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	<title>inmigración archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>inmigración archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Las cinco ‘obsesiones’ de Donald Trump a través de su timeline</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Mar 2017 06:57:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Javier Álvarez Amaro, @javalvarezamaro Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Javier Álvarez Amaro, <a href="https://twitter.com/javalvarezamaro">@javalvarezamaro</a> Periodista. Director de la Consultora Estratégica de Comunicación Stratego CyC</strong></p>
<p>A estas alturas ya nadie duda de que Donald J. Trump es un presidente de Estados Unidos muy diferente al resto. Y no sólo por su actitud, por su manera de romper todos los paradigmas de la geopolítica y por esa capacidad inagotable de generar conflictos. Donald J. Trump también está aplicando en estas primeras semanas como presidente una estrategia de comunicación muy discutible técnicamente y que no es fácil de ver en una Administración. Esta estrategia se basa en 3 pilares:</p>
<p>• Los ‘hechos alternativos’. Sus portavoces han hecho de los ‘alternative facts’ una herramienta habitual. No entran a debatir, sólo transmiten la opinión del presidente y que sean los ciudadanos los que juzguen quién dice la verdad.</p>
<p>• “Si no te gusta lo que dicen, cambia la conversación”. Una de las reflexiones más contundentes y lúcidas de la mítica serie Mad Men parece formar parte de la estrategia transversal de Trump. Técnicamente lo mejor en este caso es usar mensajes positivos llamativos, anunciar nuevos proyectos… pero eso no va con Trump. El último ejemplo ha sido la nueva crisis de su gabinete por sus relaciones con Rusia, que resolvió acusando a Obama de pincharle los teléfonos durante la campaña electoral.</p>
<p>• Cuenta personal de Twitter. Si hay algo que distingue a Trump del resto de los presidentes es que es él, personalmente, el que desarrolla la estrategia de comunicación de su Presidencia. Y para ello no necesita notas de prensa ni portavoces experimentados. Le basta con 140 caracteres y su cuenta personal de Twitter, <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump">@realDonaldTrump</a>.</p>
<p>Su perfil está operativo desde marzo de 2009, tiene más de 26 millones de seguidores y presenta una actividad frenética que no se ha frenado con su acceso a la presidencia del país más poderoso del planeta. En este artículo analizamos los 100 tuits lanzados por Donald J. Trump en sus primeros 18 días como presidente.</p>
<p>Esos primeros 100 tuits del presidente Trump nos dan algunas de las claves que definen a su presidencia, y podemos analizar cuáles han sido, hasta la fecha, sus <strong>cinco grandes obsesiones</strong>:</p>
<p><strong>1. Inmigración:</strong> 25 tuits. Tanto el muro del que siempre habla con la frontera mexicana como los peligros de la inmigración.</p>
<p><strong>2. Medios de comunicación:</strong> 19 tuits. El presidente ya avisó de que los medios de comunicación que le critican son “enemigos del pueblo”. Especialmente duros y habituales son sus ataques al New York Times.</p>
<p><strong>3. Seguridad…</strong> o la falta de ella: 19 tuits. Mensajes de miedo en los que avisa de que la falta de control fronterizo hace de Estados Unidos un país más peligroso.</p>
<p><strong>4. Jueces:</strong> 10 tuits. La decisión de los jueces de suspender su orden ejecutiva sobre inmigración provocó la ira del presidente, que llegó a decir que serían responsables en caso de que hubiese un atentado.</p>
<p><strong>5. Obama:</strong> 7 tuits. Seguramente sea el presidente americano que más ha roto esa norma no escrita de respetar a todos los que han ostentado el cargo.</p>
<p>Nunca un <em>timeline</em> definió tan bien una presidencia.</p>
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		<title>La normalización de la extrema derecha</title>
