Por Isaac M. Hernández Álvarez, @IsaacMHA, comunicación y marketing político

El buen líder es aquel que va detrás de su equipo empujando a todos hacia delante, no el que va delante tirando de cada uno de ellos.

Así quiero empezar este artículo, intentando hacer ver cómo el concepto de liderazgo ha ido evolucionando con el paso de los años al igual que la forma de relacionarse de las personas que forman los equipos y las organizaciones políticas.

Hasta hace tan solo unos años en cualquier reunión o evento que se pudiera dar en política, el iniciar conversaciones, propuestas o sugerencias en los grupos de gente entorno a unas siglas o en convenciones de todo tipo, básicamente se esperaba que aquellas personas con más iniciativa dieran un paso al frente para fomentar la participación o simplemente para marcar directrices.

Hoy un simpe WhatsApp o un mensaje por una plataforma digital, cambia totalmente el paso a las relaciones entre colectivos y, por tanto, de las personas que interactúan en estas redes de conexión humana, digital o tradicional.

Se hace más que nunca imprescindible por parte de los liderazgos políticos trabajar, y mucho, la persuasión, la autocrítica, la capacidad de escucha, el fomentar las actividades de iniciativa de los RR. HH. pero, sobre todo, la motivación.

Todos los días escuchamos hablar sobre lo importante de estar motivado para poder desempeñar todo lo que hacemos de la mejor manera posible, en política también. Tener motivación política es sinónimo de tener actitud para afrontar con garantías el cumplimiento de objetivos, el buen hacer de las cosas.

Pero ¿qué es la motivación? Déjame que te lo explique.

La motivación no es otra cosa que aquello que nos ayuda a avanzar hacia un objetivo con la intención de mejorar, es el viento de cola que empuja a toda actividad para que pueda culminarse. La motivación es la antesala del movimiento ya bien sea físico, mental o emocional.

La motivación es capaz de sacar lo mejor de las personas, y consigue poner en valor muchas cualidades y capacidades

La motivación en la vida política lo es todo. Cuántas veces oímos hablar de que aquel candidato o líder político qué bien habla, qué activo está el partido político, qué bien lo hacen, que si el talento, que si la preparación, cómo se expresa, qué fuerza tiene, etc.

Todo eso está bien, sí, pero sin motivación difícilmente se puede llevar a cabo cualquier proyecto político y, aquel que llega a trabajarse, se hace con un sobre esfuerzo descomunal y muchas veces abocado al fracaso.

El arte de motivar al equipo político

La motivación es un proceso interno, es algo en ocasiones inexplicable y que a­ctiva elementos ocultos o que han estado en pausa sin poder explotar acciones políticas o relacionadas con la actividad de una formación o equipo.

Muchas veces el neuromarketing nos puede ayudar en descifrar qué piensan los demás, qué acciones les llaman la atención, qué les motiva más.

El liderazgo de equipos tiene que adaptarse a un nuevo concepto de relaciones y formas de convivencia

La motivación es capaz de sacar lo mejor de las personas, cambia el panorama como se suele decir y consigue poner en valor muchas cualidades y capacidades de los integrantes de una asociación o partido político. En cualquier caso, hay muchos elementos y condicionantes externos que pueden influir sobre la misma, algunos de estos factores son:

• Falta de objetivos políticos, el no saber a dónde vamos.

• Falta de liderazgo o de personas capaces de impulsar el proyecto político.

• Inexistencia de remuneración tanto económica como de otra índole, no todo es el dinero en política, hay más.

• Falta de comunicación, interna y externa.

• Ausencia de reconocimiento a los integrantes de un partido, un “gracias”, un “qué bien lo has hecho”, un “felicidades” a tiempo.

• Monotonía en las actividades o acciones que se llevan dentro de una organización política y la falta de profesionalización en la política.

• Un compañero aburrido es menos rentable que alguien que está entretenido o haciendo cosas por el partido. Hay que romper la rutina con desafíos innovadores e interesantes. Es importante dejar que los propios integrantes de un partido creen sus propios retos, deja paso a la creatividad y a la innovación.

• Dar por hecho que todo va bien sin preguntar a los compañeros por cómo están o simplemente saber en qué están trabajando.

• Dejarse llevar demasiado por lo que está ocurriendo o diciéndose ahí fuera, el famoso “qué dirán”.

• La falta de desarrollo profesional, la falta de formación y de contar con el coaching político.

• Entender cómo las funciones que se desempeñan en el partido político son sinónimo de ser monótonas.

• El no conocer y no hacer partícipes a los integrantes de la formación política de las decisiones o noticias que afecten a la empresa política.

