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	<title>información archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>información archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>El papel de la fotografía política en la información digital</title>
		<link>https://compolitica.com/el-papel-de-la-fotografia-politica-en-la-informacion-digital/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Sep 2020 17:34:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[digital]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos días leí en la bio de Instagram de un importante fotoperiodista de Aragón la siguiente cita:</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/el-papel-de-la-fotografia-politica-en-la-informacion-digital/">El papel de la fotografía política en la información digital</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Luis López Latorre, <a href="https://www.instagram.com/luislopezlatorre/">@luislopezlatorre</a>, responsable de comunicación digital y fotógrafo de Ciudadanos Aragón.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unos días leí en la bio de Instagram de un importante fotoperiodista de Aragón la siguiente cita: “Lo bueno de nuestra profesión es que cualquier error solo dura hasta que se imprime la siguiente edición”, unas palabras que me hicieron reflexionar sobre la situación actual de la fotografía política, actividad a la que me dedico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En plena generación digital como la que vivimos, la fotografía política se encuentra ante la oportunidad (y obligación) de posicionarse como un contenido informativo tanto o más relevante que la propia información escrita, al menos, en lo que a reclamo de la atención del lector se refiere, y huir de la posición meramente “decorativa” que, en la mayoría de las ocasiones, se le atribuye.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3B_N52.jpg" alt="" class="wp-image-14001" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3B_N52.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3B_N52-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3B_N52-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /><figcaption><span style="color:#b4ab84" class="has-inline-color"><em>Visita de Daniel Pérez Calvo a Villa Villera, granja de productos artesanos en Sieso (Huesca),</em> <em>durante la campaña electoral (15/05/2019).</em></span></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según un estudio de <a href="https://directivosygerentes.es/digital/noticias-digital/estudio-hootsuite-redes-sociales">Hootsuite y We Are Social</a>, 29 millones de españoles utilizan las redes sociales y pasan en ellas una media de seis horas diarias. Otro estudio elaborado por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) titulado «<a href="https://www.aimc.es/otros-estudios-trabajos/otros/internet-en-medio-de-los-medios/">Internet en medio de los medios</a>», concluyó que los periódicos impresos son todavía la principal fuente para informarse de temas en profundidad (50,6 %), si bien la inmediatez gana en los medios digitales (43,8 %). <a href="http://www.digitalnewsreport.es/los-usuarios-espanoles-se-previenen-de-la-desinformacion-y-demandan-a-los-medios-mayor-profundidad-y-vigilancia/">Digital News Report</a> anunció las redes sociales son el medio preferido para informarse en los menores de 35 años. Por último, según un estudio sobre <a href="https://computerhoy.com/noticias/tecnologia/internet-destrona-television-en-horas-de-uso-545217">consumo digital</a> entre 50.000 usuarios de 16 a 60 años de edad en 46 países, el 61 % del total señaló que accede a diario a internet para informarse, el 54 % consume televisión, el 36 % escucha la radio, y el 32 % lee periódicos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3C_N52.jpg" alt="" class="wp-image-14007" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3C_N52.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3C_N52-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3C_N52-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /><figcaption><em><span style="color:#b4ab84" class="has-inline-color">Primer día de luto oficial por las víctimas del COVID-19 y banderas a media asta en el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón (27/05/2020).</span></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas cifras reflejan un cambio en la tendencia de las personas a la hora de consumir información, marcada, principalmente, por dos factores relacionados: inmediatez y sobreexposición. La inmensidad de información a la que cualquier usuario está expuesto en internet, bien en redes sociales o medios digitales, provoca que captar su atención sea una tarea mucho más complicada y solo se disponga de un instante para que esta persona decida leer la información que se le ofrece. ¿Cómo imponerse a todos los contenidos que bombardean la atención de los lectores digitales? Con la mejor fotografía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3D_N52.jpg" alt="" class="wp-image-14005" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3D_N52.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3D_N52-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3D_N52-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /><figcaption><em><span style="color:#b4ab84" class="has-inline-color">Visita de Albert Rivera al área de servicio de la N-II para reunirse con transportistas (29/10/2019).</span></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la fotografía política no debe conformarse con servir únicamente de reclamo para acceder a la información que la acompaña. Debe ser informativa por sí misma, como afirma Fran Carrillo, en su artículo “La fotografía en política” de <em>El Confidencial</em> (22 de agosto de 2016), “el fotógrafo debe captar las imágenes que mejor cuenten el mensaje que se quiera comunicar, porque la mente es más proclive a aceptar y recordar sensaciones visuales que palabras”. Una buena fotografía tiene la capacidad no solo de llamar la atención, sino también de permanecer en la memoria de quien la ve.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3E_N52.jpg" alt="" class="wp-image-14003" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3E_N52.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3E_N52-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Tendencia3E_N52-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /><figcaption><em><span style="color:#b4ab84" class="has-inline-color">Daniel Pérez Calvo con la mascarilla antes de comenzar uno de los primeros Plenos en las Cortes de Aragón en la nueva normalidad (13/06/2020).</span></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que la fotografía política alcance el reconocimiento que merece, debe transmitir y resumir el mensaje que se quiere comunicar y tener una esencia emotiva que conquiste al lector, pero, al mismo tiempo, cumplir sus principales y más importantes propósitos: dar más veracidad a la información que la propia explicación y aportar valor diferencial a la marca personal del político.</p>
