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	<title>EE. UU. archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>EE. UU. archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Lets Trump be Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Oct 2020 14:19:59 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[EE. UU.]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las elecciones estadounidenses de este año son de las más atípicas de la historia, un presidente que va a jugar con todas las armas posibles para ser reelegido, un presidente que ya ha dicho que en la noche electoral no va a aceptar la derrota si así lo refleja el recuento de votos</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Ferrán Fernández-Pintó, consultoría política &amp; public affairs</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones estadounidenses de este año son de las más atípicas de la historia, un presidente que va a jugar con todas las armas posibles para ser reelegido, un presidente que ya ha dicho que en la noche electoral no va a aceptar la derrota si así lo refleja el recuento de votos, un presidente que le pide a los votantes que no hagan uso del voto por correo porque dice que es fraudulento, un presidente que alienta a las bases republicanas con el miedo del fin de los Estados Unidos en caso de que sea derrotado, un presidente que se saltará el <em>fair play</em> político nominando a una juez para el Tribunal Supremo en medio de una campaña electoral, es decir Trump <em>being </em>Trump y todo esto por si fuera poco con la peor crisis sanitaria vivida en los últimos cien años, pues así está la carrera hacia la Casa Blanca.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2B_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14057" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2B_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2B_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2B_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero antes de llegar aquí hay que tener en cuenta que en el último año han pasado muchas cosas en el partido demócrata. Hace ahora un año que la mayoría de los precandidatos a las primarias ya se habían lanzado a la carrera por la nominación, una nominación que, aunque tuviera a más de 30 candidatos, salvo sorpresa, era una carrera con solo dos posibles contendientes reales, el exvicepresidente de Barack Obama, Joe Biden y el senador por Vermont y exrival de Hillary Clinton ya en las primarias de 2016, Bernie Sanders. El resto de los candidatos parecían más interesados en competir por obtener un hueco a nivel mediático a escala nacional y así poder tener opciones de formar parte del ticket electoral, que no en aparecer como una alternativa real, entre esos candidatos está Kamala Harris, la elegida finalmente como candidata demócrata a la vicepresidencia. Biden y Sanders, representan lo que es el partido demócrata hoy en día, un partido con dos facciones muy diferenciadas y en algunos casos podríamos decir incluso que, divididos, motivo por el cual en 2016 Hillary Clinton no acabó ganando.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué perdieron los demócratas en 2016?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las claves de la derrota fueron que seis estados cambiaron de azul demócrata a rojo republicano: Iowa, Wisconsin, Michigan, Ohio, Pennsylvania y Florida. De estos seis estados cinco están en el llamado <em>Rust Belt area</em>, la zona industrial más importante de Estados Unidos, donde mayoritariamente se viene votando más pensando con el bolsillo que con el corazón. Si analizamos que sucedió hace ahora cuatro años en tres de esos seis estados; Wisconsin, Michigan, y Pennsylvania entenderemos mejor qué pasó esa noche electoral y qué podría pasar este próximo 3 de noviembre. Trump ganó en estos estados por un margen de menos de 80.000 votos sumando los tres estados Donald Trump o lo que es lo mismo, por menos de 1 % de diferencia. Pero analizando con más profundidad que pasó en estos estados uno se da cuenta de que la verdadera clave fue en que una parte del votante demócrata le giró la espalda Hillary Clinton, sobre todo los jóvenes y los más fieles seguidores de Bernie Sanders que, por cierto, no hizo campaña activa por la que había sido su rival en las primarias demócratas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una parte del voto demócrata favorable a Sanders, o bien se quedó en casa para no tener que votar a Hillary Clinton, o bien refugiaron su voto en el partido de los de los libertarios que pasó de no llegar al 1 % de los votos a alcanzar un 3 %, que son precisamente menos de los dos puntos que le faltaron a Hillary Clinton para poder derrotar al actual i­nquilino de