Por Carlos Eduardo Helfer Bejarano, @CarlosEHelfer Comunicador Político

Las ideas preconcebidas moldean las creencias de las personas y demuestran lo propensas que pueden estar a determinados estímulos emocionales. Esto explica muy bien cómo es que dos personas pueden estar ante una misma noticia, pero la interpretación que ambas le darán puede ser radicalmente distinta dependiendo de diversos factores como su afinidad política, punto de vista, contexto cultural, interés, educación, etc.

En un mundo cada vez más hiperconectado, con la creciente penetración de dispositivos móviles, así como la multiplicidad de fuentes para contrastar si una información es real o no, ¿por qué proliferan las fake news en redes sociales?, ¿por qué a pesar de todos los esfuerzos de los medios de comunicación y de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, continúan apareciendo bulos que son rápidamente compartidos? En su momento, se dijo que era Facebook el responsable de la proliferación de información falsa, de crear burbujas de filtros que alientan la desinformación de los usuarios, pero ¿qué tan cierto es esto?

Un estudio sobre el contagio emocional en Facebook reveló que “las emociones expresadas por los amigos en redes sociales, influyen en nuestro propio estado de ánimo”11. Por su parte, el profesor R. Kelly Garrett, de la Universidad de Ohio, explica que las personas están más “propensas a publicar o compartir información, presumiblemente incluyendo noticias falsas, que refuercen sus creencias”.

Facebook, como otras plataformas digitales, utiliza un algoritmo que filtra las publicaciones que le aparece a cada usuario y deduce, en base a las interacciones pasadas, aquellas publicaciones que le pueden gustar. Según Eli Pariser, esto provoca “burbujas de filtro” donde las personas están expuestas a noticias que reafirman sus prejuicios y puntos de vistas políticos, promoviendo desinformación o percepciones erróneas.

Sin embargo, R. Kelly Garrett, asegura que existen numerosos estudios que demuestran que las noticias en redes sociales incluyen información y fuentes que desafían las actitudes políticas de las personas. Entonces, basado en esa evidencia, es poco probable que la proliferación de las fake news sean explicadas por la falta de contacto de la gente con información real y fidedigna.

Esta situación demuestra la enorme responsabilidad que siguen teniendo los medios de comunicación, políticos y ahora, los influyentes digitales para con los usuarios que conforman sus comunidades digitales. ¿Qué ocurre si alguno de ellos comparte una noticia con información falsa? Existe un alto rango de probabilidad de que los usuarios den por verdadera la información, sin cotejar su veracidad o cuestionar su origen cuando menos. Esto se explica por la baja calidad de audiencia que existe en redes sociales, que no contrasta ni valida una noticia y que confía en la información que publica un medio, un político o un influyente digital.

Todo esto nos debe llevar a pensar en la necesidad de establecer programas de Educación Digital, que enseñen a buscar información en la red, a discernir entre lo que es falso y verdadero, a contrastar la información y/o cuando menos cuestionar una noticia dudosa. Siendo más audaz aún, la tarea es promover una ciudadanía digital activa.

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1 Experimental evidence of massive-scale emotional contagion through social networks. Adam D. I. Kramera, Jamie E. Guillory, and Jeffrey T. Hancock.

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