que éste se está volviendo mayoritario, para que así sientan la necesidad de subirse a la ola. Obviamente, dicho proceso de contagio será mayor si los líderes de opinión del grupo son persuadidos previamente.</p>
<h1><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11340" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2B_N32.jpg" alt="" width="863" height="578" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2B_N32.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2B_N32-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2B_N32-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></h1>
<h1>3. NUEVAS VISIONES</h1>
<p>Con los profundos cambios económicos y sociales que se produjeron durante la Guerra Fría, las estrategias propagandísticas también tuvieron forzosamente que evolucionar. La televisión, y posteriormente Internet, han dado lugar a una nueva era de la política basada en la espectacularización y la interactividad, generando nuevas oportunidades para el desarrollo de estrategias de propaganda horizontal. En el plano teórico, el surgimiento de nuevas disciplinas académicas como los estudios de medios, la psicología cognitiva o la neurociencia aplicada, han abierto novedosas perspectivas, planeando estrategias y tácticas ya no solo basadas en la persuasión colectiva de masas, sino actuando en la génesis misma de la identidad de cada persona. Igualmente, las TICs han permitido el surgimiento de nuevas tecnologías de tratamiento de datos que permiten al propagandista obtener un caudal de información sobre el receptor que hasta entonces era inimaginable.</p>
<h2>La <em>agenda-setting</em></h2>
<p>Según esta teoría, formulada por Maxwell McCombs, el poder de los medios de comunicación no radica tanto en el hecho de ser capaces de persuadir a los ciudadanos hacia una opinión determinada sobre un tema, sino en el de seleccionar qué temas forman o no parte de la agenda política. Este descubrimiento generará que, a partir de entonces, los propagandistas traten de posicionar en los medios de comunicación los temas que desean que la sociedad estime como prioritarios, y no solamente de enviar su mensaje persuasivo, construyendo de este modo la agenda política que les sea más favorable.</p>
<h2>El cerebro emocional</h2>
<p>Drew Westen analiza cómo el cerebro humano está programado para confirmar sus propios valores ideológicos, más que para analizarlos con escepticismo. Desde que somos pequeños vamos poco a poco adquiriendo unos valores pre-políticos, y posteriormente, ya como adultos, aprendemos a justificarlos racionalmente, con el objetivo de evitar la disonancia cognitiva. Es por ello que, desde siempre, religiones e ideologías han tratado de inculcar sus postulados a edades muy tempranas, ya que una vez se sedimenta ese sistema de valores, resulta mucho más difícil modificarlo, ya que incluso de adultos, siempre serán procesados por el sistema emocional de nuestro cerebro. De hecho, los cambios radicales de ideología en adultos solo se producen generalmente tras experiencias traumáticas, fuertes desilusiones o largos periodos de reflexión. En resumen, el propagandista debe siempre contar con nuestro «cerebro político», para beneficiarse del sistema emocional del cerebro cuando desea dirigirse a una audiencia con valores ideológicos cercanos. Y al contrario, para tratar de cortocircuitarlo cuando se dirija a audiencias con valores ideológicos adversos, con el fin de que el cerebro detecte una contradicción tan severa que el sistema racional se vea obligado a hacer acto de presencia (de ahí el dicho «despertar conciencias»).</p>
<h2>El ecualizador moral</h2>
<p>Jonathan Haidt trata de simplificar el enorme elenco de valores humanos a lo largo de la historia a un sistema de siete coordenadas, al que denomina «el ecualizador de los fundamentos morales». Las siete bandas de dicho ecualizador serían las siguientes: Protección, Justicia, Pertenencia, Autoridad, Santidad, Libertad Positiva y Libertad Negativa. La <strong>protección</strong> está asociada a la empatía, la <strong>justicia</strong> está asociada a la igualdad, la <strong>pertenencia</strong> al nacionalismo, la <strong>autoridad</strong> a la jerarquía, la <strong>santidad</strong> a la religión, la <strong>libertad positiva</strong> a los derechos político-sociales, y la <strong>libertad negativa</strong> al libre mercado. En función de lo alto o bajo que esté el volumen de cada banda, quedaría conformado el sistema de valores de cada individuo, que el propagandista debe conocer para, en el momento de planificar su estrategia, tener muy en cuenta los volúmenes altos o bajos del ecualizador moral de los receptores a los que desea persuadir, y procurando siempre que su mensaje esté relacionado con la mayor cantidad posible de bandas.</p>
<h2>El <em>framing</em></h2>
<p>George Lakoff plantea que los marcos cognitivos son las estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo, considerando que puesto que la ideología nos viene dada desde la niñez, la primera unidad básica de dicha instrucción política que todos experimentamos es la familia. Para Lakoff existen dos grandes marcos cognitivos o narrativas políticas esenciales, relacionados con dos tipos de familia: el marco del padre estricto (que da lugar al pensamiento conservador) y el marco de los padres protectores (que da lugar al pensamiento progresista). Por ello, el propagandista deberá tener bien en cuenta cuál de los dos marcos tiene la hegemonía en los grupos que desea persuadir, qué marco concreto está activando con su mensaje y sus metáforas, e igualmente, qué momentos o circunstancias pueden provocar con más probabilidad la activación de uno u otro marco.</p>
<h2>El <em>terror management</em></h2>
<p>Cuando existe un enemigo externo visible al que combatir, los ciudadanos conceden un crédito especial a sus líderes cerrando filas en torno a ellos, y por consiguiente, siendo más generosos en la valoración de su gestión. El psicólogo estadounidense Jeff Greenberg fusiona dicho efecto del “cierre de filas” con la teoría del <em>terror management</em> (gestión del terror), concluyendo que la crisis, la amenaza externa, el terrorismo, la guerra, y llevado al extremo, el miedo a la muerte, refuerzan las conductas conservadoras y el marco del padre estricto, llevando a la gente a refugiarse en el patriotismo, el autoritarismo y el rigor para la propia supervivencia. Por ello, el propagandista debe siempre saber gestionar el terror para utilizar en su favor las crisis que puedan surgir, o de no haberlas, intentar proyectar que sí que existen, para finalmente tratar de transmitir que su mensaje es el único que tiene la suficiente autoridad, fuerza y firmeza para hacer frente a dicha amenaza.</p>
<h2>El <em>storytelling</em></h2>