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		<item>
		<title>Comunicación, tecnologías y acceso a la información: derechos controvertidos</title>
		<link>https://compolitica.com/comunicacion-tecnologias-y-acceso-a-la-informacion-derechos-controvertidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jul 2019 23:18:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[información]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como todos los derechos fundamentales, el derecho a la información es inherente a la dignidad del ser humano. Así es reconocido por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Paloma Piqueiras <a href="https://twitter.com/palomapiqueiras">@palomapiqueiras</a> Investigadora en Dpto. Teorías y análisis de comunicación de la Universidad Complutense de Madrid</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como todos los derechos fundamentales, el derecho a la información es inherente a la dignidad del ser humano. Así es reconocido por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y, desde el año 2015, también por la UNESCO. En el documento de proclamación del Día Internacional del Derecho de Acceso Universal a la Información se explica que su cumplimiento es determinante para el funcionamiento democrático de las sociedades y para el bienestar de los ciudadanos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema viene cuando varios años después de haber alcanzado ese estatus jurídico el acceso a la información sigue encontrándose con numerosos obstáculos que impiden su plena realización. El principal, según la UNESCO, reside en los enrevesados mecanismos de acceso, excesivamente formales y burocráticos, con plazos extensos y/o tarifas elevadas. Desde luego, el organismo internacional se está refiriendo a los mecanismos más tradicionales y, por tanto, quizás algo desactualizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el nuevo ecosistema digital cabría pensar que internet ha podido influir positivamente en la situación. Más aún cuando parece haber un consenso en que gracias a esta herramienta existe un espacio que empodera a los usuarios para crear, difundir y compartir información. Sin embargo, las últimas evidencias, también permiten presentar a internet como un catalizador de maliciosa desinformación en forma de posverdad o fake news. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En este escenario se mantiene viva una pregunta: ¿cómo pueden las instituciones asegurarles a los ciudadanos el libre acceso a la información? En segunda instancia, podríamos cuestionar también si los poderes públicos están ofreciendo a la población todas las herramientas necesarias para propiciar una sociedad más libre y consciente y si han abierto los canales de comunicación correctos con sus públicos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es uno de los debates que se plantearon en el Congreso de la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social (IAMCR, por sus siglas en inglés) que se celebró del 7 al 11 de julio en Madrid. La sede central fue la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, donde participaron 1.700 ponentes de 104 países distintos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La contundente respuesta de la comunidad profesional y académica a la cita, así como el récord histórico de inscripciones (casi 4.000) confirman el interés que hoy en día provoca la comunicación política. Además, fortalece la noción de que el mundo académico sigue concienzudamente preocupado por el desarrollo conceptual y estratégico de la misma, mientras que el entorno profesional va ganando cada vez más relevancia en el espacio de los partidos políticos y las instituciones públicas.</p>
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		<title>Entrevista a Sergio MartÍn Herrera</title>
		<link>https://compolitica.com/entrevista-a-sergio-martin-herrera/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 07:48:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[información]]></category>
		<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Periodista]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio MartÍn Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[TVE]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Periodista de TVE. “Tienes que tener muy claro siempre lo que estás haciendo y diferenciar muy bien los géneros, separar muy bien qué es información y qué opinión” Por Ignacio Martín Granados, @imgranados Director de La Revista de ACOP Sergio Martín @sergiomartintve es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca. Comenzó su andadura [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/entrevista-a-sergio-martin-herrera/">Entrevista a Sergio MartÍn Herrera</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Periodista de TVE.</h2>
<p><strong>“Tienes que tener muy claro siempre lo que estás haciendo y diferenciar muy bien los géneros, separar muy bien qué es información y qué opinión”</strong></p>
<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Ignacio Martín Granados,</span> <strong><a href="https://twitter.com/imgranados?lang=es">@imgranados</a> Director de La Revista de ACOP</strong></p>
<p>Sergio Martín <a href="https://twitter.com/sergiomartintve?lang=es">@sergiomartintve</a> es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca.</p>
<p>Comenzó su andadura profesional en los servicios informativos de RNE en el programa “España a las 6-7-8” del que llegaría a ser subdirector. A lo largo de su carrera profesional ha trabajado en los Servicios Informativos de RNE Alicante, como reportero en la versión radiofónica de «España Directo»; ha colaborado en varios programas como “La Noche Menos Pensada”, “Las Mañanas de Radio 1&#8243;, “El Tranvía”, “Buenos días, “La Ola” y “El Navegador”; también fue subdirector del programa “Esto me suena” con el Ciudadano García y director de “ConSentidos”, ambos de RNE.</p>
<p>Desde octubre de 2012 hasta agosto de 2016 fue director del Canal 24 Horas de Televisión Española, presentando desde septiembre de 2013 «La Noche en 24 horas», programa en prime time de debate político. Desde septiembre de 2016 presenta la nueva temporada de “Los desayunos”, el programa diario de actualidad, política, entrevistas y debate de La 1 de TVE.</p>
<p>En 2007 la Asociación de la Prensa de Madrid le otorgó el Premio Larra, premio que reconoce la trayectoria del periodista menor de 30 años que más se haya distinguido a lo largo del año anterior. En 2013 la Academia de Televisión otorgó al Canal 24 horas que él dirigía la distinción de Mejor Canal Temático y también ha sido reconocido su trabajo en la XLIII edición de las Antenas de Oro (2015).</p>
<p>Acaba de publicar, como coordinador, el libro <em>Noticias, las justas. El reto de adaptar el lenguaje jurídico a la sociedad</em>.</p>
