Irene Núñez
Asesora de Comunicación Política e Institucional

Hay perfiles que no solo ocupan espacios, sino que los transforman. La politóloga y onubense Ana Salazar llega a la presidencia de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) con la maleta llena de datos tras una sólida trayectoria profesional y, también, con una agilidad mental forjada en disciplinas poco comunes en los despachos de consultoría. Quienes la conocen de cerca saben que su «rock and roll» no es solo una frase hecha: es el arrojo y disciplina de quien practica deporte, la curiosidad de quien ha estudiado magia para entender cómo funciona la atención, y la mirada de quien se fascina por la actuación, comprendiendo que un líder es presencia sobre las tablas. En un ecosistema saturado por la polarización y el ruido algorítmico, Salazar asume el mando de la asociación de referencia en España y Latinoamérica no solo para analizar la política, sino para reconectarla con la realidad.
Asumes el timón de ACOP en un cambio de ciclo evidente. ¿Qué significado personal y profesional tiene para ti liderar la asociación en este contexto tan convulso?
2025 ha sido un año de inflexión en mi vida. A veces el cuerpo avisa antes que la cabeza. Empecé a desorientarme conduciendo por Sevilla, a no saber leer el GPS, y entendí que no era solo un problema de mapas, sino de no saber leer mi propio mapa interior. Ahí comprendí que algo no iba bien. Me diagnosticaron un trastorno de estrés postraumático, agravado por años de autoexigencia, y tomé una decisión clave: priorizarme. Dejé de hacer cosas por inercia y empecé a rediseñar mi vida en torno a lo que me hace bien. En ese nuevo mapa, ACOP brillaba con luz propia.
ACOP es mucho más que una asociación profesional: es un espacio donde me siento en mi elemento, donde comparto ideas y comunidad. En lo humano me nutre; en lo profesional, me orienta. Hoy me interesa menos la acción directa y más la observación: entender cómo la tecnología está moldeando el comportamiento político y cómo fortalecer la democracia en este tiempo convulso. Tras más de 20 años en estrategia electoral, ahora me seduce el análisis y la divulgación.
ACOP representa ese nuevo horizonte. Hay una “match” entre mi momento vital y el de la asociación. Liderar este proyecto me hace feliz, porque liderar no es imponer, sino emprender con otros. Y eso es lo que llevo haciendo desde que salí de la facultad.
«Liderar este proyecto me hace feliz, porque liderar no es imponer, sino emprender con otro»
Te has comprometido a una ACOP con “más rock and roll”. ¿Cómo se traduce ese ritmo en una estructura académica y profesional? ¿Qué hitos planeas en estos primeros 365 días que nos confirmen que la música —y el espectáculo—ya ha comenzado?
Cuando digo que quiero una ACOP con más rock and roll, no hablo de música, sino de una actitud. El rock cuestiona lo establecido para crear algo mejor. Hay una peli, Radio Encubierta, que cuenta cómo, en los años 60, una emisora pirata desafió al gobierno británico a través de la música. El rock allí fue resistencia, fue voz.
Una ACOP con más rock and roll es una asociación con actitud: valiente, colaborativa y con identidad. Queremos sonar fuerte, sí, pero también afinado. En este primer año vamos a centrarnos en tres líneas claras: presencia (física y digital), voz (posicionamiento público) y proyección internacional. La gente está muy enchufada, es el momento.
Quieres reforzar tanto la proyección internacional como la relación con instituciones públicas. ¿Cómo se articula esa doble estrategia?
El anterior equipo ya abrió alianzas en Latinoamérica, y ahora queremos fortalecerlas y abrir nuevas líneas con universidades, asociaciones profesionales, partidos e instituciones. Hemos constituido un equipo específico de socios y socias de la región, coordinado por Aldo de Santis, para diseñar una estrategia de conexión real entre orillas.
En paralelo, trabajamos para que ACOP sea un interlocutor válido en todo lo que afecta a la comunicación política: desde el vínculo con la ciudadanía hasta el impacto de la tecnología o los cambios culturales. En ese sentido hemos activado dos palancas clave: el Comité de Incidencia Pública y la delegación en Bruselas, que nos conecta con el debate europeo. ACOP es criterio y futuro. Y estamos aquí para que se note.

“Una ACOP con más rock and roll es una asociación con actitud: valiente, colaborativa y con identidad”
Ninguna campaña se gana sola. ¿Quiénes te acompañan en esta nueva etapa al frente de ACOP? ¿Qué papel va a desempeñar tu equipo en el despliegue del proyecto?