la Casa Blanca, o incluso una minoría votaron por el mismo Donald Trump. Si el factor antihillary desaparece de la ecuación, solo quedará saber si los votantes independientes votarán más por lo que había hecho Donald Trump en materia económica antes de la crisis del COVID-19 con cifras de desempleo muy bajas y una economía cada vez más robusta o por el contrario le castigarán por la gestión del COVID-19 que tantos muertos está dejando en el país de las barras y las estrellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si como indican todas las encuestas publicadas hasta ahora, los demócratas ganan en estos tres estados ganarán las elecciones porque no se prevé que ningún Estado que ganaron en 2016 cambie de azul a rojo, y con la suma de los 46 votos del colegio electoral que tienen estos tres estados alcanzarían la cifra de 278 votos, ocho más de los necesarios para llegar al 1.600 de Pennsylvania Avenue.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2C_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14059" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2C_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2C_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2C_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Florida siempre merece un capítulo aparte, junto con Nueva York, es el tercer Estado que más votos aporta en el colegio electoral, 29. Desde las elecciones del año 2000 entre Al Gore y George Bush, siempre, en todas las elecciones, haya ganado quien haya ganado, el ganador no gana por más del 1,4 % de los votos. Siempre se dice que quien gana en Ohio gana las elecciones, pero en lo que va de milenio podríamos decir también que quien gana en Florida gana las elecciones, pero incluso podríamos ir un poco más allá, desde las elecciones de 1924 hasta la fecha, solo en tres ocasiones un candidato ha ganado las elecciones sin el respaldo de Florida, en 1924 Calvin Collidge, John F. Kennedy en 1960, que curiosamente ganó las elecciones sin ganar en Ohio ni en Florida y Bill Clinton en 1992, en el resto de elecciones Florida ha votado por el candidato que ha acabado ganando la carrera para la Casa Blanca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por último una mención especial, para el estado de Arizona, que contra pronóstico también podría ser uno de los estados claves, desde 1948 año en que ganó el demócrata Harry Truman y en 1996 Bill Clinton, ningún otro candidato demócrata ha ganado allí, pero la gestión de la pandemia y el fuerte incremento de voto latino podría hacer cambiar el color de este estado a azul.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El voto latino podría ser mucho más determinante que el afroamericano</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La comunidad hispana supera ya los 60 millones de habitantes sobre un total de 325 millones de habitantes que residen en Estados Unidos, la tasa de paro antes de la pandemia entre los hispanos estaba por debajo del 5 %, actualmente esta por encima del 15 %, su nivel de abandono escolar en los últimos 30 años ha pasado del 30 % a estar por debajo del 10 %, y en los últimos diez años la tasa de hispanos en las universidades se ha casi doblado pasando del 25 % al 47 %. Todos estos datos han conllevado, a que el poder adquisitivo de los hispanos en los últimos 20 años haya aumentado en más del 180 %, eso significa que el voto hispano o latino no solo crece en número de población sino también en calidad de vida, tanto es así, que el poder adquisitivo de la comunidad latina es de 1,4 billones de dólares, que es más que todo el PIB español. Si echamos un vistazo a los resultados de 2016, solo el 57 % de la población latina se registró para poder ejercer su derecho a voto y de estos solo el 47 % acabó yendo a las urnas, eso significa casi 20 puntos menos que el voto del votante blanco, ­o doce menos que la comunidad afroamericana. El cambio respecto a sentirse emplazados a ir a votar dentro la comunidad latina se produjo en las elecciones de medio mandato, en la Cámara de Representantes y en el Senado en noviembre de 2018 donde el voto latino aumento en un 178 % respecto a las mismas elecciones de 2014, esto nos muestra que si el voto latino mantiene los índices de voto o los aumenta respecto a hace cuatro años será determinante en estados como Arizona, Florida o Nevada con una población latina muy numerosa, según todas las encuestas publicadas hasta la fecha son tres estados clave. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como he mencionado anteriormente, hace ahora cuatro años que solo fue a votar un 47 % de los votantes de la comunidad latina, si la participación, como cabe esperar, aumenta significativamente (como hizo en 2018) es evidente que será la minoría quienes podrían decantar las elecciones a favor de los demócratas como ya ocurrió en las elecciones de medio mandato. Aunque no es una minoría monolítica como lo es la afroamericana (que vota un 90 % a los demócratas), sí que es cierto que son más propensos a votarlos a ellos que al partido del elefante, para ser más concretos dos de cada tres latinos acostumbra a votar demócratas y es aquí donde deberían estar haciendo más hincapié y no tanto en los afroamericanos, incluso con el movimiento <em>Black Lives Matter</em>, porque por este lado es más difícil crecer que por el lado de los latinos que votan en menor medida y en menor cantidad para ellos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2D_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14061" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2D_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2D_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo2D_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">La estrategia demócrata</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La pandemia sanitaria del COVID-19 está marcando la manera de hacer campaña y las estrategias, Biden, con casi 78 años y persona de riesgo, no hace mítines para escenificar todo aquello que Trump no está haciendo y que está llevando a que el número de infectados y fallecidos no deje de aumentar en Estados Unidos. Biden lleva mascarilla, rehúye de las multitudes y mantiene las distancias de seguridad, intentando mostrar a los ciudadanos que Trump no es la persona para liderar el país para salir de esta crisis. Los demócratas ganarán en las grandes ciudades y perderán en el mundo rural, hasta aquí todo lo habitual, es por ello por lo que Biden y Harris están intensificando sus discursos hacia el colectivo de los suburbios de las grandes ciudades intentando movilizarlos porque en 2016 Trump les ganó la batalla en este terreno y ahora, junto con la minoría negra y latina, es donde recaerá la victoria o la derrota para el partido que fundaron los seguidores del presidente Andrew Jackson en 1828.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, la mayor batalla de estas elecciones se librará en el voto por correo, Trump está diciendo desde hace meses que habrá fraude, es evidente que es una estrategia para desmovilizar a los demócratas que acostumbran a votar más por correo que los republicanos y que si estos se desmovilizan le favorecerían y, en caso de derrota, tendría la excusa de por vida para explicar su malogro. Recordemos que Trump es un ganador nato y que nunca ha reconocido una derrota en ninguna de sus actividades públicas o privadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, cabe decir que debido a los pocos mítines que se están realizando, no como en las anteriores campañas donde los candidatos recorrían miles y miles de kilómetros de punta a punta del país, los debates esta vez van a tener un papel crucial, y es quizá el punto más débil de la campaña y estrategia demócrata, porque es evidente, que Donald Trump es un hombre más dado al espectáculo televisivo que no Joe Biden. Si este sale bien parado de los tres mítines probablemente será el presidente número 46 de los Estados Unidos.</p>
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		<title>La campaña también se juega en el Supremo ¿La última batalla de Trump?</title>
		<link>https://compolitica.com/la-campana-tambien-se-juega-en-el-supremo-la-ultima-batalla-de-trump/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Oct 2020 14:18:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La elección de los magistrados de la Corte Suprema de los Estados Unidos se ha convertido en un acontecimiento mundial, un proceso en el que confluyen el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, en el que lo jurídico parece pasar a un segundo plano. </p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Rafa Rubio, <a href="https://twitter.com/rafarubio?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor">@rafarubio</a>, profesor de la UCM. Miembro del Comité de consultores de ACOP</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de los magistrados de la Corte Suprema de los Estados Unidos se ha convertido en un acontecimiento mundial, un proceso en el que confluyen el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, en el que lo jurídico parece pasar a un segundo plano. Esta vez la elección ha despertado todavía más interés, al coincidir con la recta final de las elecciones presidenciales. No siempre ha sido así. Hasta hace unos años los procesos de confirmación transcurrían de manera pacífica. En sus 231 años de existencia, sólo once candidatos han sido rechazados por el Senado y sólo diez retiraron su candidatura con el proceso iniciado. Se trataba de sesiones breves, de perfil técnico y pacífico, centradas en el perfil profesional del candidato, donde las confirmaciones eran la regla general y se adoptaban en la mayoría de los casos sin oposición.