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	<title>Debates archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Debates archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Los cara a cara Hillary Clinton – Donald Trump:</title>
		<link>https://compolitica.com/los-cara-a-cara-hillary-clinton-donald-trump/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 07:47:03 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates? Por Miljana Micovic, @MiljanaM Doctora en comunicación y argumentación políticas. En las campañas electorales de EE. UU. los debates son los eventos que suscitan el mayor interés de los ciudadanos y los medios de comunicación. En la campaña actual, los tres enfrentamientos dialécticos entre Hillary [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>¿un paso atrás en la tradición estadounidense de los debates?</h2>
<p><strong>Por Miljana Micovic, <a href="https://twitter.com/miljanam?lang=es">@MiljanaM</a> Doctora en comunicación y argumentación políticas.</strong></p>
<p>En las campañas electorales de EE. UU. los debates son los eventos que suscitan el mayor interés de los ciudadanos y los medios de comunicación. En la campaña actual, los tres enfrentamientos dialécticos entre Hillary Clinton y Donald Trump han generado innumerables noticias y análisis a nivel internacional, en los que hemos podido encontrar raudales de información sobre el predebate y sobre quién ha ganado cada uno de los encuentros. Como siempre. No obstante, esta campaña ha sido distinta y los debates celebrados durante el último mes han sido diferentes de los anteriores. Esta vez no se trataba solamente de reforzar la imagen presidencial y el liderazgo e intentar ganar votos de los votantes indecisos, se trataba también de “sobrevivir” al debate, sobrevivir a los ataques del adversario.</p>
<p>Esta novedad, que ha influido negativamente en el nivel de los debates en la tradición estadounidense, ha ocurrido por varias razones. Entre estas hay que destacar, principalmente, el estilo comunicativo de cada uno de los candidatos, que ha influido en el desarrollo de los debates y ha determinado el transcurso de los mismos. Los tres encuentros televisivos celebrados en la campaña 2016 se caracterizan, sobre todo, por el escaso uso de los recursos retóricos, poca variedad de argumentos y estrategias argumentativas utilizadas por los candidatos, aunque hay que destacar que el discurso de Hillary Clinton fue más rico en cuanto a la tipología argumentativa.</p>
<p>Como es habitual, todo lo ocurrido durante la campaña y los principales argumentos de los programas electorales de ambos candidatos encontraron su hueco en los tres enfrentamientos. En estos se trataron los temas trascendentales para el país, referentes a la política interior y exterior, se plantearon (y en parte respondieron) las preguntas de los moderadores y ciudadanos. Sin embargo, nunca antes se había cuestionado tanto la personalidad de los candidatos, su idoneidad (fitness) para gobernar el país, su comportamiento, temperamento o resistencia. En consecuencia, nunca antes en los debates de EE. UU., pero tampoco en el conjunto de la campaña, ha aparecido con tanta frecuencia como en los tres debates Clinton-Trump el argumento ad personam, un ataque contra la persona del adversario para descalificarlo. Y es precisamente ese contraste de las experiencias y cualidades personales –la argumentación en términos antagonísticos yo versus usted-, el que ha marcado los tres debates, por encima de las diferencias entre los partidos que estos políticos representan.</p>
<p>Observamos que, en general, tanto Trump como Clinton insistían en reforzar los mismos argumentos, repitiéndolos hasta la saciedad en los tres debates. Percibimos que determinadas estrategias, incluso cuando se empleaban, no surtían el efecto deseado, como es el caso del storytelling, argumentación de carácter emocional, que no resultó convincente ni en el caso de Clinton ni en el caso de Trump. Por un lado, notamos que la candidata demócrata usaba la argumentación cuando aportaba muchos ejemplos de lo que Trump había dicho o hecho y que, precisamente a partir de estos, ella establecía el contraste entre las políticas del candidato republicano y las suyas. Por otro lado, identificamos en las intervenciones de Trump un uso elevado de hipérboles y palabras con connotación negativa, como, por ejemplo, desastre, desgracia, error, estupidez, utilizadas por este político para llevar sus acusaciones a niveles extremos. Observamos claramente que la elección temática fue la estrategia argumentativa de Trump para responder a algunas preguntas de los moderadores o al ataque de Clinton: nos trasladaba del tema de los insultos hacia las mujeres al tema de ISIS, de las tasas (no pagadas) a los mails de Clinton, y un sinfín de ejemplos de esta estrategia.</p>