<p>La última y más vanguardista de las aportaciones de estas nuevas visiones postmodernas es la del <em>storytelling</em> o arte del relato, teorizada por autores como Christian Salmon. El relato, al estar basado en mitos en lugar de en datos, logra tomar un atajo cognitivo evitando la resistencia del receptor, proponiendo un tipo de mensaje que capta y mantiene la atención del mismo al generar en su cerebro expectación, intriga y ansia por conocer y ser partícipe de la evolución y del desenlace final de la historia. A su vez, el relato está compuesto por unos elementos principales (mitos, ritos, arquetipos y metáforas), que son los que le dan forma y permiten que éste sea atractivo y cautivador, marcando así la diferencia con la monótona y fría comunicación racional. Se trata de recursos que transfieren magia, leyenda, heroicidad, conflicto, identificación, asimilación y dinamismo, y que en definitiva, son los que otorgan vida al relato.</p>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-11336 aligncenter" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2D_N32.jpg" alt="" width="739" height="374" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2D_N32.jpg 739w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2018/11/Afondo2D_N32-300x152.jpg 300w" sizes="(max-width: 739px) 100vw, 739px" />En conclusión, para lograr la victoria en el campo de batalla (tanto militar como propagandístico) debemos tener muy presente la necesidad de elaborar un buen plan estratégico (strategos), que posteriormente debe ser desarrollado a través de tácticas adecuadas (taktikas). Suele decirse que cada guerra es distinta a la anterior, porque el que la hace igual es el que la pierde, y el que es capaz de hacerla distinta, es el que la gana. De ahí, la necesidad de conocer los enfoques del pasado para poder elaborar los planes del presente y pensar en las estrategias del futuro.</p>
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		<title>La doctrina del post. Posverdad, noticias falsas&#8230;Nuevo lenguaje para desinformación clásica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Mar 2017 08:42:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Myriam Redondo, @globograma Periodista, Doctora en Relaciones Internacionales En la obra ‘1984’ -escrita en 1948- George Orwell otorgó gran protagonismo a la neolengua. Era un conjunto de palabras y modos de utilizarlas que servía a un gobierno para imponer una visión del mundo y dejar fuera de juego no ya formas críticas de hablar, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Myriam Redondo,</span> <strong><a href="https://twitter.com/globograma?lang=es">@globograma</a> Periodista, Doctora en Relaciones Internacionales</strong></p>
<p>En la obra ‘1984’ -escrita en 1948- George Orwell otorgó gran protagonismo a la neolengua. Era un conjunto de palabras y modos de utilizarlas que servía a un gobierno para imponer una visión del mundo y dejar fuera de juego no ya formas críticas de hablar, sino incluso de pensar. La neolengua estaba concebida para que el hombre hablase con la laringe, no con el cerebro. En tiempos de tuits que sobresaltan al mundo a la hora americana del desayuno cabe pensar si las redes sociales no estarán siendo utilizadas como nuevas gargantas-altavoz para imponer creencias.</p>
<p>¿Hablaría hoy Orwell de postlenguaje? Indagando en vocablos triunfantes como postverdad (FUNDEU prefiere posverdad) se comprende que son menos novedosos de lo que parece y que esencialmente juguetean con mecanismos muy antiguos, como la propaganda y la demagogia. Por eso ya en 1992 Steve Tesich utilizó el término en <em>The Nation</em> para alertar de que mentiras gubernamentales como las derivadas del Watergate o la Guerra del Golfo sugerían que habíamos decidido libremente vivir en un mundo posverdad. La palabra volvió a utilizarse cuando el Gobierno de George W. Bush subió enteros propagandísticos para afrontar el <em>shock</em> del 11-S, consolidando expresiones como “Eje del mal” con las que demonizaba a países concretos.</p>
<p>Es un saber común que la empresa que edita los diccionarios Oxford nombró la posverdad (<em>post-truth</em>) palabra del año en 2016, relacionándola con circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que las apelaciones a la emoción y las creencias personales a la hora de conformar la opinión pública. El prefijo post pasa de indicar algo que quedó temporalmente atrás a algo que se ha convertido en irrelevante, como ocurrió durante el referéndum a favor del <em>brexit</em>, en el que circularon numerosas falsedades políticas.</p>
<p>Después de que Reino Unido dijera no a la Unión Europea, muchos tildaron el veredicto popular de sorprendente e irreal. La sensación se repitió con el referéndum para un acuerdo de paz en Colombia. Estas situaciones y otras vividas durante 2016 han generado una lógica sensación de alucinación. Pero popularizar la palabra posverdad para describir los episodios, manosear el concepto, está haciendo caer en la trampa de la desinformación. No existe la posverdad como no pueden coexistir la vida y la muerte más allá de las licencias literarias y cinematográficas. La verdad no puede superarse, y si se supera en el sentido en que se está haciendo (se deja al margen, se relega) es que no hay verdad, hay artificio.</p>
<p>La inclinación a hablar de posverdad ha politizado y complicado otras expresiones como la de noticias falsas (<em>fake news</em>). La experta en verificación digital Claire Wardle ha intentado ofrecer una tipología, reconociendo que no se puede esquivar la expresión hoy en día, y el título de su artículo lo dice todo: “Falsas noticias. Es complicado” (<a href="https://firstdraftnews.com/fake-news-complicated/">Firstdraftnews.com</a>).</p>
<p>En las falsas noticias estrictamente concebidas, fuentes que se presentan como legítimas pero no lo son difunden informaciones cien por cien inventadas como si fueran hechos objetivos con el propósito de obtener clics y/o dañar. Algunas ciudades de la República de Macedonia se han hecho famosas por su intensidad en la creación de sitios falsos que emiten este tipo de contenidos: sus jóvenes esquivan el paro haciéndose expertos en atraer publicidad con titulares estrambóticos.</p>
<p>No tiene que haber intención política en ese emprendimiento, pero el concepto de noticia falsa se ha acabado extendiendo hasta convertirse en un objeto que arrojar al contrario con objetivos claramente partidistas. Falsa noticia es ahora sesgo. Emplear actualmente la locución es dejar al ciudadano confuso. Mientras el concepto posverdad le lleva a concluir que está ante realidades radicalmente nuevas (realidades post) que no puede comprender y sobre las que tienen que decidir otros, la expresión noticias falsas volando de un lugar a otro como avión de papel le conduce a pensar que la mentira es un concepto escurridizo que está por todas partes, sin que tampoco en este caso haya posibilidad de comprensión o comprobación personal.</p>
