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	<title>países archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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		<title>Corresponsales: los ojos y oídos de la opinión pública mundial</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Nov 2017 15:06:44 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Luis Tejero, @LuisTejero Consultor de comunicación y analista político. Excorresponsal en Río de Janeiro Los corresponsales, según la Real Academia Española, son “periodistas que habitualmente y por encargo de un periódico, cadena de televisión, etc., envían noticias de actualidad desde otra población o país extranjero”. Profesionales cuya misión consiste en comprender y traducir la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Luis Tejero,</span> <a href="https://twitter.com/luistejero?lang=es">@LuisTejero</a> <strong>Consultor de comunicación y analista político. Excorresponsal en Río de Janeiro</strong></p>
<p>Los corresponsales, según la Real Academia Española, son “periodistas que habitualmente y por encargo de un periódico, cadena de televisión, etc., envían noticias de actualidad desde otra población o país extranjero”. Profesionales cuya misión consiste en comprender y traducir la realidad del territorio que cubren para transmitírsela a una audiencia más o menos lejana. Son, en otras palabras, los ojos y oídos de la opinión pública mundial.</p>
<p>Nunca faltan historias que contar. Desde el <em>brexit</em>, el <em>impeachment</em> de Dilma Rousseff y el proceso de paz en Colombia hasta la elección de Donald Trump, la crisis en Venezuela o el actual pulso entre los líderes independentistas catalanes y el Gobierno español, a los corresponsales siempre les sobra material para llenar sus crónicas. Este artículo intenta explicar la importancia del oficio a través de la experiencia de quienes lo ejercen o han ejercido en distintas regiones del planeta.</p>
<p>“El trabajo de corresponsal en el extranjero es un lujo. Es sumamente interesante, pues abarca todos los géneros y secciones [&#8230;] Es la mejor escuela de periodismo que conozco”, resume <strong>Francisco Herranz</strong>, quien vivió y contó la Rusia postsoviética en los años 90 y después ejerció como redactor jefe de Internacional en el diario español El Mundo. “Pero al mismo tiempo es duro porque sueles trabajar solo, lejos de la redacción y sin mucho apoyo logístico”, advierte.</p>
<p>En un escenario ideal, sin las urgencias que imponen hoy las redes sociales, el periodista destinado en el exterior debería ser “un sherpa antropológico, una persona que penetra todo lo que puede en una sociedad ajena para captar su esencia, entenderla y trasladarla a sus compatriotas a través de sus crónicas bajo el prisma de la propia mirada”. Así lo cree <strong>Daniel Utrilla</strong>, quien también fue corresponsal en Rusia y recogió sus vivencias en <em>A Moscú sin kaláshnikov</em> (Libros del K.O., 2013).</p>
<p><strong>Celia Maza</strong>, en Londres desde hace una década, se suma al debate: “Como corresponsal, debes saber tanto de política como de economía, cultura, realeza&#8230; Y estar mucho en la calle para entender, en mi caso, cómo actúa y respira la sociedad británica. O explicar cómo pueden afectar a los españoles determinadas medidas adoptadas por el Gobierno británico, como es el caso del <em>brexit</em>”.</p>
<p>“Un corresponsal debe intentar conocer de cerca a las partes [de una sociedad, de un conflicto&#8230;] hablando con los ciudadanos de la zona que está bajo su responsabilidad. Un corresponsal no puede vivir aislado”, coincide <strong>Sal Emergui</strong>, profesional de prensa, televisión y radio en Oriente Próximo.</p>
<p><strong>VISIÓN SUBJETIVA</strong></p>
<p>¿Qué proporción de las crónicas enviadas desde el extranjero es estrictamente información y cuánto hay de análisis, interpretación o adaptación de un país a otro? En Jerusalén, Emergui apuesta por “contar las cosas relevantes desde una necesaria frialdad”. “No hay que tomar partido; ya lo hará el lector en función de los datos y los hechos”, afirma el corresponsal de CNN en Español.</p>
