Las elecciones europeas de mayo de 2014 marcarán seguramente un antes y un después en el funcionamiento interno de las instituciones de la Unión Europea (UE), y también en la percepción que de ellas tienen los ciudadanos. El resultado de estas elecciones no solo determinará la composición del Parlamento Europeo, sino que por primera vez ese voto influirá en la elección del próximo Presidente de la Comisión Europea, una de las tres instituciones (junto al Consejo y al propio Parlamento) con más poder de decisión de la UE. Este nuevo contexto plantea nuevos retos, pero también oportunidades a la comunicación política desarrollada desde y sobre la UE.

Javier Jiménez, Director de Comunicación del Partido Popular Europeo (PPE)

Vayamos por partes: las de 2014 serán las primeras elecciones euro­peas que se celebrarán bajo las normas de juego del Tratado de Lisboa de la UE. En este Tratado se incluye el hasta ahora desconocido para el gran público artículo 17.7, que establece que: el resultado de las elecciones europeas tendrá que ser tenido en cuenta por los Gobiernos a la hora de elegir un candidato a Presidente de la Comisión Europea [1]. Esto es, que ese candidato debería pertenecer al partido político que gane las elecciones al haber obtenido un mayor número de escaños en el próximo Parlamento Europeo.

Pese a una formulación tan ambigua algo por otra parte habitual en la literatura comunita­ria, el artículo 17.7 supone un cambio trascen­dental porque implicará que los gobiernos ya no elegirán en solitario y a puerta cerrada al presidente de la Comisión Europea, una institución clave porque gestiona el día a día de las políticas comunitarias, y que es el origen de la mayoría de las propuestas legislativas en temas vitales como la política economía y monetaria, la agricultura, la inmigración, etc. Esa designación del candidato a presidir la Comisión Europea tendrá ahora que tener en cuenta, aunque no como único criterio, la voluntad popular directamente expresada en las urnas.

Acercarse al ciudadano

La motivación para incluir este nuevo artículo fue intentar salvar la enorme distancia que, como se confirma encuesta tras encuesta, sigue separando al ciudadano europeo de las instituciones comunitarias y de las decisiones que toman éstas.

Una distancia que se traduce en una bajisima participacion popular cada vez que hay eleccio­nes europeas. En las últimas, las de 2009, de un 43%, la peor de la historia. Esa distancia, además, se ha transformado en los últimos años en algunos países crisis económica y financiera mediante en un rechazo que se está materializando en el ascenso de partidos euroescépticos o directamente antieuropeos.

En la práctica, el artículo mencionado se concretará en que los partidos políticos paneuro­peos, organizaciones que en la última década han ido ganando relevancia e influencia política, podrán designar sus candidatos a este puesto clave antes de las elecciones de mayo de este año.

Se confía en que la vinculación de cada partido paneuropeo con un candidato concreto contribuya a un mayor y más identificable (para el ciudadano) debate político al poner nombre y apellidos a cada opción política a nivel europeo. Se trata en definitiva de personalizar la campaña a las europeas.

Además se espera que esta identificación entre candidato y partido paneuro­peo contribuya a crear una campaña política real a nivel europeo durante las semanas previas al voto, y también que la campaña nacional de cada país aborden las políticas europeas y no se limite a asuntos exclusivamente domésticos, como ha ocurrido en muchos casos hasta ahora. Así, cada candidato debería presentar sus prioridades y su programa para dirigir la Comisión Europea; participar en debates públicos, interactuar con los ciudadanos en los 28 estados miembros, etc.

Aunque es evidente que aún no existe una única opinión pública europea, debido a las diferencias lingüísticas y culturales entre los 28 países miembros, la designación de estos candidatos puede sentar las ba­ses que permitan ir construyéndola poco a poco en los proximos años.

Menos de 100 dias para un voto decisivo

A menos de 100 días para las elecciones el voto se desarrollará entre el 22 y el 25 de mayo dependiendo de cada país los partidos políticos europeos están ahora ultimando la de­signación de sus respectivos candidatos. [Ver cuadro]

El Partido Popular Europeo (EPP, en sus siglas en inglés), actualmente el partido con ma­yor peso político en las instituciones euro­peas, tiene previsto elegir a su candidato durante un Congreso extra­ordinario en Dublín a comienzos de Marzo y entre una terna de pre-candidatos (el ex Primer Minis­tro luxemburgués Jean-Claude Juncker; el actual comisario francés y Vicepresidente de la Comision Europea, Michel Barnier; y el ex Primer Ministro de Letonia, Valdis Dombrovskis).

La segunda fuerza política, el Partido Socia­lista Europeo (PES en inglés) eligió como candidato el 1 de marzo, durante un Congreso en Roma, al actual Presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz.