<p>Hay expertos que emplean responsablemente el prefijo post para describir lo que ya está entre nosotros (<a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/voto-postpolitica_6_578552151.html">Imma Aguilar, “El voto a la contra o la era de la postpolítica”</a>). Pero la posverdad, la llamada realidad postfactual y las noticias falsas son en manos de algunos políticos la nueva savia comunicativa para imponer teorías de la conspiración, complots imaginarios que refuerzan su figura.</p>
<p>El presidente de EE. UU., Donald Trump, o los candidatos políticos de extrema derecha Geert Wilders (Holanda) y Marine Le Pen (Francia), así como sus equipos, han promovido el nuevo humo terminológico desde que comenzó. Kellyanne Conway, una de las principales asesoras de Trump, introdujo el concepto de “hechos alternativos” para referirse a cosas que nunca sucedieron. “Sois falsas noticias”, espetó Trump a un reportero de la CNN en su primera rueda de prensa presidencial.</p>
<p>Algunos periodistas han caído de lleno en esta trampa: “Cualquiera que diga que <em>The Wall Street Journal</em> está siendo permisivo con Trump está difundiendo noticias falsas”, ha dicho el editor de este diario, Gerry Baker, según recoge Politico.com. Es una guerra de la información continua que se va alimentando con distintos episodios, algunos banales como una falsa acusación a un político y otros de enorme relevancia como una PSYOP (operación psicológica) estatal en el terreno digital, con muchos dedos apuntando en este campo a Rusia.</p>
<p>La propaganda legítima -persuadir de la bondad de productos, ideas, personas o iniciativas- ha tenido a lo largo de la Historia vertientes menos edificantes. Hay propaganda gris, en la que el emisor diluye su identidad; propaganda negra, en la que se atribuye falsamente el origen del mensaje a otra fuente; y propaganda blanca con fuente identificada pero donde se ofrecen realidades parciales o datos interesados. Son modos de desinformar que tuvieron siempre su aliado en la comunicación política poco profesional y que promovieron la desconfianza, el temor y la toma de decisiones irracionales sobre todo en momentos de crispación o conflicto. La persuasión existe desde el origen de la humanidad y la propaganda es inseparable del nacimiento de los estados (Alejandro Pizarroso, <em>Historia y Comunicación Social</em>, nº 4, 1999). Cabe añadir que también de los partidos.</p>
<p>No son fenómenos exclusivos de la derecha o la extrema derecha. China ha sido siempre un grande de la desinformación y Rusia puede ser considerado el estado que mejor ha sabido adaptar las propagandas gris y negra a la tecnología moderna. Son conocidas sus campañas masivas de bots y sus fábricas de trols donde los empleados reciben cada día argumentarios políticos extremos para expandir por las redes (<a href="https://compolitica.com/acop/publicaciones/acop-papers/">Myriam Redondo, “Política Automatizada. Bots, trols y propaganda digital encubierta”, ACOP Paper nº 5, 2016</a>). Si algo ha demostrado la renovada guerra fría política entre el este y el oeste es que el Kremlin lo ha hecho mejor que Washington en materia de propaganda digital. Sólo hay que preguntar a un adolescente occidental con qué contenidos se topa más a menudo en Internet: los procedentes de <em>Voice of America y Radio Free Europe</em> o los de RT y Sputnik. Rusia ha ido por delante en la combinación neolenguaje + propaganda + redes sociales + nuevas opciones multimedia.</p>
<p>La desinformación digital se extendía a velocidad quizá demasiado rápida para el ojo humano. Los medios tenían bastante con su supervivencia desde el inicio de la crisis económica (2008) y no han estado en condiciones de patrullar la Red mientras crecía. Probablemente nunca lo estarán en solitario y tendrán que colaborar en este campo con entidades especializadas, siguiendo el ejemplo de redes sociales y gigantes digitales (Google, Facebook y Twitter principalmente).</p>
<p>Durante la campaña electoral de 2016, numerosos proyectos de <em>fact-checking</em> periodístico siguieron a Trump allá donde fuera para comprobar si sus afirmaciones respondían a hechos objetivos. Algunos partían de grandes instituciones, pero hubo también iniciativas individuales llevadas a cabo por amor propio. Daniel Dale, corresponsal en Washington del diario canadiense <em>Toronto Star</em>, volcaba cada noche en Twitter las mentiras del día del candidato republicano, lo que después le reportó un gran reconocimiento.</p>
<p>Si esa vigilancia periodística existió, aunque distó de ser perfecta, en realidad lo justo es preguntarse por la labor de los medios pero también por el papel del ciudadano ¿Seguro que los votantes estadounidenses eran ignorantes en cuanto a las mentiras en la campaña? ¿Seguro que a Trump le apoya sólo un votante poco formado? Es cierto que el candidato republicano tiene grandes bases en ese perfil social, pero algunos datos advierten contra la simplificación en este ámbito. Las estadísticas del Roper Center para la Investigación en Opinión Pública muestran cómo en EE. UU. el respaldo al partido republicano por parte del conjunto del perfil “raza blanca con estudios” (hombres y mujeres), ha sido constante desde el año 1996, aunque en el subgrupo de las mujeres de raza blanca con estudios esa afirmación no se cumpla, según María Ramírez y Eduardo Suárez (<a href="https://medium.com/politibot/11-mitos-sobre-el-triunfo-de-trump-b40f336df1fe#.ltfk5uc2s">“11 mitos sobre el triunfo de Trump”</a>). Un mes después de hacerse con el cargo, las encuestas referían un aumento del rechazo a Trump, que recibía menos confianza de lo habitual para un presidente en esa etapa inicial. Sin embargo, un 36% de los entrevistados con título universitario se mostraba todavía a su favor, como también lo estaba un 31% de personas con estudios de posgrado (<a href="http://www.people-press.org/2017/02/16/1-early-public-attitudes-about-donald-trump/">“Early public attitudes about Donald Trump”, National Survey, Pew Research Center</a>).</p>
<p>¿Es ignorancia lo que guía a los votantes? ¿Son emociones? En todo caso emociones que parten de una decisión racional. Trump recibió apoyo destacado en entornos rurales duramente castigados por la crisis. Esos votantes hicieron cuentas sobre aspectos como la distorsión que generarían más inmigrantes en el mercado de trabajo. Tomaron decisiones racionales, aun cuando las cifras que manejaban pudieran ser erróneas. Hay que aceptar que hay un votante estadounidense ilustrado al que le gusta Trump o que eligiendo tradicionalmente votar a un partido ha decidido racionalmente que lo seguirá haciendo aunque el candidato no le atraiga, porque cree en su modo de hacer las cosas. No es sólo una cuestión de emociones, sino también una constatación de que la Humanidad no se pone de acuerdo sobre cómo resolver los grandes problemas que afronta el planeta o sobre quién debe hacerlo.</p>
