Por Javier Ruiz Soler @jaruizso Investigador doctoral en el Instituto Universitario Europeo de Florencia

A raíz de la Primavera Árabe, del 15M en España, y de otros movimientos sociales, se ha tenido una imagen optimista del impacto de la redes sociales, y del resto de plataformas digitales que podemos encontrar en internet. Durante un período de tiempo se ha tenido un sentimiento generalizado de que internet resolvería muchos de los problemas. Incluso que influiría positivamente en democracias, haciéndolas más participativas y colaborativas.

Pero en algún momento la idílica historia parece que se truncó. Bots, algoritmos, desinformación, e inferencias políticas peores que en la época de la Guerra Fría han puesto en entredicho la idoneidad de las redes sociales como instrumento para mejorar o complementar la democracia. El debate es intenso. ¿Son las redes sociales ángel o demonio? No hay un claro vencedor de la discusión. Pero tenemos indicadores que empiezan a señalar a las redes sociales como un enemigo público, más que una herramienta útil para la democracia. A no ser que se les acote, regularice, y se les de un mejor y más ético uso.

Por una parte, es innegable que las redes sociales han abierto nuevas oportunidades. Vivimos en una sociedad digital donde cada aspecto de nuestra vida ha sido digitalizado y “datificado”. Desde ligar en línea, hasta la consulta del médico, o la compra semanal en el supermercado. Con las discusiones, deliberaciones y la información no se quedan fuera. Lo que antes se hacia leyendo un periódico o hablando en el bar, ahora se hace en línea. Especialmente para esos actores que tenían un espacio reducido, o muy difícil hacerse notar, rompiendo la jerarquía establecida por los medios de masas. Hemos visto como la sociedad civil, gracias a plataformas como Facebook y Twitter, han potenciado e incrementado su presencia. Este aspecto participativo juega en favor de la democracia. Tienen un valor incalculable en términos de inclusividad y participación, muy necesario en cualquier democracia consolidada.

Sin embargo, se ha visto que las redes sociales también sirven para causas no tan nobles. Son ya numerosos artículos en prensa y revistas científicas las que levantan la voz. Como por ejemplo en The Economist publicado el año pasado. El optimismo generalizado se ha esfumado para dar paso a una creciente preocupación. Una de las mayores preocupaciones de cómo las redes sociales están debilitando la democracia es que tienden a crear filtros burbuja propios, que junto con la desinformación, las convierten en un campo de cultivo perfecto para la polarización. Un campo perfecto para entidades o individuales que quieran aumentar esa polarización, y la consiguiente debilitación de algunas de las condiciones que históricamente han posibilitado la existencia de estados nacionales democráticos. Así lo afirma el Profesor Hull.

Las declaraciones del fundador de Facebook en el congreso de Estados Unidos, y en el Parlamento Europeo demuestran la creciente preocupación por la clase política y sociedad civil. En los Estados Unidos ya tenemos suficientes indicadores para demostrar la desinformación a gran escala y la influencia en procesos electorales.

Las declaraciones no solo iban en la línea de intentar para explicar el rol de Facebook en la extensión de la desinformación y cualquier posible injerencia. Sino también vislumbrar el poder e influencia que Facebook u otras plataformas digitales puedan tener. Y cómo su configuración interna puede decidir resultados electorales. Por ejemplo, un pequeño cambio interno en los algoritmos de las redes sociales o buscadores (como acostumbran a hacer), puede tener un impacto inmenso en cómo la información es proporcionada a los usuarios, y en consecuencia en el resultado de procesos electorales. Así lo afirma Madrigal en un artículo en The Atlantic.

Algunas medidas ya se han tomado. Por ejemplo, Twitter intenta mejorar el software para la detección y eliminación de cuentas falsas o fraudulentas. Facebook ha abierto lo que ellos llaman la “War Room”. Una especie de equipo especializado en identificar y eliminar noticias falsas y cuentas fraudulentas. De todas formas, no ha sido muy eficaz hasta ahora fuera de Estados Unidos, como se ha visto en las elecciones de Brasil. Y es que a pesar de que la intención de Facebook es tener varios equipos para diferentes zonas geográficas, fuera de Estados Unidos esta “War Room” no es más que anecdótico.

Las elecciones europeas en mayo van a ser un campo de prueba fuera de Estados Unidos. Veremos el impacto. Por lo pronto, hay partidos políticos que ya incluyen partidas presupuestarias para el manejo de las redes sociales, e investigadores ya están recopilando datos para su análisis.

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