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3D_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14072" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3D_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3D_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3D_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1987, con la nominación de Robert Bork por parte del presidente Reagan, estas reglas de cortesía parlamentaria habituales en estos procesos cambiaron de manera radical y, desde entonces, prácticamente todas las nominaciones se han convertido en auténticas batallas campales. Las sesiones se extienden durante días, con una violencia impropia de debates parlamentarios y los senadores bombardean al nominado con todo tipo de preguntas, en el caso del último nominado, Kavanaough, superaron las mil, y que, más allá de lo prefoesional, se centran en aspectos vinculados a las ideas y la vida personal de los nominados.Paradójicamente, en paralelo se ha ido rebajando el nivel de conflicto interno dentro del Tribunal en la toma de decisiones dejando atrás esa imagen que los describía como “nueve escorpiones encerrados en la misma botella”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con este cambio, el proceso de selección de Magistrados se ha convertido en una auténtica campaña de comunicación política, una campaña electoral (como recordaba el Juez Roberts durante su confirmación) en la que participan los partidos, los grupos de activistas y los medios de comunicación, responsables últimos del cambio en el tono del debate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los consultores políticos se han convertido en los grandes protagonistas de estos procesos, y a la cabeza de un completo equipo apoyan a la Casa Blanca en las tareas de selección, el lobby con los miembros del Senado, el entrenamiento para los agresivos interrogatorios y el cuidado de la cobertura informativa. Algunos de los consultores políticos más conocidos de su generación como George Stephanopulos (<em>All too human: a political education</em>), Karl Rove (<em>Courage and Consequence</em>, 417-425) o Ed Gillespie (<em>Winning Right</em>, 187-232), que le han dedicado un espacio en sus memorias.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El paradigma Bork</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Toda esta transformación de un proceso institucional en una batalla política y mediática comenzó con el juez Bork. Cuando en 1987 quedó vacante el puesto de Lewis Powell, de carácter moderado, el presidente Reagan propuso a Robert Bork, un juez con un historial de sentencias desconcertantes (especialmente en considerar aceptable­s restricciones al voto). No era su favorito, pero en ese momento era el mejor entre los posibles, después de que el primer nombre del presidente, senador de Utah, Hatch, hubiera aprobado una subida de sueldo a los magistrados que, al afectarle, le hacía incompatible con el puesto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se conoció el nombre, el senador Ted Kennedy criticó duramente la elección, adjudicando al nominado todo tipo de intenciones, reales e inventadas. Tampoco se quedó corto el senador Biden, al que años después el candidato calificaría como autor de “un informe tan tergiversado que merecería figurar en cualquier antología de la injuria (o de la procacidad)”. Dado lo poco habitual estos ataques sorprendieron a la Casa Blanca que no estaba preparada para responderlos y mantuvo silencio durante más de dos meses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras se unieron al linchamiento ONGs, como la ACLU, que impulsaron campañas para evitar la confirmación. El proceso fue tan enconado que incluso daría lugar a un nuevo verbo en el idioma inglés “<em>To Bork</em>” que el diccionario de Oxford define como: «Difamar o vilipendiar (a una persona) sistemáticamente, esp. en los medios de comunicación, generalmente con el objetivo de impedir su nombramiento para cargos públicos; obstruir o frustrar (a una persona) de esta manera».