<p>Lo que ocurre en EE. UU. también sucede en Europa. Es un estado de polarización ideológica real en el que influye el momento económico, pero también factores diversos como la educación o el lenguaje político predominante, y el periodismo no es ajeno al fenómeno. Con los faros mediáticos tradicionales en retroceso y los nuevos medios digitales multiplicándose, algunos académicos sugieren que la fragmentación de las audiencias puede estar alimentando la polarización (Ricardo Gandour, Pablo Javier Boczkowski, Eugenia Mitchelstei, David Tewksbury, Jason Rittenberg o Markus Prior). Los <em>legacy media</em>, que tienen su responsabilidad en el proceso de deterioro informativo, han dejado de ser referentes, han perdido el poder para fijar la agenda. El usuario practica la serendipia lejos de contenidos que reten su posición ideológica, es más difícil llegar a una esfera pública compartida de comprensión y el comportamiento político se hace impredecible.</p>
<p>En 2016, un 62% de los adultos estadounidenses accedían a las noticias a través de las redes sociales; un 44% lo hacía específicamente a través de Facebook (<a href="http://www.journalism.org/2016/05/26/news-use-across-social-media-platforms-2016/">Pew Research Centre &amp; Knight Foundation, “News use across social media platforms”</a>). En esta plataforma el menú de contenidos se basaba en algoritmos diseñados para que el usuario encontrase mayoritariamente cosas atrayentes y de su gusto, similares a las que ya había leído antes, hasta que el triunfo de Trump dio la voz de alarma (<a href="https://www.buzzfeed.com/craigsilverman/viral-fake-election-news-outperformed-real-news-on-facebook?utm_term=.yq1mv2PN7#.lhPnvX8Jr">Craig Silverman, “This analysis shows how viral fake election news stories outperformed real news on Facebook”</a>). Cada uno estaba leyendo dentro de su burbuja.</p>
<p>En un magnífico artículo titulado “Las falsas noticias son una cortina de humo”, el director del <em>Center for Civic Media</em> del MIT, Ethan Zuckerman, escribe: “La verdad realmente perturbadora es que las falsas noticias no son la causa de nuestra disfunción política. Más inquietante es que vivamos en un mundo donde la gente esté profunda y fundamentalmente en desacuerdo sobre cómo entenderlo, incluso cuando compartamos el mismo conjunto de datos. Solucionar los problemas de las falsas noticias hace ese mundo algo más fácil de navegar, pero no trasciende la superficie de los problemas más profundos de cara a encontrar terreno común con las personas con las que discrepamos” (<a href="http://www.dw.com/en/fake-news-is-a-red-herring/a-37269377">“Fake news is a red herring”</a>).</p>
<p>Dado que bajar los brazos no es una opción, hay algunas vías por las que seguir caminando para reducir la polarización y el hooliganismo político, así como su plasmación en Internet:</p>
<p>a) Formar más a la ciudadanía en alfabetización mediática, lectura y comprensión crítica (muchos creían que la propaganda y la desinformación eran cosas del pasado);</p>
<p>b) Expandir una cultura de verificación digital sistemática;</p>
<p>c) Ofrecer a los electores herramientas que les hagan conscientes de la habitación ideológica cerrada en la que piensan.</p>
<p>En la columna <a href="https://www.theguardian.com/us-news/series/burst-your-bubble">“Burst your bubble”</a> (Revienta tu burbuja) el periódico de izquierdas <em>The Guardian</em> recomienda cada semana cinco artículos conservadores que considera de interés para expandir el pensamiento de sus lectores. En su recurso digital <a href="http://graphics.wsj.com/blue-feed-red-feed/">“Blue feed, red feed”</a>, <em>The Wall Street Journal</em> deja caer a la vez dos hilos: a la izquierda los post que publican en Facebook los medios progresistas, a la derecha los de publicaciones conservadoras.</p>
<p>Si se le llama posverdad a lo que sucede se estará ocultando que es demagogia. Mientras se enreden los debates terminológicos y se recurra a la expresión noticias falsas para referirse a todo lo ideológicamente sesgado, ganarán tiempo y libertad de acción quienes desmontan derechos humanos bajo el tapiz de la postlengua. Con similitudes a la ‘doctrina del shock’ que describió Naomi Klein en 2007 (aprovechar el impacto y la confusión psicológica provocada por desastres para hacer reformas que perjudican al ciudadano), la utilización actual del prefijo post garantiza el alejamiento comprensivo y la confusión entre los votantes, que quedan retenidos en su polo ideológico considerando que más allá sólo hay un caos nuevo para ellos. En ese terreno movedizo se seguirá apoyando al candidato que sea capaz de generar más temor sobre el contrario, un candidato que tendrá manos libres para hacer barbaridades mientras distrae con su malabarismo lingüístico. Si ello se completa con la réplica acrítica de anuncios políticos realizados a golpe de posts (entradas en plataformas digitales) o a golpe de tuits, se puede concluir que habrá ganado la desinformación. Nunca tuvo a su alcance herramientas tan potentes ni tan rápidas.</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/la-doctrina-del-post-posverdad-noticias-falsas-nuevo-lenguaje-para-desinformacion-clasica/">La doctrina del post. Posverdad, noticias falsas&#8230;Nuevo lenguaje para desinformación clásica</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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		<title>Iglesia y propaganda: dos milenios de persuasión desde la silla de San Pedro</title>
		<link>https://compolitica.com/iglesia-y-propaganda-dos-milenios-de-persuasion-desde-la-silla-de-san-pedro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 07:49:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Persuasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Miguel Candelas, @mikicandelas Politólogo La Iglesia Católica es la única institución política que ha logrado pervivir en el tiempo durante casi dos milenios, sobreviviendo a todo tipo de cambios políticos, vaivenes económicos o descubrimientos científicos, y saliendo airosa incluso de los siglos oscuros medievales o de las revoluciones contemporáneas que cortaron la cabeza de más [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Miguel Candelas,</span> <strong><a href="https://twitter.com/mikicandelas">@mikicandelas</a> </strong><strong>Politólogo</strong></p>
<p>La Iglesia Católica es la única institución política que ha logrado pervivir en el tiempo durante casi dos milenios, sobreviviendo a todo tipo de cambios políticos, vaivenes económicos o descubrimientos científicos, y saliendo airosa incluso de los siglos oscuros medievales o de las revoluciones contemporáneas que cortaron la cabeza de más de un poderoso monarca. Al margen del uso del poder duro (que obviamente los Papas han ejercido siempre, matanzas inclusive), el otro pilar esencial que le ha permitido navegar a lo largo de los siglos sin zozobrar, ha sido la puesta en práctica desde sus inicios de una eficaz estrategia de propaganda, basada en un sustrato doctrinal simplificado, compensado con una tendencia a la innovación cuando se percibe una amenaza. Por ello, la política del Papa Francisco en absoluto supone una revolución en la Santa Sede como claman las voces más idealistas, sino únicamente, una nueva demostración de la capacidad de adaptación y de supervivencia de esta poderosa institución, la cual es probablemente una de las mejores maquinarias propagandísticas del mundo.</p>
