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	<title>ultra derecha archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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		<title>La normalización de la extrema derecha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2014 17:56:24 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Al adaptarse a la lógica de los partidos tradicionales, los partidos más radicales son considerados como una opción más del espectro político.Desde la década de los años 90 los partidos de extrema derecha han ganado terreno en Europa. Este avance se debe sobre todo a una crisis económica que parece no tener fin, a una creciente preocupación por la inmigración, derivada de la anterior, y a la percepción ciudadana de que ni la derecha, ni la izquierda tradicionales consiguen gestionar adecuadamente la situación política. Todo ello enmarcado en un contexto en que las instituciones europeas aumentan su control sobre los Estados miembro, imponiendo duros recortes económicos y de garantías sociales.</h2>
<p><span class="DestacadoB">Sandra Bravo</span>, Asesora de comunicación, <a href="https://twitter.com/Sandra_BI">@Sandra_BI</a></p>
<p>Uno de los ejemplos más sonados del poder de movilización de la extrema derecha se dio en el año 2002 en Francia, cuando Jean Marie Le Pen desbancó al socialista Lionel Jospin y se plantó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales contra Jacques Chirac. Su partido, el <em>Frente Nacional</em>, abogaba por la expulsión de los inmigrantes ilegales, la salida del euro y la defensa de los valores menos libres, fraternos e igualitarios.</p>
<p>En 2005, el austríaco Jörg Haider fundó la <em>Unión por el Futuro de Austria</em> (BZÖ), una escisión del ya extremista <em>Partido Liberal Austriaco</em> (FPÖ) que él mismo lideraba y que en 1999 fue la segunda fuerza más votada del país. Jörg Haider, famoso por su carisma y su retórica populista pronazi, murió en un accidente de coche a los cincuenta y ocho años de edad. Pero su legado se mantiene en Austria y, aunque el BZÖ ha perdido fuelle respecto a años pasados, el FPÖ obtuvo en las elecciones generales de 2013 el 20,5% de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza política.</p>
<p>Pim Fortuyn fue, hasta su asesinato en 2002, el referente de la extrema derecha holandesa. Abiertamente homosexual y católico devoto, abanderó un discurso xenófobo y anti-isla­mista, ideología que consideraba retrógrada y homófoba. Actualmente, Geert Wilders ocupa el espacio ideológico de Fortuyn con su <em>Partido de la Libertad</em>, que obtuvo el 10,1% de los votos (15 escaños) en las últimas eleccio­nes generales de 2012.</p>
<p>Bélgica, el país de las instituciones europeas, tampoco se libra de la ultra derecha, sobre todo entre la comunidad flamenca, donde el <em>Vlaams Belang</em> (Interés Flamenco) es una de las fuerzas políticas más votadas.</p>
<p>La lista es extensa: tenemos el partido de <em>Los Verdaderos Finlandeses, los Demócratas de Suecia, el Partido Popular danés, la Unión Nacional de Ataque de Bulgaria, la formación húngara Jobbik</em> (Hungría Mejor), <em>la Liga de las Familias Polacas, el Partido Gran Rumanía, Amanecer Dorado en Grecia, la Liga Norte italiana, la lituana Orden y Justicia</em>, el partido <em>Todo por Letonia</em> o <em>la extrema derecha suiza</em> (SVP) –país donde se acaba de aprobar por referéndum limitar la entrada a trabajadores de la UE-. Con mayor o menor protagonismo, parece que ningún rincón de Europa se libra de los extremos.</p>
<p>En el verano de 2011, Noruega vivió su peor masacre desde la II Guerra Mundial en una matanza en aras de una ideología ultra y xenófoba. Anders Behring Breivik irrumpió en la isla de Utøya, donde se celebraba un campamento de las juventudes del <em>Partido Laborista</em>, y abrió fuego indiscriminadamente contra los asistentes. El saldo provisional de víctimas fue de setenta y siete muertos y más de cien heridos.</p>
