Por Miguel Antonio Molina Picazo @miguelmolinapcz Consultor político. Doctor en Derecho

El futuro del viejo continente está en juego. La Unión Europea llama a las urnas a más de 500 millones de ciudadanos que del 23 al 26 de mayo decidirán el nuevo Parlamento bajo la consigna de sufragio directo. El presente y el futuro de esta institución pasa por unos comicios cruciales que decidirán las líneas maestras de lo que se desea para nuestra Europa, y en cuyo horizonte se atisba la división más que palpable entre europeístas y euroescépticos. Unos abogan por fortalecer aún más a la Unión Europea y otros por diseñar políticas proteccionistas y nacionalistas que impidan contagios del exterior.

Los comicios pueden servir para apuntalar su compromiso o bien para socavar el estado de ánimo de una ciudadanía expectante de los acontecimientos en países vecinos. El ambiente escenifica unas elecciones a cara de perro donde está en juego la hoja de ruta de un territorio más que fraccionado por sus ideales. Representantes de países como Italia, Reino Unido, Polonia, Eslovaquia, República Checa, Dinamarca o Suecia ya han manifestado sus dudas sobre la idoneidad y la efectividad de las políticas de esta institución comunitaria.

No obstante, la primera decisión pasa por renovar a 751 escaños de la Eurocámara, un ejercicio que se podría considerar “de rendición de cuentas” que está fijada cada cinco años para las cerca de 1.000 listas concurrentes de toda la Unión Europea.

Los 28 estados miembros aportan valor al Parlamento, que son quienes directamente defienden al ciudadano de a pie; mientras que el Consejo Europeo, representa directamente a los Gobiernos, aunque se ponga en duda su sistema democrático dado que los acuerdos deben ratificarse por ambas partes.

Unos abogan por fortalecer aún más a la Unión Europea y otros por diseñar políticas proteccionistas y nacionalistas que impidan contagios del exterior

Al margen de los sillones, candidatos, partidos, propuestas, programas, ideales, sistémicos o antisistémicos, lo cierto es que el resultado final de esta convocatoria internacional implica posicionamiento y el diseñar una hoja de ruta para los próximos años. El futuro no está escrito por culpa de no tener un liderazgo claro.

La pugna por estas elecciones va más allá de textos, compromisos y promesas varias. La Liga de países europeístas inicia un proceso de pulso de gran magnitud para dilucidar cuál de los dos bloques enfrentados obtiene el liderato del poder. Europeístas contra euroescépticos, sistémicos contra antisistémicos.

Europeístas vs Euroescépticos

Sobre el papel, los europeístas parten con ventaja. Los euroescépticos sacan pecho, pero en menor medida que los primeros, mientras que los reformistas son un grupo reducido, pero no menos importante que suspiran por avances consensuados y estructurales. Tanto en los partidos de izquierdas como de derechas hay disidentes, voces que abogan por un estudio más minucioso y gradual de las líneas maestras de la i­nstitución supranacional.

Como argumento, cuestiones económicas y sociales. Ni siquiera la moneda del euro se libra. De hecho, no todos los países de la UE entran a estas alturas en el juego de la moneda única. El miedo al cambio provoca vértigo en unos países que se sienten cómodos dentro del sistema, pero con un compromiso limitado al no permitir abandonar su propia moneda. El proteccionismo es un arma poderosa que respaldan países como el Reino Unido, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, República Checa y Suecia.

Decidir qué Europa se quiere para los siguientes cinco años ya ha dejado de ser un tema menor sino todo lo contrario

Y quienes sí han accedido, han conocido, por el contrario, el amargo sabor de la crisis. España, Portugal, Grecia, Irlanda e Italia tienen en común que son estados miembros de la Unión Europea y, además, se da la circunstancia de que han sido sacudidos por fuertes crisis económicas desde la implantación de la moneda europeísta. Sin embargo, de las malas experiencias también se aprende. Todos ellos siguen una receta para corregir errores y tiran con fuerza de la bandera azul. A su ritmo, pero tiran. En el caso de España, Grecia y Portugal, las reformas han fortalecido su imagen exterior, aunque en el foro interno la situación dista mucho de la realidad, especialmente en el caso español donde la sociedad pierde poder adquisitivo a pasos agigantados al igual que los griegos.