		<link>https://compolitica.com/la-normalizacion-de-la-extrema-derecha/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2014 17:56:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al adaptarse a la lógica de los partidos tradicionales, los partidos más radicales son considerados como una opción más del espectro político.Desde la década de los años 90 los partidos de extrema derecha han ganado terreno en Europa. Este avance se debe sobre todo a una crisis económica que parece no tener fin, a una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Al adaptarse a la lógica de los partidos tradicionales, los partidos más radicales son considerados como una opción más del espectro político.Desde la década de los años 90 los partidos de extrema derecha han ganado terreno en Europa. Este avance se debe sobre todo a una crisis económica que parece no tener fin, a una creciente preocupación por la inmigración, derivada de la anterior, y a la percepción ciudadana de que ni la derecha, ni la izquierda tradicionales consiguen gestionar adecuadamente la situación política. Todo ello enmarcado en un contexto en que las instituciones europeas aumentan su control sobre los Estados miembro, imponiendo duros recortes económicos y de garantías sociales.</h2>
<p><span class="DestacadoB">Sandra Bravo</span>, Asesora de comunicación, <a href="https://twitter.com/Sandra_BI">@Sandra_BI</a></p>
<p>Uno de los ejemplos más sonados del poder de movilización de la extrema derecha se dio en el año 2002 en Francia, cuando Jean Marie Le Pen desbancó al socialista Lionel Jospin y se plantó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales contra Jacques Chirac. Su partido, el <em>Frente Nacional</em>, abogaba por la expulsión de los inmigrantes ilegales, la salida del euro y la defensa de los valores menos libres, fraternos e igualitarios.</p>
<p>En 2005, el austríaco Jörg Haider fundó la <em>Unión por el Futuro de Austria</em> (BZÖ), una escisión del ya extremista <em>Partido Liberal Austriaco</em> (FPÖ) que él mismo lideraba y que en 1999 fue la segunda fuerza más votada del país. Jörg Haider, famoso por su carisma y su retórica populista pronazi, murió en un accidente de coche a los cincuenta y ocho años de edad. Pero su legado se mantiene en Austria y, aunque el BZÖ ha perdido fuelle respecto a años pasados, el FPÖ obtuvo en las elecciones generales de 2013 el 20,5% de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza política.</p>
<p>Pim Fortuyn fue, hasta su asesinato en 2002, el referente de la extrema derecha holandesa. Abiertamente homosexual y católico devoto, abanderó un discurso xenófobo y anti-isla­mista, ideología que consideraba retrógrada y homófoba. Actualmente, Geert Wilders ocupa el espacio ideológico de Fortuyn con su <em>Partido de la Libertad</em>, que obtuvo el 10,1% de los votos (15 escaños) en las últimas eleccio­nes generales de 2012.</p>
<p>Bélgica, el país de las instituciones europeas, tampoco se libra de la ultra derecha, sobre todo entre la comunidad flamenca, donde el <em>Vlaams Belang</em> (Interés Flamenco) es una de las fuerzas políticas más votadas.</p>
<p>La lista es extensa: tenemos el partido de <em>Los Verdaderos Finlandeses, los Demócratas de Suecia, el Partido Popular danés, la Unión Nacional de Ataque de Bulgaria, la formación húngara Jobbik</em> (Hungría Mejor), <em>la Liga de las Familias Polacas, el Partido Gran Rumanía, Amanecer Dorado en Grecia, la Liga Norte italiana, la lituana Orden y Justicia</em>, el partido <em>Todo por Letonia</em> o <em>la extrema derecha suiza</em> (SVP) –país donde se acaba de aprobar por referéndum limitar la entrada a trabajadores de la UE-. Con mayor o menor protagonismo, parece que ningún rincón de Europa se libra de los extremos.</p>
<p>En el verano de 2011, Noruega vivió su peor masacre desde la II Guerra Mundial en una matanza en aras de una ideología ultra y xenófoba. Anders Behring Breivik irrumpió en la isla de Utøya, donde se celebraba un campamento de las juventudes del <em>Partido Laborista</em>, y abrió fuego indiscriminadamente contra los asistentes. El saldo provisional de víctimas fue de setenta y siete muertos y más de cien heridos.</p>
<p>En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, en países como Holanda, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia la extrema derecha obtuvo más de un 10% de los votos, a la vez que en Finlandia, Rumanía, Grecia, Francia, Reino Unido y Eslovaquia se hacía con entre el 5 y el 10% de los sufragios.</p>
