Por Gustavo Isch@GustavoIsch, Consultor Político

Ecuador vive ya los prolegómenos de la que sin duda será una de las más importantes jornadas de su vida política, desde su retorno a la democracia, allá por el año de 1979.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) marcó el 19 de febrero de 2017 como el día en el que se celebrará la primera vuelta de la campaña presidencial, y al 2 de abril para la segunda -en caso de ser necesario un ballotage- en las elecciones en las que, por primera vez desde 2006, no será candidato a la Presidencia de la República el actual gobernante, Rafael Correa.

El escenario preelectoral es sumamente complejo, dado el peso de la aguda crisis económica que enfrenta el Ecuador, la polarización política, y la opacidad con la que hasta el momento se mueven las fuerzas en pugna, obligadas a posicionarse en el imaginario social más allá de la retórica propia del antagonismo que durante casi una década ha definido la relación gobierno-oposición.

A mayo de 2016, las candidaturas en firme, son apenas dos, originadas en la derecha del espectro político: la del excandidato presidencial Guillermo Lasso, líder del movimiento Creo, la mayor fuerza de oposición en la Asamblea, y quien quedó en segundo lugar en las elecciones de 2013 al obtener el 22,68 % de los votos, según datos del CNE; y del joven Dalo Bucaram (hijo del expresidente Abdalá Bucaram), quien lidera el movimiento Fuerza Ecuador (FE), estructura recién creada y sin posibilidad real de alterar el tablero electoral.

El centro político no presenta a la fecha ninguna candidatura, dado el fraccionamiento de las agrupaciones de dicha tendencia y la debilidad de sus figuras. Por su parte, la izquierda apenas ha tentado el tablero con la precandidatura de Lenin Hurtado, representante de uno de los varios partidos de esta tendencia que, aparentemente, tratarán de unirse a un candidato de centro capaz de captar alguna votación importante. Finalmente, el oficialista movimiento Alianza País, aún es incapaz de aglutinar -como en elecciones anteriores- a simpatizantes, militantes y peor aún, a una variable que en promedio bordea el 40% de electores indecisos, tal como reportan todos los sondeos de opinión publicados hasta la fecha. Únicamente la potencial candidatura de Lenin Moreno (exvicepresidente de Correa), o la reelección del mismo Correa se muestran como cartas con posibilidades de triunfo, no obstante, esta situación ha mostrado fisuras al interior del régimen, pese a los esfuerzos de lavar los trapos sucios puertas adentro.

La elección de presidente y vicepresidente también está apalancada a la de asambleístas. El legislativo, dominado ampliamente por el oficialista movimiento Alianza País, que cuenta con 100 de los 137 curules disponibles, llega con una imagen deteriorada y es más bien un lastre para el oficialismo, dada su innegable sumisión a los designios políticos y legislativos del primer mandatario, su nula fiscalización, y un gasto administrativo severamente cuestionado por la opinión ciudadana.

Sin lugar a dudas, la mayor fortaleza con la que cuenta el correismo para hacerse nuevamente con el gobierno en el Ecuador radica en la debilidad que exhibe la oposición.

Los últimos datos son que el 2 de octubre de este año finaliza el plazo para la depuración de un cuestionado padrón electoral, basado ahora en recientes procesos electorales, y que se cifra en 13 millones de votantes, divididos casi a la par entre hombres y mujeres. Hasta el cierre de esta edición, dieciocho nuevos movimientos políticos se suman al tablero electoral para participar en los comicios del 2017.

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