Por todo ello, y debido a la importancia creciente de esta institución incomprendida por el ciudadano y maltratada en algunas ocasiones por los propios partidos, al mandar a sus elefantes políticos de retiro a Bruselas, ahora la presencia en esta Eurocámara recobra viveza. Decidir qué Europa se quiere para los siguientes cinco años ya ha dejado de ser un tema menor sino todo lo contrario. Los partidos se han armado de sus mejores hombres para transmitir a la sociedad la seriedad que requiere estas elecciones y una institución que dicta legislación de obligado cumplimiento. “Europa más que nunca” sería un buen lema que casa bien con aquellos que defienden a capa y espada el compromiso de quienes entonan el himno Oda a la alegría escrita por el poeta Friedrich von Schiller.

Europa se divide con el devenir del proyecto común; y por la tensión interna de cada país donde la situación económica y migratoria abre mucho debate

Lo que no cabe duda es que los europeístas buscan el fortalecimiento de un proyecto que comenzó a dar sus primeros pasos tras la declaración de Schuman un 9 de mayo de 1950. Las cuestiones de primer orden se reiteran en cada cita electoral: economía, empleo, seguridad, migración y cambio climático. Todavía hay voces enojadas por el fracasado plan de migración o la preocupación de la precariedad laboral, especialmente en los países afectados por la crisis económica y bajo la moneda del euro.

El cambio climático se ha convertido en un clásico de todas las agendas políticas y del que nadie es capaz de poner solución por los desequilibrios internacionales a la hora de aplicar políticas efectivas. La pérdida de poder adquisitivo y la maltratada clase media son temas no menos importantes que provocan temblores en los cimientos del Parlamento Europeo. Hasta el conflicto catalán llegó a la agenda de los eurodiputados llegando a fracturar la tímida concordia de la Cámara. Las sensibilidades de los diferentes bloques y partidos que la forman defienden posturas antagónicas que no requieren de un “relator”, pero sí de sentido común para avanzar.

Por estos y otros muchos motivos, los partidos, los movimientos y las alianzas europeas cierran filas en torno a diversos temas de actualidad y de máxima preocupación para el votante. Europa se divide aún más dentro de sí misma por cuestiones relacionadas con el devenir, en primer lugar, del proyecto común que los une; y, por otro lado, de la tensión interna de cada país donde la situación económica y migratoria abre mucho debate.

De liberales a extremistas

Una vez llegado el momento de elegir, el ciudadano deberá depositar su confianza entre diversas opciones.

Líderes de todo tipo: Carismáticos, autocríticos, conciliadores, visionarios, transformacionales, así hasta una infinidad de opciones.

Estas elecciones tienen la peculiaridad de que concurren partidos nacionales, asociados en su mayoría a algún grupo político europeo y con afinidades en sus respectivos programas.

La primera potencia europeísta es sin duda el grupo de centro derecha del Partido Popular Europeo (Grupo PPE). Atesoran veteranía, basan su campaña en la fortaleza de la economía y de la Unión Europea. Están liderados por el ingeniero alemán Manfred Weber, que goza del beneplácito de todos sus socios de Grupo. Sus aportaciones en la Eurocámara han sido constantes en asuntos internos y en el área de Justicia. En las anteriores elecciones consiguieron ser la fuerza más votada por lo que obtuvieron 221 escaños.

En primera fila, también saca pecho el Partido de los Socialistas Europeos (PSE) conglomerado de partidos tradicionales socialistas, socialdemócratas, laboristas y demócratas. Sus esfuerzos se centran en la construcción de sociedades progresistas, la justicia social, el empleo y los derechos de los consumidores, entre otros. El italiano Giovanni Pittella ostenta el poder del único Grupo que tiene representación de los 28 estados miembros. Además, es la segunda fuerza de las diez que se presentan con una representación de 191 escaños en 2014.