<p>Todo parece apuntar, como así lo señalaron en rueda de prensa Marine Le Pen, heredera de su padre al mando del <em>Frente Nacional</em> francés, y el holandés Geert Wilders, que los partidos de extrema derecha intentarán formar un grupo parlamentario propio tras las eleccio­nes del próximo mes de mayo al Parlamento Europeo. Para ello necesitan contar con 25 escaños de al menos 7 Estados miembro. ¿Su objetivo? Acabar con la Unión Europea desde dentro y devolver la soberanía a sus respecti­vos países. En palabras de la propia Marine Le Pen: “Ha llegado el momento de la solidaridad entre los patriotas de Europa, el verdadero movimiento que sigue el curso de la Historia. La Unión Europea, como todos los imperios, se derrumbará sobre sí misma. Queremos decidir nuestro destino, porque los políticos europeos actuales luchan por ostentar un poder que luego no ejercen. Hay que recuperar la soberanía”.</p>
<p><strong>¿Los partidos de extrema derecha son todos iguales?</strong></p>
<p>No, aunque tengan muchos puntos en común. Vuelvo a citar a Marine Le Pen: “hasta en un matrimonio hay diferencias de opinión”. Pero sin duda lo que les une es infinitamente mayor que los matices que les separan.</p>
<p>En los últimos años, los partidos de extrema derecha han sabido dulcificar su imagen, mo­dernizar sus formas y adaptarse a la lógica de funcionamiento de los partidos tradicionales para <em>camuflarse</em> entre ellos. Su estética, en definitiva, es como la de cualquier otro partido, aunque defiendan valores xenófobos, intole­rantes y derrotistas.</p>
<p>En líneas generales, la extrema derecha ha des­plazado su antisemitismo y ataque a los homosexuales por una demonización de la inmigración ilegal y, especialmente, de la comunidad islámica. Podría decirse que en cuestión de o­dios también existen modas o, lo que viene a ser lo mismo, mayor o menor rentabilidad electoral.</p>
<p>En la formulación de sus discursos, los partidos de la derecha más radical entonan fórmulas comunes, cercanas, provistas incluso de un aura pseudo-progresista que captan también a votantes tradicionales de la iz­quierda que se ven directamente afectados por la crisis económica. La extrema derecha ha comprendido que para ser considerada como una opción de gobierno debe abordar los temas que preocupan a la sociedad: el empleo, la educación, la sanidad pública, entre los que va intercalando su moral fascista y sus valores xenófobos.</p>
<p>De manera hábil e inteligente, los partidos de extrema derecha han sabido abanderar el discurso que más cala entre la población menos formada y más temerosa: el discurso del odio y del miedo. Se dirigen a la parte más emocional del votante, con un claro enemigo al que atacar: el otro, lo ajeno, lo diferente. Avivan el pavor de muchos ciudadanos a perder su empleo, su seguridad, su papel en la sociedad… acusando al inmigrante, al de fuera, de ser el culpable de todos los males y de privar a los autóctonos de derechos que creen exclusivamente suyos. En pocas palabras: respuestas simplistas y falaces a problemas complejos; respuestas que calan con facilidad y se difunden viralmente por sí solas.</p>
<p>Los líderes de extrema derecha aseguran, en cambio, que su discurso no es un discurso de odio, sino que es cuestión de prioridades, de atender primero a los de casa –lema de campaña que utilizó <em>Plataforma per Catalunya</em> en las elecciones autonómicas de 2010- en vez de <em>a los de fuera</em>. De hecho, la protección de lo propio es uno de los valores más defendidos por la extrema derecha: si los recursos son escasos, si no hay <em>sitio</em> para todos, si la población está sufriendo, la solución es reducir el número de gente entre quien repartir, donde siempre sobran los mismos: los inmigrantes.</p>
<p>Tras una imagen moderna, desprovista de la <em>parafernalia</em> fascista y neonazi de tiempos pa­sados, la extrema derecha mantiene su esen­cia: acusar al otro del mal propio. El imperio de la ley, el orden, la justicia, los valores de la familia tradicional, la excelencia, la pureza… son algunos de los conceptos más utilizados para persuadir a los votantes, lanzados con más o menos carisma en discursos y mítines al uso –como cualquier otro partido podría hacer-, utilizando un lenguaje tremendista y emocional.</p>
