Por Mª. Gabriela Ortega Jarrín, @gabrielaortegaj

Aunque no sea un tema netamente político, atañe a quienes defendemos los derechos de las mujeres. No porque queramos ser iguales a los hombres sino porque exigimos el mismo trato en todos los aspectos de la vida: político, deportivo, económico, social, cultural….

La frase en latín “duos habet et bene pendentes” se traduce al español como “tiene dos y cuelgan bien”. Es la frase que supuestamente se expresaba después de comprobar que el Papa electo tenía atributos masculinos. Para ello, presuntamente se sentaría en la “sedia stercoraria”, una silla con un agujero en el medio por la que se deslizaban los genitales y un joven diácono o cardenal, comprobarían su virilidad (todavía se puede ver la silla expuesta en el Museo Vaticano).

El mito sobre la verificación del sexo del Papa se desencadena de la famosa leyenda medieval de la Papisa Juana, quien supuestamente se hizo pasar por hombre y ocupó el papado a mediados del siglo IX. Su supuesto engaño se descubrió cuando en la procesión desde San Pedro a San Juan de Letrán daría a luz un niño.
Dicho esto, parece que hemos vuelto a la edad media. En el Mundial Femenino de Fútbol celebrado en Canadá el pasado mes de junio, las seleccionadas de todos los países han tenido que pasar por una “verificación de sexo” para comprobar que son mujeres. Matizando, no todas las jugadoras, solamente aquellas que no se ajustaban a las “normas de feminidad”.

Las pruebas no son un mero análisis de sangre, se trata de un juicio al más estilo medieval sobre la apariencia, rasgos faciales, vello corporal, musculatura, niveles de testosterona y otros indicadores que, tal y como señala Marisa Soleto, Directora de la Fundación Mujeres, “no solamente carecen de fundamento médico y científico para la determinación del sexo o el género de una persona, sino que nunca se utilizarían para valorar la masculinidad y verificación del sexo de un hombre”.

Tal y como se puede deducir de esta medida discriminatoria, la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) considera que ser hombre es una ventaja al competir con mujeres, y no solo eso, el debate se enciende cuando esta medida no es aplicada de igual forma en el Mundial Masculino, ¿se imaginan a Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Iker Casillas pasando una verificación para comprobar que son hombres? –nombro a jugadores sin barba, a propósito-.

Lo discriminatorio no solo se queda en la comprobación de género, a esto se suma que el Mundial Femenino se celebró en césped artificial y que la campeona del torneo femenino recibirá 1,8 millones de euros, tan solo un 5% del monto que recibió la selección masculina de fútbol de Alemania al quedar campeón en Brasil 2015 (recibieron 32 millones de euros).

Estos actos discriminatorios por parte de la FIFA deslucen otras noticias que son un avance para el fútbol femenino, como lo es la inclusión de las selecciones de mujeres en el juego FIFA 2016; pero, ¿de qué sirve la igualdad en un mundo virtual si en la realidad nos alejamos cada vez más de ella?

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