<p><strong>La propaganda católica en la Edad Antigua, en la Edad Media y en la Edad Moderna (Siglos I-XVIII)</strong></p>
<p>Dicha estrategia comienza ya en la Antigüedad con los viajes de Pablo de Tarso a los confines del Imperio romano, que lo convierten en el primer gran propagandista de la Iglesia al tener la inteligencia de ampliar el área de influencia cristiana también a los no judíos (la «Epístola a los Corintios» es un muy buen ejemplo de ello). Esta política de predicación permitió a la Iglesia abrirse camino entre el paganismo, competir con él y finalmente destruirlo, cuando su hegemonía política e ideológica en el seno del Imperio fue tal que acabó siendo declarada como religión única por el Emperador Teodosio, con la consiguiente persecución de los demás credos. Además, a través de los concilios ecuménicos del siglo IV se dio unicidad al culto católico al condenar todas las interpretaciones cristianas alternativas como la arriana o la nestoriana, con lo que también se aseguraba la simplificación del mensaje y la proyección de unanimidad.</p>
<p>El ocaso del Imperio romano y la llegada de los tenebrosos tiempos medievales no terminaron con la Iglesia sino que, por el contrario, la fortalecieron. Aniquilado el poder administrativo y civilizacional de Roma, la doctrina cristiana y la estructura eclesiástica tomaron el relevo, convirtiéndose la Iglesia en la única fuerza ideológica con proyección en toda Europa a lo largo del medievo, al controlar y monopolizar en exclusividad la producción cultural de estos siglos oscuros. La Iglesia así termina de jerarquizar su estructura de poder creando un aparato sofisticado en pleno caos feudal, durante el papado de Gregorio I en el siglo VI, el cual se da cuenta de la enorme importancia de los símbolos en el diseño de una propaganda eficaz hacia unas poblaciones rurales y analfabetas (a las que había que tener atemorizadas y adoctrinadas con un dogma directo, maniqueo y simplificado), lo que da lugar al surgimiento de la mayor parte de la iconografía cristiana en los frisos de los claustros medievales. Siglos después, la convocatoria de las diferentes cruzadas que inicia el Papa Urbano II, al margen de sus objetivos económicos y geoestratégicos, supone también un gran acto propagandístico, destinado a la unión de la cristiandad.</p>
<p>Ya en los albores de la Edad Moderna, la Iglesia Católica es la primera en darse cuenta de la importancia ideológica de los nuevos descubrimientos geográficos y marítimos, gracias a los cuales puede hacer llegar sus mensajes propagandísticos allá donde no había llegado nadie hasta entonces, por lo que la propaganda se sistematiza y perfecciona. La Iglesia colabora decisivamente con los artistas del Renacimiento y del Barroco dando lugar a un nuevo auge del arte propagandístico, y a su vez, surge la simbiosis entre la estrategia militar y la doctrina religiosa, plasmada en los “Ejercicios Espirituales” de Ignacio de Loyola. Este militar convertido en monje y fundador de la Compañía de Jesús (de la que es miembro el Papa actual), plasma en esta obra los verdaderos principios de la propaganda política; todo un manual de persuasión y comunicación que en nada tiene que envidiar a los que en la actualidad elaboran los consultores políticos. Tampoco es casualidad que sea durante estos siglos modernos cuando la Iglesia inventa el término “propaganda” a través de la Bula <em>Inscrutabili Divinae</em> promulgada por el Papa Gregorio XV en 1622, la cual crea la “Sacro Congregatio de Propaganda Fide”, como un organismo encargado de frenar la ideología protestante y contraatacar con una propaganda católica renovada, todo ello en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.</p>
<p><strong>La propaganda católica en la Edad Contemporánea y en el Mundo Actual (Siglos XIX-XXI)</strong></p>
<p>Pero la verdadera prueba de fuego para la Iglesia llega al iniciarse la Era Contemporánea, cuando los franceses (desde Rousseau a Napoleón, pasando por Robespierre), cambian la cruz por la llama de la Ilustración. La revolución que se desencadena no solo corta la cabeza del soberano, sino que inicia una secularización social al amparo de los nuevos movimientos nacionalistas. Esta oleada de laicismo apostaba por la ciencia y la razón frente a la magia y la fe, y se extendió por el resto del mundo cristiano, socavando de nuevo los pilares ideológicos de la Iglesia Católica, hasta el punto de que tras la unificación italiana, el nuevo gobierno de Roma despojó a la Iglesia de sus dominios territoriales (Estados Pontificios) en 1870, dejando a la curia vaticana sometida a un poder laico. Una vez más, la Iglesia se anticipó a los acontecimientos, al haber convocado un año antes el Concilio Vaticano I y reformulando sensiblemente el dogma para adoptarlo a las nuevas realidades de la revolución liberal e industrial, mientras que utilizaba la inmensa fuerza social que aún conservaba (especialmente en Italia), para apoyar al movimiento fascista de Mussolini décadas más tarde, que una vez en el poder, recompensó el apoyo eclesiástico financiando económicamente a la Iglesia y firmando posteriormente el Tratado de Letrán (1929) con el Papa Pío XI (el cardenal Ratti), tratado por el que nacía un nuevo Estado: la Santa Sede, consagrándose las fronteras de la Ciudad del Vaticano que conocemos en la actualidad y permitiendo a la Iglesia recuperar la dualidad de poder (terrenal y espiritual), si bien es cierto que de facto estaba ya creado años atrás.</p>
<p>De ese primer Concilio Vaticano anteriormente mencionado surgió también la “Infalibilidad Papal”, lo que supuso una reacción a la secularización, reforzando la autoridad espiritual del pontífice con respecto a sus feligreses, y por ende, su capacidad de persuasión de las masas. Una vez más, todo un ejemplo de maestría en el arte de la propaganda, leyendo acertadamente las condiciones contextuales del momento y reaccionando a las amenazas con una renovación de los viejos mensajes de siempre (campo ideológico-religioso) y con una articulación de nuevas alianzas estratégicas (campo político-social).</p>
<p>Ya en plena II Guerra Mundial y tras el bombardeo de San Lorenzo, el Papa Pío XII (el cardenal Pacelli, denominado en ocasiones a nivel mediático como el “Papa de Hitler” por su cercanía con el régimen nazi), aparece en público ayudando a rescatar a los heridos de las ruinas, en una nueva y magistral lección de propaganda y de gestión de la imagen pública, muchas décadas antes que Bergogglio. Además, el Vaticano aprovechó su neutralidad en la contienda también para extender su influencia ideológica por muchos de los países en guerra, incluyendo países protestantes, al erigirse en árbitro de ciertas disputas diplomáticas y militares.</p>