• El no existir actividad en cuanto a jornadas, encuentros, reuniones donde temporalmente puedan ponerse en común ideas, logros o hacer partícipes a todos los integrantes del equipo y del proyecto político.

Existen muchos factores más, solo he mencionado algunos de ellos, por eso quizás uno de los apartados más importantes dentro de trabajar la falta de motivación en política sea ser conscientes de si existe dicha falta, si realmente es un problema.

Por los años de experiencia ya te anticipo que suele ser el talón de Aquiles en muchas agrupaciones u organizaciones políticas.

El liderazgo político digital

Con la aparición de las nuevas tecnologías y la frenética comunicación digital que nos ha golpea a diario, se abre una nueva fuente de estudio, el liderazgo político digital.

Ya no basta trabajar la motivación en los canales de comunicación tradicionales, ahora también hay que hacerlo en el entorno digital de lugares como las redes sociales, foros, blogs u otras plataformas de internet.

La gente interactúa más hoy en un canal digital que en una sala de encuentro vecinal. Hablamos, dirigimos y actuamos detrás de una pantalla de un smartphone o una tablet. El liderazgo de equipos tiene que adaptarse a un nuevo concepto de relaciones y formas de convivencia, de escritura y con un aderezo más que importante, el factor tiempo, el ahora mismo de la política.

Grandes ideas se quedan en el olvido por el simple hecho de que al líder no le gustó, o por la falta de comunicación

No hay espera, no hay tiempo para reflexionar, son tiempos de escaneo, por lo tanto, se trata de ser mucho más directos, efectivos y estar más atentos a lo que se publica o se dice en los medios online.

Un “gracias”, un “me gusta” o una etiqueta en un post en las redes sociales, puede suponer el que un compañero se vea reconocido y quienes lo lean o vean, lo tengan muy en cuenta.

Ahora el líder, además de trabajar los apartados más conocidos y habituales de la comunicación, se ve obligado a conocer y tener nociones de comunicación digital y el uso de herramientas tecnológicas para el trabajo en equipo. No solo el manejo de redes sociales.

Hablamos de un inventario de recursos para la comunicación 2.0. como aplicaciones digitales para trabajo en equipo, agendas electrónicas, herramientas para el email marketing, uso de plataformas de podcasting, la nube digital para el compartimiento de archivos y muchas más.

El reto constante de la m­otivación política

El hecho de querer ser líder no nos convierte evidentemente en esa figura, en política menos aún.

Motivar puede llegar a ser agotador cuando se hace desde una posición de altura, tirando de una cuerda. De ahí la importancia de propiciar el surgimiento de ideas, el contar con el valor que las personas dan a sus iniciativas. Muchas veces grandes ideas se quedan en el olvido por el simple hecho de que al líder no le gustó, o por la falta de comunicación a la hora de plantear la iniciativa.

Liderar es permitir, liderar es escuchar, liderar es cooperar.

En muchas ocasiones te encuentras con una profunda insatisfacción con lo que se está haciendo dentro del partido político y que afecta muy negativamente al rendimiento de hombres y mujeres que puedan colaborar y trabajar, en muchas ocasiones, de manera altruista y desinteresada.
También te puedes encontrar con un mal clima político, o lo que es lo mismo lo que se respira y se huele dentro del equipo, lo que se siente, lo que llega a la gente que está dentro de la organización. En la mayoría de los casos por una necesidad de comunicación demoledora, por haber creado unas expectativas demasiado esperanzadoras e irrealistas, o por no haber usado un “no puede ser” a tiempo.

El aparecer como número uno en una lista de candidatura no necesariamente convierte a una persona en líder, es más, en ocasiones confunde y hace que germine la semilla del narcisismo, se pierde la naturalidad y la perspectiva de a dónde voy y de dónde vengo.

La motivación para un líder político

Muchas veces aparece el síndrome de Boreout, un síndrome que se caracteriza por una serie de alteraciones psicológicas producidas en el ser humano y que es capaz de hacer ver y fingir que se está haciendo algo, cuando en realidad es todo lo contrario.

Seguro que en tu formación política tienes algún compañero así, el que está siempre demasiado ocupado y que no tiene tiempo para más nada, le faltan horas. Todo parte del aburrimiento, la i­nexistencia de retos políticos y la carencia de interés por el proyecto actual.

Llegados a este punto se hace imprescindible contar con personas decididas y capaces de asumir el liderazgo político, un líder fuerte sin fisuras. El capitán de barco que guíe a toda la tripulación hasta buen puerto, gente capacitada para revertir situaciones cuando la gente no está motivada. La ausencia de motivación también produce malestar, enfrentamiento, crispación, incluso desolación en los partidos políticos.

