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	<title>sistema archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>sistema archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>La propaganda como sistema de control social</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 06:34:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hugo Egido, @egido300, sociólogo Hace unos meses se cumplía la efeméride de los setenta años del suicidio de Adolf Hitler en el bunker de Berlín (30 de abril de 1945). Aunque mucho se viene escribiendo en este tiempo del siniestro personaje que lo propició, de lo ya escrito, debo mencionar la voluminosa y detallada biografía que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span class="DestacadoB">Hugo Egido</span>, @egido300, sociólogo</p>
<p>Hace unos meses se cumplía la efeméride de los setenta años del suicidio de Adolf Hitler en el bunker de Berlín (30 de abril de 1945). Aunque mucho se viene escribiendo en este tiempo del siniestro personaje que lo propició, de lo ya escrito, debo mencionar la voluminosa y detallada biografía que Iam Kershaw ha dedicado a Hitler, con el rigor y la perspectiva multiangular que es preciso adoptar para no perder objetividad de análisis. Pese al paso del tiempo, creo que todos seguimos preguntándonos ¿cómo fue posible que un ser tan vulgar, de pensamiento tan limitado, sin ninguna capacidad o cualidad conocida hasta su llegada al poder, salvo la charlatanería, la vehemencia y el fanatismo pudo arrastrar a un pueblo vertebrado y cultivado como el alemán al desastre y, con él, al resto del mundo?</p>
<p>En las próximas líneas intentaré enmarcar cómo las ideas políticas más simples, basadas muchas veces en burdos estereotipos culturales, siguen teniendo tanto poder de penetración en el alma colectiva de la sociedad y, por ello, continúan siendo utilizadas como elementos de comunicación política. Les sonarán, como muy contemporáneas las simples dicotomías: “ellos y nosotros”, o la manida “nos contaminan”, “no son como nosotros”, “nos roban nuestros recursos”, “España nos roba”, “los intereses privativos de la casta frente a los intereses comunales del pueblo”. Todos estos eslóganes, frases hechas, mantras, siguen siendo utilizados en la actualidad por la sencilla razón de que funcionan, y mucho.</p>
<p>Recientemente he publicado la novela <strong>“Las Memorias de Bastián Höss, 1936-1937”</strong> cuya trama está centrada en las memorias, recuperadas años después, de su protagonista: un joven y prometedor sociólogo que se ve arrastrado por las circunstancias a colaborar en un primer programa gubernamental dirigido y tutelado por la siniestra figura de Reinhard Heydrich, cuyo objetivo será diseñar los cimientos de lo que luego la historia conocería con horror como “La solución final al problema judío” (el holocausto, la <em>Shoah</em>). Pero el libro aborda también otros aspectos; habla de la lucha que se estaba librando en la universidad alemana entre la dogmática ideología nazi y los profesores que todavía intentaban impartir conocimiento y ciencia, conscientes del momento crítico en la historia por el que estaba atravesando Alemania, conscientes también de lo inútil de su acto pero, pese a ello, tenaces en la defensa de la libertad de cátedra y de la independencia de la universidad.</p>
<p>El título del presente artículo no es en ningún sentido casual. A través de la mencionada novela se narra cómo la arquitectura y la propaganda del régimen nazi se cimentó, entre otros pilares, en un férreo control de los medios de comunicación. Es profusamente conocido este control y la machacona propaganda cuyo único objetivo era generar un nuevo “ethos”, un nuevo marco regulador que favoreciese y potenciase al Estado y, sobre todo, a su líder.</p>
