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	<title>Francisco Seoane Pérez archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Francisco Seoane Pérez archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>¿Sueñan los bots con ganar elecciones?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jan 2018 15:06:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[BIG DATA]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación Política Computacional]]></category>
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		<category><![CDATA[investigación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La investigación se suma a la moda del big data Por Javier Ruiz Soler, @jaruizso Investigador doctoral en el Instituto Universitario Europeo de Florencia y Francisco Seoane Pérez, @PacoSeoanePerez Profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid En uno de sus célebres aforismos que, cual cuartetas de Nostradamus, tardarían décadas en comprenderse en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>La investigación se suma a la moda del <em>big data</em></h2>
<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Javier Ruiz Soler,</span> <a href="https://twitter.com/jaruizso"><strong>@jaruizso</strong></a> <strong>Investigador doctoral en el Instituto Universitario Europeo de Florencia y</strong> <span class="DestacadoB">Francisco Seoane Pérez,</span> <strong><a href="https://twitter.com/pacoseoaneperez?lang=es">@PacoSeoanePerez</a> Profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid</strong></p>
<p>En uno de sus célebres aforismos que, cual cuartetas de Nostradamus, tardarían décadas en comprenderse en toda su magnitud, McLuhan decía que “en la era de la sobreabundancia de la información, la clave para sobrevivir es el reconocimiento de patrones”. Reconocer patrones es lo que hace Google (nos ofrece un listado de enlaces ordenado según un algoritmo) y cualquier agencia gubernamental encargada de la seguridad (nuestros pasaportes pasan un control que en décimas de segundo detecta si pertenecemos a un patrón peligroso comparando distintas bases de datos). Reconocer patrones es también lo que hacen los consultores políticos (segmentando el mensaje según las audiencias de interés) y los investigadores en comunicación política, que necesitan de aplicaciones informáticas para obtener información significativa a partir del escaneado automático de millones de tuits y posts en redes sociales. redes sociales. El procesamiento estratégico de millones de datos (<em>big data</em>) y la utilización de tecnologías que aprenden procesamiento estratégico de millones de datos (<em>big data</em>) y la utilización de tecnologías que aprenden a reconocer patrones de nuestro interés (<em>machine learning</em>) cobran un papel protagónico, reivindicando la actualidad de McLuhan.</p>
<p><strong>1. Comunicación Política Computacional</strong></p>
<p>El uso de métodos computacionales se está extendiendo entre las diferentes disciplinas académicas, y la comunicación política no podía ser ajena a ello. Esta tendencia se plasma en cada vez más seminarios y conferencias donde las ciencias sociales y la informática quedan integradas y complementadas una con la otra. Este es el caso de la <a href="http://www.ic2s2.org/">International Conference on Computational Social Sciences</a> o proyectos como <a href="http://www.sobigdata.eu/">So Big Data</a>. Potentes y complejos algoritmos usados para analizar cantidades enormes de datos. Estos datos, en gran parte, son los rastros que dejan los usuarios en Internet, consciente o inconscientemente, cuando interactúan, compran, navegan, etc. Internet se ha convertido en una gran base de datos sobre nuestro comportamiento y tendencias, incluidas las políticas. Compañías de todo tipo, organizaciones y también partidos políticos, hacen cada vez más uso de esos datos para su propio beneficio.</p>