<p>Por último, nos dimos cuenta de que la descortesía lingüística, las interrupciones y la acusación de mentir protagonizaron también los debates; eso sí, expresadas de diferentes formas, con un “no es verdad” y apelaciones a fact-checking de Clinton, y un “ella miente” de Trump. En este sentido, percibimos que ridiculizar al oponte y el uso de humor e ironía aparecieron en los tres debates, sobre todo en el primero, como parte del show, y que en cada espectáculo iban desapareciendo no solo la sonrisa de Hillary Clinton, sino también el saludo con la mano y, en definitiva, el respeto que estos candidatos tenían el uno por el otro.</p>
<p>Y esto es lo que nos ha sorprendido. Se dice que en los debates hay que sorprender, pero ¿nos referimos a no aceptar el resultado electoral o amenazar con encarcelar a la candidata del partido contrario? No ¿Nos parece lo suficientemente sorprendente el aumento de beligerancia y agresividad en los debates estadounidenses? Sí. En definitiva, ¿se trata de un paso atrás en la tradición de los debates estadounidenses? Desde luego.</p>
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		<title>Entrevista a Alan Schroeder</title>
		<link>https://compolitica.com/entrevista-a-alan-chroeder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 May 2016 04:30:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Alan Schroeder]]></category>
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		<category><![CDATA[Debates]]></category>
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		<category><![CDATA[Periodismo de Northeastern University]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Profesor de la Escuela de Periodismo de Northeastern University (Boston, Massachusetts) “Las televisiones son cómplices de Trump. Le han entregado las llaves del coche dejándole conducir a donde quiera” Por Joaquín Marqués, @Quim_Marques, periodista, abogado y politólogo. Alan Schroeder (@ProfASchroeder), nativo de Kansas, vive en Cambridge, Massachusetts. Es especialista en periodismo visual, con una especial [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Profesor de la Escuela de Periodismo de Northeastern University (Boston, Massachusetts)</h2>
<p><strong>“Las televisiones son cómplices de Trump. Le han entregado las llaves del coche dejándole conducir a donde quiera”</strong></p>
<p>Por <span class="DestacadoB">Joaquín Marqués, <a href="https://twitter.com/quim_marques" target="_blank" rel="noopener">@Quim_Marques</a>, periodista, abogado y politólogo.</span></p>
<p>Alan Schroeder (<a href="https://twitter.com/ProfASchroeder" target="_blank" rel="noopener">@ProfASchroeder</a>), nativo de Kansas, vive en Cambridge, Massachusetts. Es especialista en periodismo visual, con una especial dedicación a los debates electorales en televisión, tema en el cual ha centrado su foco de investigación. En esta área ha publicado diversos libros: <em>Presidential Debates: 50 Years of High-Risk TV (Columbia University Press, 2008)</em> que tuvo una versión previa: <em>Presidential Debates: 40 Years of High-Risk TV</em> (<em>Columbia University Press, 2000</em>). Otros títulos salidos de su pluma son <em>Celebrity-in-Chief: How Show Business Took Over the White House (Westview Press, 2004) y Writing and Producing Television News: From Newsroom to Air</em> (Oxford University Press, 2008). Su trabajo también ha sido publicado en revistas académicas como <em>Harvard International Journal of Press/Politics y Creative Screenwriting</em>.</p>
<p>Además, es columnista habitual de diversos medios (New York Times, Financial Times, Washington Post, Politico, Boston Globe, The Huffington Post y The Guardian) donde escribe sobre una variedad de temas relacionados con los medios y la política.</p>
<p>Es considerado un experto mundial en la materia y como tal ha sido citado por The Economist, The New York Times, Washington Post, Los Angeles Times y USA Today. Antes de ser docente, se desempeñó como periodista, productor de televisión, y diplomático.</p>
<p>Sus entrevistas en radio y televisión han sido difundidas por las cadenas ABC, BBC, CBS, CNN, C-SPAN, MSNBC, Sky News (Reino Unido), Canadian Broadcasting Company, Australian Broadcasting Company y numerosos programas de la radio pública nacional.</p>