<p><strong>En el libro que coordina y que está en la calle desde hace unos días, <em>Noticias, las justas</em>, afirma que una de las principales tareas de los profesionales de la comunicación es hacer comprensible la información para cualquier lector y propone un gran pacto por la comunicación para colaborar en el bien común de entender y ayudar a entender la realidad ¿Considera que con la política sucede algo parecido?</strong></p>
<p>Sí, sucede algo parecido. El objetivo es el mismo, entender y ayudar a entender lo que ocurre en “el patio político”. Nuestra obligación, la de los que nos dedicamos al debate político, desde los medios, es la de ofrecer cuantas más “herramientas” mejor, con el objetivo de que cada espectador saque sus propias conclusiones. Esas “herramientas” son, obviamente, entrevistas con los principales actores políticos, para preguntarles cara a cara sus opiniones sobre cada tema de actualidad. Eso es lo más obvio, pero hay otras muchas herramientas. Para intentar entender lo que sucede a nuestro alrededor es necesaria la concurrencia de muchos otros elementos: analistas políticos (habitualmente llamados “tertulianos”), expertos en economía (cuando el debate vaya de economía), expertos en comunicación política (si vamos a analizar un debate televisado, por ejemplo) o expertos en educación (si vamos a abordar el debate sobre la reforma de la educación). Hay asuntos más difíciles de abordar, por ejemplo el debate territorial. Cada día creo más en la voz de expertos, alejados de intereses partidistas, capaces de arrojar luz (al menos en la definición de los conceptos) más allá de la opinión de cada uno…</p>
<p><strong>¿El problema de desafección y desconexión entre la clase política y los ciudadanos es sólo de comunicación?</strong></p>
<p>Los primeros que hablaron de “problemas de comunicación” para explicar esa desafección, ese alejamiento, fueron los propios políticos. Seguro que hay un problema de comunicación, especialmente para algunos menos acostumbrados a los focos de los medios. Sin embargo, tengo la sensación de que cuando entonaban ese <em>mea culpa</em> por no haber sabido explicar a los ciudadanos medidas que -en sus propias palabras- “habían que tomar”, en realidad eludían entrar al fondo de la cuestión de asuntos más complejos. Si me preguntas que si no hablar en el lenguaje de la gente de la calle desconecta a los ciudadanos de los políticos, la respuesta obviamente es que sí. Ahora bien ¿hay más cosas que generan desafección? Humildemente, creo que también…, para empezar, diez meses de Gobierno en funciones, haber estado a punto de celebrar tres elecciones generales consecutivas, ver a todos los políticos hablar más que nunca de “diálogo” y “acuerdos” en la etapa con menos acuerdos de nuestra historia reciente y no muchas muestras de capacidad para dialogar, seguro que genera desafección. Da la sensación (sea o no así) de que los problemas que preocupan a la gente no son los mismos problemas que preocupan a los gobernantes. Todos (también los periodistas) debemos preguntarnos si los debates a los que dedicamos tantas horas en tertulias de televisión y radio o tanto espacio en los periódicos, son, en realidad, lo que más preocupan a los ciudadanos. Los resultados de la encuesta del CIS nos suele poner “los pies en el suelo” todos los meses.</p>
<p><strong>Aceptando ruedas de prensa sin preguntas, políticos que no comparecen o lo hacen en un plasma o impedir a los profesionales que desarrollen su actividad en buenas condiciones de trabajo, ¿no se está mandando un mensaje de desprestigio de la profesión?</strong></p>
<p>No me gustan las “ruedas de prensa sin preguntas”, para empezar porque no son “ruedas de prensa”, son otra cosa. Como mucho, declaraciones a los medios o declaraciones televisadas. Sin preguntas no son ruedas de prensa y cada vez que alguien sucumba a la tentación de celebrarla, desde los medios debemos, como mínimo, subrayarlo. Cada vez que ocurre muchos nos preguntan si los periodistas, precisamente para poner en valor el trabajo de los profesionales, deberíamos “plantarnos”, no dar cobertura a esos actos. Desde la tranquilidad de una redacción la respuesta es muy sencilla, el problema es que quienes cubren esos actos habitualmente son los “eslabones” más débiles de la cadena, esa decisión no la pueden tomar ni ellos, ni pueden hacerlo sobre la marcha. El planteamiento debe ser más profundo. A mí personalmente, me encantaría que todos los medios de comunicación (por naturaleza tan competitivos unos con otros), en esto fuéramos capaces de ponernos de acuerdo.</p>
<p>Sobre lo de comparecer “en plasma”, por suerte, cada vez ocurre menos. Estamos en la era de la comunicación, ya nadie discute (hace pocos años todavía había quien lo cuestionaba) que la comunicación es una parte esencial de cualquier trabajo -en general-, y del de los políticos -en particular-. En la era de las redes sociales, de los <em>videostreamings</em>, de Periscope o de los videos en directo a través de mentions (herramienta de video en directo de la plataforma Facebook), donde cualquier ciudadano puede dirigirse, en directo, con imagen, a miles de personas y responder a preguntas sobre la marcha, nadie entiende el sentido de la comunicación unilateral, sin preguntas, o en plasma. Te puede gustar más o menos, pero es así. Si quieres “conectarte” con la gente tienes que hablar en su lenguaje y estar donde están los ciudadanos.</p>
<p><strong>En los últimos años hemos visto proliferar los espacios televisivos dedicados a comentar la actualidad política, ¿como periodista, a qué cree que se debe este renovado interés por la política?</strong></p>
<p>A ver, a nadie se le escapa que de un tiempo a esta parte la actualidad política está apasionante. Te recuerdo que en la última legislatura hemos visto cómo aparecían en la arena pública nuevos partidos políticos y nuevos líderes carismáticos. Hemos asistido a algo nuevo, no sé si el fin definitivo del bipartidismo, pero sí de la entrada en el Congreso de nuevos partidos que, además, tienen una forma nueva de relacionarse, tanto con sus votantes como con sus rivales políticos. Todo eso, precisamente, por la novedad, ha generado mucho interés. Ahora bien, es cierto que hemos visto en muchas ocasiones cómo estirar demasiado “la goma” de algunos formatos televisivos acaba por cansarnos a todos, espectadores y periodistas…, y este formato (la tertulia) de política o de cualquier otro asunto, es barato. Seguro que eso también explica que hayamos visto nacer muchas tertulias en los últimos años. Como ha pasado en otras ocasiones, con el paso del tiempo, todo tiende al equilibrio. “Los Desayunos de TVE” es uno de los programas decanos de la tertulia y el análisis político en televisión, y seguirá ahí cuando haya pasado este “tsunami”…, seguro.</p>
<p><strong>Usted proviene del entretenimiento, antes de recalar en el Canal 24 Horas ¿Se está abusando del <em>infoentretenimiento</em> en política o todavía nos queda mucho por ver?</strong></p>