<p>El híper liderazgo es una de las características buscadas por el régimen nazi y por Hitler, en todas y cada una de las acciones propagandísticas que llevaron a cabo a lo largo del III Reich alemán. En este sentido, existe numeroso material académico que analiza los distintos soportes utilizados por el régimen, desde cuñas de radio a carteles propagandísticos, desde octavillas a marchas y paradas paramilitares, su estética y simbología. La total supeditación de la información a los intereses del Estado y los intereses del Estado supeditados a los de su líder carismático, su guía, el único capaz de conducir al pueblo al Reich de los mil años. Hoy todavía nos sobrecoge por su belleza y eficacia visual la famosa película de Leni Riefenstahl, “El triunfo de la voluntad”, uno de los mejores ejemplos de propaganda en la historia del cine. Pero, no podemos analizar con un mínimo de rigor el periodo, desde la perspectiva de la información al servicio del poder del Estado o de la propaganda, sin posar nuestra mirada en la figura de Paul Joseph Goebbels (1897-1945). El control total que ejerció desde el Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda no sólo resultó eficaz para los objetivos del Partido Nazi y su líder, sino que implementó y consolidó nuevas técnicas de propaganda que hasta ese momento no habían sido utilizadas. Sus famosos “Once principios para la propaganda”. Situemos nuestra mirada sobre alguno de ellos.</p>
<p><strong>Principio de la vulgarización.</strong></p>
<p>Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; mensajes simples para que no los olviden.</p>
<p><strong>Principio de orquestación.</strong></p>
<p>La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes ángulos, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.</p>
<p><strong>Principio de la verosimilitud.</strong></p>
<p>Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias. Utilizar personas con prestigio social para que realicen la argumentación.</p>
<p><strong>Principio de la silenciación.</strong></p>
<p>Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.</p>
<p><strong>Principio de la transfusión.</strong></p>
<p>Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas de la población.<br />
Principio de la unanimidad.</p>
<p>Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. El famoso, “como todo el mundo sabe”, “el pueblo está harto de sus políticas, señor mío”, etc.</p>
<p><strong>Principio de exageración y desfiguración.</strong></p>
<p>Tenemos ejemplos recientes de utilización de estos dos principios. Uno muy famoso, planetario. No podemos borrar la imagen de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Las hemos visto caer mil veces, desde miles de ángulos, con detalles, muchas veces morbosos. El efecto amplificador que el hecho ha tenido a posteriori en la “aldea global” (que tan magníficamente supo ver Marshall McLuhan) ha supuesto que todos los países occidentales viésemos en el efecto de la caída de ese símbolo y la materialización de las teorías de Samuel Huntington y su famoso “choque de civilizaciones”, donde clasifica las civilizaciones islámicas como rivales de la occidental. Pero no es mi propósito analizar la obra politológica de Huntington. Sólo quiero pararme, por un instante, en los años posteriores al 11 de septiembre de 2001. El miedo posterior generado en la sociedad norteamericana por ese cruento acto fue, desde mi punto de vista, bien utilizado por la administración Bush. En el sentido de plantear al ciudadano el manido dilema de “un poco de tu libertad a cambio de seguridad”, con la simple lógica de “ustedes tienen que ceder algo de su libertad para que nosotros, Estado, podamos protegerlos de forma más eficaz”. De esa forma guerras basadas en pruebas manipuladas, prisiones fuera de cualquier marco legal o sujeto al derecho internacional se fueron produciendo en una insólita cascada. Pese a la cesión de la sociedad, el tiempo nos ha demostrando que no estamos más seguros, ni mucho menos.</p>
<p>Como pueden constatar, muchos de estos once principios son aplicables a la sociedad actual española.</p>
<p>Si nos detenemos en los principios de vulgarización y orquestación, hoy día, en España, seguimos atendiendo a la banalización de la comunicación política. A base de la insistente y machacona simplificación de la realidad a través de frases sencillas, eslóganes directos que cada partido y representante político repite (ya que es un argumentario prefijado desde los aparatos de los partidos) para que sea repetido hasta la extenuación por sus representantes. No importa si es cercano a la verdad, lo importante es que se repita y cale en la opinión pública.</p>