<p>En líneas generales, la extrema derecha aboga por el libre mercado de mercancías y divisas, al tiempo que intenta establecer <em>aranceles humanos</em>. No a la intervención económica, pero sí a la intervención moral, aquella que permite asegurar que la solución a todos los males es evitando la mezcla, el multiculturalismo, la convivencia entre diversas nacionalidades, porque todos los de fuera –aunque ese todos excluya a la inmigración occidental con capacidad adquisitiva- se aprovechan del sudor de los de dentro y se benefician de derechos que ellos no consiguen disfrutar.</p>
<p>En Europa, además, los partidos de la derecha más radical, se caracterizan por una marcada eurofobia: no aceptan las imposiciones de los órganos de gobierno comunitarios y creen que recuperando su plena soberanía sus paí­ses funcionarían mejor, sin nadie que les diga cómo gestionar sus recursos económicos y mucho menos los humanos.</p>
<p>Si acudiéramos a un acto de un partido de extrema derecha y no pudiéramos entender nada de lo que dicen, solo observarlos, ten­dríamos la sensación de estar en un acto político cualquiera, salvo contadas excepciones. La disciplina, tan presente en el seno de estos partidos, y la arenga típica de sus discursos se han desprovisto de cualquier estética militar. Ahora son uno más y defienden sus ideas sin complejos, utilizando los mismos canales y mecanismos que cualquier otro partido.</p>
<p>El principal problema de la <em>normalización</em> de la extrema derecha, aunque en ciertos lugares como en España no haya tenido una aceptación generalizada, es el efecto contagio a los partidos mayoritarios de derechas. Ante el temor de la fuga de votantes en un contexto económico especialmente desfavorable, los partidos de derecha tradicionales adoptan partes del discurso más extremista, sobre todo en campañas electorales.</p>
<p>La fuga por la derecha</p>
<p>En España, hasta el momento, el <em>Partido Popular</em> ha aglutinado todo el voto de la de­recha, con la excepción de algunos partidos de extrema derecha que, salvo contadas excep­cio­­­­­­­­­­­­­­­­­nes en elecciones municipales y autonómicas –<em>España 2000, PxC-</em>, no han tenido resultados significativos.</p>
<p>No obstante y en cuestión de poco tiempo, el <em>Partido Popular</em> ha visto tambalear su estructura aparentemente férrea, recibiendo duras críticas internas por su tibio posicio­namiento en aspectos clave, como la política territorial o la gestión de la tregua de ETA y, especialmente, la doctrina Parot.</p>
<p>En 2011 el exministro Francisco Álvarez Cascos fundó su propio partido, <em>Foro Asturias</em>, con el que se presentó a las pasadas eleccio­nes autonómicas. Más recientemente, Alejo Vidal-Quadras, vicepresidente y eurodiputado del Parlamento Europeo, decía a modo de despedida: “Yo no he cambiado, me veo obligado a irme para seguir en el mismo sitio”. Vi­dal-Quadras ha fichado por el nuevo partido de Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara, <em>Vox</em>. Quien asegura no irse a la competencia, pero ha renunciado a encabezar la candidatura a las europeas es Jaime Mayor Oreja, actual eurodiputado con un pasado glorioso en el PP. Él mismo había hecho patente su desavenencia con la política antiterrorista de Rajoy, motivo por el que no estaría dispuesto a defenderla en una campaña electoral frente a <em>Vox</em>.<br />
Los impulsores de <em>Vox</em> aseguran que en las elecciones europeas solo aspiran a darse a conocer, pero sin duda, si la iniciativa sigue adelante y se presentan a las próximas eleccio­nes generales, será la primera vez en que un partido con una estética moderna y al uso compita por arañar votos desde la derecha del <em>Partido Popular</em>. En su manifiesto fundacional, <em>Vox</em> asegura que: “Es urgente una reacción vigorosa de la sociedad civil que fortalezca nuestra estructura política y abra paso a un cambio profundo de nuestra perspectiva ética. Hemos de guiarnos por valores fuertes que nos sitúen en el mundo con capacidad de competir con éxito y de ser respetados. España no ha de ser percibida como un problema a resolver, sino como un ejemplo a imitar.”</p>