<p>También durante este primer siglo y medio de la Edad Contemporánea, la propaganda vaticana se adapta al surgimiento de los medios de comunicación de masas, creando el Papa León XIII el diario “L´Observatore Romano” como prensa oficial de la Santa Sede en 1883 (aunque los orígenes del diario se encontraban en dos jóvenes abogados católicos décadas antes), inaugurando el Papa Pío XI la “Radio Vaticano” en 1931 (con la participación del propio Marconi en sus primeras emisiones, presentando al nuevo pontífice, para sacar todo su potencial al arma de propaganda por excelencia durante este periodo de entreguerras), e instaurando finalmente el Papa Pío XII la “Comisión de las Comunicaciones” en 1948 (un órgano que unificaba a dichos medios de comunicación para dotarlos de una mayor coordinación en su eficacia propagandística, y donde posteriormente también se sumarán la televisión e internet).</p>
<p>Posteriormente, tras el final de la II Guerra Mundial y el surgimiento en Occidente de la nueva sociedad “abierta” (con todos los matices y reservas que pueden realizarse a dicha definición de Karl Popper), se inició un nuevo ciclo político caracterizado por el keynesianismo económico, la sociedad de consumo y la revolución educativa, que socavó los cimientos de la estructura familiar y social tradicional. Ante las nuevas demandas de esta sociedad (que combinaba su escepticismo hacia la Guerra Fría con la música pop, los pantalones vaqueros o la libertad sexual), la Iglesia Católica se vio de nuevo obligada a realizar cambios en sus estrategias de propaganda, ante el riesgo de perder a su parroquia en el mundo desarrollado. La amenaza en esta ocasión no era directamente militar como en ocasiones anteriores, pero sí que era lo suficientemente importante como para llevar a cabo una nueva reforma.</p>
<p>Así nace el Concilio Vaticano II en 1959 de la mano del nuevo Papa Juan XXIII (el cardenal Roncalli), al cual se aúpa a la Silla de San Pedro para que vertebre un nuevo discurso más acorde con los nuevos tiempos, y el cual permitió que se pudiesen acometer diversas reformas que muchos cristianos venían reclamando desde décadas atrás. La clave del éxito del concilio fue en esencia la revitalización de los canales de comunicación entre la Iglesia y su base social, y situaciones que hoy en día nos parecen tan habituales como escuchar una misa en la lengua vernácula del país en lugar de en latín, o ver a un cura cantando y tocando la guitarra sentado en el suelo de igual a igual con sus feligreses, provienen de la doctrina social surgida de este concilio. Por ello, Juan XXIII ha quedado en el imaginario popular como el “Papa Bueno”. Como curiosidad, mencionar que había sido, durante la II Guerra Mundial, el nuncio vaticano en la neutral Turquía, por lo que fue el jefe de la red de espionaje de la Santa Sede en la ciudad de Estambul, con lo que ello conllevaba. Pablo VI (el cardenal Montini) prosiguió la línea comunicativa de su antecesor e incluso la intensificó, posicionándose abiertamente frente a dictaduras nacional-católicas como la de España, lo que provocó grandes tensiones entre los nuncios vaticanos y los arzobispos de dichos países. Al mismo tiempo, Pablo VI se situó en contra de las tensiones de la Guerra Fría y los conflictos regionales que de ellas se derivaban, elaborando un discurso político pacifista y antinuclear que permitía que la Iglesia no se desconectase del todo de los nuevos movimientos sociales de izquierdas surgidos tras el Mayo del 68 (ecologismo, antibelicismo, feminismo). Igualmente, su sucesor Juan Pablo I (el cardenal Luciani) leyó muy bien de nuevo la situación de la batalla comunicativa, y su efímero papado (fue sospechosamente hallado muerto un mes después de su elección), generó también una gran expectación y entusiasmo entre los católicos del mundo entero, similar a las que genera el Papa Francisco en la actualidad.</p>
<p>Sus sucesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI (los cardenales Woj­tyla y Ratzinger respectivamente) ideológicamente iniciaron una línea política mucho más conservadora, caracterizada por un ferviente anticomunismo y una rigidez moral en las cuestiones sexuales, pero comunicativamente de nuevo hicieron gala de una extraordinaria habilidad para la propaganda, especialmente el primero, que aprovechó como nadie la televisión (creando de hecho el “Canal de Televisión Vaticana” en 1983 como cadena oficial de la Santa Sede) y realizó una cantidad inmensa de viajes alrededor del mundo jugando mucho con la realidad de la nueva política-espectáculo (fue la primera vez que vimos a un pontífice esquiando, por ejemplo). En el terreno de las relaciones internacionales, concretamente en el contexto de la guerra que asoló los Balcanes durante los años 90, este Papa utilizó el dinero del Óbolo de San Pedro para financiar en secreto las campañas de propaganda a favor de la independencia de Croacia y de su ejército durante la contienda bélica. Todo ello se hizo a través de empresas de relaciones públicas alemanas, y su resultado fue que, a ojos de la opinión pública mundial, el genocidio que los croatas provocaron pasó completamente desapercibido, y solamente se habló del que cometían los serbios.</p>
<p>Ratzinger por su parte tuvo un perfil mediático más bajo debido a su avanzada edad y a su condición de académico, pero aun así también supo hacer un uso magistral de la propaganda en actos como la “Jornada Mundial de la Juventud de 2012 en Madrid”, donde la Iglesia desplegó toda su maquinaria movilizadora para reclutar a miles y miles de jóvenes que acudieron desde todas las partes del mundo para ver a Benedicto XVI. Igualmente, este Papa alemán tuvo también la inteligencia de dimitir y retirarse a Castelgandolfo cuando se percató de que su imagen estaba comenzando a deteriorarse y de que la Iglesia necesitaba un nuevo cambio de imagen. Cabe mencionar también que fue durante los pontificados de estos dos Papas cuando el Vaticano se lanza al ciberespacio, creándose en tiempos de Juan Pablo II la página web del Vaticano, y ya con Benedicto XVI, la cuenta de Twitter del Papa, lo que allanará bastante el camino a la exitosa política comunicativa del pontífice actual.<br />