<p>Herranz distingue entre “contexto” y “análisis”. El primero, dice, “es necesario para que la audiencia entienda la realidad que subyace detrás de los hechos, sobre todo en países con culturas y sociedades muy distintas a la nuestra”. En cambio, mezclar información y análisis conlleva el riesgo de terminar ofreciendo “una versión parcial”. “Otra cosa es la interpretación de los hechos para aportar valor añadido, pero debe ser equilibrada y muy fina para no caer en la opinión”, añade.<br />
Maza, cuyos textos pueden leerse en<em> La Razón y El Confidencial</em>, es partidaria de ir más allá del teletipo y la noticia convencional. “La información estricta, por llamarla de alguna manera, ya llega a través de las agencias. Un corresponsal debe aportar análisis y contexto para un mejor entendimiento”, explica. Y ofrece un caso práctico: “Si Theresa May da una rueda de prensa sobre el <em>brexit</em>, yo no me limito a poner sus declaraciones, sino que tengo que dar un panorama más extenso y analizar las consecuencias. No es solo una primera ministra británica hablando del <em>brexit</em>; es una gobernante sin autoridad al haber perdido la mayoría absoluta en las elecciones que ella misma convocó y con un partido completamente dividido respecto a la relación que se debe tener con la UE en el futuro”.</p>
<p>La corresponsal en el Reino Unido y su colega en Oriente Próximo están de acuerdo en un punto. Reconoce Maza: “La objetividad no existe. De manera inconsciente, aunque quiera ofrecer una información veraz y completa, siempre va a ser interpretada bajo mi prisma”. Y complementa Emergui: “No hay nadie 100% objetivo porque es imposible, no somos robots. Pero sí se puede intentar ser imparcial y honesto, y aclarar cuándo un artículo es información u opinión”.</p>
<p><strong>PROPAGANDA E INFLUENCIA</strong></p>
<p>Campañas electorales, tomas de posesión, dimisiones, destituciones, atentados terroristas, conflictos bélicos&#8230; Con frecuenci­a, los periodistas extranjeros desplegados en puntos calientes del mapa se ven atrapados en medio de una batalla propagandística y acaban adquiriendo un protagonismo mayor del que seguramente desearían.</p>
<p>Sucede así porque las partes implicadas –gobiernos, dirigentes políticos o incluso los bandos de una guerra– son conscientes de la influencia de los corresponsales en la formación de opinión de sus respectivas audiencias. Saben que sus decisiones como periodistas, ya sea elegir un titular o dar mayor peso a unos u otros argumentos, tienen potencial para hacer que las cosas se vean de determinada manera en los países a los que se dirigen.</p>
<p>¿Hasta dónde alcanza ese impacto? Entre los entrevistados para este artículo, la respuesta no es unánime. Herranz y Maza están convencidos de que su trabajo sí ha influido “mucho” en la imagen que sus lectores se hacen de Rusia y el Reino Unido, respectivamente. “Quizás demasiado”, aclara el excorresponsal en Moscú en un ejercicio de autocrítica. “Mis textos daban una visión muy concreta e imperfecta del país, a veces no tan completa como me hubiera gustado. Las limitaciones de espacio complicaban mucho las cosas”, confiesa.</p>
<p>La corresponsal española en Londres concede especial importancia a la mirada subjetiva de quien observa los acontecimientos y después los narra a través del papel, la pantalla o las ondas radiofónicas. “Si bien hay temas que todos los periodistas tratamos, hay otros a los que no todos tienen acceso o bien son interpretados, sin intención de manipular, desde un punto de vista personal”, comenta la colaboradora de la cadena de televisión La Sexta.</p>
<p>Otros no asumen tanta influencia. Desde Oriente Próximo, Emergui relativiza la repercusión de sus noticias y reportajes por tratarse de una región que tradicionalmente ha captado la atención de cientos de informadores provenientes de todo el mundo. “Estoy en una zona que se ha cubierto desde siempre de una forma tan extensa que mis textos tienen una influencia mínima en la imagen [que se percibe] de los israelíes y palestinos”, admite. “Solo puedo influir cuando enseño cosas desconocidas o que a algunos no interesa que sean conocidas, o bien al entrevistar a líderes o formadores de opinión”, agrega.</p>
<p><strong>URGENCIA DIGITAL</strong></p>