<p>En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, en países como Holanda, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia la extrema derecha obtuvo más de un 10% de los votos, a la vez que en Finlandia, Rumanía, Grecia, Francia, Reino Unido y Eslovaquia se hacía con entre el 5 y el 10% de los sufragios.</p>
<p>Todo parece apuntar, como así lo señalaron en rueda de prensa Marine Le Pen, heredera de su padre al mando del <em>Frente Nacional</em> francés, y el holandés Geert Wilders, que los partidos de extrema derecha intentarán formar un grupo parlamentario propio tras las eleccio­nes del próximo mes de mayo al Parlamento Europeo. Para ello necesitan contar con 25 escaños de al menos 7 Estados miembro. ¿Su objetivo? Acabar con la Unión Europea desde dentro y devolver la soberanía a sus respecti­vos países. En palabras de la propia Marine Le Pen: “Ha llegado el momento de la solidaridad entre los patriotas de Europa, el verdadero movimiento que sigue el curso de la Historia. La Unión Europea, como todos los imperios, se derrumbará sobre sí misma. Queremos decidir nuestro destino, porque los políticos europeos actuales luchan por ostentar un poder que luego no ejercen. Hay que recuperar la soberanía”.</p>
<p><strong>¿Los partidos de extrema derecha son todos iguales?</strong></p>
<p>No, aunque tengan muchos puntos en común. Vuelvo a citar a Marine Le Pen: “hasta en un matrimonio hay diferencias de opinión”. Pero sin duda lo que les une es infinitamente mayor que los matices que les separan.</p>
<p>En los últimos años, los partidos de extrema derecha han sabido dulcificar su imagen, mo­dernizar sus formas y adaptarse a la lógica de funcionamiento de los partidos tradicionales para <em>camuflarse</em> entre ellos. Su estética, en definitiva, es como la de cualquier otro partido, aunque defiendan valores xenófobos, intole­rantes y derrotistas.</p>
<p>En líneas generales, la extrema derecha ha des­plazado su antisemitismo y ataque a los homosexuales por una demonización de la inmigración ilegal y, especialmente, de la comunidad islámica. Podría decirse que en cuestión de o­dios también existen modas o, lo que viene a ser lo mismo, mayor o menor rentabilidad electoral.</p>
<p>En la formulación de sus discursos, los partidos de la derecha más radical entonan fórmulas comunes, cercanas, provistas incluso de un aura pseudo-progresista que captan también a votantes tradicionales de la iz­quierda que se ven directamente afectados por la crisis económica. La extrema derecha ha comprendido que para ser considerada como una opción de gobierno debe abordar los temas que preocupan a la sociedad: el empleo, la educación, la sanidad pública, entre los que va intercalando su moral fascista y sus valores xenófobos.</p>
<p>De manera hábil e inteligente, los partidos de extrema derecha han sabido abanderar el discurso que más cala entre la población menos formada y más temerosa: el discurso del odio y del miedo. Se dirigen a la parte más emocional del votante, con un claro enemigo al que atacar: el otro, lo ajeno, lo diferente. Avivan el pavor de muchos ciudadanos a perder su empleo, su seguridad, su papel en la sociedad… acusando al inmigrante, al de fuera, de ser el culpable de todos los males y de privar a los autóctonos de derechos que creen exclusivamente suyos. En pocas palabras: respuestas simplistas y falaces a problemas complejos; respuestas que calan con facilidad y se difunden viralmente por sí solas.</p>
<p>Los líderes de extrema derecha aseguran, en cambio, que su discurso no es un discurso de odio, sino que es cuestión de prioridades, de atender primero a los de casa –lema de campaña que utilizó <em>Plataforma per Catalunya</em> en las elecciones autonómicas de 2010- en vez de <em>a los de fuera</em>. De hecho, la protección de lo propio es uno de los valores más defendidos por la extrema derecha: si los recursos son escasos, si no hay <em>sitio</em> para todos, si la población está sufriendo, la solución es reducir el número de gente entre quien repartir, donde siempre sobran los mismos: los inmigrantes.</p>