<p>Es cierto que en radio yo he explorado diferentes registros. Empecé en el área de informativos pero luego hice otras muchas cosas. De todas aprendí mucho. Creo que manejar diferentes registros es bueno para los profesionales. Pero, eso sí, tienes que tener muy claro siempre lo que estás haciendo y diferenciar muy bien los géneros, separar muy bien qué es información y qué opinión. Hace unos días escuché a una buena compañera de televisión, en un curso de verano, una reflexión que me gustó mucho y que le tomo prestada: “no pasa nada por ver programas de entretenimiento o por consumir información, el problema lo tienes cuando crees que estás informado, pero en realidad lo que estás es entretenido”. Repito que la reflexión no es mía, pero me parece muy interesante. Separar los géneros requiere un ejercicio de honestidad por parte del periodista. Asunto bien distinto es la manera de contar las noticias. Cada cual tiene su estilo, yo confío mucho en la espontaneidad, en la naturalidad también para contar noticias. Los presentadores ya no hablamos desde el “púlpito” de la televisión. Lo de hablar en lenguaje de la calle no es solo para los políticos, creo que también nosotros nos lo tenemos que aplicar.</p>
<p><strong>En la profesión, de forma jocosa se habla de la mala reputación de los periodistas (<em>el pianista en el burdel</em>) y la sempiterna crisis del periodismo, pero, ¿cuáles son los verdaderos retos del periodismo en el siglo XXI?</strong></p>
<p>Bueno, la llamada crisis del periodismo, como dices, es un asunto eterno. No estoy tan seguro de que el periodismo esté en crisis. El oficio del periodismo es el mismo de siempre, contar lo que pasa, ofrecer herramientas para entenderlo, hablar con expertos sobre la materia, contextualizar la información y hablar con los protagonistas…, y todo ello desde la honestidad, intentando dejar los prejuicios de cada uno en la puerta del trabajo y enfrentándote a la actualidad sin más arma que la curiosidad. Los periodistas no somos, ni debemos aspirar a ser, nunca, por definición, los protagonistas de la noticia. Como los árbitros de fútbol o los guardias de tráfico, cuanto menos se note nuestra presencia, mejor. La tecnología (que ya no son “nuevas tecnologías”) ha creado la “falsa ilusión” de que cualquier persona con la tecnología suficiente para transmitir a distancia (audio o video) y la capacidad para llegar a un público amplio (como ocurre ahora con las redes sociales), que se tope, de pronto, con un hecho interesante, es un periodista. Pero no es así, el periodista no se encuentra con las noticias (no habitualmente), sino que las busca o sabe verlas donde otros sólo ven hechos cotidianos. Además, dedica tiempo y recursos a poner en contexto la noticia, a buscar fuentes y hablar con expertos. El trabajo bien hecho, más allá de modas o sensacionalismo nunca estará en crisis porque siempre tendremos la necesidad de que alguien nos cuente lo que pasa.</p>
<p><strong>Hoy en día los lectores consumen por igual la información real y los pseudohechos disfrazados de noticias (lo que se ha denominado <em>periodismo fantasma</em>) y existe una obsesión por la primicia, aquello que se publica y comparte de inmediato. Además, en el nuevo presente informativo los hechos se sustituyen con opiniones e incluso con mentiras…, ante esta tendencia, quién acaba perdiendo ¿No es el periodismo?</strong></p>
<p>Claro, esto enlaza con lo que te contaba antes. Cualquier persona que se tope, por ejemplo, con un accidente de tráfico, puede tomar una foto y subirla de inmediato a las redes. Es más, cuando esto sucede mucha gente afea a los medios de comunicación tradicionales la rapidez con la que vemos la foto (del accidente en nuestro ejemplo) en las redes y lo mucho que tardan, sin embargo, en publicar esa misma foto los periodistas. Hay que aclarar que las redes sociales son una excelente ayuda para periodistas, a menudo nos dan la pista de dónde y cuándo puede haber una noticia. Un ciudadano anónimo publica la foto, sin más. Un periodista debe verificar la información, debe confirmar que la foto es auténtica y no un <em>fake</em> y, como te decía antes, después no quedarse ahí, sino hablar con testigos del accidente, expertos en accidentes de tráfico, etc… El problema lo tenemos precisamente cuando competimos por ser los primeros en dar la información, cuando nos precipitamos porque “ya todos lo están contando” (una frase que se escucha muy a menudo en las redacciones) y soltamos la información sin tenerla confirmada o dando por buena una fuente poco fiable.</p>
<p><strong>¿No es un síntoma que el periodismo de datos y el fact checking cada vez tengan más presencia?</strong></p>
<p>El periodismo de datos, en mi opinión, es un poco redundante, aunque entiendo su éxito. En realidad es muy difícil hacer buena información sin datos, sin hechos objetivos. Los datos, las buenas infografías en la prensa tradicional, los buenos gráficos acompañando a informaciones en televisión o los llamados “recuadros” en radio han existido siempre, hace mucho que están ahí. Otra cosa es que por esa mezcla de géneros de la que te hablaba antes (pretendida o no) muchos espectadores, lectores y oyentes se hayan cansado de opiniones (que parten siempre de una posición subjetiva) y demanden los “datos en bruto”, sin destilar, sin haber pasado por el filtro del periodista. Entiendo el éxito de la fórmula, pero tampoco hay que perder de vista que un experto en estadística es capaz de retorcer los datos hasta hacerles decir justo lo que quiere bajo esa apariencia de objetividad que ofrecen siempre los datos. Así que, en mi opinión, todo remite a la honestidad del periodista, ya sea haciendo un reportaje, una entrevista, una información en directo o un buen trabajo <em>fact checking</em>.</p>
<p><strong>¿Internet y el populismo han matado la verdad? ¿Qué se debe hacer desde el periodismo para tener una sociedad bien informada?</strong></p>
<p>La verdad no morirá nunca. Nada tiene más fuerza que la verdad, el poder de los hechos. Ya sé que el debate sobre la verdad es filosófico y no hay tiempo ahora para reflexionar sobre la objetividad o quién hace de árbitro de la verdad. Es muy complejo, pero a nivel intuitivo todos sabemos quién se ajusta todo lo que puede a los hechos y quién no. Al menos quién lo intenta. Sobre la sociedad bien informada, estar bien informado requiere una inversión en tiempo y esfuerzo. Leer varios periódicos, ver varios telediarios o escuchar varios informativos es la mejor manera de estar bien informado, de escuchar todas las opiniones, de conocer el punto de vista de todos los protagonistas y de formarte tu propia opinión…, pero requiere un esfuerzo grande.</p>
<p><strong>Para finalizar, en su opinión ¿cuál o cuáles son los políticos que comunican mejor? ¿Qué consejo daría a los políticos?</strong></p>
<p>Jajaja, en ese jardín no me meto (y mira que suelo pisar todos los charcos). No soy quién para dar consejos a nadie. De verdad…</p>
