Tan sólo una semana antes de la muerte de Margaret Thatcher, la actualidad política en el Reino Unido estuvo dominada por el debate surgido a raíz de unas polémicas declaraciones de Iain Duncan Smith (IDS), Ministro de Trabajo y Pensiones del Gobierno de David Cameron. Pocas horas después de que se aprobaran los mayores recortes sociales de la historia del país, Duncan Smith aseguró en un programa de radio de la BBC que “podría vivir perfectamente con 53 libras a la semana”. Su sueldo, eso sí, asciende a 6.400 libras al mes.

Las declaraciones del ministro llevaron a Dominic Aversano, un vendedor ambulante, a iniciar una petición online para reclamar a IDS que demostrara sus afirmaciones, retando al político a vivir con esa cantidad de dinero durante un año. En pocas horas, más de 200.000 británicos firmaron el texto, que ya acumula cerca de medio millón de firmas. Durante una semana, los medios de comunicación británicos no dejaron de cubrir la evolución de esta campaña así como las reacciones de Duncan Smith y su partido. Tanto es así que los miembros del Partido Conservador dejaron de atender a los medios, puesto que la única pregunta que se les planteaba era: ¿Podría usted vivir con £53 por semana?

Las imprudentes palabras de IDS abrieron un doble debate: por un lado, volvieron a prender la mecha de la indignación por los recortes, una mecha que se habría ido apagando, puesto que el programa de reducción de gasto público ya había sido aprobado a pesar de varias semanas de movilizaciones en las calles. Pero además, inició una conversación nacional sobre la desconexión entre los políticos y los ciudadanos y un debate ideológico sobre la costumbre de los tories de asociar la pobreza con la holgazanería.

La muerte de Margaret Thatcher, precisamente una impulsora de esa identificación entre pobreza y falta de esfuerzo, relegó la polémica en torno a IDS a un segundo plano. Habría sido interesante observar el devenir de la campaña y sus consecuencias en el mundo offline. En la era de la política vigilada, los servidores públicos tienen que pensárselo dos veces antes de abrir la boca. El de IDS es sólo otro ejemplo de muchos otros casos similares que se han dado en numerosos países.

Más información en The Guardian y The Huffington Post.

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