<p>Tras una imagen moderna, desprovista de la <em>parafernalia</em> fascista y neonazi de tiempos pa­sados, la extrema derecha mantiene su esen­cia: acusar al otro del mal propio. El imperio de la ley, el orden, la justicia, los valores de la familia tradicional, la excelencia, la pureza… son algunos de los conceptos más utilizados para persuadir a los votantes, lanzados con más o menos carisma en discursos y mítines al uso –como cualquier otro partido podría hacer-, utilizando un lenguaje tremendista y emocional.</p>
<p>En líneas generales, la extrema derecha aboga por el libre mercado de mercancías y divisas, al tiempo que intenta establecer <em>aranceles humanos</em>. No a la intervención económica, pero sí a la intervención moral, aquella que permite asegurar que la solución a todos los males es evitando la mezcla, el multiculturalismo, la convivencia entre diversas nacionalidades, porque todos los de fuera –aunque ese todos excluya a la inmigración occidental con capacidad adquisitiva- se aprovechan del sudor de los de dentro y se benefician de derechos que ellos no consiguen disfrutar.</p>
<p>En Europa, además, los partidos de la derecha más radical, se caracterizan por una marcada eurofobia: no aceptan las imposiciones de los órganos de gobierno comunitarios y creen que recuperando su plena soberanía sus paí­ses funcionarían mejor, sin nadie que les diga cómo gestionar sus recursos económicos y mucho menos los humanos.</p>
<p>Si acudiéramos a un acto de un partido de extrema derecha y no pudiéramos entender nada de lo que dicen, solo observarlos, ten­dríamos la sensación de estar en un acto político cualquiera, salvo contadas excepciones. La disciplina, tan presente en el seno de estos partidos, y la arenga típica de sus discursos se han desprovisto de cualquier estética militar. Ahora son uno más y defienden sus ideas sin complejos, utilizando los mismos canales y mecanismos que cualquier otro partido.</p>
<p>El principal problema de la <em>normalización</em> de la extrema derecha, aunque en ciertos lugares como en España no haya tenido una aceptación generalizada, es el efecto contagio a los partidos mayoritarios de derechas. Ante el temor de la fuga de votantes en un contexto económico especialmente desfavorable, los partidos de derecha tradicionales adoptan partes del discurso más extremista, sobre todo en campañas electorales.</p>
<p>La fuga por la derecha</p>
<p>En España, hasta el momento, el <em>Partido Popular</em> ha aglutinado todo el voto de la de­recha, con la excepción de algunos partidos de extrema derecha que, salvo contadas excep­cio­­­­­­­­­­­­­­­­­nes en elecciones municipales y autonómicas –<em>España 2000, PxC-</em>, no han tenido resultados significativos.</p>
<p>No obstante y en cuestión de poco tiempo, el <em>Partido Popular</em> ha visto tambalear su estructura aparentemente férrea, recibiendo duras críticas internas por su tibio posicio­namiento en aspectos clave, como la política territorial o la gestión de la tregua de ETA y, especialmente, la doctrina Parot.</p>
<p>En 2011 el exministro Francisco Álvarez Cascos fundó su propio partido, <em>Foro Asturias</em>, con el que se presentó a las pasadas eleccio­nes autonómicas. Más recientemente, Alejo Vidal-Quadras, vicepresidente y eurodiputado del Parlamento Europeo, decía a modo de despedida: “Yo no he cambiado, me veo obligado a irme para seguir en el mismo sitio”. Vi­dal-Quadras ha fichado por el nuevo partido de Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara, <em>Vox</em>. Quien asegura no irse a la competencia, pero ha renunciado a encabezar la candidatura a las europeas es Jaime Mayor Oreja, actual eurodiputado con un pasado glorioso en el PP. Él mismo había hecho patente su desavenencia con la política antiterrorista de Rajoy, motivo por el que no estaría dispuesto a defenderla en una campaña electoral frente a <em>Vox</em>.<br />