<p>Y, respecto al principio de la verosimilitud, no creo que a nadie nos sorprenda ver, a posteriori, como este argumentario político es repetido por los “tertulianos/as” profesionales que en distintos medios de comunicación, repiten como un “mantra” el argumento dictado desde los aparatos de los partidos políticos. Amplificando su transmisión y consolidando su voluntad de verosimilitud, ya que la misma es apoyada por personas ajenas al partido (generalmente analistas políticos o profesionales de los medios de comunicación cercanos al poder o al partido político en cuestión), pero que gozan de prestigio social.</p>
<p>Cada sociedad tiene su momento en la historia y sus paradigmas que intentan responder a los retos que se van planteando en el día a día y anticipar los futuros. Ese fue uno de los retos de la sociedad alemana en 1936 y 1937, los dos años en los que se centra la mencionada novela. Vislumbrar azarosamente el peligro que como sociedad se estaba materializando desde 1933, ser capaz de dimensionar el insondable abismo que se cernía sobre ella. El bien contra el mal, en esa eterna lucha, tantas veces repetida. Las Memorias de Bastian Höss nos legan el recuerdo de un tiempo no tan lejano.</p>
<p>La novela, centrada en casi toda su trama argumental en Berlín, también habla del deterioro de la sociedad berlinesa, de sus valores cosmopolitas, de cómo la intoxicación del régimen fue permeando la ciudad y a sus habitantes, de cómo un corrosivo veneno lo invadió todo hasta sepultar la libertad, hasta adormecerla en un marco aparente de legalidad. Habla, cómo no, de los judíos, de los comunistas, de los ciudadanos que ya en esos dos años, 1936-1937, perdían su trabajo e iban perdiendo sus derechos ante la pasividad, en algunos casos o la complacencia, en muchos otros, de la sociedad civil alemana. Pero, sobre todo, el hilo conductor de toda la trama de la novela es la moral frente a la amoralidad, la virtud, frente a la perversión, los valores y la justicia, frente a la arbitrariedad y el terrorismo de Estado. Es en este universo de tensiones en el que habitan los distintos protagonistas de la historia; unos, simplemente amoldando con resignación su vida a cada cambio, a cada nueva coyuntura, que les hace constatar que el mundo que conocieron, que el universo imperfecto pero democrático en el que se desarrollaban sus vidas, ya formaba parte del pasado. Otros, los más valerosos, luchando. En la novela, como en la vida real, no hay héroes, sólo ciudadanos normales que luchan contra un Estado totalitario y asesino, que luchan por los valores en los que creen, que luchan, en definitiva, por nuestra imperfecta sociedad democrática.</p>
<p>Espero que el mundo en el que vivimos actualmente, su sociedad, sea cada vez mejor. Para ello, así lo creo, los ciudadanos debemos involucrarnos más, debemos sentirnos concernidos ante nuestra imperfecta democracia, no sólo cada cuatro años, sino cada día, cada semana. Máxime si, como hemos visto estos últimos años, importantes actores e instituciones del sistema no han estado a la altura, nos han fallado. Como les pasó a algunos de los personajes de la novela, pero basado en la historia real europea, no esperemos que sean otros los que hagan las cosas por nosotros. No creamos que podemos cambiar el <em>status</em> quo sentados cómodamente en el sofá de casa con el mando a distancia de la televisión en la mano. Las democracias garantizan deberes y derechos, pero son los hombres los que deben luchar por ellos.</p>
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		<title>Elecciones 2015: El complicado rompecabezas del sistema de partidos israelí</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2015 22:23:40 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span class="DestacadoB">Alfredo Hidalgo Lavie</span>, Profesor de la UNED</p>