<p>La moral, la unidad de España, la no-intervención estatal y el cese de las subvenciones públicas, la excelencia y el compromiso son algunos de los valores que repiten en su carta fundacional. Faltaría por ver, en una hipotética campaña electoral, qué posición adoptan respecto a temas como la inmigración y la integración cultural. ¿Guardará similitudes con los partidos de extrema derecha europeos? ¿Forzará al <em>Partido Popular</em> a reposicionarse en algunos aspectos para evitar la fuga de votos? Son preguntas a las que en breve podríamos dar repuesta. g</p>
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		<title>Australia castiga a su Gobierno</title>
		<link>https://compolitica.com/australia-castiga-a-su-gobierno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 16:59:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Los australianos acudieron a las urnas el pasado 7 de septiembre para decidir su gobierno federal y dar la victoria a Tony Abbott, líder de la Coalición Liberal Nacional. La previsible desaceleración de la economía australiana, así como la falta de unidad interna, castigaron con la derrota a un gobierno laborista que ha ostentado el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Los australianos acudieron a las urnas el pasado 7 de septiembre para decidir su gobierno federal y dar la victoria a Tony Abbott, líder de la Coalición Liberal Nacional. La previsible desaceleración de la economía australiana, así como la falta de unidad interna, castigaron con la derrota a un gobierno laborista que ha ostentado el poder durante seis años. Unas elecciones definidas como ‘No vencidas por la oposición, sino perdidas por el Gobierno’.</h2>
<p><span class="DestacadoB">Pía García Simón</span>, Buchan-Corporate Affairs &amp; Public Relations, (Sidney, Australia), <a href="https://twitter.com/PiaSimon">@Piasimon</a></p>
<p>El recuento no había llegado a su tér­mino, cuando Kevin Rudd, líder del partido laborista, reconoció públicamente su derrota en rueda de prensa, presento su dimisión y anunció que no se presentaría como candidato para las próximas elecciones, aunque sí mantendrá su sitio por Brisbane, capital de la región de Queensland.</p>
<p>Mientras tanto, el Primer Ministro británico David Cameron, escribía en twitter:<em> ‘Será estupendo trabajar con otro líder de centro-derecha’</em>; y los medios orquestados por Ruppert Murdoch aclamaban finalmente a un Tonny Abbott al que habían demostrado claramente su simpatía. Abbott comenzó su discurso de victoria haciendo hincapié en el cambio, una baza estratégicamente jugada por la oposición y que ha marcado la campaña de los liberales.</p>
<p><em>‘El gobierno de Australia ha cambiado por séptima vez…’</em> -comenzó el recién electo Primer Ministro, seguido por una ovación que obligó a Abbott a repetir el dato-<em> ‘Parece que disfrutáis escuchándolo, así que dejadme repetir que el Gobierno australiano ha cambiado por séptima vez en 60 años (…) y el voto al Partido Laborista ha sido el más bajo en 100 años’</em>, dijo Abbott.</p>
<p><em>‘Las pateras serán paradas y el presupuesto volverá a sus cotas para un superávit creíble. Se retomará la construcción de carreteras del siglo XXI. Y, desde hoy, declaro que Australia está bajo una nueva gestión y, una vez más, abierta a los negocios’</em>, continuó un orgulloso Abbott, quien ha sido capaz de establecer un claro programa electoral y que ha logrado posicionarse como un líder apto para los desafíos que plantea el país oceánico, aun a pesar de su conocida falta de carisma, que los más críticos afirmaban podría perjudicar a la Coalición.</p>
<p>Las elecciones australianas tienen una serie de características genuinas, como el voto obli­gatorio, la votación de miembro único para la Cámara baja o el uso de tickets grupales y re­presentación proporcional para la Cámara Alta o Senado.</p>
<p>Después del recuento regular, la Comisión Electoral Australiana confirmó los 150 asientos de la Cámara Baja: 89 sitios para la Coalición Liberal Nacional, 54 para los laboristas y 1 para los Verdes, siendo necesarios 76 escaños para la victoria. Los independientes Bob Ka­tter y Andrew Wilkie se han mantenido con un sitio cada uno, quedando cuatro escaños aún por decidir.</p>