Los impulsores de <em>Vox</em> aseguran que en las elecciones europeas solo aspiran a darse a conocer, pero sin duda, si la iniciativa sigue adelante y se presentan a las próximas eleccio­nes generales, será la primera vez en que un partido con una estética moderna y al uso compita por arañar votos desde la derecha del <em>Partido Popular</em>. En su manifiesto fundacional, <em>Vox</em> asegura que: “Es urgente una reacción vigorosa de la sociedad civil que fortalezca nuestra estructura política y abra paso a un cambio profundo de nuestra perspectiva ética. Hemos de guiarnos por valores fuertes que nos sitúen en el mundo con capacidad de competir con éxito y de ser respetados. España no ha de ser percibida como un problema a resolver, sino como un ejemplo a imitar.”</p>
<p>La moral, la unidad de España, la no-intervención estatal y el cese de las subvenciones públicas, la excelencia y el compromiso son algunos de los valores que repiten en su carta fundacional. Faltaría por ver, en una hipotética campaña electoral, qué posición adoptan respecto a temas como la inmigración y la integración cultural. ¿Guardará similitudes con los partidos de extrema derecha europeos? ¿Forzará al <em>Partido Popular</em> a reposicionarse en algunos aspectos para evitar la fuga de votos? Son preguntas a las que en breve podríamos dar repuesta. g</p>
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		<title>“Las nuevas formaciones de extrema derecha se dirigen a un electorado muy amplio y transversal que suele declararse ninista, ni de derechas ni de izquierdas”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2014 17:54:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista a Xavier Casals, doctor en historia especializado en el estudio de la extrema derecha Xavier Casals es doctor en Historia por la Universidad de Barcelona. Su tesis analizó la evolución del neonazismo español y fue publicada en 1995 con el título Neonazis en España. De las audiciones wagnerianas a los skinheads (1966-1995). Desde entonces, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Entrevista a Xavier Casals, doctor en historia especializado en el estudio de la extrema derecha</h2>
<p><strong>Xavier Casals es doctor en Historia por la Universidad de Barcelona. Su tesis analizó la evolución del neonazismo español y fue publicada en 1995 con el título <em>Neonazis</em> en España. <em>De las audiciones wagnerianas a los skinheads</em> (1966-1995). Desde entonces, ha centrado la mayoría de sus trabajos en la evolución de la extrema derecha en Europa Occidental desde la posguerra hasta el presente. Actualmente estudia las dinámicas de cambio político en España y la eclosión de tendencias populistas, como refleja su último libro <a href="http://xaviercasals.wordpress.com/2013/04/22/el-pueblo-contra-el-parlamento-el-nuevo-populismo-en-espana-1989-2013/">El pueblo contra el parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013</a>. En su faceta como divulgador, Xavier Casals es autor de un interesante blog sobre extremismos y democracia: <a href="http://xaviercasals.wordpress.com/">http://xaviercasals.wordpress.com </a></strong></p>
<p>Por <span class="DestacadoB">Sandra Bravo</span></p>
<p><strong>¿Qué convierte a una ideología en extrema?</strong></p>
<p>En general, su posición en el arco político, en la medida en que su discurso lleva al extremo o radicaliza los postulados de otros partidos. Si es de derecha, es de extrema derecha y si es de izquierda, de extrema izquierda. Es un maximalismo y, en el caso de la extrema derecha, fundamentalmente sería un discurso muy centrado en la defensa de la identidad, una identidad que se percibe como amena­zada, y en la protesta contra el <em>establishment</em>. Estas son las dos grandes banderas de lo que sería la extrema derecha en términos genéricos.</p>
