Por Alfredo Dávalos, @Adavaloslopez Presidente de ALACOP

En la actualidad en los distintos países en donde el voto no es obligatorio, los niveles de abstención en la gente han ido creciendo cada vez más debido al descrédito de las organizaciones y de los actores políticos, razón por la cual se ha convertido en un reto mayor, puesto que hoy no sólo es necesario persuadir o convencer, se debe también tener la gran capacidad para movilizar y lograr que los ciudadanos al final voten.

Este fenómeno está relacionado con la variable confianza. Ligada siempre con las distintas percepciones y expectativas que tiene la gente sobre la credibilidad de un líder y su capacidad de que lleve a cabo los cambios, tome las decisiones o realice las obras y proyectos que los ciudadanos esperan para mejorar la realidad de una ciudad, una provincia o un país. De no cumplir dichas expectativas ciudadanas, la abstención aumenta y solamente se puede ver subsanada si existe correlación directa entre el mensaje político y lo que quiere escuchar el ciudadano, cuestión que no siempre es positiva, -véanse nuevos desafíos como el populismo y la demagogia.

Los ciudadanos se han vuelto mucho más escépticos hacia la clase política y sus distintas organizaciones, debido a la falta de credibilidad y confianza que hoy generan algunos actores políticos y las propias instituciones del estado; esto ha provocado incluso que toda aquella comunicación que parezca o suene a política, genera hoy un menor impacto y credibilidad en la ciudadanía que aquellos relatos sobre personas comunes que se ven a diario en redes sociales.

Una de las formas en que hoy los ciudadanos han demostrado su interés en temas que se relacionan a la política, es a través del voluntariado a través de las distintas organizaciones de la sociedad civil, las cuales están generando un mayor poder de convocatoria, de capacidad de acción y movilización. Pero, sobre todo, de una verdadera generación e implementación de políticas públicas que benefician a distintos grupos de la sociedad, incluso por encima de las propias organizaciones políticas.

En este escenario de desconfianza y variabilidad, si combinamos el gran impacto de los medios masivos, la espiral del silencio cobra vida. Las personas prefieren callar sus preferencias políticas porque no coinciden con la de la mayoría aceptada e, incluso, es rechazada por ser vista como la opción más radical o demagógica. Aunque la espiral del silencia solía tener una lógica diferente a la de hoy, ya que antes los medios terminaban por imponer su propia agenda y eran capaces consolidar los distintos climas de opinión. En la actualidad eso ha cambiado radicalmente, puesto que muchos actores políticos, sociales y hasta la propia ciudadanía están marcando la agenda y se han convertido en productores de contenidos propios explotando principalmente el mundo digital.

En distintos países las encuestas han dejado de ser un instrumento de medición y, sobre todo, han dejado de ser el principal insumo para desarrollar la estrategia de una campaña o de algún gobierno. Hoy se han mal utilizado y se han convertido en una herramienta solo propagandística, esto se da porque, desde la lógica de varios actores políticos, publicarlas a través de los medios de comunicación o en las redes podría llegar a modificar la intención de voto en los ciudadanos.

Hoy una sola encuesta no basta para poder entender a los ciudadanos, estos son cada vez más complejos y mucho más difíciles de entender. Por eso se vuelve necesario poder encontrar dentro de su inconsciente, los distintos móviles que los llevan a votar (o no), por uno u otro actor político; además de poder encontrar los distintos conceptos que se encuentran en su mente sobre un determinado actor político, un gobierno, una institución pública, una ciudad, una provincia o un país. Para todo ello se diseñaron los mapas mentales como nueva herramienta de investigación en campañas electorales y gobierno.

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