Y finalmente, con la dimisión de Rat­zinger llegó la elección del Papa Francisco (el cardenal Bergoglio). La historia aquí ya es de sobra conocida y se han escrito páginas y páginas en diarios y revistas a lo largo de estos dos últimos años (discurso progresista, visión latinoamericana, sentido del humor, opción preferencial por los pobres, austeridad, etc.). No obstante, merecen hacerse dos breves apreciaciones para cuestionar dichos mensajes triunfalistas de los medios que señalábamos al comienzo de este artículo. En primer lugar, se trata del enésimo cambio de imagen en la Silla de San Pedro: si al “Papa de Hitler” (Pacelli) le había sustituido el “Papa Bueno” (Roncalli), ahora, al distante y anquilosado Ratzinger, le sustituía un bonachón, dinámico y divertido Bergoglio. En segundo lugar, su condición de jesuita más que un signo de rebeldía o progresismo, es sobre todo un signo de gran estratega de la guerra y de la propaganda, tal como lo era el fundador Loyola. Por ello, los gestos, mensajes y cambios protagonizados por Bergoglio hay que analizarlos en clave propagandística más que ideológica.</p>
<p>En resumen, como se ha vislumbrado a lo largo del artículo, la Iglesia lleva 2000 años sobreviviendo a todos sus enemigos (romanos paganos, invasiones bárbaras, islam, cismas, reforma protestante, Ilustración, secularización, laicismo, ateísmo, comunismo, revolución sexual…), a través, de un uso efectivo del poder duro, pero sobre todo, de una utilización magistral de la comunicación propagandística a lo largo de etapas y periodos tan dispares. Sus estrategias de persuasión cambian, mutan y se adaptan a cada contexto, pero su mensaje central sigue perenne e inmutable, y por ello, los tuits, los chistes o las zapatillas deportivas de Bergoglio hay que entenderlas dentro de esa historia cíclica y esa visión estratégica que ha caracterizado a la Iglesia durante sus dos milenios de existencia. El Papa Francisco, del mismo modo que Pablo de Tarso, Gregorio I, Ignacio de Loyola, Pío XII, Juan XXIII o Juan Pablo II, es un maestro de la propaganda. Nada nuevo bajo el sol.</p>
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		<title>La propaganda como sistema de control social</title>
		<link>https://compolitica.com/la-propaganda-como-sistema-de-control-social/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 06:34:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[1936-1937]]></category>
		<category><![CDATA[control social]]></category>
		<category><![CDATA[El triunfo de la voluntad]]></category>
		<category><![CDATA[Las Memorias de Bastián Höss]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hugo Egido, @egido300, sociólogo Hace unos meses se cumplía la efeméride de los setenta años del suicidio de Adolf Hitler en el bunker de Berlín (30 de abril de 1945). Aunque mucho se viene escribiendo en este tiempo del siniestro personaje que lo propició, de lo ya escrito, debo mencionar la voluminosa y detallada biografía que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span class="DestacadoB">Hugo Egido</span>, @egido300, sociólogo</p>
<p>Hace unos meses se cumplía la efeméride de los setenta años del suicidio de Adolf Hitler en el bunker de Berlín (30 de abril de 1945). Aunque mucho se viene escribiendo en este tiempo del siniestro personaje que lo propició, de lo ya escrito, debo mencionar la voluminosa y detallada biografía que Iam Kershaw ha dedicado a Hitler, con el rigor y la perspectiva multiangular que es preciso adoptar para no perder objetividad de análisis. Pese al paso del tiempo, creo que todos seguimos preguntándonos ¿cómo fue posible que un ser tan vulgar, de pensamiento tan limitado, sin ninguna capacidad o cualidad conocida hasta su llegada al poder, salvo la charlatanería, la vehemencia y el fanatismo pudo arrastrar a un pueblo vertebrado y cultivado como el alemán al desastre y, con él, al resto del mundo?</p>
<p>En las próximas líneas intentaré enmarcar cómo las ideas políticas más simples, basadas muchas veces en burdos estereotipos culturales, siguen teniendo tanto poder de penetración en el alma colectiva de la sociedad y, por ello, continúan siendo utilizadas como elementos de comunicación política. Les sonarán, como muy contemporáneas las simples dicotomías: “ellos y nosotros”, o la manida “nos contaminan”, “no son como nosotros”, “nos roban nuestros recursos”, “España nos roba”, “los intereses privativos de la casta frente a los intereses comunales del pueblo”. Todos estos eslóganes, frases hechas, mantras, siguen siendo utilizados en la actualidad por la sencilla razón de que funcionan, y mucho.</p>
<p>Recientemente he publicado la novela <strong>“Las Memorias de Bastián Höss, 1936-1937”</strong> cuya trama está centrada en las memorias, recuperadas años después, de su protagonista: un joven y prometedor sociólogo que se ve arrastrado por las circunstancias a colaborar en un primer programa gubernamental dirigido y tutelado por la siniestra figura de Reinhard Heydrich, cuyo objetivo será diseñar los cimientos de lo que luego la historia conocería con horror como “La solución final al problema judío” (el holocausto, la <em>Shoah</em>). Pero el libro aborda también otros aspectos; habla de la lucha que se estaba librando en la universidad alemana entre la dogmática ideología nazi y los profesores que todavía intentaban impartir conocimiento y ciencia, conscientes del momento crítico en la historia por el que estaba atravesando Alemania, conscientes también de lo inútil de su acto pero, pese a ello, tenaces en la defensa de la libertad de cátedra y de la independencia de la universidad.</p>
<p>El título del presente artículo no es en ningún sentido casual. A través de la mencionada novela se narra cómo la arquitectura y la propaganda del régimen nazi se cimentó, entre otros pilares, en un férreo control de los medios de comunicación. Es profusamente conocido este control y la machacona propaganda cuyo único objetivo era generar un nuevo “ethos”, un nuevo marco regulador que favoreciese y potenciase al Estado y, sobre todo, a su líder.</p>
<p>El híper liderazgo es una de las características buscadas por el régimen nazi y por Hitler, en todas y cada una de las acciones propagandísticas que llevaron a cabo a lo largo del III Reich alemán. En este sentido, existe numeroso material académico que analiza los distintos soportes utilizados por el régimen, desde cuñas de radio a carteles propagandísticos, desde octavillas a marchas y paradas paramilitares, su estética y simbología. La total supeditación de la información a los intereses del Estado y los intereses del Estado supeditados a los de su líder carismático, su guía, el único capaz de conducir al pueblo al Reich de los mil años. Hoy todavía nos sobrecoge por su belleza y eficacia visual la famosa película de Leni Riefenstahl, “El triunfo de la voluntad”, uno de los mejores ejemplos de propaganda en la historia del cine. Pero, no podemos analizar con un mínimo de rigor el periodo, desde la perspectiva de la información al servicio del poder del Estado o de la propaganda, sin posar nuestra mirada en la figura de Paul Joseph Goebbels (1897-1945). El control total que ejerció desde el Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda no sólo resultó eficaz para los objetivos del Partido Nazi y su líder, sino que implementó y consolidó nuevas técnicas de propaganda que hasta ese momento no habían sido utilizadas. Sus famosos “Once principios para la propaganda”. Situemos nuestra mirada sobre alguno de ellos.</p>