<p><strong>En un análisis en su blog comentaba que no se puede confundir la nueva derecha populista con el neofascismo. ¿Qué los diferencia?</strong></p>
<p>Es una cuestión compleja. En algunos casos puede que sea muy difícil distinguir fronteras nítidas, pero las podemos ver si miramos el <em>Frente Nacional</em> en Francia y <em>Amanecer Dorado</em> en Grecia. El <em>Frente Nacional</em>, dirigido ahora por Marine Le Pen, a diferencia de la etapa en que estaba dirigido por Jean Marie Le Pen, aspira a dejar de ser una formación antisistema para convertirse en un partido de gobierno; por simplificarlo de algún modo, a reemplazar a lo que era la derecha conservadora. Sin embargo, si miramos hacia Grecia, <em>Amanecer Dorado</em> es un partido de fi­liación neofascista, con milicia, que incluso ha sido vinculado a un asesinato, que ha proclamado su rechazo a la democracia de modo explícito, que además tiene un discurso contra la inmigración radical y acentuado. Por tanto, hay muchos tipos de partidos. En este sentido habría una derecha que oficialmente proclama su respeto por el funcionamiento democrático, como el <em>Frente Nacional</em>, y ha­bría otra, mucho más radical de tradición neofascista, que parece emerger tanto en el caso de <em>Amanecer Dorado</em>, como en el de Nuestra <em>Eslovaquia</em>, partido de filiación neonazi que en la región eslovaca de Banská Bystrica ganó las elecciones regionales del pasado noviembre con el 55,5% de los votos.</p>
<p>¿Qué está ocurriendo con la crisis económica? Que los partidos de derecha pueden quedar erosionados y dejar lugar a partidos mucho más radicales y de protesta. Los partidos de extrema derecha no suelen emerger de modo único en su sistema político, sino que tienden a hacer eclosión cuando hay un cambio general en el sistema de partidos. Por ejemplo, los partidos de derecha populista en los años 80 y 90 hicieron eclosión al mismo tiempo que la izquierda ecologista o los ecologistas libertarios. Es decir, los viejos partidos se desgastaron y dejaron espacio para nuevas formaciones, tanto a la derecha como a la izquierda. Los nuevos partidos surgen, en buena medida, porque los grandes partidos tradicionales no son capaces de recoger las demandas sociales que existen. En este sentido, los partidos de esta derecha populista surgen en un contexto de crisis de confianza ciudadana. Resumiendo: no es que la extrema derecha genere una crisis del sistema, es la crisis del sistema la que ofrece posibilidades de ascenso a la extrema derecha.</p>
<p><strong>Algunos sondeos apuntan a que la extrema derecha podría conseguir en mayo 90 diputados de los 764 del Parlamento Europeo. ¿Cree que será así y, en tal caso, que consecuencias cree que tendrá?</strong></p>
<p>Creo que conseguirán unos buenos resultados y que tendrá una consecuencia muy importante, que el discurso antieuropeísta ganará centralidad. Es decir, ahora es un discurso marginal, pero cada vez se oye con mayor intensidad. Tras elecciones de mayo puede no sólo que tenga un grupo propio, sino que incluso tenga dos. Esto implicará una oposición a determinadas leyes o propuestas de ley que tendrá poderosos altavoces. En este sentido, creo que los responsables políticos de la Unión Europea deberían revisar cómo han gestionado la crisis, en el sentido en que la Europa social ha quedado en un segundo plano tras la Europa de los mercados. Por simplificar, la Unión Europea se ha proyectado como un singular cobrador del frac que cobraba los rescates a los países pobres y pasaba factura a los países ricos para que rescataran a los pobres. Es francamente poco atractivo y estimulante para los ciudadanos apoyar a una Unión Europea que quizá haya tenido un papel decisivo en estabilizar la crisis, pero que su proyección ha distado mucho de ser la de una Unión Europea al servicio de los ciudadanos.</p>