<p>Utrilla, a partir de su aventura periodística en la capital rusa, va más allá y destaca notables diferencias en la forma de trabajar antes y después del predominio de las redes sociales y las coberturas en directo. “Cuando me tocó seguir noticias de largo alcance como el hundimiento del submarino Kursk (2000), el secuestro del teatro Dubrovka (2002) o la toma de rehenes en la escuela de Beslán (2004), aún no existían Facebook ni Twitter”, recuerda.</p>
<p>Posteriormente, según Utrilla, “la irrupción de internet convirtió los diarios en <em>minutarios</em>, o agencias de información al minuto, y colocó la rapidez como máxima prioridad”. “Quienes hemos habitado los dos mundos, miramos con nostalgia la época en la que un corresponsal contaba con varias horas para perpetrar su crónica. Ese margen permitía hacer textos con más sustancia, sobre todo porque se afrontaba la noticia como un ejercicio de síntesis que ahora no existe: ahora el flujo informativo es constante y desbordante”, lamenta.</p>
<p>Sobre la capacidad de influir en las audiencias, responde: “Antes de la explosión de la era digital, el corresponsal sentía mucho más que ahora que era los ojos del periódico. La responsabilidad era mucho mayor a la hora de configurar en los lectores una imagen del país. Teníamos más predicamento por la sencilla razón de que había menos información, no existía la sobreabundancia de hoy”.<br />
Dos épocas no tan distantes en el tiempo, pero marcadas por una profunda transformación tecnológica. Así las compara el autor de <em>A Moscú sin kaláshnikov</em>: “Hace 15 años, el mundo seguía siendo muy grande e inhóspito y los corresponsales aún éramos los exploradores de la información. La forma de ver y de contar Rusia era importante, porque pocos tenían la ocasión de asomarse a este país. Ahora ya no. Ahora vas al lago Baikal a escribir un reportaje y te encuentras a una familia de Alcorcón [municipio de Madrid] haciendo un picnic y colgando fotos en Facebook. Y no digo que esté mal; solo digo que el mundo ya no es un lugar tan misterioso y que el corresponsal ha dejado de tener la importancia que tenía como explorador intelectual del planeta”.<br />
Presiones locales</p>
<p>Sean o no tan relevantes como hace años, los corresponsales siguen viéndose frecuentemente involucrados en las mencionadas disputas propagandísticas. Su posición como observadores los convierte a menudo en objetivo preferencial de los diversos actores políticos locales, que tratan de colocar sus mensajes también en la prensa de fuera. Es una pelea por conquistar las portadas extranjeras.<br />
El autor de estas líneas pudo comprobarlo de primera mano en 2016, cuando trabajaba como corresponsal y analista político en Brasil. En aquellos días se libraba en el mayor país de América Latina un áspero enfrentamiento entre la presidenta Dilma y la oposición; entre una mandataria elegida en las urnas y que denunciaba un intento de “golpe”, y unos adversarios decididos a derribarla bajo acusaciones de corrupción y desastrosa gestión de la crisis económica. Y en medio, decenas de periodistas extranjeros a quienes unos y otros trataban de convencer de sus argumentos.</p>
<p>Situaciones igualmente controvertidas se repiten, por ejemplo, en la prolongada crisis en Cataluña entre los secesionistas y el Gobierno central de Mariano Rajoy. Mientras los primeros hablan de “Estado opresor” e intentan que la prensa internacional replique dicho discurso junto a impactantes fotografías de cargas policiales, el segundo busca transmitir a los corresponsales la idea de “legalidad” en el marco europeo.</p>
<p>Ambos lados buscan “vender su relato”, explica Emergui. Y lo mismo ocurre de manera casi permanente en la histórica tensión entre Israel y Palestina, un territorio donde “las dos partes suelen hacerse eco de los textos que les interesan”, añade.</p>
<p>Los intereses políticos y diplomáticos existen; las presiones, también. Lo saben quienes han trabajado en redacciones periodísticas y han recibido sugerencias más o menos sutiles para orientar sus contenidos en uno u otro sentido. De su amplia trayectoria en <em>El Mundo</em>, Herranz guarda en la memoria “alguna que otra llamada” procedente de ciertas embajadas. “Algunas de ellas nos ofrecían entrevistas propagandísticas o nos reprochaban la línea editorial que mantenía el periódico. Algunos [interlocutores] no eran sutiles”, asegura.</p>
