Por Alberta Pérez, @alberta_pv

Dicen que la información es poder, pero también que la ignorancia da la felicidad. Si mezclamos los ingredientes en crudo parece que la conclusión es que hay que conseguir ser lo suficientemente inteligente para vivir como un tonto. Yo soy partidaria de indagar pero con mucha educación siempre cederle el paso a la información porque va muy rápido y puede llevarte por delante. Siempre es mejor evaluarla de lejos y sobretodo no estar inmiscuido en el argumento de la trama.

A los servicios de inteligencia es a los primeros a los que les gusta hacerse los tontos. Solo hablan cuando es estrictamente necesario, y aún así dicen poco. Si nos remontamos a los inicios, se sabe que La Santa Alianza es el servicio de inteligencia más antiguo que existe, pero aún así el Vaticano nunca ha confirmado su existencia. Se dice que fue creado en 1566 por el Papa Pío V para luchar contra el protestantismo con el objetivo de asesinar a la entonces reina de Inglaterra Isabel I. Entre el secretismo resuenan siempre ecos sospechosos, que nunca llegan a ser confirmados. En Rusia, el FSB (Servicio Federal de Seguridad) se ha visto vinculado a polémicas de muertes por envenenamiento como la del ex espía Alexander Litvinenko, o la del opositor Alexei Navalny. Pero bajo la protección del Estado y el sigilo de sus componentes es muy complicado seguirles el rastro, están blindados y no alardean de ello, ahí es donde se observ­a su perspicacia. Los listos saben que en esta vida para disfrutar los privilegios lo primero que uno debe hacer es ocultarlos.

El Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) en China, el Mossad en Israel, el MI5 y MI6 en Reino Unido, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en España…, la lista es quizás, mucho más larga de lo que sabemos, pero lo suficientemente extensa como para dejar entrever que hay un estrato translúcido en el mundo que moldea nuestra opaca realidad. Los servicios de inteligencia son piezas clave para la defensa de cualquier Gobierno que se precie. Tanto es así, que hasta Biden ha equiparado recientemente en sus paquetes de ayuda a Ucrania la valía de armas a la información sensible desclasificada que ofrece a su aliado. En España, con la reciente polémica con el CNI, tras salir a la luz que llevó a cabo escuchas a varios cargos públicos que formaban parte de partidos independentistas catalanes, la gente ha comenzado a preguntarse hasta qué punto puede gozar de libertad e inmunidad el Servicio de Inteligencia, que aparentemente tampoco había informado al Presidente del Gobierno. ¿Debería? ¿Es cierto que no lo haya hecho?

Cuando sabes que alguien guarda secretos resulta muy difícil no asumir que, por ende, es un mentiroso. Esa es la cara oculta de la luna, pero por otro lado está esa imagen de héroe sin capa que asociamos a los componentes de e­ste órgano secreto, que cuál Superman asegura ser contable de día y cuando lo necesitas aparece para salvarte. El cine, ¡cuánto daño ha hecho y que fáciles somos de engañar! Pocos agentes del FBI tiranos hemos visto en pantalla, y menos ídolos adultos con más clase que 007, tanta clase, que hasta la ética y el machismo se le perdona.

Existe, por otra parte, cierto paternalismo en el concepto de que te oculten cosas por tu seguridad que creo a muchos nos produce un placer no confeso, o del que quizás ni siquiera somos conscientes. Volvemos a la idea de que la ignorancia nos aleja de preocupaciones: ojos que no ven, corazón que no siente. Y qué gusto sentirte arropado de vez en cuando, porque al igual que a ninguno nos preguntaron si queríamos nacer, tampoco nos preguntaron si queremos ser adultos, simplemente son cosas que nos llegan queramos o no. Y a veces, que los demás carguen con parte de las preocupaciones es de agradecer. Una buena mentira piadosa es como una siesta, la necesitamos de vez en cuando y nos libera de las presiones de la sociedad.

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