<p><strong>Dentro de la extrema derecha europea, ¿destaca algún país, algún líder o algún partido que influya en el comportamiento del resto?</strong></p>
<p>Influyen más los que consiguen mejores resultados electorales, por motivos obvios: son los que muestran un camino a seguir. En estos momentos, según un sondeo pu­blicado por <em>Le Monde</em>, un 34% de los franceses está de acuerdo con las ideas de Marine Le Pen. Por tanto, Marine Le Pen es un ejemplo para partidos que quieren crecer y abandonar posiciones antisistema. Al mismo tiempo, <em>Amanecer Dorado</em> puede tener eco en círculos minoritarios de la extrema derecha, como puede ser en determinados sectores de España; porque muestra cómo un partido marginal llega a obtener una presencia institucional importante en poco tiempo.</p>
<p>Lo que marca el camino es el éxito que tienen los distintos partidos y, sobre todo, los temas con los que consiguen este éxito electoral. Para entendernos, en los años 80 fue Jean Marie Le Pen el que puso una nueva bandera a la extrema derecha: la inmigración y el orden público. Hasta entonces era la nostalgia del pasado o lo que se denomina <em>chauvinismo del bienestar</em>, que es la defensa de la prioridad de los autóctonos en recibir las prestaciones del Estado de Bienestar. Ahora vemos como, por ejemplo, por una parte emergen discursos islamófobos, que asocian globalmente el Islam a una religión de conquista, sin diferenciar entre los distintos sectores que puede haber en la comunidad musulmana; pero también vemos cómo esa islamofobia puede generar un paradójico giro de estos partidos de extrema derecha. ¿En qué sentido? En que al presentar al Islam como amenaza de las minorías homosexuales o feministas, pueden dirigirse a sectores sobre los que antes tenían un escaso atractivo.</p>
<p><strong>En su blog mencionaba que la extrema derecha europea se fortifica en sus refe­rentes históricos mientras que en España las iniciativas de extrema derecha que han tenido cierto éxito electoral (<em>PxC, E2000</em>) evitan identificarse con ellos. Hablaba del peso de la “vieja memoria”. ¿Nuestra memoria pesa más o menos que la de otros países?</strong></p>
<p>Los partidos de la derecha populista que consiguen buenos resultados electorales son partidos que se desvinculan del pasado, partidos que no se pro­claman generalmente de genealogías históricas y que, simplificando, miran hacia el futuro. Estos partidos son partidos de protesta y defensa de la identidad nacional, que aglutinan un electorado transversal que puede ser muy amplio. Colectivos que pueden ser minorías pueden extenderse a un electorado de protesta, tanto a un antiguo electorado de derechas como de izquierdas. Por ejemplo, el Partido <em>Popular de Austria</em> (FPÖ) o el <em>Frente Nacional</em> francés han sido los partidos con mayor voto obrero. Las nuevas formaciones de extrema derecha se dirigen a un electorado muy amplio, que a menudo o en un elevado porcentaje se declara <em>ninista</em>, ni de derechas ni de izquierdas, y por tanto tienen un nicho de crecimiento. Además, en el caso de España, a la mayor parte del electorado las referencias del franquismo y la gue­rra civil le son muy lejanas. Por consi­guiente, movilizar este electorado a partir del recuerdo o la nostalgia de un régimen que la mayor parte del mismo no ha conocido es complicado.<br />
¿No pasaría lo mismo en otros países de Europa?</p>