<p><strong>Principio de la vulgarización.</strong></p>
<p>Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; mensajes simples para que no los olviden.</p>
<p><strong>Principio de orquestación.</strong></p>
<p>La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes ángulos, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.</p>
<p><strong>Principio de la verosimilitud.</strong></p>
<p>Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias. Utilizar personas con prestigio social para que realicen la argumentación.</p>
<p><strong>Principio de la silenciación.</strong></p>
<p>Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.</p>
<p><strong>Principio de la transfusión.</strong></p>
<p>Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas de la población.<br />
Principio de la unanimidad.</p>
<p>Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. El famoso, “como todo el mundo sabe”, “el pueblo está harto de sus políticas, señor mío”, etc.</p>
<p><strong>Principio de exageración y desfiguración.</strong></p>
<p>Tenemos ejemplos recientes de utilización de estos dos principios. Uno muy famoso, planetario. No podemos borrar la imagen de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Las hemos visto caer mil veces, desde miles de ángulos, con detalles, muchas veces morbosos. El efecto amplificador que el hecho ha tenido a posteriori en la “aldea global” (que tan magníficamente supo ver Marshall McLuhan) ha supuesto que todos los países occidentales viésemos en el efecto de la caída de ese símbolo y la materialización de las teorías de Samuel Huntington y su famoso “choque de civilizaciones”, donde clasifica las civilizaciones islámicas como rivales de la occidental. Pero no es mi propósito analizar la obra politológica de Huntington. Sólo quiero pararme, por un instante, en los años posteriores al 11 de septiembre de 2001. El miedo posterior generado en la sociedad norteamericana por ese cruento acto fue, desde mi punto de vista, bien utilizado por la administración Bush. En el sentido de plantear al ciudadano el manido dilema de “un poco de tu libertad a cambio de seguridad”, con la simple lógica de “ustedes tienen que ceder algo de su libertad para que nosotros, Estado, podamos protegerlos de forma más eficaz”. De esa forma guerras basadas en pruebas manipuladas, prisiones fuera de cualquier marco legal o sujeto al derecho internacional se fueron produciendo en una insólita cascada. Pese a la cesión de la sociedad, el tiempo nos ha demostrando que no estamos más seguros, ni mucho menos.</p>
<p>Como pueden constatar, muchos de estos once principios son aplicables a la sociedad actual española.</p>
<p>Si nos detenemos en los principios de vulgarización y orquestación, hoy día, en España, seguimos atendiendo a la banalización de la comunicación política. A base de la insistente y machacona simplificación de la realidad a través de frases sencillas, eslóganes directos que cada partido y representante político repite (ya que es un argumentario prefijado desde los aparatos de los partidos) para que sea repetido hasta la extenuación por sus representantes. No importa si es cercano a la verdad, lo importante es que se repita y cale en la opinión pública.</p>
<p>Y, respecto al principio de la verosimilitud, no creo que a nadie nos sorprenda ver, a posteriori, como este argumentario político es repetido por los “tertulianos/as” profesionales que en distintos medios de comunicación, repiten como un “mantra” el argumento dictado desde los aparatos de los partidos políticos. Amplificando su transmisión y consolidando su voluntad de verosimilitud, ya que la misma es apoyada por personas ajenas al partido (generalmente analistas políticos o profesionales de los medios de comunicación cercanos al poder o al partido político en cuestión), pero que gozan de prestigio social.</p>
<p>Cada sociedad tiene su momento en la historia y sus paradigmas que intentan responder a los retos que se van planteando en el día a día y anticipar los futuros. Ese fue uno de los retos de la sociedad alemana en 1936 y 1937, los dos años en los que se centra la mencionada novela. Vislumbrar azarosamente el peligro que como sociedad se estaba materializando desde 1933, ser capaz de dimensionar el insondable abismo que se cernía sobre ella. El bien contra el mal, en esa eterna lucha, tantas veces repetida. Las Memorias de Bastian Höss nos legan el recuerdo de un tiempo no tan lejano.</p>
<p>La novela, centrada en casi toda su trama argumental en Berlín, también habla del deterioro de la sociedad berlinesa, de sus valores cosmopolitas, de cómo la intoxicación del régimen fue permeando la ciudad y a sus habitantes, de cómo un corrosivo veneno lo invadió todo hasta sepultar la libertad, hasta adormecerla en un marco aparente de legalidad. Habla, cómo no, de los judíos, de los comunistas, de los ciudadanos que ya en esos dos años, 1936-1937, perdían su trabajo e iban perdiendo sus derechos ante la pasividad, en algunos casos o la complacencia, en muchos otros, de la sociedad civil alemana. Pero, sobre todo, el hilo conductor de toda la trama de la novela es la moral frente a la amoralidad, la virtud, frente a la perversión, los valores y la justicia, frente a la arbitrariedad y el terrorismo de Estado. Es en este universo de tensiones en el que habitan los distintos protagonistas de la historia; unos, simplemente amoldando con resignación su vida a cada cambio, a cada nueva coyuntura, que les hace constatar que el mundo que conocieron, que el universo imperfecto pero democrático en el que se desarrollaban sus vidas, ya formaba parte del pasado. Otros, los más valerosos, luchando. En la novela, como en la vida real, no hay héroes, sólo ciudadanos normales que luchan contra un Estado totalitario y asesino, que luchan por los valores en los que creen, que luchan, en definitiva, por nuestra imperfecta sociedad democrática.</p>
<p>Espero que el mundo en el que vivimos actualmente, su sociedad, sea cada vez mejor. Para ello, así lo creo, los ciudadanos debemos involucrarnos más, debemos sentirnos concernidos ante nuestra imperfecta democracia, no sólo cada cuatro años, sino cada día, cada semana. Máxime si, como hemos visto estos últimos años, importantes actores e instituciones del sistema no han estado a la altura, nos han fallado. Como les pasó a algunos de los personajes de la novela, pero basado en la historia real europea, no esperemos que sean otros los que hagan las cosas por nosotros. No creamos que podemos cambiar el <em>status</em> quo sentados cómodamente en el sofá de casa con el mando a distancia de la televisión en la mano. Las democracias garantizan deberes y derechos, pero son los hombres los que deben luchar por ellos.</p>
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