<p>Para ilustrarlo con ejemplos, el exresponsable de Internacional y ahora profesor de la Universidad Carlos III de Madrid se remonta a sus tiempos de reportero en Europa del Este. “Las autoridades rusas se quejaban a veces de mi trabajo a mis jefes, porque decían que solo publicaba noticias ‘negativas’. Eso me animaba”, relata. “También me acuerdo de una entrevista que le hice a un primer ministro de Letonia y que provocó mucha polémica en aquel país, porque hacía declaraciones muy controvertidas sobre Rusia”.</p>
<p>Concluye Herranz con otra anécdota en primera persona que condensa en pocas palabras el arte de ser corresponsal. “Recuerdo perfectamente un viaje que hice a Kazajistán y que causó mucho revuelo después de que publicara una historia que no dejaba muy bien parado al Gobierno de allí”, dice. “El embajador estaba entre enfadado y preocupado porque creía que, al haberme invitado al congreso del partido en el poder, yo iba a escribir una especie de publirreportaje. Se equivocó”.</p>
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		<title>La comunicación online en las Embajadas</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Nov 2017 15:05:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Paola Cannata, @PaolaCannata Politóloga En muchas ocasiones, cuando hablamos de comunicación política, nos centramos en el aspecto más televisivo de la misma. Campañas electorales, entrevistas o debates acuden al imaginario colectivo para ocupar ese espacio. Sin embargo, esta área de conocimiento es muy amplia y transversal. Comprende vínculos con disciplinas como la lingüística, ciencia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Paola Cannata,</span> <a href="https://twitter.com/PaolaCannata">@PaolaCannata</a> <strong>Politóloga</strong></p>
<p>En muchas ocasiones, cuando hablamos de comunicación política, nos centramos en el aspecto más televisivo de la misma. Campañas electorales, entrevistas o debates acuden al imaginario colectivo para ocupar ese espacio.</p>
<p>Sin embargo, esta área de conocimiento es muy amplia y transversal. Comprende vínculos con disciplinas como la lingüística, ciencia política, neurociencia, psicología o publicidad, entre otras muchas.</p>
<p>Uno de los aspectos más interesantes es el segmento de la comunicación pública, es decir, cómo las instituciones tratan de abrirse paso para comunicar con sus diferentes públicos. En el ámbito de los gobiernos y administraciones locales, este esfuerzo de gestión se hace patente en mayor o menor medida y podemos calibrar el ‘músculo’ de las instituciones y su voluntad por mostrar su trabajo y facilitar información al ciudadano.</p>
<p>Pero no solo ayuntamientos, ministerios y gobiernos comunican. Las embajadas y consulados son una representación internacional de un país más allá de sus fronteras con el objetivo de defender los intereses del Estado al que representa, fomentar su crecimiento económico, cultural, turístico y científico y ofrecer ayuda y cobertura a los ciudadanos residentes en el exterior.</p>
<p>Estas entidades cuentan con interesantísimos y complejos sistemas de funcionamiento que les permiten estar en contacto directo con su matriz y con las altas esferas de los países de residencia.</p>
<p>Las cancillerías cumplen con varios objetivos. Por un lado, velan por el mantenimiento de las relaciones entre el país que representan y aquel en el que se encuentran. Su trabajo, como cordón umbilical, puede ser más o menos intenso, pero el mero hecho de que un país cuente con delegación permanente en otro lugar del mundo supone un reconocimiento entre ambos y una disposición de diálogo. Como ejemplo, recordemos el impacto de la reapertura de la embajada de EE.UU. en La Habana, hecho que supuso un auténtico hito en las relaciones entre ambos países.</p>
<p>Además de esto, las embajadas cuentan con dos públicos esenciales: por un lado, los extranjeros residentes y visitantes ocasionales en el país de destino; por otro, los ciudadanos del país en el que se encuentra.</p>