El líder político va mucho más allá de la dirección de proyectos políticos, de dar órdenes. En el liderazgo en política hace falta contar con un gran componente humano, con un grado alto de empatía y no descuidar jamás el lado personal de las relaciones humanas.

Las personas antes de ser figuras políticas son personas, fueron personas y seguirán siendo personas.

Tarde o temprano, si una persona no está contenta dentro de un equipo, acabará por marcharse del partido político, desmantelan­do poco a poco la capacidad y fuerza del partido político. Todos tienen algo que aportar, la cuestión está en identificar esa cualidad que mejor se puede aprovechar y todos no valemos para todo.

Las personas antes de ser figuras políticas son personas, fueron personas y seguirán siendo personas

El liderazgo es una cuestión también de actitud. El líder coach tiene un largo camino aún por recorrer, venimos de muchas décadas de un concepto de liderazgo centrado en la figura unipersonal y a la toma de decisiones al estilo César, ya no es así.

La psicología en política debe tener un protagonismo transversal tanto en la comunicación externa como en la interna de los partidos políticos, tanto para trabajar todo lo concerniente a los electores y a los hábitos de vida de las poblaciones, como para formar nexos en todas las relaciones personales dentro de las formaciones políticas.

La personalidad del líder político

Candidato no es sinónimo de líder, líder no es sinónimo de poder.

Si algo caracteriza a quienes lideran proyectos es la toma de decisiones que, equivocadas o no, van dando forma al proyecto político y hacia dónde se dirige, en qué lugares se hacen pausas o descansos y, además, como se marcan las diferentes estrategias de la comunicación política.

Los buenos liderazgos necesitan su tiempo y tardan en afianzarse, hay que tener mucha personalidad para poder mediar en las múltiples ocasiones en que las ideas y las opiniones hacen acto de presencia en las relaciones personales de los partidos políticos. Si a esto le sumas la aparición del tan conocido ego, más necesario se hace el decidir, sin más.

Más que nunca hace falta la cercanía y el tú a tú entre líder y la otra persona, el contacto personal

Siempre se dice que hay que felicitar en grupo y corregir en privado, en la era de la política digital esta bifurcación se hace una utopía. Un tweet mal interpretado, un mensaje reenviado por error o simplemente un emoticono puede confundir al receptor del mensaje. Más que nunca hace falta la cercanía y el tú a tú entre líder y la otra persona, el contacto personal.

El buen líder tiene que llevar como bandera de su personalidad la coherencia de sus actos, ser capaz de reconocer sus errores, pedir perdón si fuera necesario y, por último, ser capaz de sacar lo mejor de sus compañeros y colaboradores, recompensando cuando fuera necesario sus acciones y todo aquello susceptible de ser puesto en valor.

Las gratificaciones económicas tienen un recorrido muy corto, duran lo que duran, son fuegos artificiales. Todo aquello que produce malestar siempre está presente y para evitar esa situación incómoda hay que revertir la situación con otras acciones que para nada contemplan la aportación económica.

¿Por qué las sedes de los partidos políticos son tan aburridas? ¿Por qué no se dinamizan esos espacios con otras actividades que no sean meramente políticas? ¿No se podría utilizar el local del partido político para fomentar encuentros vecinales o con otros fines?

Pasamos mucho tiempo de nuestro día a día hablando y conviviendo con política, en la calle, en nuestro puesto de trabajo, en la sede del partido, seguramente más que en nuestro propio entorno privado o en nuestro propio hogar. Con más razón para darle un giro a la convivencia social.

Por ello, antes de pensar en cómo ganar las elecciones o gobernar, es responsabilidad de la empresa u organización política poner en marcha las iniciativas y actividades necesarias para facilitar un clima de trabajo político sano y agradable. Si no lo hace, es mejor dedicarse a otra cosa.

El ser humano tiende a formar parte de grupos, pandillas, tiene predisposición ante el asociacionismo, un equipo motivado contagia, un equipo desmotivado separa a sus componentes, los aísla y acaba por romper su unidad.

Algunas de las prácticas más frecuentes y habituales para aumentar la satisfacción y motivación de las personas que están en un partido político, pueden ser el promover actividades fuera del ámbito político, asistir a una excursión, un viaje, una fiesta, una comida.

Además, tenemos el apostar por encontrar claves para mejorar la comunicación política a todos los niveles y en todas las direcciones.

Sin motivación no hay nada, todo queda en intentos, opiniones, crítica y, en el mejor de los casos, presencia al estilo jarrón.

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