El Partido Liberal Europeo (ALDE en inglés), actualmente tercera fuerza en el Parlamento Europeo, designó hace pocas semanas como candidato al ex Primer Ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt.

Los Verdes, por su parte, presentan una doble candidatura: el francés José Bové y la alemana Ska Keller. El griego Alexis Tsipras será a su vez el candidato del Partido de la Izquierda Europea, mientras que otros partidos, como el Partido Conservador y Refor­mista euro­peo (ahora integrado fundamentalmente por euro­diputados del partido conservador británico) han renunciado a la carrera por el puesto de Presidente de la Comisión Europea.

Desde el punto de vista de la comunicación política, la novedad introducida por el artículo 17.7 ya está teniendo efectos beneficiosos. Los medios de comunicación están recogiendo ampliamente estas semanas el proceso interno de cada partido político paneuropeo para elegir sus candidatos.

En algunos casos, por supuesto, en clave ne­gativa (como un reciente editorial del Financial Times que criticaba la, en su opi­nión, poca frescura de los aspirantes con el elocuente título The return of yesterday’s men) [2]. Pero lo cierto es que se está consiguiendo un objetivo básico: que haya debate público, que se hable de Europa con regularidad y, en consecuencia, que el ciudadano perciba que las elecciones al Parlamento Europeo son también importantes. No en vano, esta Cámara interviene cada vez más en decisiones que afectan a su vida diaria.

El interés ciudadano por el factor novedoso que en estas elecciones suponen los candidatos de los partidos politicos paneuro­peos también se está dejando notar ya en redes sociales como Twitter (mucho más consolidadas y más influyentes que en las últimas elecciones europeas de 2009) y en iniciativas online algunas de ellas permiten la participación activa desarrolladas por consultoras, empresas privadas, lobbies, plataformas ciudadanas o think-tanks. Por ejemplo, la de Burson-Masteller [3], que vaticina una “revolución democrática” con las elecciones europeas de este año o el proyecto ‘’Up2youth’’ impulsado por el CES, think-tank vinculado al PPE [4].

Pese a todo esto, todavía nos encontramos en una fase incial en la que los partidos políticos están eligiendo sus candidatos y por tanto su estrategia de comunicación se centra, en ge­neral, en posicionarlos ante la opinión pública, sobre todo en aquellos países en los que son escasamente conocidos.

Acción, Reacción, Decisión

Esta estrategia de los partidos políticos se solapa y complementa con la campaña informativa institucional que está llevando a cabo el Parlamento Europeo desde septiembre de 2013 bajo el titulo “Acción. Re­a­cción. Decisión” con el objetivo de explicar al ciudadano la relevancia de su voto en estos comicios y de intentar fomentar la participación.

Una vez elegidos los candidatos de los principales partidos, lo que ocurrirá en los primeros días de marzo, comenzará una campaña que se presenta tan apasionante como incierta por su carácter pionero. El reto es enorme. Por primera vez, candidatos a dirigir una institución transnacional como la Comisión Europea harán campaña directa para convencer al elector de cada país de que le confíe su voto (expresado, eso si, a través de sus partidos nacionales). En total, los candidatos intentarán llegar a 390 mi­llones de ciudadanos con derecho a voto en los 28 paises miembros de la UE.

Será, como bien ha explicado en diferentes ocasiones el portavoz del Parlamento Euro­peo, Jaume Duch, la campaña más política de las desarrolladas hasta ahora a nivel euro­peo, lo que la hace también la más diferente a las anteriores.

Lógicamente, los candidatos de los populares europeos, de los socialistas o de los liberales se apoyarán y complementarán en cada país en sus partidos miembros co­rrespondientes. Previsiblemente, se adaptarán los mensajes europeos, los eslóganes, etc., a la realidad de cada país o territorio aunque también se prevé que el tema común a todos ellos sea la crisis económica, sus efectos, y las soluciones para superarla.

Además de dar la batalla político-mediática en cada país, también se llevarán a cabo algunas acciones conjuntas. Ya hay entre los partidos transnacionales un principio de acuerdo para celebrar al menos un debate televisivo en prime time con todos o algunos de los candidatos y que sería retransmitido en directo en toda la UE. La experiencia puede ser realmente un paso hacia la constitución de una opinión pu­blica paneuropea, como mencionábamos antes, si se consiguen superar los problemas prácticos derivados de la diversidad cultural europea: en qué idioma se expresarían los candidatos; la nacionalidad del moderador; qué temas serían objeto de debate, etc.

En definitiva, nos adentramos en una etapa apasionante que en términos de comunicación plantea el gran reto de intentar conectar la política comunitaria que se cocina en Bruselas, Estrasburgo y otras capiales con el ciudadano europeo. En pocos meses podremos hacer balance y ver si la ocasión fue aprovechada. g

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