<p>El trabajo de Schroeder en los medios de comunicación y la política se extiende a nivel internacional. Ha dado conferencias sobre el fenómeno de los debates televisados en Alemania, Colombia, Dinamarca, España, Holanda y Perú. Asimismo, ha declarado ante el Parlamento británico en relación con la estructura de los debates.</p>
<p>También ha formado a periodistas y productores de televisión en el Pacífico Sur y dirigió a periodistas de China, Afganistán, Uzbekistán, y varios países de América Latina. En 2012, fue reconocido como uno de «Los Mejores 300 profesores», por The Princeton Review.</p>
<p>Ha ganado tres veces premios Emmy por su trabajo como productor en Boston WBZ-TV. También fue el productor asociado y presentador de un documental de viajes (<em>America with the Top Down</em>) sobre un viaje por carretera a través del centro de los Estados Unidos que comenzó en la frontera canadiense y terminaba en la frontera con México.</p>
<p><strong>Como experto en debates electorales, a partir de las últimas elecciones españolas, ¿cuáles son los formatos emergentes que considera pueden dar más juego y por qué?</strong></p>
<p>Primero de todo, quiero subrayar que lo ideal es una serie de debates en una serie de formatos, porque cada formato tiene sus ventajas y sus desventajas. El cara a cara tradicional, por ejemplo, es una buena oportunidad para ver cómo los candidatos se tratan uno al otro. Aunque pueda parecer anticuado, este formato sigue siendo un vehículo valioso para informar a los votantes. Para mí fueron muy buenos los cuatro debates de las últimas elecciones españolas y aprendí mucho sobre los candidatos.</p>
<p>En cuanto a nuevos formatos, me interesa mucho el caso de Salvados en La Sexta, que representa una nueva versión de un formato clásico. Eso fue un debate, aunque no tuviera el aspecto tradicional. No sé si los lectores de <em>La Revista de ACOP</em> han visto el documento de 57 páginas que prepararon en Podemos para su candidato Iglesias. Fue increíble. Todos los detalles estaban bien reflexionados.</p>
<p>Yo recomiendo completamente la idea de que los debates pueden ser a la vez entretenidos y educativos. También me gustó el formato del debate digital de El País, en el que los ciudadanos hicieron algunas de las preguntas. Aunque no contó con la participación del PP fue un debate muy interesante, con mucha sustancia. Hay que recordar que los debates pertenecen a los votantes, aunque la “vox populi” no siempre se escucha.</p>
<p><strong>¿Y qué opinión sacó del debate de Antena 3?</strong></p>
<p>Creo que fue el más difícil para los candidatos por el diseño del plató, sin atriles, con mesitas en un costado y taburetes altos que no se usaron. Nadie quería ser el primero en sentarse y mostrar debilidad. Aprendimos mucho como televidentes.</p>
<p>Lo percibí como muy estadounidense, para bien o para mal. Una curiosidad que nunca había visto en ningún debate en 80 países que tengo analizados fue la transmisión de la llegada de los candidatos en sus coches. Cada uno llevaba una cámara en el interior mostrándolo todo. No puedo entender como los asesores aceptaron esa propuesta. Por ejemplo, vimos los nervios de Rivera cuando más necesitaba tranquilidad y recogimiento. Fue una idea de la cadena y, como tiene mucho poder, la aceptaron. Pero, ¿por qué los asesores lo aceptaron?</p>
<p>El peligro de los debates patrocinados por cadenas de televisión es que tienen más que ver con las necesidades y los deseos de las cadenas que con los intereses de los votantes. También hay que precisar que los periodistas televisivos saben hacer preguntas y pedir aclaraciones, y por eso un estilo agresivo (como el de Ana Pastor) tiene valor.</p>
<p><strong>No me resisto a preguntarle por el cara a cara tradicional.</strong></p>
<p>Sé que en España hubo muchas quejas y que a nadie le gustó mucho. Muy aburrido. Pero en realidad, ese formato, exige más por parte de los candidatos que el resto de formatos.</p>
<p>Todavía se siente el efecto con un Rajoy enojado con las palabras de Sánchez (ausencia de decencia). En mi opinión Sánchez ganó ese debate por su agresividad, aunque, personalmente, me pareció excesiva. Pobre Manuel Campo Vidal, tratando de moderar tanta violencia verbal. Fue algo casi físico. Todavía estamos esperando la respuesta a la pregunta que hizo el moderador sobre Cataluña. Si hay otro debate en junio espero que Manuel empiece con esa pregunta, más que nada para obtener respuesta.</p>
