Por Bárbara Aucejo @ojecua Regional Manager Latam en Emotion Research Lab

‘‘No les voy a fallar.
Soy un hombre de convicción y principios. Mi honestidad no tiene precio.
Y tengo una ambición legítima, quiero ser un buen presidente.
Juntos haremos historia.
Viva México
Viva México
Viva México’’

Así cerraba el discurso el recién electo Presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, y de esta imagen parte su mandato, todavía no ocupado, hasta el 1 de diciembre que será su toma de protesta.

Andrés Manuel López Obrador entró por los ojos a un tercio de la población, que resultó ser la mayoría que lo votó, porque aún habiendo perdido dos veces unas elecciones presidenciales, supo construir una imagen que entrara por los ojos a la mayor parte de las personas que decidieron ir a votar en la última y tercera vez que se presentaba a la Presidencia de México, haciéndoles olvidar la imagen negativa que pudieran tener anteriormente de él. Fundamentalmente, les entró por los ojos porque se supo diferenciar con todos los elementos de una imagen pública (física, verbal, visual, audiovisual, profesional y ambiental) del político tradicional.

La victoria de Andrés Manuel López Obrador fue producto del papel que juegan las emociones en la toma de decisiones. Si las personas hubiesen empleado un proceso lógico y racional en la decisión de su voto, Andrés Manuel López Obrador no hubiese ganado la elección presidencial de 2018. Sus argumentos siempre fueron directos a la parte límbica del cerebro, con frases sencillas, rápidas de interpretar y repetitivas (lucha contra la corrupción, mafia del poder) el hashtag para denominar a sus simpatizantes (#amlovers) es un ejemplo de recurso utilizado para hablar directamente a la mente emocional, tratando de transmitir esa pasión por su líder. AMLO estaba vendiendo cambio y esperanza sobre el futuro y consiguió su propósito con un discurso sencillo y emocionante para las masas, una imagen humilde conectada con este propósito y todo un elenco de merchandising expuestos en actos masivos y recorridos por toda la República que transmitieran esa imagen de líder del cambio. AMLO vendió varias emociones secundarias en esta última campaña, que son: alegría, orgullo, euforia, simpatía, confianza, optimismo, éxtasis y admiración.

AMLO y todo su equipo (MORENA como organización) pensaron más en lo que la gente sentía que en lo que la gente pensaba, y gran parte de su éxito se debió a decir en cada auditorio lo que sus asistentes querían escuchar, y por ello fueron criticados por decir una cosa y la contraria según a qué target se dirigieran en cada momento.

Pero no hay que olvidar que la imagen pública es dinámica, y que AMLO debe todo lo conseguido a los 18 años de campaña que constituyen las tres legislaturas a las que intentó acceder. Su imagen estaba no tan bien considerada en el 2006, a pesar de casi ganar al candidato del PAN, Felipe Calderón (potencialmente por su reciente posicionamiento como Jefe de Gobierno de la CDMX) y después, su imagen fue subiendo en la contienda de 2012, pese a quedar más distanciado de la victoria frente a Peña Nieto. Finalmente logró la Presidencia de la República este 2018, logrando una imagen muy bien considerada por la mayor parte del electorado que salió a votar, aunque bien hay que tener en cuenta que su mayoría fue relativa, lo que indica que realmente descontenta al 60 % de la población, a pesar de haber ganado la elección por la votación de la mayoría que sí decidió salir a votar.

Ese 60 % junto con los que no lo votaron ya están criticando su política incluso antes de que llegue al poder: el aeropuerto de México, el salario de funcionarios públicos, el precio de la gasolina, son solo unos ejemplos de lo que le espera al deterioro de la imagen de AMLO en los próximos años. Las emociones son volátiles por naturaleza y la confianza y credibilidad que tienen en él los ciudadanos que lo votaron puede perderse fácilmente por la difícil capacidad entre llevar a cabo políticas que realmente provoquen un cambio positivo en México (lógica racional) y seguir manteniendo la preferencia política y por tanto el sentimiento positivo que tenían hacia él los amlovers (lógica emocional).

La coherencia entre lo que dijo, lo que diga y lo que haga, determinará el resultado de lo que rezaba en su cierre de discurso, atribuyéndose: convicción, principios, honestidad y buen Presidente que hace historia. Juzguemos en 2024 qué siente la gente al respecto.

 

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