Por Eduardo G. Vega, @eduardoglezvega, Profesor UCJC, Consultor CIGMAP, Director La Revista de ACOP

La política municipal es apasionante. Lo tiene todo, desde el contacto cara a cara con tus vecinos por los problemas de su calle, hasta que el alcalde, intendente o presidente municipal sea el responsable de cualquier aspecto de política internacional que pase en el mundo. Es decir, la nada. Esa nada que al representante local le pilla tan lejos como al ciudadano que se queja, pero que ambos tienen que tratarlo personalmente dentro de ese todo. La cercanía es paradójica.

Dentro de esa mágica paradoja, la comunicación es un reto para todas las administraciones municipales. Las más grandes tienen capacidad para trabajar de forma correcta (otra cosa es que lo hagan eficazmente), pero los ayuntamientos medianos y pequeños sufren varios problemas para atender su responsabilidad informativa con la ciudadanía que, gracias a la tecnología, es cada vez mayor. Atrás debieron quedar los gabinetes de prensa que se dedicaban a mandar notas informativas a los medios de comunicación locales y que necesitaban “jugar” con el presupuesto destinado a la publicidad institucional en la prensa de su ámbito (asunto que daría para hacer un paper académico o una tesis doctoral). Porque pese a los problemas de falta de medios, personal cualificado y presupuesto, no debe ejercerse ya esa típica comunicación reactiva, sino que los ayuntamientos deben crear su propia narrativa, siendo proactivos en la información e interactuando en los distintos canales, y con su lenguaje, enfrentándose así a los nuevos retos de la profesión. Se acabó la época de informar sobre las decisiones políticas, eso está caducado, ahora la comunicación tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, porque se gestiona comunicando.

El otro reto de la mágica paradoja es la creación de la marca territorio en las administraciones municipales. Cada Ayuntamiento puede crear la suya, pero aquí el problema no es solo comunicativo, sino que los políticos no suelen ponerse de acuerdo en el futuro de su localidad, y cada cambio de gobierno trae nuevas ideas, revoluciones en el diseño de imagen corporativa y, en definitiva, poca o nula planificación estratégica. Por ello, y también por tener contratado al personal de comunicación con carácter eventual, no se está trabajando en el largo plazo, en la creación de la marca territorio, y por tanto, en elevar la calidad de vida de la ciudadanía gobierne quien gobierne.

La política municipal es apasionante. Tiene todos los retos y desafíos, como son muchas obligaciones, poco presupuesto, dificultades estructurales, la atención personalizada, las novedades tecnológicas y las nuevas necesidades informativas de los ciudadanos. Y todo ello mientras se atiende personalmente a cada vecino, sea cual sea su problema, sea de tu competencia o no. En la comunicación de la política municipal hay que hacer el todo desde la nada. Y para mí, sigue siendo apasionante.

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