<p>El análisis de datos a través del <em>network analysis</em> ha cobrado cierta importancia en los últimos años. No es que sea una metodología nueva, pero numerosos estudios se han beneficiado recientemente de la metodología para analizar relaciones y comportamientos tanto en temas políticos con los datos de las redes sociales, y haciendo uso de potentes ordenadores para mover los millones de datos. En ese sentido, Sandra González-Bailón, profesora en la Annenberg School for Communication de la Universidad de Pensilvania, y directora del grupo de Investigación Digital Media, Networks &amp; Political Communication (Dimenet), acaba de publicar un nuevo libro, <em>Decoding the social world</em> (MIT Press, 2017), en el que explica cómo fenómenos sociales que antes solo se podían observar en sus consecuencias (por ejemplo, el “contagio” de una protesta, una moda, o una innovación científica) se pueden ahora entender, explicar y decodificar gracias al análisis de los rastros digitales de nuestra actividad que permiten las nuevas tecnologías computacionales.</p>
<p>Otro ejemplo más cercano es el análisis de la interacción sobre los datos generados en Twitter alrededor del referéndum catalán en numerosas noticias publicadas por <em>El País</em>. O también el del proyecto de investigadores Complexity Lab Barcelona de la Universidad Pompeu Fabra, y de la Asociación Heurística Barcelona. Usando <em>network analysis</em> realizan interesantes análisis sobre distintos aspectos de la interacción en Twitter sobre “el tema catalán”. Sus resultados se pueden encontrar en <a href="http://www.medium.com/@Enred10">www.medium.com/@Enred10</a></p>
<p>Sin embargo, <em>network analysis</em> no es el único método computacional para el estudio de la comunicación política. Otro método que está cobrando fuerza es el de análisis del sentimiento. Voices From The Blogs, una <em>start-up</em> derivada de la experiencia del Departamento de Ciencia Política de la de la Universidad de Milán en el análisis del sentimiento en las redes sociales, ha realizado diversos estudios. En ese sentido los profesores Luigi Curini, Andrea Cerón y Stefano Maria Iacus han publicado <em>Politics and Big Data</em> (Routledge 2017), donde presentan un análisis comparativo sobre la importancia de las redes sociales en las campañas electorales, evaluando la evolución de las opiniones <em>online</em>.</p>
<p>Es solo cuestión de tiempo que veamos, si no lo hemos visto ya, investigaciones que usan cada vez más datos en el ámbito de las comunicaciones digitales, y analizadas a través de métodos computacionales. Es una rama en la comunicación política que irá adquiriendo cada vez más importancia.</p>
<p><strong>2. Máquinas versus humanos: la rebelión de los <em>bots</em></strong></p>
<p><em>Bots</em>, esos pequeños programas informáticos que efectúan automáticamente tareas como puede ser la publicación de tuits, han tomado el protagonismo este año. Diversos estudios analizan su impacto en la difusión de información. ¿Realmente son tan influyentes? Su nivel de sofisticación hace que cada vez sea más difícil su identificación. Brenda Moon ha escrito sobre ello en el artículo “Identifying bots in the Australian Twittersphere” (2017).</p>
<p>Con algoritmos cada vez más complejos, estos ejércitos de diseminación de propaganda, o de interrumpir conversaciones, están cada vez más presentes. Un caso reciente lo tenemos cuando <em>El País</em> publicó diferentes noticias sobre la injerencia de bots rusos en las noticias y conversaciones <em>online</em> sobre el referéndum catalán. Facebook, y especialmente Twitter, han tomado nota después de los casos en las elecciones americanas del 2016, y de la francesa y alemana del 2017. Estas dos plataformas ya están diseñando sistemas para la identificación de <em>bots</em> y su eliminación.</p>
<p>A pesar de eso, en un reciente artículo en <em>The Economist</em>, en su número de noviembre de 2017, se plasmaba la idea de cómo las redes sociales, que en un primer momento estaban llamadas a ser estructuras democratizadoras, han acabado por convertirse en diseminadores de propaganda partidista -y muchas veces falsa-. Hay numerosos estudios científicos que apuntan en la misma dirección: cómo los <em>bots</em> políticos están afectando de forma negativa a la democracia y a la comunicación política. En el artículo “From Liberation to Turnoin: Social Media and Democracy”, por Tucker Theocharis y Barberà (2017) se expone cómo los medios sociales son usados tanto para dar voz a aquellos que antes no la tenían, como para usarlos como herramientas pa­ra todo lo contrario. Otro ejemplo claro es el artículo académico “<em>Bots</em> without borders: how anonymous accounts hujack political debate”, por Katina Michael (2017).</p>