<p>Se afirma con razón, que Israel posee uno de los sistemas electo­rales más democráticos del mundo. La fórmula D´Hont aplicada a una única circuns­cripción y con un reducido umbral electo­ral permite la representación parlamentaria de cualquier minoría política con apoyo (mínimo) suficiente. Su modelo de multipartidismo fragmentado y/o polarizado es la correlación correspondiente de un sistema proporcional establecido desde 1949, en el que, después de 20 comicios generales, un mínimo de 12 formaciones políticas han logrado alcanzar los anhelados escaños para estar presentes en la Knesset, el parlamento unicameral israelí. Estas formaciones políticas representadas trascienden el tradicional enclave derecha/izquierda tan común de los modelos mayoritarios y permite la representación de otras sensibilidades políticas que introducen otras variables para el análisis.</p>
<p>Una de las peculiaridades más singulares del espectro político en Israel es, por ejemplo, la presencia de partidos religiosos judíos, la cual, lejos de ser una expresión única de la religiosidad frente al laicismo, introduce su propia diversidad en el seno de un sistema de partidos ya muy plural. La común diferenciación entre askenazíes y sefardíes data, cuando menos, de 1984 con la creación del partido Shas que re­presenta a la comunidad sefardí, pero la presencia de los ortodoxos y ultra-ortodoxos en el escenario político es, incluso, anterior a la propia independencia de Israel, como son los casos del partido Po-El Mizrahi de 1922 y Agudat Yisrael de 1912. No puede decirse, por tanto, que es un fenómeno nuevo. Y en un parlamento unicameral de 120 escaños disponer de una media de 16 asientos parlamentarios, ante la ausencia de mayorías absolutas, cons­tituye la llave posible para la gobernabilidad. Prueba de ello es que han formado parte de la mayoría de los 33 gobiernos que se han sucedido desde entonces, independientemente si estos gobiernos han estado encabezados por la derecha o por la izquierda política.</p>
<p>Esta presencia de partidos religiosos en una democracia de corte occidental, lógicamente, introduce una variable no siempre bien entendida en los círculos de Europa y esta ausencia de comprensión, o conocimiento, ha alimentado el sesgo informativo de las noticias sobre Israel y, sin duda alguna, ha contribuido a la imagen estereotipada del ultra-ortodoxo como marca del país. Sin embargo, la batalla de estos partidos, lejos del debate de la política exterior y de la cuestión del conflicto con los palestinos y los árabes, se ha centrado, casi en exclusividad, en temas educativos, sociales y económicos, siendo precisamente esta situación socio-económica inferior de los sefardíes frente a los asquenazíes la clave para entender la división, además de otras diferencias más comunes del modelo israelí, como es el caso de la batalla por el liderazgo político y las desavenencias entre líderes que en tan numerosas ocasiones han producido escisiones y/o creaciones de nuevas alternativas políticas. Lo hemos vuelto a ver en estas elecciones con el concurso de un nuevo partido, Yachad, procedente de las filas del partido sefardí que, contrario a todos los pronósticos de los previos sondeos electorales que le otorgaban una media de 4 escaños, se ha quedado fuera del parlamento al no superar la ba­rrera electoral del 3,25% recién estrenada hace unos meses. Aryeh Deri, sin duda, ha salido fortalecido en estas elecciones al consolidarse como líder político de la comunidad religiosa sefardí, a pesar de haber perdido frente a las pasadas eleccio­nes 4 escaños y ver reducida su represen­tación a sólo 7. Sus rivales, el rabino Yaa­kov Litzman y Moshe Gafui, del Judaísmo Unido de la Torá, que representan a los asquenazíes ultra-ortodoxos, también han visto reducida su representación parlamentaria pasando de 7 a 6 escaños. Por consiguiente, 13 son los puestos que han obtenido en esta ocasión los partidos religiosos judíos, unos resultados que casi les retrotraen a 1981, cuando juntos, pero por separado, obtuvieron 10 diputados. Las diferencias se pagan electoralmente, y así ha sido en esta ocasión, pero probablemente estos resultados, tomados en su conjunto, cosecharán mejores perspectivas en comicios ulteriores.</p>
