Por Clara de Uribe@ClaradeUribe y Joaquín Marqués @Quim_Marques, Doctores en comunicación e investigadores del grupo CompolWatch.

NIMBY es el acrónimo de not in my backyard. Fue definido como la resistencia que provoca entre la población ciertas instalaciones asociadas a diferentes factores de riesgo (Maite Martín-Crespo, 1996, “Por qué sí y por qué no en mi patio de atrás. Una revisión del concepto del NIMBY en torno al tema de la gestión de residuos radiactivos”, en Política y Sociedad, 23, pp. 147-152).

¿Qué sucede cuando una institución pública se enfrenta a cierta reacción ciudadana que no desea que una instalación, equipamiento o servicio, generadores de riqueza, se instale en su territorio a pesar de los efectos beneficiosos que pueda conllevar?
Esas infraestructuras en ocasiones son potencialmente peligrosas, como un cementerio nuclear o una planta química, pero en otras son equipamientos sociales, como un centro penitenciario, por ejemplo. Sin embargo, la reacción es la misma, el rechazo de una parte de los habitantes de la zona.

Estos movimientos sociales pueden ser producto de intereses particulares o colectivos. En otras ocasiones obedecen tan solo a estrategias políticas de enfrentamiento con las instituciones. ¿Cómo se gestiona la actitud de aquellas personas que, incluso siendo favorables a la tecnología en cuestión, no la quieren en su entorno territorial?

Si descartamos el enfrentamiento producido por intereses partidistas, por tanto de ámbito político, vemos que en muchas ocasiones se trata de situaciones donde la comunicación con esos públicos ha sido insuficiente o simplemente deficiente.

En esos entornos suelen confluir intereses encontrados. Se deben revisar las motivaciones que producen los recelos y/o temores. Analizar en profundidad los puntos fuertes y débiles de la propuesta. Se ha de tener siempre presente la importancia del interés general y las repercusiones positivas y negativas que pueda generar para los habitantes de esa zona. La contraposición de intereses particulares, posicionamientos egoístas, insolidarios o interesados deben confrontarse con el interés general. Asimismo, observar sobre quién recae el beneficio (intereses de particulares, de empresas, de grupos de interés). También, determinar quiénes son los componentes más activos del movimiento NIMBY, el núcleo duro de la protesta, y entender sus formas de actuar sobre el colectivo para ver cómo arrastran a la masa silenciosa a sus planteamientos.

Por tanto, proponemos un decálogo para gestionar esas situaciones:

Anticipación: prever e incorporar en el proceso de diseño aquellos aspectos necesarios para reducir los posibles impactos negativos.

Justificación: fundamentar desde un punto de vista técnico la decisión del emplazamiento, utilizando criterios de equidad territorial, de tal manera que la decisión pueda ser percibida como justa y razonable.

Planificación: incorporar desde el principio la dimensión social y comunitaria del proyecto en la toma de decisiones, acompañando este proceso con una actuación que permita visualizar los apoyos sociales que ayuda a reducir la oposición y rechazos.

Construir y reforzar alianzas: buscar siempre apoyos e intentar llegar a acuerdos sobre las grandes líneas de actuación, reforzando y haciendo patente la alianza con el movimiento vecinal, las entidades sociales y otros actores principales, especialmente líderes de opinión.

Receptividad: tener una predisposición a escuchar, identificar y conocer los intereses y las preocupaciones de los diferentes sectores involucrados.

Explicación: facilitar toda la información relevante, de forma objetiva, transparente y comprensible de manera que tengan elementos suficientes de juicio; también a la mayoría silenciosa.

Implicación: definir, crear e implementar canales de diálogo y colaboración para recoger y trabajar propuestas y medidas que den respuesta a las inquietudes y demandas expresadas.

Información rigurosa: exigirse un esfuerzo de rigor y transparencia a la hora de informar sobre el proyecto, especialmente con los medios de comunicación, contribuyendo a sensibilizar de manera favorable a la opinión pública.

Capacidad de liderazgo: desde el diálogo y la capacidad de empatía, y la voluntad de resolución colaborativa de los conflictos, liderar, afirmar y defender con firmeza el proyecto.

Positividad y respeto: evitar siempre el frentismo reconociendo que no estamos ante una confrontación entre dos bandos, sino ante un proceso de diálogo entre diferentes intereses que representan una misma comunidad.

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