<p>Creo que será muy importante la mezcla de formatos en este país en el futuro. Ya se ha roto la tradición. Vamos a ver más formatos experimentales y eso es muy bueno. Este año, en España, con la presencia de cuatro partidos fue una novedad. En el futuro se va a pensar mucho más cómo manejar los debates multipartidistas.</p>
<p><strong>¿Qué nuevos formatos experimentales prevé que puedan triunfar en los debates televisivos en el futuro?</strong></p>
<p>Es probable que los debates se hagan más interactivos. Las empresas de medios sociales como Twitter, Facebook, Google, etcétera, están muy involucrados en los debates electorales a nivel mundial. Un experimento reciente, por ejemplo, permitió que los televidentes votasen, vía Twitter, sobre si un político había respondido satisfactoriamente a las preguntas. Y, como resultado, si una pregunta no obtenía la respuesta adecuada, el moderador presionaba al debatiente para que respondiera con mayor claridad.</p>
<p>También creo que es probable que los futuros debates incorporarán más extractos de vídeo como una forma para que los candidatos sean responsables de sus declaraciones anteriores. Ya estamos empezando a ver este fenómeno en los EE.UU. Los políticos lo odian, por supuesto, pero su falta de entusiasmo significa que es bueno para los votantes. Y el uso de videos tiene mucha importancia con candidatos mentirosos como Trump que dice una cosa el lunes, y lo contrario el martes.</p>
<p><strong>Como profesor de nuevas generaciones de periodistas, y desde la óptica que los medios audiovisuales han renunciado al papel de <em>watchdog</em>, ¿qué tipo de enseñanzas predominan en sus clases?</strong></p>
<p>Enseño principalmente en el área de periodismo visual, por lo que mi principal preocupación es enseñar a los alumnos que las imágenes tienen su propio idioma y que todos necesitamos aprenderlo. Consideramos cómo se usa este lenguaje en el periodismo, en la política, en los mensajes persuasivos, etc. Desglosamos la lengua en sus partes gramaticales y aprendemos cómo usar esa gramática visual en tanto que herramienta para contar historias. El reto para los periodistas televisivos es que los temas “<em>watchdog</em>” a menudo no son muy visuales, así que no tienen mucha importancia en la televisión. En mis clases discutimos enfoques creativos para visualizar contenido que no son inherentemente visuales.</p>
<p>También enseño un curso de ética periodística, en el que examinamos más específicamente cuestiones éticas en torno al reportaje, de varios tipos, incluyendo la cobertura política y la responsabilidad de los reporteros que cubren las campañas para servir a los votantes.</p>
<p><strong>¿Vale todo por el rating en la información electoral? ¿Dónde está el límite para las televisiones?</strong></p>
<p>Tenemos ahora mismo en los EE. UU. el fenómeno de Donald Trump, que básicamente se ha apropiado de los medios de comunicación políticos, especialmente en televisión. Por supuesto, las cadenas de televisión han sido cómplices. Han entregado las llaves del coche a Trump y lo han dejado conducir el vehículo a donde quiera.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de mi crítica, me solidarizo con los productores de televisión que han tenido que tomar estas decisiones. Es evidente que no se puede ignorar a Trump, ya que tiene mucha importancia como figura política. La noticiabilidad de esta candidatura no se puede negar ya que el tema no solo es fascinante sino también significante. Y ciertamente los periodistas televisivos no le dan a Trump un trato preferencial. El problema tiene que ver con el balance -demasiado Trump significa que sus rivales reciben menos cobertura- y hay que mantener el equilibrio, a pesar de los <em>ratings</em>.</p>
<p><strong>En relación con la hipertrofia de Trump en los medios, me preocupa la radicalización de los mensajes para estar siempre presente en la parrilla de los informativos. ¿Hasta qué punto los ciudadanos ‘compran’ esa práctica? Se puede aparecer mucho en los medios con ese tipo de actuaciones pero no sé si la respuesta ciudadana, en forma de votos, es consecuente. ¿El candidato no debería estar pensando más conseguir el apoyo electoral, y no tanto en crear un show y apostar por potenciar el <em>infotaintment</em>?</strong></p>
<p>Buena pregunta, pero la respuesta correcta no la sabremos hasta que la nación vote. Lo que hemos visto hasta ahora es una serie de votos solamente de republicanos. Trump refleja mucho las opiniones de este colectivo, pero para la nación en general me parece que hay más negativo que positivo en su apelación. Hasta entre los republicanos hay mucho desacuerdo. Trump ganará la nominación, pero hay muchos republicanos a los cuales no les gusta ese candidato. Entre los demócratas, de ninguna manera. Tampoco tienen mucho entusiasmo con Hillary Clinton como candidata, pero odian a Trump.</p>