Ya he podido hablar con unas 150 personas de ACOP, y mi objetivo es llegar a todas. Escuchar qué les interesa y qué quieren construir en esta etapa.
Hemos planteado un modelo de participación que sea ligero y horizontal: pequeñas tareas repartidas entre muchas personas. Queremos que implicarse no sea una carga, sino algo que conecte. El Consejo Directivo no lo hace todo: nuestro trabajo es facilitar, distribuir y cuidar que el tiempo invertido tenga impacto y valor. Esa es nuestra forma de liderar.
Con más de 30 procesos electorales a tus espaldas, ¿cuál es esa verdad incómoda que has aprendido sobre la comunicación política y que, como en un buen truco de magia, ocurre a la vista de todos pero nadie logra ver?
La magia y los juegos de ilusionismo me fascinan. Un buen truco siempre parte de una historia que guía la atención del público, mientras lo importante ocurre en otro lugar. Luces, música y gestos están pensados para distraer.
Pero hay honestidad en ese pacto: en la magia existe un contrato claro con el público. Sabes que hay un truco y lo aceptas porque quieres que te sorprendan. En política, el contrato es otro, por eso me preocupan las campañas llenas de fuegos artificiales y titulares vacíos. Una cosa es usar la estrategia y otra muy distinta es llenar la sala de espejos para no ver al elefante que está en medio.
Hay campañas que agitan sin proponer. Ahora bien, también hay campañas serias, con contenido, que ganan elecciones. Aunque sean menos mediáticas son igualmente eficaces.
La magia tiene su lugar. Pero en democracia no se trata de deslumbrar, sino de responder. Y, sobre todo, de no perder de vista al elefante.
Muchos analistas hablan de la polarización, la desinformación y el auge de la IA como amenazas democráticas. ¿Qué papel puede jugar ACOP frente a estas dinámicas?
El papel de ACOP ante fenómenos como la polarización, la desinformación o la irrupción de la inteligencia artificial es imprescindible. Ya se avanzó en el anterior mandato con un código ético centrado en el uso responsable de la tecnología. Ahora toca ir más allá: fijar posiciones claras y proponer soluciones útiles.
Quienes trabajamos en comunicación política sabemos cómo se construyen los discursos y se movilizan emociones. Poner ese conocimiento al servicio de la democracia es una de las misiones más urgentes que ACOP puede asumir hoy.
No se trata solo de estar al día, sino de aportar criterio cuando más falta hace.
¿Cuánto del olfato de tu consultora y de la disciplina diaria del entrenamiento de calistenia vas a inyectar en la gestión de una asociación que a veces tiende a la pausa académica?
En la calistenia trabajas con el peso de tu propio cuerpo. No necesitas máquinas, solo técnica, constancia y estrategia. En ACOP pasa como en calistenia: no tenemos grandes máquinas ni presupuestos, pero sí técnica, constancia y un equipo potente. Como en una campaña de bajo presupuesto, aquí cada paso cuenta, y todo tiene que sonar fuerte y afinado.
Mirando al futuro, ¿qué métrica o señal te dirá, al terminar tu mandato, que tu paso por la presidencia ha sido un éxito?
Mediremos con dos tipos de indicadores: los hitos SMART que presentamos como hoja de ruta (y que cada socio o socia tiene en su bandeja de entrada), y algo igual de importante, aunque menos medible: que la gente haya querido estar, participar y volver. Si logramos conectar, lo demás vendrá solo.
“Trabajamos para que ACOP sea un interlocutor válido en todo lo que afecta a la comunicación política: desde el vínculo con la ciudadanía hasta el impacto de la tecnología o los cambios culturales”
Para esas personas jóvenes que nos leen y aún miran a ACOP desde la barrera: ¿por qué este es el momento exacto para saltar al ruedo y sumarse al proyecto de ACOP?
Ser de ACOP mola. Da visibilidad, crea redes y abre oportunidades reales. Aquí nacen muchas sinergias que se convierten en proyectos, colaboraciones o incluso nuevos caminos profesionales. Yo también empecé mirando desde la barrera. Me asocié por un congreso internacional, luego lo dejé pasar… y tiempo después volví. Menos mal porque la relación con los pares es una variable fundamental para crecer. A quienes tengan dudas, solo les digo que salten, que merece la pena.