<p>Las citas electorales del próximo año alrededor del mundo van a ser estudiadas muy de cerca en el ámbito digital. El Computational Propaganda Project de la Universidad de Oxford ya está en ello. Es más, ya ha demostrado que en la campaña presidencial americana de 2016, estados clave en los que Trump ganó por un mínimo margen (Pensilvania, Florida y Michigan, entre otros) registraron una concentración de noticias falsas difundidas por Twitter superior a la media. Según Emilio Ferrara, investigador de la University of Southern California, uno de cada cinco tuits políticos sobre dicha campaña presidencial fue generado por <em>bots</em>.</p>
<p>Un investigador español, Javier Lesaca, publicó en el <em>Washington Post</em> los resultados de su estudio sobre la injerencia rusa en la conversación digital sobre el referéndum catalán (22 de noviembre de 2017). Tras analizar más de cinco millones de mensajes en redes sociales, Lesaca descubrió que los enlaces sobre Cataluña compartidos por webs pro-rusas como RT News o Sputnik que tuvieron más difusión en las redes sociales eran favorables a la independencia. Eso sí, los responsables de dicha viralidad no eran seres humanos, sino cuentas zombis o <em>bots</em>: solo 9 de las 100 cuentas más activas en el retuiteo de los mensajes de estas webs pro-rusas registraban un comportamiento que se pudiera considerar humano.</p>
<p>Pero los <em>bots</em> en sí no son malos. Existen <em>bots</em> que son herramientas muy útiles para ser informado sobre temas políticos. <a href="http://www.politibot.io/">Politibot</a> es un bot para la plataforma Telegram y Facebook Messenger. Este pequeño bot facilita información al ser preguntado sobre actualidad política, con encuestas y visualizaciones. Este tipo de <em>bots</em> son una ayuda que cualquier ciudadano puede acceder para consultar información. En el ámbito de la comunicación política, es un campo con enormes posibilidades de investigación para el futuro.</p>
<p><strong>3. ¿Tiene impacto lo que investigamos los académicos? La lucha por la relevancia</strong></p>
<p>En un reciente artículo publicado en <em>el Journal Political Communication</em>, el profesor Rasmus Kleis Nielsen se preguntaba por la irrelevancia pública de los académicos dedicados a la comunicación política. La atención mediática a sucesos que son claramente nuestro objeto de estudio (el populismo de Donald Trump, la sorpresiva victoria del brexit, la propaganda rusa de nuevo cuño) contrasta con la escasa presencia de los estudiosos de la comunicación política como fuentes expertas en esas informaciones. Nielsen, que ha sido nombrado recientemente como el primer profesor de Comunicación Política en la Universidad de Oxford, criticaba el ensimismamiento académico de los investigadores, habitualmente preocupados por escribir para sus colegas en revistas con revisión por pares. Nielsen sugiere que quizá haríamos bien en aprender de un pionero en nuestro campo, el vienés Paul F. Lazarsfeld, que investigaba sobre aquellos aspectos de la comunicación política que más interesaban a empresas y gobiernos.</p>
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		<title>Fake news: ¿qué hay de nuevo?</title>
		<link>https://compolitica.com/fake-news-que-hay-de-nuevo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Sep 2017 09:08:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[Fake news: ¿qué hay de nuevo?]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Seoane Pérez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Francisco Seoane Pérez, @PacoSeoanePerez Profesor de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid Los orígenes del periodismo profesional que se enseña todavía en las escuelas y facultades de comunicación pueden localizarse en el libro Liberty and the news (1920), un compendio de artículos en el que Lippmann daba cuenta de las manipulaciones sobre la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Francisco Seoane Pérez, <a href="https://twitter.com/pacoseoaneperez?lang=es">@PacoSeoanePerez</a> Profesor de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid</strong></p>
