Por Ignacio Carmona Guerra, @NachoGuerra1, Consultor en Comunicación y Carlos Galán Cordero, @CarlosGalanlaw, Técnico Jurídico

1. Las fake news como paradigma de la desinformación

Vivimos en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología y más conectado, donde las noticias nos llegan casi de manera instantánea, donde la libre información se considera una garantía constitucional en cualquier democracia real y donde, precisamente a como consecuencia de tal inmediatez, la información no siempre se viste con el carácter de veracidad deseable.

En esa inmediatez de la información, las redes sociales, juegan un papel esencial. Según datos recientes, el 62 % de los adultos estadounidenses se informan a través de las redes sociales1, lo que ha provocado que, tanto las noticias que informan de un hecho real y como las fake news-noticias cuyo contenido es falso (total o parcialmente)- se propaguen más rápidamente y entre más personas y sectores.

Estos cambios en el paradigma de cómo nos informamos, provoca que los “consumidores” ya no seamos sujetos pasivos de la información, limitando nuestra actividad a la mera recepción de la noticia, sino que ahora, además, pasamos a ser sujetos activos, compartiendo y divulgando noticias, aún sin tener una constancia total de que la noticia pueda ser o no cierta.

Una de las características de las fake news, lo que encierra, quizá, uno de sus mayores potenciales, es que nos llegan más a nuestro corazón que a nuestra razón. Difundir una noticia que comparte nuestra ideología o pensamiento fortalece al grupo que mejor se adapta a ese ideal y refuerza nuestro papel en tal grupo. La realidad no admite dudas: estas noticias, que apelan más a los sentimientos que al cerebro, se comparten hasta un 70 % más2 (como así se señala en un reciente estudio impulsado por Twitter).

Estas noticias, que apelan más a los sentimientos que al cerebro, se comparten hasta un 70 % más

Las fake news pueden adoptar diversas formas: texto, fotografías, videos, etc. De ello son ejemplo los videos “deepfake”; vídeos manipulados usando herramientas de inteligencia artificial en los que se puede modificar los movimientos faciales y corporales de un sujeto para que esa persona parezca que dice o hace algo que en realidad nunca dijo o hizo.

El problema de estos contenidos, a los que, en general, denominaremos desinformación, es que son potencialmente capaces de acarrear verdaderos problemas para la sociedad, tanto para los ciudadanos normales (como ocurrió el pasado noviembre, en Xalapa, un pequeño pueblo de México, en el que se quemó vivos a dos individuos a raíz de unos mensajes de WhatsApp en los que se aseguraban que estos hombres robaban niños), como para los gobiernos o las instituciones internacionales, donde estas noticias pueden influir peligrosamente en el devenir de un país.

Hay muchos casos que han afectado a la esfera política. Por ejemplo, la noticia que aseguraba que Quim Torra (presidente de la Generalidad de Cataluña), había señalado que España no había construido ningún nuevo kilómetro de cercanías desde 1978 en Cataluña, datos inmediatamente desmentidos por el Ministerio de Fomento3.

Otros ejemplos en la esfera internacional han sido las supuestas declaraciones de Donald Trump, aludiendo a un atentado terrorista grave relacionado con inmigrantes en Suecia, atentado que nunca ocurrió y que tuvo que desmentir urgentemente el propio ex primer ministro sueco Carl Bildt.

En ambos casos, la difusión de la pretendida noticia fue relativamente rápida.

Sin embargo, y también en los Estados Unidos, uno de los países tecnológicamente más desarrollados, se han dado casos de fake news cuya difusión ha sido muy dilatada en el tiempo. Es el caso, por ejemplo, del grupo llamado Qanon, que persigue, en nombre de la libertad y la justicia luchar contra el deepstate (conjunto que estaría integrado por los representantes demócratas y liberales), y que, según Qanon, solo persiguen socavar los derechos y libertades de los norteamericanos. Qanon, a través de foros en internet como 4chan y Reddit viene distribuyendo información y noticias con una intención positiva, pero a la vez conspiracionista que pueden llegar a afectar gravemente a la integridad y cohesión de los EE. UU. Una de las informaciones más polémicas atribuidas a este grupo ha sido aquella que ha venido afirmando que ciertos tiroteos en colegios de Estados Unidos nunca existieron de verdad y que los pretendidos supervivientes no eran sino actores; todo ello con el propósito de conseguir que, poco a poco, los ciudadanos norteamericanos abandonen las armas. Este grupo, que cada vez cuentan con más seguidores, distribuyen masivamente sus noticias.

