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“A rey muerto, rey puesto”


Por Magnolia Pinedo Cárdenas, @magnoliapinedo Directora Fundadora deQ’inti Comunicaciones Profesora USMP.

En un país como Perú, la expectativa de la población puesta en Pedro Pablo Kuczynski en las elecciones generales de 2016 generó un entusiasmo desmedido. Al inicio de su gobierno le llamaron presidente de lujo. En comunicación política existe una fórmula sencilla: S=R-E, que explica que la Satisfacción es igual al Resultado obtenido menos las Expectativas, alguien debió comentárselo.

Uno de los escollos principales que enfrenta Perú es la corrupción. La lucha frontal contra este flagelo sería uno de los retos de su gobierno, ya lo había enfatizado en su discurso de asunción de mando del 28 de julio de 2016, pero no obstante, fue por lo contrario el motivo por el cual tuvo que renunciar a la Presidencia de la República.

Peruanos Por el Kambio, el partido que lideró Pedro Pablo Kuczynski, presentó en su plan de gobierno cuatro líneas de actuación para enfrentar la corrupción: 1) Fortalecer la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción; 2) Reformar y modernizar el Estado; 3) Reformar el Sistema Político Electoral; y 4) Mejorar la investigación y sanción de los hechos de corrupción.

No obstante, los 601 días de su gobierno han estado cubiertos por halos de corrupción. El 21 de marzo de 2018, todo acabó. Tantas mentiras e indeterminaciones lo cercaron. Los “Kenjivideos”, al estilo de los “Vladivideos” de los años noventa, fueron la prueba de una habilidad delincuencial de compra de votos “bajo la mesa”, para superar la vacancia, no invocando a la conciencia, sino ofreciendo obras y cuotas de poder. Y las imágenes difundidas por el partido opositor Fuerza Popular liderada por Keiko Fujimori removieron el escenario político, esa fue la estocada final para PPK.

Pedro Pablo Kuczynski, se fue sin ningún mea culpa en su discurso. Se excusó siempre diciendo que hubo obstruccionismo de parte de las bancadas de oposición en el Parlamento Nacional. Ni su trabajo auspicioso en bancos extranjeros y su hoja de vida con experiencias exitosas en instituciones públicas y privadas del país le ayudaron a evitar una renuncia anunciada.

Luego de que el Congreso de la República aceptara la dimisión de Pedro Pablo Kuczynski, el entonces primer vicepresidente Martín Vizcarra Cornejo juramentó como presidente de Perú, ofreciendo poner punto final a una política de odio y confrontación. Desde el 23 de marzo, Perú tiene nuevo presidente, y él debe considerar que esta crisis es un momento favorable para mostrarse líder, para exhibir su solvencia y, sobre todo, su limpieza. Martín Vizcarra se enfrenta a un Congreso débil, con más del 80 % de desaprobación, pero con una bancada opositora de Fuerza Popular aún fuerte, que logró desaforar a PPK, pero aún no consigue la presidencia del país. En este escenario se necesita ver con paciencia cómo va a afrontar una agenda mínima de aquí al bicentenario. Al cierre de este artículo aún no conocemos el gabinete ministerial, pero será totalmente renovado según ha prometido el flamante presidente. Será tiempo de acuerdos sobre lo que hará el Ejecutivo y el Legislativo en su responsabilidad compartida. La viabilidad del gobierno de Martín Vizcarra, depende también de que el Legislativo restablezca el equilibrio de poderes, eso no significa que se deje someter. ¿Logrará un gabinete de consenso?

Algunos políticos han aprovechado la coyuntura para decir que Vizcarra Cornejo será un presidente de transición, que los peruanos deberíamos elegir por cinco años a un presidente y dos vicepresidentes además del grupo de 130 congresistas, pues las elecciones tendrían que ser nuevamente generales.

Es el momento de seguir con lo que marca la Constitución, una salida democrática será respetar la gobernabilidad. Los peruanos debemos hacer una autocrítica como ciudadanos, debemos elegir bien informados, votar por propuestas de gobierno y no por razones clientelistas o el carisma de los candidatos. Aquí no hay fórmula mágica, sino un arduo trabajo de coherencia de la clase política y de todo el país. Porque “el Perú es más grande que sus problemas”.

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