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		<title>Estrategia y diplomacia pública: el tiempo de la política</title>
		<link>https://compolitica.com/estrategia-y-diplomacia-publica-el-tiempo-de-la-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 16:56:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La diplomacia pública ha ganado espacio en los estudios de comunicación política internacional en los últimos años. La creación del Alto Comisionado para la Marca España, el peso de la diplomacia pública en el Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS en sus siglas en inglés), la sucesión de grandes eventos en Brasil o la fuerte [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>La diplomacia pública ha ganado espacio en los estudios de comunicación política internacional en los últimos años. La creación del Alto Comisionado para la Marca España, el peso de la diplomacia pública en el Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS en sus siglas en inglés), la sucesión de grandes eventos en Brasil o la fuerte inversión de los países del Golfo Pérsico en internacionalizar sus ciudades son buenos ejemplos de cómo la comunicación ha asumido una función fundamental en las relaciones internacionales.</h3>
<p><span class="DestacadoB">Juan Luis Manfredi</span>, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha.</p>
<p>Se han multiplicado las definiciones académicas y profesionales. Joseph Nye ha acuñado la idea de <em>soft power</em> y <em>smart power</em>, mientras que Phil Seib incide más en el impacto de los medios sociales en la <em>real-time diplomacy</em>. Nicholas J. Cull ha concretado aún más: <em>“an international actor’s attempt to ma­nage the international environment through engagement with a foreign public”</em>. Yo también tengo la mía: la diplomacia pública consiste en la estrategia de información, educación y entretenimiento que tiene como objetivo el ejercicio de la influencia sobre un público extran­jero. Es una línea de la acción exterior, por lo que tiene que alinearse con la diplomacia convencional y con las estrategias de gobier­no. Tiene tres objetivos fundamentales: reforzar la identidad de la lengua y la cultura en tiempos de globalización (Instituto Cervantes, <em>BBC World Service</em> o la francofonía, pero también los programas Erasmus), participar en los flujos de la economía internacional (comercio exterior, diplomacia económica o marca país) y ejercer la influencia en la opinión pública (las becas de la Fundación Carolina, el <em>International Visitor Leadership Program</em> de los Estados Unidos o la capacitación de funcio­narios internacionales en tu propio país).</p>
<p>Lo que distingue la diplomacia pública de la propaganda es el interés en el beneficio mutuo, la cooperación y la transparencia. En cambio, la propaganda es coercitiva, impone los contenidos y no abre espacios para el diálogo y el cambio. En diplomacia pública, la difusión de las ideas con el objeto de atraer recursos y personas tiene que basarse en la confianza y el entendimiento. Subrayo, por último, que la diplomacia pública es acción de gobierno, luego los programas desarrollados a título privado por organizaciones, empresas o indivi­duos no entran dentro de esta categoría. Son de creciente importancia en el ecosistema de comunicación internacional, pero no se rigen por los mismos principios.</p>
<p>En síntesis, la acción diplomática ha caído bajo el escrutinio de los medios de comunicación y la opinión pública, en palabras del profesor Gilboa, de la <em>Bar-Ilan University</em>. Esta dinámica de comunicación internacional se ha acelerado por la implosión de los medios digitales (Twitter, teléfonos móviles, <em>Wiki­leaks</em>), la consolidación de las grandes cadenas mundiales de televisión (<em>Fox News</em> y <em>Al Jazeera</em> son ahora mejores ejemplos que CNN o BBC) y la aparición de nuevos actores decisivos en las relaciones internacionales (Google y Facebook, pero también las organizaciones no gubernamentales).</p>
<p><strong>El tiempo de la política</strong></p>
<p>La diplomacia pública ha entrado en una etapa de madurez, de profesionalización de la comunicación internacional. El fracaso de algunas acciones, tales como la sonada<em> Shared Valued Initiatives</em> de la Administración Bush, pone de manifiesto la necesidad de pensar la estrategia de diplomacia pública dentro del orden político. No basta con una campaña de relaciones públicas o un <em>rebranding</em>. Hay que diseñar la acción exterior, reformar la práctica diplomática y atender a las nuevas fuentes de poder y competitividad global. Asimismo, toda acción principia en las políticas nacio­nales. Hay que buscar un acuerdo de mínimos sobre qué somos, cómo nos percibimos y qué queremos trasladar al exterior. Sin ese consenso, la estrategia está abocada al fracaso.</p>
<p>El éxito de una estrategia de diplomacia pública depende de numerosos factores. En primer lugar, depende de las culturas, las ideas y las normas globales. No se puede comparar el poder normativo o la capacidad de influencia de Suecia con China, Estados Unidos o Rusia. Todos ellos cuentan con acce­so a los canales de comunicación, pero no gozan de la misma credibilidad interna­cional. No deberían seguir los mismos caminos para conectar con los públicos. No todos los países pueden desarrollar un Hollywood, una<em> London School of Economics</em> o unos Juegos Olímpicos. Al menos, no al mismo tiempo. España podría alinear la diplomacia cultural (el español como lengua extranjera) con otras acciones relevantes en el ámbito de las industrias culturales (cine, literatura) y, sobre todo, educación superior. El liderazgo de las escuelas de negocio españolas es una pista de por dónde podemos caminar.</p>
<p>En segundo término, es recomendable conectar con los intereses de los ciudadanos en el exterior. De hecho, es ahí donde reside el valor añadido en la medida que no necesita autorizaciones previas de un gobierno extranjero. Es un reto mayúsculo que requiere un trabajo constante, una cierta capacidad de escucha de las demandas y necesidades y una reformulación de las tareas del diplomático. Algunos pensamos que <em>Wikileaks</em> puso de manifiesto la incapacidad de las legaciones para entender tanto el cambio como la velocidad del mismo en las sucesivas primaveras árabes. En algún cable, pocos días antes de las revoluciones, aún se lee algo parecido a “sin novedad en el frente”. La diplomacia re­quiere menos secretos, pero mejor guardados y elaborados. Una diplomacia de la influencia no se sostiene sobre estrategias de la Guerra Fría, sino sobre una suerte de nuevas competencias. Esta idea se materializa en más trabajo directo con las instituciones ciudadanas y más atención a lo que sucede en las redes sociales. Son un termómetro de percepciones.</p>