<p>Creo que va a ser muy importante la idea de cuánta gente votará en noviembre ya que eso determinará el resultado. La mejor manera de parar la candidatura de Trump va a ser un voto muy amplio de los colectivos negros, latinos, jóvenes e inmigrantes. Gente que Trump ha denigrado mucho. Mi opinión es que Trump tiene mucho apoyo entre una parte de los republicanos, muy conservadora y racista, francamente. Sus seguidores son blancos, poco educados, de ciertos Estados donde ha impactado fuerte la crisis, pero eso no es todo Estados Unidos. El país, en general, va a tener una reacción distinta que la de los republicanos que apoyan a Trump.</p>
<p><strong>¿Cómo juzga usted el papel protagonista que, en ocasiones, juegan los periodistas en el proceso de la comunicación política?</strong></p>
<p>Es inevitable que los periodistas se conviertan en protagonistas durante las campañas electorales, porque tienen más acceso a los candidatos que nadie. Sin embargo, no deben buscar intencionalmente ese papel, ni definirse a sí mismos como protagonistas, ya que no es su trabajo.</p>
<p>Los debates presentan un gran problema para los periodistas que actúan como moderadores, porque es un papel polémico y de alto perfil. Para cualquier moderador periodístico es muy difícil encontrar el equilibrio entre hacer preguntas y desafiar a los candidatos sobre sus respuestas. Los moderadores son criticados por ser demasiado pasivos o demasiado participativos. Moderar un debate es una tarea dificilísima para los periodistas, que se esfuerzan por mantener su neutralidad.</p>
<p>Por otra parte, al menos en los EE. UU., los candidatos intencionadamente representan a los periodistas como «el enemigo». Esto es muy incómodo para los periodistas, porque no les gusta ser parte de la cobertura. Y en realidad no pueden defenderse sin meterse en peleas con los candidatos.</p>
<p>En algunos casos, los periodistas tienen sólo una opción: hacer frente a los candidatos directamente, al igual que con Jorge Ramos, presentador de Univisión, y su némesis Donald Trump. Sin embargo, esto fue una situación extrema, no una interacción normal. Ordinariamente los periodistas deben resistir la tentación de contraatacar.</p>
<p><strong>¿Cómo cree que debe actuar el moderador en un debate?</strong></p>
<p>Es un papel que siempre hay quejas. Por un lado, fue demasiado pasivo. Fue el caso de Campo Vidal. Por otro lado, fue demasiado activo. El caso de Ana Pastor. Es muy difícil tener un adecuado balance entre los dos lados. En Estados Unidos lo que está pasando ahora, especialmente con Trump, es que hay muchas peleas de los candidatos con los moderadores ya que sus seguidores no tienen mucha confianza en la prensa y esa actuación es muy bien percibida. Los periodistas son enemigos y si yo ataco al moderador es muy bueno.</p>
<p>Espero que ese aspecto no llegue a España. Tengo mucho respeto para las personas que moderan. Los candidatos van a ignorar las preguntas, los límites que se hayan podido pactar, los tiempos. Van a luchar contra el moderador.</p>
<p><strong>En alguna ocasión ha propuesto prohibir que los candidatos, en los debates, lleven papeles. En España es muy habitual, sobre todo en los cara a cara.</strong></p>
<p>En Estados Unidos hay una prohibición, desde Kennedy-Nixon, portar documentos, u otras cosas, al plató. Los candidatos deben estar preparados mentalmente. Llevar notas es síntoma que no se lo sabe bien. Puede haber hojas de papel en blanco para realizar anotaciones. Además, para la realización televisiva es una complicación.</p>
<p><strong>¿Por qué en Estados Unidos se prefieren candidatos septuagenarios (en España estarían jubilados) cuando la mayoría de la población se identificaría con candidatos más jóvenes?</strong></p>
<p>Es verdad que ahora es así, en Estados Unidos, aunque en otras ocasiones no lo fue. Obama o Clinton en su primera elección tenían 46 años y Kennedy 43. Es un poco raro, especialmente para los demócratas, tener candidatos tan viejos. Normalmente son los republicanos los de mayor edad. El problema para los demócratas es que no hay mucho talento entre los políticos más jóvenes. Igual los hermanos Castro, pero no hay muchos. Lo hace problemático para ellos en el futuro.</p>