</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3B_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14068" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3B_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3B_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3B_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado, además de un apasionado debate en el que se llegaron a revisar hasta los títulos de los vídeos alquilados por el candidato (entre los que se encontraban <em>Un día en las carreras</em> o <em>El hombre que sabía demasiado</em>) fue el rechazo del candidato, tanto en el Comité Judicial como en el pleno del Senado y, sobre todo, el fracaso de la Casa Blanca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este fracaso no fue en vano y desde entonces la Casa Blanca modificó el e­nfoque de este tipo de procesos, prestand­o mucha más atención al aspecto mediático. Un enfoque que se puso a prueba en 1991, con Bush padre en la Presidencia, cuando la Casa Blanca se enfrentaría a un ataque todavía más ofensivo con la nominación de Clarence Thomas, que aunque finalmente salió adelante, se dejó por el camino el buen nombre del juez acusado de acoso sexual por antiguas colegas de trabajo, lo que provocó la reapertura de la audiencia ya finalizada después de diez días (algo que sólo había ocurrido dos veces en la historia de los EE. UU.), para resultar finalmente elegido de manera pírrica (52-48).</p>



<h2 class="wp-block-heading">De Clinton a Obama</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las confirmaciones de los elegidos por Bill Clinton fueron más tranquilas, pero también depararon alguna sorpresa. La lista de candidatos que fueron considerados, y llegaron a recibir una oferta, supera la decena. Ser nominado al Supremo comenzaba a tener un precio reputacional demasiado alto y no todos estaban dispuestos a pagarlo. En esta lista se encuentran nombres tan conocidos como el del Gobernador Mario Cuomo, el filósofo y profesor Michael Sandel o Hillary Clinton (una idea sexy en palabras de su marido Bill, que fue finalmente rechazada porque como recuerda Stephanopoulos “Sexy estaba bien, pero seguro era aun mejor”).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras una larga lista de descartes y desplantes la elegida fue Ruth Bader Ginsburg, además de por su historial en la lucha jurídica por los derechos de las mujeres, por ser la primera mujer nominada por un presidente demócrata, y la segund­a persona de religión judía nominada. La recientemente fallecida fue confirmada por una amplia mayoría y en sólo un mes y medio, en un periodo de tiempo muy parecido al que dispone el Senado para encontrar a su sustituta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el segundo mandato de George W. Bush, y tras el anuncio de la retirada de la jueza Sandra Day O´Connor, la Casa Blanca llevaba ya cuatro años trabajando en los posibles nominados con un equipo de altísimo nivel del que formaban parte el vicepresidente y su jefe de gabinete, el Fiscal General, el jefe de gabinete y el asesor jurídico de la Casa Blanca. Una vez más y, como consecuencia de los procesos anteriores, muchos de los posibles candidatos rechazaron ser tenidos en cuenta para evitar el desgaste del proceso.<br>El presidente Bush, tras el filtro inicial, se sentó personalmente con los que pasaron a la última fase y eligió finalmente a Roberts, por su capacidad de liderazgo y construcción de consensos. El nominado preparó su comparecencia con la ayuda de un equipo de la Casa Blanca del que, además de Ed Gillespie, Karl Rove, Steve Smichdt formaba parte el exsenador Fred Thompson, famoso por su papel en la serie Ley y Orden. El nominado contestó durante cuatro días más de 200 preguntas, y sufrió una investigación periodística sobre la forma en la que había adoptado a su hijo. Finalmente fue confirmado de manera cómoda, aunque lejos de la unanimidad (78-22).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Peor le fue a la Casa Blanca, con un equipo similar en el siguiente proceso.<br>La nominada, Harriet Miers, también fue objeto de una dura pugna protagonizada, en este caso, por el rechazo de los grupos jurídicos conservadores que, a pesar de su curriculum como brillante abogada y sus años de trabajo como asesora jurídica de la Casa Blanca, no le reconocieron suficientes méritos, lo que acabó provocando su retirada y la nominación del juez Alito. Él tampoco se libró de un proceso desagradable con preguntas interminables como las de Joe Biden (24 minutos) o los insultos de Ted Kennedy, acusándole de racista, pese a ser hijo de inmigrantes, que llevaron hasta las lágrimas a la mujer del candidato. Además tuvo que superar un intento de filibusterismo (la sucesión de intervenciones sin fin, y sin relación alguna con el asunto en cuestión, para bloquear la decisión) y fue nominado ajustadamente (58-42).