<p>Un tercer hito es el trabajo en equipo. Pode­mos revisar la composición de la <em>Foreign A­ffairs Public Diplomacy Committe</em> en Reino Unido, la <em>US Advisory Commission on Public Diplomacy o el Team Norway</em>. En todos ellos, encontramos representados los intereses de las relaciones internacionales, el comercio exterior, la cultura, las cámaras de comercio, las instituciones científicas y todos aquellos stakeholders cuya acción exterior es de rele­vancia para un país. No caben exclusiones, sino que debe articularse un sistema que permita a todos los actores opinar, sumar y crear valor. Aquí cuentan las comunidades autónomas y los municipios (acuerdos tipo <em>Eurocities</em>, pero también el brillo propio de Barcelona o Madrid), así como las universidades, las empresas con proyección exterior (diplomacia corporativa), los ciudadanos y las asociaciones (la actividad de las casas es fundamental). Es un espacio ideal para el diálogo y la participación de la sociedad civil antes que para la imposición jerárquica de intere­ses o acciones.</p>
<p>Este equipo necesita un liderazgo claro, que ejecute los proyectos y que tenga vocación de continuidad. Es importante que la materia se considere prioritaria. Más aún, me atrevería a sugerir que la diplomacia pública tiene que ser una función de la presidencia del gobier­no, porque es un activo que afecta directamente a la cuenta de resultados. En el caso español, dos ejemplos avalan esta hipótesis. Por un lado, cuando uno repasa las portadas de la prensa financiera anglosajona reconoce la falta de peso y de capacidad de influencia. Necesitamos trabajar la credibilidad exterior para mejorar la reputación en los mercados internacionales. A esto le llamaremos respeto por nuestras decisiones políticas. Por otro, el turismo es un motor de la economía española. Recibimos más de cincuenta millones de visitantes cada año: ellos son los mejores receptores y embajadores de la Marca España. Nuestra estrategia tiene en esa ciudadanía un activo de incalculable valor.</p>
<p>Un cuarto punto a considerar será la geoestrategia digital. Internet y los nuevos medios reconfiguran la esfera pública, el espacio donde se negocian los derechos y las libertades. Hay que trabajar este punto aunque solo sea por razones demográficas. El 33% de la población mundial tiene entre 15 y 29 años, llevan un móvil conectado 24 horas al día y están cambiando la forma de comprender la globalización.</p>
<p>Finalmente, es fundamental establecer un sistema de rendición de cuentas, análisis y previsión. Tenemos que saber que cada euro invertido tiene una tasa de retorno, que estamos cumpliendo los objetivos (¡cualesquiera sean!) y que la continuidad está asegurada. Los estudios de opinión pública tienen que completarse con otros acerca de la captación de inversiones, la atracción de estudiantes extranjeros o el incremento del valor de los productos y servicios asociados a la marca país.</p>
<p><strong>Unas conclusiones apresuradas</strong></p>
<p>La diplomacia pública representa la vanguardia de las relaciones internacionales, una nueva forma de desarrollar el poder y de participar en la arena política. No es una cuestión de iconos, seguidores en Facebook o campañas virales. Antes al contrario, persigue la creación de una comunidad de intereses con públicos extranjeros. Será una transformación estratégica en la medida que añada valor a la representación, la negociación y la comunicación de los intereses en el exterior, las tres funciones clásicas de la diplomacia. Por eso es necesario establecer un plan estratégico, sumar iniciativas, crear espacios para la conversación y transformar la diplomacia pública en un elemento fundamental de la acción exterior.</p>
<p>El reto de los profesionales de la comunicación pasa ahora por establecer los cauces de cooperación con las instituciones, formar a los diplomáticos y otros actores en las competencias de la comunicación, persuadir a los gobernantes de lo que está en juego y normalizar la diplomacia pública. Sí, nos queda trabajo por hacer. g</p>
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		<title>La comunicación online de los Parlamentos</title>
		<link>https://compolitica.com/la-comunicacion-online-de-los-parlamentos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Feb 2013 14:50:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El buen funcionamiento de cualquier democracia parlamentaria depende del flujo eficiente y multidireccional de la información. Sin la información, la democracia en cualquiera de sus formas no podría existir. Pero si hay una institución democrática vinculada directamente a la comunicación es el Parlamento, “continuación y mera expresión institucional de la opinión pública” (De Vega, 1980). [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>El buen funcionamiento de cualquier democracia parlamentaria depende del flujo eficiente y multidireccional de la información. Sin la información, la democracia en cualquiera de sus formas no podría existir. Pero si hay una institución democrática vinculada directamente a la comunicación es el Parlamento, “continuación y mera expresión institucional de la opinión pública” (De Vega, 1980). La información está en el ADN de las instituciones parlamentarias: los ciudadanos necesitan tener información antes de tomar la decisión sobre quién los representará; los representantes necesitan información para adoptar sus decisiones, información documental y, sobre todo, información real. Ciudadanos y grupos organizados pueden convertirse en una de sus fuentes principales.</h2>
<p><span class="DestacadoB">Rafa Rubio</span>, Profesor titular de la Universi­dad Complutense de Madrid y socio director de <a href="http://www.dogcomunicacion.com/">Dog Comunicación</a>.</p>
<p>Desde sus inicios, el Parlamento viene vinculado con el principio de publicidad. Su ejercicio permite romper la separación entre representados y represen­tantes, mejorar la educación política de los ciudadanos y facilitar el control social frente a la arbitrariedad y la corrupción. La pregunta principal, por tanto, es cómo el Parlamento puede realizar hoy el principio de publicidad, esencial para el ejercicio de sus funciones.</p>
<p>Los parlamentos son cada día más sensibles a la importancia de la comunicación con los ciudadanos como soporte de su legitimidad. Nacidos como reflejo de la opinión pública, su adaptación a la evolución de ésta no forma parte sólo de un deseo loable de mo­dernización sino que resulta absolutamente necesaria para conservar su papel clave en el sistema democrático, especialmente cuando las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han multiplicado exponencialmente la circulación de información y la capacidad de comunicación en tiempo real, suponiendo una verdadera revolución de las relaciones humanas.<br />
De ahí que la apertura del Parlamento a las modificaciones que se producen en la comunicación, y cómo estas afectan a la forma de configurarse la opinión pública, se desarro­llen no sólo en el ámbito de la introducción de nuevas herramientas sino que requieran una reflexión más amplia sobre el papel que el Parlamento está llamado a desempeñar en la sociedad red.</p>