<p>En este sentido, el desarrollo de una buena comunicación es clave para la adaptación de la comunicación a los nuevos públicos y a sus hábitos de consumo mediático. Aquí cobra una especial importancia el papel desarrollado por los medios <em>online</em>. Las redes sociales, bien gestionadas, suponen una vía de comunicación rápida y dinámica capaz de dar respuesta a inquietudes y dudas puntuales sobre la naturaleza y situación de los países.</p>
<p>El planeta continúa con su proceso vertiginoso de globalización. La información fluye de manera incesante y acelerada por todas las vías generando impactos que afectan a millones de personas. Una decisión en Edimburgo puede inquietar en Washington; un atentado en Barcelona pone en vilo a miles de ciudadanos en Berlín. La apertura de la bolsa de Japón es narrada cada mañana a primera hora en las principales emisoras de radio. En este contexto, disponer de las herramientas más oportunas para comunicar es esencial.</p>
<p>Las redes han permitido a las delegaciones diplomáticas alcanzar a sus públicos de manera directa, omitiendo intermediarios. Esto facilita y agiliza mucho las tareas comunicativas no teniendo que depender de un <em>gatekeeper</em> que modere los contenidos o tenga que publicarlos. Este hecho nos permite a las delegaciones, obviar otros problemas como la mala interpretación o selección intencionada de mensajes.</p>
<p>La información se transmite más rápido que nunca y traspasa fronteras a la misma velocidad. Sin embargo, con las redes sociales y las páginas <em>webs</em>, el creador del mensaje sigue sin tener el control absoluto sobre dónde aparecerá el mensaje, por lo que la responsabilidad en el uso de estas herramientas debe ser máxima, mucho más por parte de instituciones públicas. La planificación de medios se realiza para el mensaje original, pero una vez lanzado a la red los usuarios se convierten en dueños de este mensaje y se encargan de manejarlo a su antojo, con posibilidades de ser manipulado y viralizado.<br />
Además, las redes también han ido evolucionando, ofreciendo cada vez más posibilidades a los usuarios. Enlazar a contenidos de interés, emitir en directo determinados eventos o hacer encuestas entre los miembros de las redes son solo algunas de las posibilidades que ofrecen y que permiten aportar valor añadido a la presencia en estas plataformas.</p>
<p>Pero tener presencia no basta. La generación de perfiles no es suficiente si se desea mantener una comunicación estratégica. No lo es en el ámbito corporativo y tampoco en las delegaciones internacionales.<br />
Es esencial disponer de una estrategia comunicativa que apuntale cada una de las acciones y los mensajes que se quiere trasmitir desde las embajadas. En este sentido, es interesante observar los equilibrios narrativos que deben hacer las cancillerías. Por un lado, prestando atención a la situación del país de origen; por el otro, enfocando de manera precisa al lugar de residencia. Todo esto, con la dificultad añadida de las diferencias culturales entre los países. Cuestión no menor y que puede solventarse mediante la generación de equipos de trabajo mixtos que combinen experiencia en ambos contextos.</p>
<p>Precisamente los equipos resultan ser elementos de vital importancia para el correcto desarrollo de la comunicación digital. Muchos piensan que es cuestión menor, sin embargo, debe ser concebido como pilar estratégico de la imagen de las cancillerías y por tanto del país. Así, la gestión y emisión de mensajes apropiados, adaptados y segmentados, es una labor compleja y en raras situaciones puede ser asumida por un único individuo. De hecho, la mayor parte de los países que cuentan con valoraciones altas en el estudio que ACOP está realizando sobre la comunicación <em>online</em> de las embajadas corresponde a países que cuentan con equipos definidos que se dedican a ello.</p>
<p>Como siempre, es interesante recordar que no se trata únicamente de emitir mensajes. Las redes nos permiten ir más allá y desarrollar tareas de escucha activa con los usuarios. Esto nos permitirá conocer mejor sus características e inquietudes y nos facilitará emitir contenidos en los que estén interesados y que, por tanto, tengan un mayor impacto.</p>