<p>La configuración del Senado entrará en vigor en junio del 2014, y será entonces cuando la Coalición necesite del pacto con alguno de los partidos independientes como el Partido Unido de Palmer, Xenophon o John Madigan, que decidirán la implementación final de políticas tan decisivas como la <em>Carbon Tax</em>.</p>
<p><strong>Los cinco pilares del programa de Tony Abott</strong></p>
<p>La economía y la inmigración han sido los ejes principales de la campaña. Tony Abbott se ha dirigido al pueblo australiano con un plan de crecimiento económico frente a la incipiente desaceleración. El llamado ‘<em>Our Plan</em>’ (nuestro plan) se estructura en torno a los cinco pilares básicos de la economía australiana: innovación en la manufactura, exportaciones agrícolas, servicios avanzados, educación y exportación minera. Este plan supone un movimiento hacia la diversificación en un país que ha crecido en los últimos cinco años casi exclusivamente al ritmo del carbón, crean­do burbujas en otros sectores que, en la actualidad, no resistirían un test de competitividad frente a mercados exteriores.</p>
<p>Otra de las medidas mejor recibidas, y también dirigida a una mejora de la competitividad, es la eliminación del<em> Carbon Tax</em>. El impuesto, impulsado por el gobierno laborista durante su gobierno, estaba dirigido a las 500 compañías con mayores emisiones de CO2, pero acabaría convirtiéndose en el <em>paradigma</em> de una política de intervencionismo que estaba creando industrias menos productivas y precios artificialmente inflados. A estas políticas laboristas habría que sumar accio­nes más populares como el ‘cheque bebe’ y otras inyecciones de liquidez parecidas, que no han conseguido, sin embargo, convencer al votante de su sostenibilidad en el medio-largo plazo.</p>
<p>Por último, la promesa de la Coalición de asegurar<em> ‘stronger borders’</em> (fronteras más fuertes) estaba dirigida a crear un sentimiento de orgullo nacional y a controlar el influjo de inmigrantes atraídos por la promesa de una economía en crecimiento y un país con una envidiable calidad de vida para la clase media.<br />
A las puertas de la mencionada desacelera­ción, y tras una década donde la fuerza laboral se ha construido a base de inmigrantes, principalmente en los extremos superior e inferior de la economía, el gobierno está decidido a asegurar que ningún puesto de trabajo que pudiera ser cubierto por un australiano sea cubierto por un extranjero. En la práctica, esto significaría la deportación de todo inmigrante sin documentación a Papua Nueva Guinea así como la reducción drástica visados de trabajo cualificado, mediante la aplicación de criterios mucho más estrictos para la contratación de extranjeros por parte de empresas austra­lianas.</p>
<p>Estos tres mensajes –los cinco pilares básicos, sumado a la eliminación de la tasa del carbón y la creación de fronteras fuertes- han sido la punta de lanza que el gobierno liberal ha utilizado para ganarse al electorado. Los austra­lianos han castigado al gobierno laborista por un programa indefinido, o carencia de éste, presumiblemente falto de herramientas para afrontar un futuro menos prometedor que el pasado reciente.<br />
<strong>La caída laborista: La bicefalia en el partido y la campaña de descrédito a la Coalición</strong></p>
<p>No existe un acuerdo unánime sobre la razón por la cual el gobierno laborista ha perdido la confianza de sus votantes. Parece claro, sin embargo, que tres factores principales han jugado un papel fundamental.</p>
<p>El déficit del gobierno laborista en los últimos tres años supone la violación de una de las exigencias más arraigadas en el electorado australiano. Si bien Australia ha sido capaz de atravesar la crisis financiera mundial al amparo de las exportaciones de carbón, con tasas de crecimiento del producto interior bruto de entre un 1,6% y un 3,4% entre 2009 y 2012, el gobierno laborista ha incurrido en déficits de entre el 2,2% y el 4,3%, haciendo uso de una política de gasto público e inyección de liquidez desaforada para los estándares australianos. En un país con un elevado nivel de agnosticismo político como es Australia, cualquier desajuste de la norma tiene un alto precio.</p>