<p>Los sitios web y las redes sociales se han convertido en los canales más utilizados por los ciudadanos para acceder al conocimiento, tanto inmediato como profundo, de la labor parlamentaria. Además, se están convirtiendo en el canal por antonomasia a través del cual los parlamentarios pueden comunicarse directamente con los ciudadanos y mejorar la comprensión del público acerca de la función y las responsabilidades del Parlamento.</p>
<p>En este sentido, las TIC ofrecen una serie de elementos que permiten que el Parlamento siga desarrollando con eficacia las funciones que le corresponden dentro del sistema democrático. De una forma u otra, éstas afectan al contenido de su comunicación y sus posibilidades de personalización, el peso del diálogo, las posibilidades de escucha, etc., de su gestión depende, en gran medida, que el Parlamento siga siendo espejo de la opi­nión pública, y no una isla, cada vez más alejada de la realidad.</p>
<p><strong>Contenido</strong></p>
<p>Para mantener una relación estable con los ciudadanos, el Parlamento necesita dar a conocer su labor. En esta labor de difusión, no basta con el anuncio y la reproducción integra de lo que ocurre en las Cámaras, labor que desarrolla desde hace siglos el diario de sesiones. Frente a lo que pudiera parecer, esta visión limita mucho la labor comunicativa de las cámaras, que se reduciría a ser fuente para los medios de comunicación o grupos de interesados y archivo para los que en el futuro quieran consultar. Esta labor podría servir a efectos de cumplir con el fin de control social, pero difícilmente permite cumplir con otros fines, igual de esenciales, como el acerca­miento representantes-representados y la educación ciudadana.</p>
<p>Paradójicamente, a pesar de que las webs parlamentarias han puesto a disposición de la sociedad más información que nunca (lo que para algunos debería solucionar el problema), la preocupación por la política aumenta y la educación política de la gente sigue siendo escasa. Ni una cosa ni la otra se consiguen por la acumulación de información. Asomarse a las webs parlamentarias garantiza encontrarse con gran cantidad de información sobre los procedimientos (especialmente los legislativos), información amontonada, contradictoria, pero con escaso atractivo y de la que resulta muy difícil obte­ner una idea precisa de la situación.</p>
<p>De ahí que sea necesario añadir a la labor de acumulación y ordenación de la información otra, mucho más compleja y necesaria, de filtro, selección y edición de la misma. Esto supone convertir los temas en el eje, sabiendo que los ciudadanos piensan en clave de temas y no de procedimientos parlamentarios, y en función de los mismos -habitualmente concretados en palabras claves- orientan sus búsquedas, sus suscripciones informativas, etc.</p>
<p>Además de comunicar en torno a los temas, las Cámaras deberían ser capaces de priorizar en función, no de la fecha de entrada en el registro o de su defensa en el pleno, sino del interés de la materia para la ciudadanía. Esto requiere, muchas veces, reelaborar la información, interpretarla, contextualizarla, editarla utilizando un vocabulario más cercano, o preparar, por ejemplo, resúmenes institucio­nales de las intervenciones o de lo más destacado de los temas.</p>
<p>En la misma línea de articular la comunicación en torno a los temas y no a los procedimientos ni a las instituciones, sería conveniente articular mecanismos de comunicación interinstitucional donde las TIC juegan un papel insustituible. La mentalidad de los ciudadanos, cuando de relacionarse con la política se trata, no responde a la estructura de la separación de poderes y tiende a ver las instituciones democráticas como un todo. De ahí la importancia del trabajo conjunto y la necesidad de retroalimentarse para que los ciudadanos puedan tener referentes únicos o al menos coherentes. Por eso debe existir una conexión directa entre la información de las webs del gobierno y las del Parlamento, al igual que entre el Congreso y el Senado, ya que para los ciudadanos no es fácil distinguir entre una y otra, y la web puede ser una buena forma de ofrecer información conjunta. Para lograrlo, aspectos como la interoperabilidad de los datos, el uso de herramientas comunes, o la coordinación de información (formato, terminología…) serían de gran utilidad.</p>
<p>Los tiempos son esenciales a la hora de ge­nerar contenidos capaces de atraer la atención de los ciudadanos. En el ecosistema informativo de Internet, el tiempo de respuesta ya no lo marca el periódico del día siguiente ni la próxima emisión del telediario; los tiempos en los que los ciudadanos demandan la información son prácticamente inmediatos. Salir un minuto antes o después puede ser determinante para el recorrido y el eco de la información. Ese manejo de los tiempos determina, junto al valor del contenido, la capacidad de la institución de ser considerada como referente informativo. A esto hay que añadir otro elemento, que aunque lo parezca, no resulta contradictorio, la permanencia en el tiempo. Internet permite mantener un sistema de archivo de información, fácilmente accesible en cualquier momento para todos, aunque haya pasado mucho tiempo, y que aporta valor a las funciones parlamentarias.</p>
<p>La página web se ha convertido en la memoria de la institución, de ahí que no tenga sentido que el tiempo de algunos contenidos de las webs parlamentarias vengan marcados por los cambios de legislatura, algo que no entra ni en el enfoque temático ni en el enfoque institucional del que venimos hablando. El control debe extenderse más allá de la legislatura, ofreciendo un contexto más amplio que, en un mundo de información fragmentada y poca memoria, en ocasiones, es lo único que permite acercarse a la realidad de las cosas.</p>
<p><strong>Personalización</strong></p>
<p>Uno de los elementos que caracterizan la nueva comunicación es su posibilidad de personalización. Las TIC permiten ofrecer información bajo demanda y ajustada a las necesidades de públicos distintos, algo que resulta valiosísimo en casos como el de los parlamentos, que cuentan con público heterogéneo.</p>
<p>Hasta el momento, los parlamentos han ofrecido información interesante para aquellos que ya estaban interesados pero no han acertado al tratar de llegar a los que no lo están. De ahí que resulte imprescindible determinar bien los públicos potenciales y ofrecer a cada uno de ellos servicios de valor que respondan a sus intereses y necesidades. Más allá de experiencias puntuales como las páginas infantiles, los parlamentos deben distinguir de manera clara su oferta para el personal de la cámara (funcionarios, parlamentarios y staff de los grupos), aquella para los que trabajan alrededor del Parlamento y están familiarizados con la ins­titución, sus miembros y procedimientos (periodistas, lobistas, académicos…), y su oferta para los ciudadanos.</p>