<p>De la minoría árabe no puede decirse lo mismo que de la minoría religiosa judía representada políticamente en los partidos anteriormente mencionados. Su evolución histórica ha venido marcada, lógicamente, por los acontecimientos bélicos del país y la agenda de la política exterior sí ha tenido, en este caso, un peso más significativo. Ahora bien, lejos de cualquier tentación mediática simplista por ofrecer una imagen de unidad, la diversidad también reina en este colectivo social.</p>
<p><strong>Diferencias políticas</strong></p>
<p>Musulmanes, drusos, cristianos, beduinos no se conducen igual, ni siquiera electo­ralmente hablando, y este panorama de pluralismo se ve también afectado por las diferencias políticas, no sólo reli­giosas, y también e igualmente, por las luchas internas por el liderazgo político. Nacio­nalismo árabe, comunismo o isla­mismo reproducen la diversidad en el seno de este grupo social. Y, si cabe, hasta el pragmatismo frente a la ideología, como es el caso de la localidad Al Naim, pueblo árabe beduino, en el que el Likud cosechó el 77% de los votos. Estas notables dife­rencias junto con un profundo problema de liderazgo político -basta observar las disputadas elecciones municipales en las poblaciones mayoritariamente árabes- ha venido alimentado una preocupante apatía de su propio electorado, que tras mucho tiempo parece haber despertado de este letargo, en cierto modo, con la coalición que ha concurrido en estas eleccio­nes, la Lista (árabe) Unida, liderada por Ayman Odeh, elegido por las filas de la formación Hadash (Frente Democrático por la Paz y la Igualdad), fundado en 1977, y que ha logrado 13 escaños, alzándose con la popularidad de haberse convertido en la tercera fuerza política del país. Una popularidad, tal vez, <em>demasiado inflada</em> desde el punto de vista mediático por este interés sesgado de ofrecer una imagen de unidad y armonía, donde no la hay, pero que, sin duda, resulta útil para aquellos que quieren seguir alimentando la idea sempiterna de árabes contra judíos en el seno de la sociedad israelí. Obtener 2 escaños más que en las pasadas elecciones, juntos ahora, pero por separado entonces, puede ser motivo de satisfacción por supuesto, pero está por ver la persistencia de esta cohabitación obligada, pues ha sido el incremento del 2% al 3,25% del umbral electoral, la esencia de esta necesidad de entendimiento. Ya se verá cómo el partido nacionalista árabe secular, Balad, fundado en 1995 se entiende, en clave interna, con los comunistas de Odeh, donde por cierto también hay entre sus filas israelíes judíos; o con el Movimiento árabe para la Renovación (Ra’am-Ta’al), creado en 2006, que es el único partido islámico y que respalda, por ejemplo, el uso de las Cortes de la Sharia. El tiempo dirá si el posiciona­miento común frente al enquistado conflicto (todos defienden las fronteras del 67) y la batalla contra los desequilibrios socio-económicos que padecen los municipios mayoritariamente árabes permiten la unidad obligada impuesta por el 3,25% o si las débiles costuras de este traje hecho para la ocasión no se deshacen en el camino.</p>
<p><strong>Actores incuestionables</strong></p>
<p>El centro político, hoy por hoy, tiene dos actores incuestionables, al menos mientras que a Tzipi Livni, de Hatnuah (Movimiento), obligada también por las circunstancias a la coalición con los laboristas, se le ocurra fundar un nuevo partido&#8230; A un lado, un líder con tirón carismático eventual, Moshe Kahlon, que gracias a su éxito en el mundo de las tele­comunicaciones, como ex Ministro del Likud, ha debutado en el nuevo parlamento con 10 escaños de la mano de Kulanu, llave del nuevo futuro de gobierno. Ha sido <em>la cara amable</em> en esta campaña y se ha dejado querer tanto por Netanyahu como por Herzog durante todos estos días, hasta el día 18 por la madrugada. Estas experiencias de laboratorio a modo de una especie de Hamlet invertido, es decir, “<strong>no ser o ser</strong>”, pueden ser fugaces en el tiempo (dígase Kadima) o permanecer hasta morir “<em>con las botas puestas</em>”, que imagino es lo que ha sentido Avigdor Lieberman cuando conoció los resultados oficiales, de Yisrael Beitenu, y ver cómo se esfumaban 7 escaños de su propiedad al quedarse sólo con 6. Al otro lado, y saliéndonos de cualquier comentario político, es sin lugar a dudas el mejor rostro (y cuerpo incluido) de cualquier cartel electoral: Yair Lapid de Hay Futuro (Yesh Atid). El gran perdedor, empero, de estas elecciones a tenor de los 8 escaños que se ha dejado en el camino por la gestión de las finanzas, pasando de sus debutantes 19 diputados en 2013 a sólo 11. Diana de los religiosos judíos por su defensa del laicismo a ultranza como eslogan para salir de la crisis y, quien sabe, si diana también de parte del voto útil que orilló en la izquierda sionista.</p>