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		<title>Debates electorales presidenciales ¿por qué? ¿para qué?</title>
		<link>https://compolitica.com/debates-electorales-presidenciales-por-que-para-que/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 06:35:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Melvin Peña, @mpena, consultor en comunicación Digámoslo sin muchas vueltas: sí, los debates electorales presidenciales son parte del espectáculo político electoral y del negocio de la televisión, primero, y después de todos los medios de comunicación, que se benefician de su eco. En términos generales, los debates electorales no cambian los resultados electorales previsibles. Pero si [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span class="DestacadoB">Melvin Peña</span>, <a href="https://twitter.com/mpena" target="_blank" rel="noopener">@mpena</a>, consultor en comunicación</p>
<p>Digámoslo sin muchas vueltas: sí, los debates electorales presidenciales son parte del espectáculo político electoral y del negocio de la televisión, primero, y después de todos los medios de comunicación, que se benefician de su eco.</p>
<p>En términos generales, los debates electorales no cambian los resultados electorales previsibles. Pero si las elecciones están muy reñidas, un golpe de efecto en el debate, una caída por el “foso de la orquesta”, un gesto desafortunado, una pérdida de los estribos, y, sobre todo, una frase fulminante asestada por el contrario podrían liquidar al otro contendiente.</p>
<p>Sí, los debates electorales aumentan el rating de la televisión como un mundial de futbol.</p>
<p>Sí, los debates electorales aumentan con creces la emoción en una campaña electoral.</p>
<p>Sí, después de los debates electorales, lo que queda es lo anecdótico y poco más.</p>
<p>Pero, también es verdad, sí, que allí donde hay debate, hay mayor participación en las votaciones.</p>
<p>Un debate electoral es de las pocas oportunidades que tienen los votantes para ver a su posible mandatario actuando bajo presión extrema antes de elegirlo.<br />
El debate electoral es de las pocas situaciones donde la coreografía de campaña puede perder el control, y es de esas apreciadas circunstancias en las cuales los candidatos se ven forzados a acudir alguna vez a su espontaneidad, a mostrar su verdadera personalidad.</p>
<p><strong>La televisión desnuda</strong></p>
<p>Después de la emblemática serie de cuatro debates entre Nixon y Kennedy, en 1960, el famoso periodista norteamericano Walter Lippmman calificó a la televisión como “una máquina para extraer la verdad”.</p>
<p>De ahí, en parte, que se masificara la leyenda de que para quienes oyeron los debates por radio, ganó Nixon, un político al que siempre le persiguió la fama de mentiroso, pero para quienes los vieron en televisión, ganó Kennedy.</p>
<p>Es difícil mentir ante las cámaras, y Nixon era un político mentiroso, irremediablemente, por encima del promedio en el escenario norteamericano, como lo demostró el triste final de su carrera política.</p>
<p>Precisamente por “la desnudez” a la que están expuestos los contendientes en el debate electoral presidencial, este enfrentamiento televisivo ha sido considerado como un <em>reality show de la política</em>, el show político donde “los trapecistas” caminan sobre la cuerda sin red.</p>
<p>Es esta confrontación lo más parecido a una entrevista de empleo para contratar al máximo ejecutivo de una nación. Es el debate electoral una feria de productos políticos donde se pueden ver lo mejor y lo peor de cada oferta en un mismo lugar y un mismo momento, por lo que facilita al ciudadano el ejercicio de elección.</p>
<p><strong>El debate hace mejores a los candidatos y a los presidentes</strong></p>
<p>“La gente tiene derecho a conocer todo lo que se pueda para comparar entre candidatos y tomar después decisiones”, comentó Ronald Reagan en una entrevista con el famoso moderador de debates en Estados Unidos, Jim Lehrer.</p>
<p>El también republicano Bob Dole, rival de Clinton en 1996, admitió en alguna intervención pública que “el debate exige gran preparación y hace los candidatos mejores”. Y el mismo Clinton fue más lejos cuando aseguró: “Estoy convencido de que los debates me ayudaron a ser mejor presidente”.</p>
<p>El debate presidencial no sólo es beneficioso para los ciudadanos, porque les permite votar de forma más ilustrada, con mayores elementos de juicio, sino también para los candidatos, como lo certifican estas experiencias contadas por veteranos ex presidentes y ex candidatos estadounidenses.</p>