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3C_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14070" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3C_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3C_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Afondo3C_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el mandato de Obama (que durante sus años en el Senado había votado siempre en contra de las propuestas presidenciales) las confirmaciones de Sotomayor (68-31) y Kagan (63-37) continuaron siendo largas y complejas. Pero la gran batalla fue la de la sustitución del juez Scalia, fallecido repentinamente durante el último año del mandato de Obama. Su nominado, Merrick Garland sufrió el bloqueo del Comité Judicial del Senado, dominado por los Republicanos, y ni siquiera fue sometido a votación, creando un precedente que ha sido invocado en el proceso empezado. Aunque la situación no es la misma, los principios han vuelto a ceder frente a los intereses de unos y otros, y los que en 2016 defendieron el derecho del presidente de nominar un candidato hasta su último día en la Casa Blanca, hoy se agarran al calendario.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El calvario de Kananaugh y la última batalla de Trump</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los elegidos por Trump también han pasado auténticos calvarios para ser confirmados. El primero, Gorsuch además de ser acusado de plagio sufrió también un intento de filibusterismo. Sería el último, porque los republicanos lograron desactivarlo al extender el uso de la “opción nuclear” (establecida por los demócratas en 2013 para sacar adelante las nominaciones judiciales federales) a los jueces del Supremo, lo que permitía aprobar su confirmación por mayoría simple. Eliminada esta posibilidad de dilación parlamentaria el nominado logró de manera muy ajustada su confirmación (54–45). Más difícil lo tuvo Kavanaugh que sobrevivió a uno de los procesos de confirmación más virulentos de la historia. El nominado por Trump fue acusado de acoso sexual por tres mujeres, sufrió manifestaciones continuas a las puertas del Senado donde se celebraba su confirmación (con más de 200 arrestados) y llegó a perder los nervios en unas audiencias que se prologaron durante cuatro días, donde tuvo que responder a más de 1.200 p­reguntas, y donde Kamala H­arris, actual candidata a la vicepresidencia del país, tuvo un papel protagonista, para terminar siendo elegido en el resultado más ajustado de la historia (50-48).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que la situación se repita tras la nominación de Amy Coney Barrett. En esta nueva y decisiva batalla no se han escatimado recursos. Tras la muerte de la juez Ginsburg se hizo pública su voluntad de ser renovada tras las elecciones, una revelación de alto impacto mediático, pero difícil encaje institucional. A continuación, se señaló la incoherencia de los republicanos, por hacer ahora lo contrario que en 2016 (aunque algo parecido podría decirse de los demócratas a sensu contrario). Tras conocerse la nominación de Barrett las críticas se centraron en lo personal, principalmente en su condición de católica y madre de una familia de siete (de los que dos son adoptados y uno tiene síndrome de Down). Estos ataques, que amenazaban con volverse en contra de los demócratas en las elecciones del 3 de noviembre han sido sustituidos por otros más ideológicos acusándola de pretender derogar el Obama Care, o revertir la famosa sentencia sobre el aborto (Roe vs Wade), algo improbable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus repercusiones electorales no están claras. Poner este tema en el centro de la agenda puede distraer de la hoja de ruta demócrata que estaba funcionando a la perfección hasta la fecha, y aunque puede servir para movilizar a aquellos demócratas descontentos con la elección de Biden que votarían para mantener vivo el legado de Ginsburg, a los que sin duda moviliza es a aquellos republicanos decepcionados con Trump, pero para los que en casi un 70 % (Pew Research Center, agosto 2020) este es un motivo muy importante para acudir a las urnas. La respuesta el 3 de noviembre.</p>
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		<title>El voto hispano en la antigua Nueva España</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Oct 2020 14:15:21 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hace 200 años, en 1819, los territorios actuales de ocho de los 50 estados de la unión americana formaron parte integral del antiguo Virreinato de la Nueva España. </p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Octavio A. Hinojosa Mier, <a href="https://twitter.com/OctavioHM71">@OctavioHM71</a>, fundador y propietario de Plus Ultra Strategies, LLC</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace 200 años, en 1819, los territorios actuales de ocho de los 50 estados de la unión americana formaron parte integral del antiguo Virreinato de la Nueva España. Ese mismo año se firmó el Tratado de Adams-Onís donde se acordó los límites fronterizos