<p>Si miramos la geografía de Europa Occi­dental y Europa Oriental tiene unas dinámicas distintas, los paí­ses que han experimentado un desa­rrollo más lento y difícil de la extrema derecha han sido los que tuvieron dictaduras anticomunistas: Portugal, España y Grecia. Si reflexionamos sobre la cuestión, nos damos cuenta de que en Portugal, a pesar de la dura crisis económica, la extrema derecha tiene unos resultados insignificantes. En España está territorializada y además con unos resultados solo a nivel local. Y en Grecia no ha conseguido una presencia institucional importante hasta hace prácticamente una década, e incluso ha conocido una mutación: ha perdido protagonismo lo que sería una derecha populista homologable a Europa, como era LAOS, y en cambio ha emergido una extrema derecha de ascensión neofascista (<em>Amanecer Dorado</em>). Por tanto, estos países que han conocido dictaduras anticomunistas durante la Guerra Fría es posible que conozcan unos desarrollos singulares de sus respectivas extremas derechas. Y también ofrecen otro elemento de reflexión: crisis económica no implica automáticamente crecimiento de la extrema derecha. Si miramos Portugal o España, el ejemplo en este sentido es diáfano.</p>
<p><strong>En el caso de España, ¿qué significaría la entrada de <em>Vox</em> en unas eleccio­nes generales? Es un partido que se sitúa a la derecha del PP pero, ¿podríamos clasificarlo de extrema derecha? ¿Guarda similitudes con los partidos de extrema derecha europeos?</strong></p>
<p>En el caso de <em>Vox</em>, por ahora, es un partido que se sitúa a la derecha del Partido Popular, es un partido que puede satelizar sin que ello implique que sea de extrema derecha a un electo­rado ultranacionalista, católico… pero también puede convertirse aunque no disponemos de ningún sondeo y tampoco sabemos si <em>Vox</em> logrará captar más adhesiones de dirigentes significados del PP en una derecha a la derecha del PP que aglutine un voto de protesta de sus electores descontentos con las políticas económicas, te­rritoriales y penitenciarias. En este sentido, y yendo al campo de las especulaciones, sobre las cuales tenemos escasos elementos para hacer juicios concluyentes por lo tanto cualquier hipótesis ha de ser provisional, se observa una tendencia hacia un mapa político en España con tres ejes.</p>
<p>Haciendo una simplificación casi caricaturesca podríamos tener dos grandes partidos, que serían el PP y el PSOE, que seguirían la ortodoxia de las políticas económicas de Bruselas; por otro lado, a su izquierda y a su derecha pueden aparecer otros partidos contrarios a esas políticas, pero además tendríamos otro eje que sería el de partidos tradicionales y nuevos partidos. Si nos fijamos, están emergiendo una serie de nuevos partidos que, a pesar de sus grandes dife­rencias ideológicas que pueden situarles en polos opuestos, presentan ciertas caracte­rísticas comunes. En general, hacen bandera tanto de la protesta contra el <em>establishment</em> como de la defensa de una identidad amenazada, sea esta nacionalista periférica, española o regionalista, como el caso del <em>Foro Asturias Ciudadano</em>. Son partidos que rechazan definirse como tales; buscan denominaciones transversales: <em>Ciutadans</em>, que además escogió como segunda marca para presentarse a los comicios españoles <em>Mo­vimiento Ciudadano; Plataforma per Catalunya, Vox</em>, que es el ejemplo más claro y remite a <em>vox</em> <em>populi</em>, <em>vox</em> <em>Dei</em> en cierto sentido;<em> Unión, Progreso y Democracia, Compromís, Equo</em>… Las nuevas formaciones pretenden no solo distinguirse de los partidos tradicionales en la denominación y en buscar un electorado transversal, sino sobre todo en apelar a valores: compromiso, unión, progreso y democracia… y presentarse como movimientos cívicos. Es decir, ante unos partidos desacreditados, se alzan, metafóricamente, expresiones de la sociedad civil con forma de partido.</p>
<p><strong>Un tanto paradójico criticar a los partidos políticos desde un partido político, aunque sea con otra denominación…</strong></p>