<p>Estos careos ayudan a fortalecer los liderazgos emergentes y los “terceros en la pelea”, que al participar en esas discusiones televisadas tienen una exposición de alcance nacional, y a veces internacional, que de otra forma no tendrían.</p>
<p>Los debates electorales, con toda y su parte frívola, ayudan a fortalecer el liderazgo nacional como un todo y la calidad de la democracia.</p>
<p><strong>La confianza, materia prima de los debates</strong></p>
<p>Si lo debates electorales presidenciales tienen tantas bondades como se ha dicho antes, ¿por qué no se han realizado nunca en algunos países, como por ejemplo República Dominicana, o no se realizan de forma sostenida en España, a pesar de ser aclamados por la opinión pública?</p>
<p>En esencia, estos debates no se realizan nunca o no se realizan de manera institucionalizada por falta de confianza. En sociedades de baja confianza, cada vez que se aproximan las elecciones presidenciales se discute intensamente si “esta vez” habrá o no debate entre los candidatos.</p>
<p>El periodista español Manuel Campo Vidal, quien ha sido el moderador de la mayoría de los debates que se han realizado en España, comparte las claves para hacer realidad este espectáculo electoral y mediático en su libro “La cara oculta de los debates electorales”. A su juicio, para que los debates sean posibles, es imprescindible que se eslabone una “cadena de confianza”, que implique, como mínimo:</p>
<p><strong>1.</strong> Que el candidato confíe en sí mismo, en que puede salir airoso, que tiene algo que ganar. Si no, no se expondrá.<br />
<strong>2.</strong> Que el entorno del candidato también confíe… en su “púgil”, en que debatiendo no arriesgará lo más por lo menos…<br />
<strong>3.</strong> Que los partidos confíen en la cadena de televisión o en la entidad que organice el evento.<br />
<strong>4.</strong> Que confíen en el moderador del debate las partes y los actores implicados<br />
<strong>5.</strong> Que confíen en el realizador de televisión todas las partes.</p>
<p>“Es fundamental encontrar un moderador que no crea que es el protagonista del momento”, ni que tome partido, explica Campo Vidal. También que el realizador de televisión haga tomas dignas del candidato, especialmente los planos de escucha, es decir, cuando el candidato no habla, sino que presta atención a su oponente o al moderador.</p>
<p>Para que se concreten los debates, allí donde hay resistencia en uno o dos de los candidatos punteros, es imprescindible la perseverancia del organizador, quien deberá insistir hasta encontrar soluciones a las objeciones y hasta a los caprichos de las partes enfrentadas en una pugna electoral.</p>
<p>Cuenta Campo Vidal en el citado libro cómo a veces hubo de permanecer hasta un año trabajando en el convencimiento y negociación de un debate, cabildeando ante los candidatos y sus respectivos equipos y usando intermediarios entre las partes, antes de que pueda lograr que el acto, efectivamente, se dé.</p>
<p><strong>Negarle la oportunidad al retador</strong></p>
<p>No sería extraño que el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, no quisiera “elevar” la estatura de los tres nuevos y noveles líderes de la oposición española (Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera) “concediéndoles” la oportunidad de debatir con el veterano político, presidente del Gobierno español, líder del PP y seguro candidato de su partido, en las próximas elecciones presidenciales de España.</p>
<p>Sin embargo, esto no significa que haya que descartar la posibilidad del debate en el escenario electoral español. A juzgar por las experiencias contadas por Campo Vidal, cuanto más temprano se empiece a cabildear y a presionar públicamente por un debate presidencial, habrá mayores posibilidades de que ese intercambio se dé. Temprano no es para unas elecciones que se prevén para el último trimestre de este año, pero ningún esfuerzo es en vano, si se hace por ilustrar mejor a los ciudadanos sobre sus opciones electorales; por facilitarles la toma de decisión documentada; por fortalecer los liderazgos emergentes y las capacidades del potencial presidente –aunque se trate de una reelección- y por aumentar y vigorizar la democracia.</p>
<p>Y, sí, admitámoslo también, ningún esfuerzo es en vano por aumentar el rating y la inversión de publicidad, que también son buenos y legítimos motivos para hacer posible la realización del primer debate electoral presidencial de España en un escenario insólito de “tetrapartidismo”.</p>
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