Retos pendientes 25 años después del apartheid

Por Begoña Fernández Consultora de comunicación

Nelson Mandela, Walter Sisulu, Oliver Tambo”. Estos tres nombres retumban mientras son coreados por los asistentes a cualquier evento del African National Congress (ANC) en una melodiosa canción. Los tres grandes líderes de la lucha antiapartheid son considerados padres de Sudáfrica y sus conciudadanos les profesan un gran respeto.

Esta emotividad trasciende y te envuelve en un país lleno de símbolos que engancha en el momento en que lo conoces, pero cuyos pilares, por los que tanto lucharon Mandela, Sisulu, Tambo y tantos desconocidos, no atraviesan su mejor momento.

El apartheid fue el sistema de segregación racial que entró en vigor en el país africano en 1948, cuando el mundo se recomponía de la Segunda Guerra Mundial y cuando ya se habían producido juicios en relación a sus atroces crímenes y abusos contra la humanidad. El objetivo de este perverso sistema era que la población blanca mantuviera sus privilegios y, para ello, implantaron medidas tan absurdas como la “prueba del lápiz” -para determinar la raza de alguien en función de si un lápiz se caía o no al pasarlo por el pelo-, o la prohibición de que los reclusos negros pudiesen usar pantalones largos, hasta acciones mucho más duras como la represión de una manifestación estudiantil en Soweto en 1976 que acabó con más de 500 escolares muertos, según algunas estadísticas.

Cyril Ramaphosa

El presidente Frederik Klerk liberó a Nelson Mandela en 1990 tras pasar 27 años en la cárcel. Ambos desarrollaron el proceso que llevó a la abolición del sistema y que les fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1993. Este esfuerzo conjunto culminó con las primeras elecciones libres celebradas en 1994 en las que resultó ganador Mandela.

Desde entonces, han pasado 25 años, un cuarto de siglo que no ha sido suficiente para borrar todas sus huellas como las desigualdades económicas, la pobreza enquistada, el elevado índice de desempleo -Sudáfrica terminó 2018 con una tasa de paro del 27,1 %, el deficiente sistema educativo, la inseguridad y las tensiones por la reforma del sistema de propiedad de la tierra -mayoritariamente en manos de población blanca-, para el que se han propuesto expropiaciones sin derecho a indemnización. De hecho, la situación de las granjas ha visto aumentar los asaltos, robos y asesinatos de campesinos.

Además, en la nación, en la que se hablan once idiomas oficiales y que es conocida con el apelativo de arcoíris por su multiculturalidad, persisten los problemas raciales. Sudáfrica cuenta con unos 56 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente el 78 % son negros, el 10 % blancos y el resto de otras razas: mestizos, asiáticos. Conviven, pero prácticamente sin mezclarse y, en los últimos tiempos, aquellos inmigrantes de otros países africanos que vienen a buscar trabajo son rechazados y acusados de llegar a robar empleos.

Julius Malema

En este convulso contexto, Sudáfrica afronta elecciones generales el 8 de mayo, los sextos comicios tras el fin del apartheid. Elegirán representantes en la Asamblea Nacional, así como renovarán los órganos legislativos locales y se desprenderá el presidente del país para los próximos cinco años.

Compite Cyril Ramaphosa, candidato del ANC y actual presidente del país, desde que, en febrero de 2018, Jacob Zuma fuese forzado a dimitir por el aparato del partido tras darse a conocer múltiples escándalos de corrupción que dejaban al ANC, otrora símbolo de liberación, en sus horas más bajas. Conocido también como un exitoso hombre de negocios, Ramaphosa, que era entonces su vicepresidente, ha intentado, en este periodo, revertir la situación con el impulso de medidas económicas y contra la corrupción.

Como principales oponentes, tiene a Mmusi Maimane, candidato y primer líder de raza negra de Democratic Alliance (DA), partido tradicionalmente ligado a la población blanca, y que ganó importantes alcaldías en las elecciones de 2016 como Johannesburgo, Ciudad del Cabo o Pretoria (City of Tshwane), y Julius Malema del partido de extrema izquierda, Economic Freedom Fighters (EFF).

Mmusi Maimane

DA es el segundo partido más grande del país y líder de la oposición. Su campaña abandera el eslogan “One South Africa for all” (“Una Sudáfrica para todos”) y una campaña con una estética que recuerda a la de Obama, incluyendo un manifiesto para el cambio.

Por su parte, Malema, exmiembro del ANC, es conocido por enarbolar discursos que incitan al odio a los blancos, llegando, incluso, a ser condenado por ello.

A fecha de redacción de este artículo, todo apunta a la victoria del ANC, que lidera las encuestas, aunque no siempre superando el 60 %. Si no lo logra, serían las primeras elecciones en las que el partido de Mandela no supera ese porcentaje desde que, en 1994, se celebraran las primeras elecciones libres. Este sería el principio del fin de la hegemonía del ANC que empezará a perder, en elecciones posteriores, posiciones en el Congreso y en diferentes niveles ejecutivos.

Más allá del porcentaje final de votos, el verdadero reto que afrontará el futuro presidente será encauzar el destino de la nación, y hallar la manera de que este crisol de culturas se reconcilie para que la prosperidad llegue para todos.

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