<p>La escucha sigue siendo una de las labores pendientes de muchos perfiles institucionales en redes sociales. La focalización en la emisión de mensajes suele ser mayor que el interés por el <em>feedback</em> que dan los usuarios o simplemente para saber leer el momento en el que se desarrolla la conversación para poder adaptar mejores mensajes y respuestas.</p>
<p>Así llegamos a otro de los conceptos clave sobre la comunicación <em>online</em>: la ‘conversación’. Es cierto que algunos canales son más aptos que otros para desarrollarla de buena manera. Sin embargo, no hay que olvidar que muchos de los perfiles creados no contestan a los mensajes de otros miembros de la red perdiendo así el principal valor añadido de estas plataformas.<br />
A través de estas redes se permite una comunicación más inmediata y completa a la vez que integra el <em>f­eedback</em> entre emisor y receptor. El usuario es animado a participar y esto contribuye a crear un alto grado de fidelización ya que siente que es escuchado y que forma parte de la conversación.</p>
<p>Una interacción fluida de la embajada con el usuario es un paso más en el buen uso de las posibilidades que dan las redes sociales, que muchas embajadas deberían realizar. Aunque, son pocas las embajadas que le sacan el máximo de provecho a las redes sociales y a las ventajas que estas ofrecen.</p>
<p>El intercambio de información enriquece la participación en estas redes y las convierte en potenciales ventanillas electrónicas de la administración en las que los usuarios pueden hacer consultas o solicitar información sobre determinado tema. La posibilidad de gestionar estas situaciones de forma ágil puede desatascar en muchos casos las labores burocráticas a las que día a día se enfrentan embajadas y consulados con visados, pasaportes y gestiones de diversa índole.</p>
<p>Desde ACOP, llevamos prestando atención a esta modalidad de comunicación desde hace tiempo. Los estudios de comunicación digital de las embajadas en España han supuesto un punto de interés para las diferentes cancillerías que año tras año, se interesan en mejorar su trabajo. En este sentido, hay que reconocer el buen trabajo de los países que se esfuerzan en estar al día y establecer canales de comunicación eficiente con sus públicos objetivos.</p>
<p>Solo prestando atención a esta modalidad de comunicación se podrá comprender y analizar mejor qué estrategias comunicativas ponen en práctica las embajadas: si es puramente administrativa o si generan una verdadera comunicación política internacional, que les permita desarrollar “Marca País”.</p>
<p>Con las herramientas que actualmente brinda internet y con la alta profesionalización del sector de la comunicación, la posibilidad de conseguir un desarrollo en esta área que proporcione una comunicación más efectiva es cada vez mayor. A pesar de esto, aún hay un alto porcentaje de países que no concibe la comunicación <em>online</em> como un aspecto estratégico, lo que invita a pensar que aún queda trabajo en esta materia.</p>
<p>Todavía se encuentran muchas diferencias entre la comunicación <em>online</em> que practican unas embajadas respecto a otras. Por ejemplo, países con representación institucional en España como Reino Unido, Angola o Rusia desarrollan una estrategia comunicativa <em>online</em> completa, prestando atención a aspectos vitales para ello como perfiles en diferentes redes sociales, además de las mayoritarias a las que adapta el contenido y los mensajes según sus características y público o un equipo de comunicación dedicado a configurar la estrategia comunicativa de la embajada.</p>
<p>En el lado opuesto encontramos países que a pesar de tener representación institucional en España no desarrollan una estrategia comunicativa <em>online</em> que les permita lograr un posicionamiento y convertirse en una fuente de información para su público objetivo. Son países que, además de no tener perfiles en redes sociales tampoco cuentan con página <em>web</em> donde poder difundir sus informaciones o noticias.<br />
Entre un extremo y otro, es decir, entre desarrollar una estrategia comunicativa <em>online</em> y no desarrollarla encontramos países que poco a poco van adoptando pautas comunicativas que les acercan cada vez más a lo que sería una comunicación <em>online</em> completa.</p>