<p>Precisamente ha sido la izquierda, el centro izquierda, la gran perdedora en estas elecciones. Primero, y en gran parte, por los frustrantes resultados para el que todas las encuestas de última hora daban como vencedora. La gran paradoja de esta de­rrota es más anímica que numérica, pues los sondeos electorales otorgaban al grupo sionista del tándem Herzog-Livni casi el mismo resultado que finalmente ha obtenido. La victoria que anhelaban no era exclusivamente por el ligero incremento de escaños respecto a las eleccio­nes del año pasado (juntos han sumado 3 diputados más), sino a las expectativas del desplome que preveían del Likud, prisionero por un liderazgo cuestionado que, paradoja del destino, ha resultado ser incuestionable.</p>
<p><strong>Profunda frustración</strong></p>
<p>Esta frustración, si cabe, es aún más profunda por las tres diferentes dimensiones por las que ha transcurrido el proceso de conocimiento de los resultados electorales: los sondeos previos que les daba como ganador, pasando por el empate técnico de las encuestas a pie de urna y terminando en la madrugada, de la mano de los resultados oficiales definitivos, con la fría noticia de la derro­ta. La cara de circunstancia de Herzog al conocer el desenlace, y que junto con su timbre de voz y sus formas fueron objeto de sátira durante la campaña, da fe de que se quedó… como estaba. Por el contrario, quien sí llevó su procesión por dentro, si se permite la analogía salvando las distancias, y parecía Juana de Arco camino al patíbulo fue Zehava Galón, candidata del partido socia­lista Meretz, para el que las encuestas otorgaban un titular más para la prensa del día siguiente: la desaparición del partido al no superar la barrera electoral que le permitiera acceder a la represen­tación parlamentaria. Pero el destino quiso confabularse con ella y los 4 escaños logrados, que finalmente han sido 5 con el reajuste del escrutinio final de los votos, le permitió, como suele decirse, salvar los muebles en el último momento, pero no su cabeza, que puso inmediatamente a disposición del partido.</p>
<p>Y, por último, el gran vencedor incuestionable de estas elecciones de marzo de 2015: Benjamín Netanyahu. La prensa y los comentaristas afines le han elogiado por su incuestionable inteligencia: ¡Nadie, excepto él, conocía los resultados! Su estrategia cuestionada desde todos los puntos de vista (desde sus videos publicitarios, pasando por su encuentro con los congresistas americanos a espaldas del Presidente Obama y terminando con la sentencia salomónica que cierra las puertas a toda posibilidad a largo plazo de un Estado palestino) y que parecía confirmar una especie de <em>harakiri político</em> en primera persona, es hoy motivo de análisis que enfrenta a detractores y fans. Lo único cierto es que nadie, absolutamente nadie, con argumentos analíticos o sin ellos, con reflexiones profundamente meditadas o productos de la espontaneidad de las elucubraciones espontáneas, con simpatía o antipatía y con Máster en Análisis de Política Electoral o sin él, nadie pudo pronosticar la sonrisa de quien será el Primer Ministro que más años estará al frente de un Ejecutivo israelí. Porque el triunfo de Bibi no es sólo el triunfo del Likud frente a la Unión Sionista, es también el triunfo del líder de un partido conservador frente a sus aliados naturales (Yisrael Beitenu y Habayit Hayehudi – Israel Nuestra Casa y Hogar Judío, respectivamente) y, además, es el triunfo de un líder cuestionado y en apuros frente a cualquier heredero natural al liderazgo de la derecha política. Desde luego, la sonrisa de Naftalí Bennet da también qué pensar, ahora que es tiempo para el análisis postelectoral.</p>
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