A destacar, el Partido de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE) que reúne a 60 partidos políticos bajo unos valores liberales.

La figura más representativa es el eurodiputado belga Guy Verhofstadt. En España, están representados por Ciudadanos bajo el carisma de Luis Garicano, un reputado economista dispuesto a aplicar la receta mágica de la prosperidad de la UE. La misión de este partido de alianzas es afianzarse entre las fuerzas más potentes y para ello salen dispuestos a mejorar el resultado de 67 escaños.

El Partido Demócrata Europeo es otro movimiento político transnacional preocupado por el futuro del viejo continente y que pretende construir una democracia basada en reformas. En este proyecto se suman partidos nacionalistas como el PNV e independientes. El representante italiano Francesco Rutelli y el francés François Bayrou comparten la presidencia a partes iguales.

La Alianza Libre Europea (EPT) concurre bajo la proyección pro-europeo, aunque su actividad promociona el derecho de autodeterminación de los pueblos, la gobernanza multinivel, la devolución de poderes o la diversidad cultural. Dicha Alianza ha estado dirigida en estos últimos meses por Jordi Solé i Ferrando, el representante de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

El Partido Verde Europeo, también conocido como los Verdes europeos abanderan la lucha ecológica y están especialmente activos en todo el continente europeo. Entre sus miembros destacan los representantes de Equo, Podemos e Izquierda Unida y partidos externos que figuran como observadores de sus políticas públicas.

Por su parte, el Partido de la Izquierda Europea reúne a los votantes de un claro perfil que aboga por la lucha obrera, el comunismo, el feminismo, la igualdad de género entre otros valores. Su objetivo no es otro que transformar Europa y alejarla de las corrientes de centro y centro derecha. Cuenta con un amplio número de seguidores por todo el territorio europeo. En la anterior cita arañaron 52 escaños y sus expectativas son al alza.

Europa tiene que jugar en Champions y para acceder debe superar varias fases con todo el equipo unido

Entre quienes desean con más ahínco reformar la UE, está la Alianza de Conservadores y Reformistas en Europa (ACRE) movimiento con representación en el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa, el Comité de las Regiones y la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Reconocen sus postulados de centro-derecha bajo el prisma de la libertad individual, la soberanía nacional, la democracia parlamentaria, la propiedad privada, el gobierno limitado, el libre comercio, los valores familiares y la devolución del poder. Son una fuerza a tener en cuenta ya que en la anterior convocatoria obtuvo una tercera posición al sumar 70 escaños.

A esta lucha por alcanzar la representación se unen partidos minoritarios como el Movimiento Político Cristiano Europeo (ECPM), defensores de la Democracia Cristiana. Llegan a estas elecciones con el respaldo de más de 50 partidos políticos cristianodemócratas, ONG, grupos de expertos y políticos individuales de más de 20 países; o el Movimiento por la Libertad y la Democracia Directa (EFDD) que suspira por los cambios constitucionales y legislativos fundamentales en pro de una República Checa defensora de sus familias y alejada de debates tan conflictivos como el islamismo. En las anteriores llegaron a la Eurocámara con 48 representantes.

Los restantes 52 escaños del 2015 procedieron de no adscritos a ningún partido político. Ahora, llega la hora de la verdad. Los candidatos, los Grupos, las Alianzas y los países se afanan para dibujar con todo tipo de matices el mejor boceto que aúpe con fuerza en el próximo lustro a la bandera de las doce estrellas. Europa tiene que jugar en Champions y para acceder debe superar varias fases con todo el equipo unido. Tanto los titulares como los suplentes suman con un líder que debe guiar a toda su masa social hacia la obtención de los objetivos marcados. La bandera tiene que ilusionar, transmitir, convencer y fusionar a todos en una. De lo contrario, el marcador final será incierto hasta el último minuto.

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