<p>Es el caso de los países que cuentan con un portal <em>web</em> o que además cuentan con perfil en una de las redes sociales mayoritarias, Facebook o Twitter, pero de ellas no se desprende una estrategia de comunicación definida.</p>
<p>Esta cifra nos muestra que aún queda mucho camino por recorrer para lograr que la mayoría de países practique una estrategia de comunicación <em>online</em> completa, pero lo cierto es que un 42% de las embajadas en España están en el camino de lograrlo, ya que este es el porcentaje de países que, además de tener página <em>web</em> tienen perfiles en las redes sociales mayoritarias.</p>
<p>Tras analizar diferentes parámetros, se identifica claramente a un grupo que desarrolla una comunicación global a través de sus redes. Esto es, además de facilitar y orientar a los usuarios sobre trámites y gestiones; dedica tiempo a difundir noticias de interés e información relevante sobre el país. Estos países se preocupan por transmitir sus valores diferenciales con el fin de posicionar sus productos, servicios, o destinos aplicando una estrategia comunicativa que logre afianzar una percepción positiva. Y es que, en un mundo tan globalizado como se ha comentado anteriormente, cualquier ciudadano es un potencial inversor, cliente o turista al que hay que mostrar los beneficios del lugar.</p>
<p>Además, tiene la capacidad de negociación con el gobierno que ejerce como anfitrión para promover las relaciones amistosas. Por todo ello tiene una clara y marcada dimensión política por lo que el desarrollo de una comunicación institucional internacional se torna fundamental.</p>
<p>Desarrollar una comunicación efectiva es una tarea compleja, ya que requiere de la planificación y atención constante de un equipo de profesionales que garantice una continua comunicación.</p>
<p>Por otro lado, resulta de interés comprobar la selección de canales <em>online</em> que hace cada delegación. Facebook, Twitter, YouTube o Instagram son las redes más utilizadas, cada una de las cuales con un perfil de usuario y unas características de contenido diferentes.</p>
<p>Las embajadas y consulados muestran que saben adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos formatos para seguir manteniendo una comunicación completa y eficaz, a la vez que incrementan su empleo de las redes sociales, las cuales ocupan cada vez más terreno en la vida de las personas. Su dinamismo es una de las mayores ventajas ya que permite, no solo estar al tanto de las últimas noticias o actualizaciones, sino interactuar, realizar consultas o sugerencias.</p>
<p>Para que el trabajo comunicativo de la embajada acabe de ser completamente efectivo y valorado la comunicación a través de las redes sociales debe perseguir una interacción con el usuario, un <em>feedback</em> que sea capaz de mostrar aspectos positivos del país a través de la representación diplomática, e invitarle a sentirse partícipe.</p>
<p>Para conseguir una comunicación institucional internacional es necesaria una gestión adecuada y un incremento de los contenidos multimedia <em>online</em>, así como una estética y un estilo comunicativo coherente con la estrategia de la matriz. Una vía para lograrlo es dotar a los perfiles en redes sociales de galerías fotográficas actualizadas y videos de calidad que permitan que los mensajes lleguen a buena parte de usuarios y tengan una mejor acogida, visibilidad trasmitiendo y generando confianza.</p>
<p>Por tanto, para comunicar en la aldea global actual ya no podemos desarrollar mensajes sin pensar en el impacto que estos podrán llegar a tener en otros países o realizar las mismas estrategias de comunicación sin adaptarlas a las necesidades y características que presenta cada país.</p>
<p>Así, es necesario posicionar la comunicación <em>online</em> como un valor fundamental y transversal en el conjunto de tareas que forman la labor diplomática. Aún queda mucho camino por recorrer en esta materia, pero al mismo tiempo, como nos indican los datos, ya están en marcha las voluntades para lograrlo.</p>
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