<p>Los orígenes del periodismo profesional que se enseña todavía en las escuelas y facultades de comunicación pueden localizarse en el libro <em>Liberty and the news</em> (1920), un compendio de artículos en el que Lippmann daba cuenta de las manipulaciones sobre la Revolución Rusa de las que había sido víctima el New York Times. A partir de entonces Lippmann se convertiría en el adalid de la profesionalización del periodismo y en un demoescéptico muy en la línea de Ortega y Gasset: la democracia ponía demasiado poder en masas desinteresadas y desinformadas. El único antídoto era una prensa profesional dispuesta a comportarse como un ciudadano a tiempo completo.</p>
<p>En 2016, la elección de un presidente posmoderno en EE. UU. se atribuyó en gran medida a los medios sociales: Facebook y Twitter habrían posibilitado la efervescencia de burbujas de opinión receptoras de noticias falsas que a su vez habrían encumbrado a un showman misógino e histriónico como Donald Trump. Los medios tradicionales, en su mayoría adeptos a Hillary Clinton, habrían sufrido una palmaria derrota como formadores de opinión. De repente, los medios periodísticos ya no eran poderosos, sino demasiado débiles. Pese a ello, Trump cargará contra ellos tildándolos, irónicamente, de ‘<em>fake news</em>’.</p>
<p>Hay algo muy viejo y muy nuevo en relación a Trump y las <em>fake news</em>. Lo viejo es la fijación de los líderes populistas con la prensa. Ocurría en los tiempos de Hitler (en los que acuñó el término <em>lügenpresse</em>, la prensa mentirosa) y ocurre en América Latina desde hace décadas. Lo nuevo es la proliferación de noticias falsas en medios sociales que dan rienda suelta a las fantasías más perversas del electorado, confirmando sus prejuicios y sus temores más íntimos, desde la homosexualidad de un Obama secretamente musulmán a las relaciones incestuosas entre Macron y las hijas de su esposa. Lo gracioso es que los beneficiarios de estas noticias falsas, además de los candidatos insurgentes o populistas que ayudan a propagarlas, son un grupo de chavales macedonios que se sacan un sobresueldo mediante los clicks en la publicidad que rodea a sus febriles creaciones. Una paga extra que, gracias al quasi-monopolio que ejercen Google y Facebook sobre la publicidad <em>online</em>, reciben de estos gigantes californianos que, irónicamente, suelen apoyar a candidatos demócratas.</p>
<p>Quizá estemos, como dicen L. O. Sauerberg y T. Pettitt de la University of Southern Denmark, ante el cierre del paréntesis que la imprenta de Gutenberg abrió alrededor del año 1.500. Los medios sociales nos traerían un revival de muchas de las características de la llamada «Primera Oralidad»: las noticias se entremezclan, se recomponen gracias a actores anónimos y nos llegan con cierto halo de sospecha. Las agresivas campañas del <em>New York Times y el Washington Post</em> para convertirnos en suscriptores no serían más que los estertores de ese periodismo profesional que se consolidó en la última fase de la era Gutenberg. En esta «Segunda Oralidad», en la que el foro de referencia son las redes sociales y no los medios periodísticos, todos seríamos más susceptibles de creer rumores congeniales a nuestros prejuicios.</p>
<p>La era de los medios de masas, con su poder casi omnímodo y su proclividad a favorecer el <em>establishment</em>, no parece muy apetecible a las generaciones de nativos digitales. Pero las encuestas nos dicen que los jóvenes todavía acuden a los medios de referencia para confirmar lo que les sorprende en las redes sociales. Mientras cerramos el paréntesis de Gutenberg, seguimos recreando eternos debates filosóficos: ¿qué es la verdad?, ¿cómo podemos conocerla?, ¿de quién nos podemos fiar?, ¿cómo saber si estamos siendo engañados?, ¿puede la democracia sobrevivir en la segunda oralidad de los medios sociales?</p>
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		<title>La UE tras el Brexit: esperando un respiro</title>
		<link>https://compolitica.com/la-ue-tras-el-brexit-esperando-un-respiro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Oct 2016 02:53:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Seoane Pérez]]></category>
		<category><![CDATA[La UE tras el Brexit: esperando un respiro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Francisco Seoane Pérez, @PacoSeoanePerez Profesor de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid Cuenta Paulo Rangel, vicepresidente del grupo popular en el Parlamento Europeo, que en sus siete años de eurodiputado nunca se había encontrado con una agenda tan apretada a la vuelta de vacaciones: Brexit, reunión de líderes europeos en Bratislava, sanciones a España [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Seoane Pérez</strong>, <a href="https://twitter.com/pacoseoaneperez?lang=es">@PacoSeoanePerez</a> Profesor de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid</p>