<p>Es en estos últimos donde hay más trabajo por hacer. Las webs parlamentarias siguen siendo webs de y para expertos, dejando de lado a los que deberían ser sus protagonistas, los ciudadanos. Ciudadanos de clase media (tecnológicamente hablando) para los que la tecnología pasa desapercibida, valorando sólo si puede encontrar de manera sencilla aquello que están buscando. Ciudadanos que quieren involucrarse en política, con las reglas con las que se involucran en otras actividades, sin solemni­dades ni tiempos especiales para ello, pero que no se sienten atraídos por las páginas de los partidos, más cercanas a la propaganda que a la información, y buscan referencias institucionales comprensibles y atractivas.</p>
<p>En este objetivo, la inclusión de formatos diversos, que vayan más allá del texto, como audios, infografías, vi­deos…, y la integración de estos formatos multimedia, a través de trascripciones o conversión en sonido de los textos (y viceversa), están ayudando a ampliar la llegada y el efecto de la información parlamentaria. La facilidad de perso­nalizar la suscripción a contenidos, la adaptación del lenguaje técnico y la generación de contenidos acordes a los intereses de grupos concretos también servirán a este objetivo. Descentralizar la gestión de determinados espacios dentro de las webs parlamentarias y facilitar la redistribución de información (a través de formatos fácilmente reutilizables) mejoraría también la personalización de la información.</p>
<p><strong>Escucha y diálogo</strong></p>
<p>En un momento en el que la propia na­turaleza de la comunicación pasa por la conversación, el diálogo se convierte en una obligación tanto para los parlamentos como para sus miembros. Como señalaba de Vega (85), “la representación burguesa no sería otra cosa que la traducción a nivel político y parlamentario de la opinión pública burguesa concebida como producto de la discusión entre particulares en el seno de la sociedad”.</p>
<p>De ahí que la escucha y el diálogo no sólo sean imprescindibles para comunicar eficazmente y llegar a un público amplio sino que forman parte natural de la esencia parlamentaria. El Parlamento redescubre así otra de sus funciones, al poder convertirse en un espacio público en el que puede producirse verdadero diálogo, lejos del ruido constante propio de los debates entre políticos y su reflejo en los medios de comunicación.</p>
<p>Es preciso participar en la conversación, tanto en la que se produce en las plataformas institucionales (web, blogs o perfiles sociales) en las que es necesario ir más allá de la actualización del perfil institucional, como en espacios públicos en el que se desarrollan conversaciones que afectan a la institución. Para esto no basta con estar, o proporcionar la plataforma técnica para el espacio público de debate, y esperar que la gente participe a su buen entender.</p>
<p>Promover el diálogo pasa por adoptar un papel activo, iniciar conversaciones sobre temas específicos (vinculados con la agenda parlamentaria), alimentar cada uno de esos espacios con información específica y relevante; invitar a personas que puedan ofre­cer información de interés, tanto parlamentarios como asesores y técnicos; velar por que se respete el tema de la conversación y protegerlo frente a intervenciones más propagandísticas que se unen al coro repitiendo argumentos como el eco que retumba, imposibilitando el verdadero diálogo.</p>
<p>Esta conducta, fruto de la voluntad de los partidos políticos de tomar cualquier espacio social existente, genera auténticas bata­llas campales <em>online</em> entre soldados virtuales, con frecuencia anónimos o incluso falsos, verdaderos zombies <em>online</em>. Esto aumenta los peligros de polarización, que afecta de forma clara a la orientación de los contenidos y las reacciones que estas pueden generar, ignorando que la información en democracia es material altamente sensible y las consecuencias de su manipulación pueden ser demoledoras (Sunstein, 2003). De ahí que los Parlamentos tengan que desarrollar una serie de labores para mantener el carácter constructivo, al menos en los espacios de diálogo. No es tarea fácil. Requiere protocolos claros (al modo de las guías de redes sociales que empiezan a utilizarse en las administraciones públicas), perfiles propios y preparación específica del personal, una preparación que vaya más allá de lo tecnológico.</p>
<p>Gracias al diálogo, las TIC pueden utilizarse también para mejorar procesos de elaboración compartida de políticas públicas. Junto al acceso a la información las nuevas tecnologías facilitan la apertura de canales de participación ciudadana a través de los que el ciudadano puede ser parte “activa en la toma de las decisiones que se tomen por y para su gobierno” (Ramírez Nardiz, 2011). No se trata de generar apariencia de participación, ni de prometer a los ciudadanos un papel decisorio que no les corresponde en el diseño actual de la democracia, se trata de implementar procedimientos útiles, que permitan a los ciudadanos la participación efectiva, ofreciendo espacios de deliberación democrática de carácter público, abiertos, donde la identificación individual y personal se convierta en requisito indispensable, y dónde los ciudadanos puedan llevar a cabo discusiones razonadas, en condiciones de igualdad, que serán trasladadas a la sede parlamentaria (Cebrián, 2012).</p>
<p>Las TIC ofrecen nuevas oportunidades y plantean nuevos retos a la comunicación parlamentaria. Gracias a las mismas es posible contar con un canal de comunicación interactiva y multidireccional entre representados y representantes que puede aumentar la capacidad de información y comunicación en ambos sentidos, facilitando sus posibilidades de intervenir en el diseño y la implementación de las políticas públicas. De esta manera, los parlamentos tienen la oportunidad de reivindicar su contribución determinante a la legitimación del sistema democrático. Esto requiere garantizar la calidad de la información que proporciona el Parlamento en sus distintos canales que deberá ser actualizada, relevante, adaptada a los distintos usuarios (en lenguaje, canal, formato y contenido), accesible y organizada.</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<p>Cebrián Zazurca, E. (2012) <em>Deliberación en Internet</em>. Fundación Manuel Giménez Abad, Zaragoza.</p>
<p>Ramírez Nardiz, A. (2011)<em> Democracia participativa</em>. Tirant lo Blanch, Valencia.</p>
<p>Sunstein, C. (2003) <em>República.com. Internet, democracia y libertad</em>. Paidós, Barcelona.</p>
<p>Vega García, P. de. (1980), en Aparicio, M. Á. (coord.), <em>Parlamento y sociedad civil</em>. Universidad de Barcelona, Barcelona.</p>
<p>Vega García, P. De. (1985) “El principio de publicidad parlamentaria y su proyección constitucional”, en <em>Revista de Estudios Políticos</em>, núm. 43, pp. 45-65</p>
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