<p>La bicefalia alrededor de Julia Gillard y Kevin Rudd ha amplificado la desconfianza hacia el gobierno. Si bien hay quien asegura que la moción de censura contra Gillard, ocurrida en junio, ha protegido al partido laborista de una caída mayor, la división interna ha tenido su precio político. El hecho de que solo un ex-primer ministro tuviera opciones de presentar una candidatura con garantías ha puesto de manifiesto la falta de liderazgo en el partido. La carrera hacia la credibilidad se ha convertido en una verdadera maratón, ya que tan solo dos meses no han bastado para que Rudd tuviese opciones como candidato a la victoria. Tras su renuncia, Anthony Albanese llevará el timón en el partido, pero queda pendiente el asunto del liderazgo laborista para las próximas caicus.</p>
<p>La falta de programa laborista ha sido el tercer factor. Los mensajes de descrédito hacia la Coalición Liberal y una estrategia de propaganda basada en el miedo<em> ‘If he wins, you lose’</em> han supuesto un arma de doble filo para un partido que ha hecho del ataque al rival la más aparente ilustración de sus propias carencias. Nunca más pertinente que aquí, utilizar el símil del efecto <em>boomerang</em> de la campaña negativa de los laboristas.</p>
<p><strong>Los otros jugadores</strong></p>
<p>A pesar de que las elecciones australianas se debaten entre dos principales jugadores –el partido Laborista y la Coalición Liberal Nacional- otros temas han conseguido hacerse un sitio en la agenda pública, de la mano de los Verdes.<br />
Los Verdes, una confederación de ocho de partidos estatales y territoriales formada en 1992, han conseguido dos escaños en el Parlamento. Además del ‘Ambientalismo’, el partido cita entre sus valores la sostenibilidad económica, la justicia social, le democracia de las bases y la no violencia.</p>
<p>Una de las candidaturas más polémicas ha sido la de Julian Assange, y su partido Wiki­leaks, una candidatura que el propio Assange ha dirigido desde la embajada Ecuatoriana en Londres. En la descripción de su programa, se reclama una <em>‘información verdadera, rigurosa y basada en los hechos, como las bases de la vida y la democracia, esencial para la protección de los derechos humanos y las libertades’</em>.</p>
<p>Sus políticas se aglutinan alrededor de seis grandes temas -la transparencia política a través del refuerzo del escrutinio independiente en el parlamento, una aproximación más veraz al problema de la inmigración, la reducción efectiva de emisión de carbono para frenar el cambio climático, la aseguración de la diversidad mediática, la defensa de la libertad de prensa y la protección del usuario frente a la invasión de las grandes corporaciones y el gobierno.</p>
<p>La sola descripción del programa de Assange castigaba las malas prácticas dentro de los dos grandes partidos, así como ponía en tela de juicio la efectividad de las dos cámaras debido a la falta de transparencia informativa.</p>
<p>Con menos de un 1% de los votos, un resultado muy por debajo de lo esperado, el partido de Assange ha logrado sin embargo atraer a los jóvenes –especialmente a estudiantes universitarios- y llevar a la esfera pública la preocupación de un electorado que exige, por encima de todo, la honestidad de sus dirigentes. Assange ha asegurado que el partido subsistirá para las próximas elecciones federales.</p>
<p><strong>La resaca electoral: Dos partidos a prueba</strong></p>
<p>Si bien por razones muy distintas, tanto la Coalición Liberal como el partido Laborista tienen mucho que ganar y que perder en el futuro inmediato. Por una parte, los cien primeros días de gobierno retratarán el estilo y las políticas que Tony Abbott seguirá durante su mandato, y lo que es más importante, definirán la disposición del electorado Australiano a un cambio verdadero más allá del castigo laborista. Por otro lado, el partido laborista tiene entre si la labor de recomponer el liderazgo en el seno del partido con savia nueva, en palabras de Kevin Rudd. La creación de una alternativa basada en ideas, que respeten el espíritu laborista al tiempo que se adaptan a la realidad presente de la economía australiana, será determinante para crear una oposición eficaz y una alternativa de gobierno en las próximas elecciones.</p>
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