2. Tipos de fake news

Existen tres tipos esenciales de fake news. Veremos ejemplos de cada uno de ellos utilizando como ejemplo las recientes elecciones en Francia de 2017.

Informaciones erróneas, que persiguen provocar daños

En las pasadas elecciones generales francesas se divulgó una noticia falsa, a través de un medio belga que perseguía ser una copia sofisticada del periódico de Le Soir, en la que se señalaba que Macron había sido financiado por Arabia Saudi y que era titular de una cuenta corriente en Bahamas.

Existe desinformación, pero no persigue provocar daños

Este sería el caso, por ejemplo, del ataque de Daesh en los Campos Elíseos, en el que se afirmó y distribuyó, a través de redes sociales, la noticia errónea de que un segundo policía había muerto. Las personas llegaron a difundir masivamente esta noticia para dar a conocer los hechos, sin ningún otro propósito.

La información es cierta, pero su divulgación persigue hacer daño

Este sería el caso ocurrido, por ejemplo, durante el viernes previo a las elecciones presidenciales de Francia de 2017, donde, debido a una brecha de seguridad, mensajes privados de la campaña y del que fuera presidente electo salieron a la luz, provocando daños en la imagen de este, difícilmente evaluables.

3. Elementos de la desinformación

En todas las variantes de fake news que acabamos de ver, existen tres elementos esenciales que posee todo contenido de desinformación, a saber:

a) Agente: es la persona o colectivo que ha creado la noticia falsa. Puede tratarse de un actor estatal o no. Puede ser un individuo solo o ser un colectivo que cuenta con una infraestructura perfectamente establecida (contando, incluso, con bots que ayuden a la distribución de esa información). El agente determina asimismo si esa noticia se replica por medios humanos o por medio de bots, si pretende hacer daño o desinformar y cuál es el grupo o colectivo al que va dirigido la noticia.

b) Mensaje: comprende tanto el contenido como su formato que tiene, y también la velocidad de su difusión y su permanencia. Además, hay que determinar si la noticia es completamente inventada o si, por el contrario, tiene un s­ustento o base real, que hubiera sido manipulado y exagerado.

c) Destinatario del mensaje: saber a quién va dirigido el mensaje es fundamental. Si está dirigido a personas que compartan esa ideología o va dirigido a enervar a un cierto grupo o ideología. Es decir, si el mensaje es de apoyo o de odio.

4. Respuestas

Habiendo visto las características esenciales de las fake news, examinaremos seguidamente las respuestas y soluciones que se han adoptado a nivel internacional.

En Estados Unidos, a través de la Alliance for Securing Democracy (ASD)4 se han propuesto las siguientes medidas:

  1. Se han aumentado los gastos destinados a evitar el desarrollo de operaciones de influencia extranjera.
  2. Se ha creado una nueva figura, el Coordinador de Interferencia Extranjera para ir eliminando, de manera progresiva, las vulnerabilidades que posibles adversarios podrían explotar para socavar las instituciones democráticas (las lagunas legales entre ellas).
  3. Progresivamente, están separando el debate político de los esfuerzos para desenmascarar y responder a las operaciones extranjeras contra el proceso electoral de los EE. UU. El objetivo es ser capaz de responder a un ataque al sistema electoral sin ser susceptible a acusaciones de maquinaciones políticas.
    Los partidos políticos y sus candidatos deben comprometerse públicamente a no utilizar información obtenida a través de ciberataques u otros medios ilícitos y el Congreso establecerá y detallará los requisitos obligatorios que tendrán que contener los informes de la Administración sobre los ataques extranjeros contra la infraestructura electoral del país.
  4. Exigir a las empresas del sector privado el incremento de la transparencia en su funcionamiento.