entre España y Estados Unidos junto con la venta de Florida. Para 1821, la Rojigualda dejó de ondear en ambas costas de lo que hoy son los Estados Unidos. Sin embargo, hoy día, la huella hispana sigue viva y está muy presente dentro de los estados de Arizona, California, Colorado, Florida, Nevada, Nuevo México, Texas y Utah. Estos ocho estados forman hoy el eje del poder político hispano en Estados Unidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este año electoral, el más trascendental en generaciones para los estadounidenses, el voto hispano será clave para ganar las próximas elecciones del 3 de noviembre (3-N). Contando ya con 60,6 milliones personas, los hispanos solidifican su postura como el segundo grupo étnico más grande después de los blancos. El 63 % de toda la población hispana en Estados Unidos vive en los ocho estados ya mencionados. Es decir, dos de cada tres hispanos viven en lo que en su día fue parte de la Nueva España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2020, los hispanos serán el segundo bloque de votantes más grande superando, por vez primera, el número de votantes afroamericanos. Se proyecta que un récord de 32 millones de hispanos serán elegibles para votar. De estos 32 millones, 19 millones de los votantes hispanos elegibles (60 % del total) viven dentro de los ocho estados citados anteriormente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según una encuesta nacional de NBC News / Wall Street Journal / Telemundo que se dio a conocer el 20 de septiembre, Joe Biden lidera frente al presidente Donald Trump con un 62 % a favor contra un 26 % entre votantes hispanos registrados. Pero en el sistema electoral estadounidense no es suficiente ganar la mayoría del voto popular, ya que, en las elecciones de los años 2000 y 2016, dos candidatos presidenciales llegaron a la Casa Blanca aun cuando perdieron dicho voto popular. Quédense con un número clave: 270.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Tendencia2B_N53.jpg" alt="" class="wp-image-14102" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Tendencia2B_N53.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Tendencia2B_N53-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/10/Tendencia2B_N53-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el sistema electoral estadounidense, el candidato que logre ganar el 50+1 % de los 538 votos electorales, es decir 270, será el que se quede los próximo cuatro años en la Casa Blanca. Para llegar a esos 270 votos electorales, tanto Trump como Biden tendrán que ganar el voto de los hispanos en los ocho estados citados. Ya que estos poseen 153 de los 270 votos electorales, es decir más de la mitad que se requiere para llegar a ese número mágico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el candidato demócrata, el camino hacia la Casa Blanca pasa por ganar en los estados de California (55 votos), Colorado (9 votos), Nevada (6 votos), y Nuevo México (5 votos) donde su apoyo supera a Trump. Mientras, en el estado de Arizona (11 votos) Biden lleva una leve ventaja contra Trump. Si Biden gana en estos estados, tendría entonces 86 votos electores. Sin embargo, para el presidente Trump el camino hacia su reelección está un poco más complicado, ya que el único estado de estos ocho donde es previsible que gane es en el estado de Utah, con sus 6 votos electorales.<br>Esto nos deja los dos estados claves para ambas campañas presidenciales: Texas (38 votos) y Florida (29 votos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las últimas encuestas señalan que tanto Trump como Biden están emparejados en las encuestas en ambos estados. Sin embargo, desde 1996, Florida ha escogido al ganador en cada elección presidencial. Por lo tanto, este es el estado que más preocupa al equipo de campaña de ambos candidatos y es el lugar donde se invertirá el mayor numero de recursos para ganarlo. Para ganar el estado de Florida, la campaña de Biden y Harris tendrá que motivar a la mayoría de los 3,1 millones de hispanos elegibles a votar para así contrarrestar el apoyo de Trump dentro de las comunidades del exilio basados principalmente en Miami. En apoyo a Biden, Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York y candidato a la presidencia, va a invertir 100 millones de dólares, de su propio dinero, para ganar Florida poniendo como prioridad al votante hispano. El resultado en Florida durante la noche del 3-N será el primer indicador de quién será el ganador de estas elecciones históricas. Sin duda, el voto hispano será determinante para que uno de los dos candidatos logre ganar este último rincón de la Nueva España en el sur de Estados Unidos, y con ello la Casa Blanca.</p>
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