<p>Cuenta Paulo Rangel, vicepresidente del grupo popular en el Parlamento Europeo, que en sus siete años de eurodiputado nunca se había encontrado con una agenda tan apretada a la vuelta de vacaciones: Brexit, reunión de líderes europeos en Bratislava, sanciones a España y Portugal por incumplimiento del déficit, crisis de los refugiados, relaciones con Turquía… El proyecto europeo ha sufrido muchos baches a lo largo de sus casi 60 años, pero ninguno tan impactante como el de la previsible salida del Reino Unido tras el ajustado referéndum del pasado mayo. Por primera vez, la ‘ever closer union’ de los tratados da marcha atrás y la desintegración es ya una hipótesis posible.</p>
<p>El Reino Unido, no obstante, se hace el remolón. Para el eurodiputado laborista Richard Corbett, conocido europeísta además de notable académico, la renuencia del Gobierno británico a activar el Artículo 50 para dejar la Unión es comprensible. Desde el momento en que se invoque dicho artículo, Gran Bretaña tendrá solo dos años para negociar, y antes tiene que tener clara su posición respecto a un dilema irrenunciable: dejar el Mercado Común Europeo y tener de nuevo una barrera arancelaria con el continente, o permanecer en el Mercado sin posibilidad de influir en su legislación, como hace Noruega.</p>
<p>Deshacer los lazos con la UE no será fácil: Reino Unido tendrá que replantearse su relación con los programas de investigación europeos (Horizonte 2020), la colaboración policial (Europol), el intercambio de estudiantes (Erasmus) y, paradójicamente, tendrá que pensar si recrea a escala nacional la parte de la burocracia técnica que ya estaba comunitarizada, como la vigilancia de la aplicación de regulaciones sobre productos químicos que hasta ahora lleva la European Chemicals Agency. “Lo normal es que un referéndum cese el debate sobre la cuestión en juego, pero en este caso no ha sido así”, afirma Corbett. “Irlanda del Norte y Escocia votaron por quedarse y la web de peticiones del Parlamento ha recibido un número récord de solicitudes para la celebración de un segundo referéndum”. Quizá si los ciudadanos comunitarios residentes en Reino Unido hubiesen tenido derecho a votar en la consulta (derecho que sí tuvieron mozambiqueños o cameruneses por su condición de ciudadanos de la Commonwealth), el resultado habría sido diferente.</p>
<p>Por si fuera poco, el inicio del curso político europeo, marcado por el discurso sobre el estado de la Unión pronunciado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo a mediados de septiembre, ha coincidido con la gira de presentación del libro ‘El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa’ (Taurus, 2016), del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz. Incluso eurodiputados europeístas como el popular Pablo Zalba admiten que el euro no es sostenible en su actual condición, aunque no aventuran, como Stiglitz, su posible partición en dos, con un euro norteño y otro sureño.</p>
<p>A la fractura norte-sur se suma la división este-oeste, con los países de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) manifestando una oposición furibunda a las cuotas de refugiados sugeridas por la Comisión Europea, que ya no serán obligatorias sino voluntarias para no fracturar todavía más la Unión. Mientras tanto, Alemania y Suecia asumen más refugiados que nadie en Europa, si bien son los países en vías de desarrollo los que acogen al 85% de aquellos que buscan asilo fuera de su país, según la eurodiputada liberal sueca Cecilia Wikström.</p>
<p>La primera sesión parlamentaria de septiembre en Estrasburgo se celebró bajo unas temperaturas inusualmente altas para la época del año. Pero no hablemos del cambio climático, porque necesitamos, como la propia Unión, un respiro.</p>
<p>____</p>
<p>i El autor desea agradecer a la Representación en España de la Comisión Europea su invitación para asistir al debate sobre el estado de la Unión en Estrasburgo, celebrado el 14 de septiembre de 2016.</p>
<p>&nbsp;</p>
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