<p>Los partidos tradicionales parecen estar agotando su tiempo político. Emerge una nueva forma de hacer política que se sitúa en una órbita distinta. Ya no tenemos definiciones ideológicas tradicionales socialdemocracia, democracia cristiana, libe­ralismo… sino valores, identidad y protesta <em>antiestablishment</em>. En el fondo, late un ansia de democracia directa y participativa mucho mayor de la que tenemos, que refleja este deseo de trasladar la plaza electrónica a la plaza pública. Es decir, si en Internet es posible una democracia directa y participativa que en buena medida es lo que trató de plasmar en las plazas el movimiento del 15-M por qué no es posible en la política. En este sentido, el sistema parlamentario, concretamente en España nacido en el postfranquismo, da síntomas de evidente agotamiento. Crisis de los partidos tradicionales, pero también desconfianza hacia el sistema y las insti­tuciones, desde el Senado hasta los organismos judiciales, pasando por la Corona.</p>
<p>Estamos ante una decadencia de las viejas instituciones y la emergencia de una nueva forma de hacer política más vinculada a las redes sociales, que busca una conexión más directa y a menudo emocional con el elec­torado, con unos mensajes más contundentes. Una nueva política que intenta reflejar una democracia más horizontal y participativa, mientras que los partidos tradicionales muestran todavía un funcionamiento jerárquico, vertical, con grandes dificultades para adoptar medidas como las listas abiertas o reformar los sistemas electorales. Por consiguiente, auguro que en el próximo ciclo electoral en sentido amplio elecciones locales, generales y posiblemente en distintos Parlamentos autonómicos veremos cómo en España asistimos a una caída muy importante y, eventualmente, al principio de su desintegración.</p>
<p><strong>¿La extrema derecha es por tanto más directa y emocional en su mensaje que otros partidos?</strong></p>
<p>Como analista y estudioso de la extre­ma derecha me gustaría destacar que, muy a menudo, los medios de comunicación o los análisis amplifican el mensaje de la extrema derecha, pero se echa en falta un análisis no solo de cuál es su mensaje, sino de cómo lo transmiten. Del mismo modo que se analizan mucho las campañas electo­rales de los grandes partidos, en el caso de la extrema derecha, sobre todo en España, no abundan las reflexiones de cuáles han sido su iconografía, sus carteles, sus lemas… A menudo se nos resume su mensaje diciéndonos que es un mensaje xenófobo, un mensaje <em>antiestablishment</em>, pero a veces es poco clarificador y se echa en falta una reflexión más a fondo sobre cómo transmiten este mensaje.</p>
<p>Existe la percepción de que la extrema derecha transmite un mensaje sobre las esencias de la nación, cuando en realidad la extrema derecha se apoya en la cotidianidad, es decir, no es un nacionalismo esencialista. Te están diciendo: tú perderás prestaciones del Estado de bienestar; tú verás cómo tu sueldo pierde capacidad adquisitiva; tú verás cómo tu cultura tradicional se diluye. Es decir, no te habla de entelequias, de las esencias de la nación, sino al contrario, te habla de tu reali­dad cotidiana y se dirige a unos votantes, sobre todo en las periferias de las grandes ciudades, que ven cómo su barrio se ha convertido en suburbio. A menudo se cree que la extrema derecha es esencialista en sentido caricaturesco, que reclama una nación idealizada, pero no podemos olvidar que la extrema derecha busca movilizar un electorado con mensajes cercanos, muy materiales y cotidianos. Todavía se cree que, poniendo el ejemplo de Francia, el <em>Frente Nacional</em> apela a Juana de Arco, cuando en realidad lo que dicen es que en lugar de polenta habrá cuscús, que cuando vayas a la seguridad social serás el último, que tu sueldo bajará por la competencia de los precios, etc. En este sentido, echo de menos esta reflexión de cómo se transmite el mensaje de la extrema derecha, porque el mensaje se puede resumir de muchas formas, pero es muy interesante observar cómo se vehi­cula.</p>
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