En la Unión Europea, también se están adoptando soluciones. Entre ellas:

  1. Cada país deberá crear un Centro de Investigación para combatir el contenido de la desinformación. Este centro deberá tener los recursos y mecanismos necesarios para saber cuáles son las noticias falsas más comunes que les afectan (el contenido de las noticias falsas no es igual en todos los países, cada uno tiene sus propias particularidades), cuál es el formato y la vía de difusión más habitual, además de la forma de respuesta de la población a estas noticias.
  2. Creación de más leyes, regulación y normativa a nivel nacional y comunitario para impedir o dificultar a los creadores de las fake news que se aprovechan de la ausencia de normativa para distribuir sus mensajes. Estas normas deberían establecer pautas para controlar el contenido de las noticias, sin poner en peligro la libertad de información ni ser discriminatorias ni conllevar una censura general. Como ejemplo de este punto, tenemos a Francia, cuya Asamblea Nacional, aprobó el pasado junio un proyecto dirigido a controlar las noticias falsas en periodos electorales, permitiendo que un candidato electoral pueda recurrir a un juez para que este pare la difusión de una determinada información que sea falsa si se considera que el individuo o individuos que divulgaron la noticia, lo hicieron adrede.
  3. Hacer presión para que las diversas redes sociales inviertan y hagan, de manera pública y transparente, más esfuerzos para evitar la propagación de noticias falsas.
  4. Apoyar a los periodistas y medios para poder garantizar un mínimo de calidad. Ese apoyo se debe de producir a nivel nacional, y regional.
  5. Reforzar la colaboración público-privada en materia de ciberseguridad. Fomentando la ayuda a identificar las brechas de seguridad que puedan producirse y las vías para solucionar ese problema.
  6. Establecer políticas de concienciación sobre amenazas de posibles terceros países para concienciar a la ciudadanía de que las informaciones vertidas pueden estar creadas y originadas en terceros países, buscando romper la cohesión social y democrática.

A nivel comunitario, la Comisión Europea, siendo consciente de los peligros que conllevan las fake news y teniendo en mente las próximas elecciones de 2019 para el Parlamento Europeo, considera urgente intensificar los esfuerzos para garantizar el Estado de Derecho. La Comisión Europea es consciente que los daños que se puedan producir en cualquier país miembro de la Unión Europea, a su vez, también puede dañar a la toda la Unión Europea y al proyecto europeo en general. Así, la propia Comisión presentó, el pasado diciembre, un “Plan de Acción contra la Desinformación” en el que se establecía la necesidad de que la UE dispusiera de una respuesta coordinada a la desinformación, que estaría basada en cuatro aspectos fundamentales:

a) Mejorar las capacidades de las instituciones sindicales para detectar, analizar y exponer la desinformación contando con todo el personal especializado que sea necesario para procesar los datos e información que sean relevantes.

b) Fortalecer las respuestas coordinadas y conjuntas contra la desinformación: cada país de la UE debe designar, de acuerdo con su configuración institucional, un punto de contacto y un Sistema de Alerta Rápida para actuar de manera coordinada y lo más rápida posible contra esa desinformación.

c) Movilizando el sector privado para abordar la desinformación: la Comisión, con la ayuda del Grupo Europeo de Reguladores de los Servicios de Medios Audiovisuales, supervisará la implementación de los Códigos de Buenas Prácticas.

d) Aumentando la conciencia y mejorando la resiliencia social: cuanta más población tenga la conciencia de la existencia de estas noticias y las herramientas para luchar contra ellas, menor daño provocarán.
Estas medidas de carácter institucional y público, pese a ser esenciales, son solo una parte de las que pueden adoptarse para combatir la posverdad. El otro sector involucrado es el privado, en el cual las redes sociales juegan un papel esencial. Estas redes deben controlar y responsabilizarse de la veracidad de la información que difunden. A este respecto, significativas plataformas están tomando medidas destinadas a combatir la desinformación. Aunque todavía son pocas las plataformas sociales que han apostado por incluir dentro de sus Políticas de Uso mecanismos que limiten la creación y propagación de noticias falsas, Facebook, sí ha sido una de ellas, estableciendo a mediados de 2018 una serie de medidas destinadas especialmente a compartir más información con el público sobre quién compra publicidad política en la plataforma y qué otra publicidad tienen estas entidades en Facebook.

1 https://www.altavoz.net/altavoz/blog/estrategia-digital/62-de-los-adultos-en-ee-uu-se-informa-por-redes-sociales
2 http://www.expansion.com/economia-digital/2018/06/29/5b321c9822601d2d3a8b4598.html
3 https://www.elconfidencial.com/espana/2018-12-30/politica-espana-2018-afirmaciones- fake_1723210/
4 Asociación creada con el objetivo de contrarrestar la injerencia extranjera en las instituciones democráticas de los Estados Unidos y Europa.

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