Miembro de la Red de Politólogas y especialista en comunicación política y liderazgo

“Tenemos el reto de evitar el encasillamiento de las mujeres políticas en un nuevo estereotipo”

Por Paloma Piqueiras Conlledo, @palomapiqueiras, Consultora de Asuntos Públicos

Red de Politólogas es un proyecto integrado por más de 600 especialistas en política de 26 países que están comprometidas con la construcción democrática. A través de este proyecto se busca promover, visibilizar y potenciar el trabajo de las mujeres dedicadas a la Ciencia Política, con todo lo que ello incluye; tomando protagonismo tanto en los espacios académicos como en la práctica de la consultoría o en la discusión pública de los sistemas políticos.

En este número de marzo, con el marco especial del Día de la Mujer, Virginia García Beaudoux @virgbeaudoux, especialista en comunicación política y liderazgo con perspectiva de género e integrante de la Red de Politólogas, nos describe la situación de la mujer en la profesión.

Decir Red de Politólogas es lo mismo que decir #Nosinmujeres ¿Estamos ya en un mundo en el que ese “no sin mujeres” es un mantra asumido o sigue quedando mucho trabajo por hacer?

Estamos en un momento de transición desde un mundo donde había mujeres invisibilizadas en su profesión, en el espacio público y en la política, a otro donde es impensable que las mujeres estén ausentes de esos espacios. La Red de Politólogas – #NoSinMujeres surge como una iniciativa ciudadana, colaborativa y profesional con miras a la eliminación de las brechas de género que cruzan a la Ciencia Política. Si bien queda mucho por hacer, estamos rompiendo muchos techos actitudinales e institucionales que afectan a la disciplina. Esta iniciativa de mujeres profesionales que nació desde América Latina, contribuye en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desafía el status quo y las formas a las que estábamos acostumbradas. Red de Politólogas busca contribuir a la visibilidad de las colegas, a generar redes para su trabajo sororo y a profesionalizar la disciplina.

Los partidos políticos continúan siendo clubes de hombres”

Las mujeres son jefas de Estado y de Gobierno solamente en 21 países en todo el mundo. ¿Qué obstáculos y desafíos enfrentan las políticas?

¿Cuánto tiempo tenemos y de cuántos caracteres disponemos para la entrevista? Ja,ja… Ahora en serio: son tantos, que no creo que quepan en una respuesta. Para empezar, suelen encontrar r­esistencias en sus familias.
Existe un imaginario ligado a estereotipos de género, que indica que las mujeres no deben manchar su reputación, y como en muchos casos se considera que la política es un terreno embarrado, sus familias les cuestionan que se metan en ello. Asimismo, enfrentan obstáculos en los partidos políticos, que continúan siendo clubes de hombres.

Las mujeres logramos el reconocimiento de nuestro derecho a participar en la vida política cuando los hombres llevaban ya tiempo en esa arena. Aún hoy, muchas mujeres políticas te dirán que sus partidos las tratan como huéspedes en casa ajena, unas invitadas que deberían sentirse agradecidas por el solo hecho de que se les permita estar allí, que su rol debería ser acompañar, y no cuestionar o disputar el poder.

Las estructuras de cristal también limitan a las mujeres políticas. Existen techos de cristal difíciles de romper: como bien reza tu pregunta, solo 21 países del mundo tienen una mujer jefa de Estado. Tampoco abundan las ministras y la mayoría de las bancas de los parlamentos del planeta están ocupadas por varones, aun cuando se ha avanzado mucho gracias a las leyes de paridad. Las mujeres políticas deben sortear no solo techos sino todo un aparador con laberintos, paredes y precipicios de cristal.

Acceder a p­osiciones políticas requiere a las mujeres recorridos por laberintos más complejos en comparación con sus pares hombres. Si acceden a posiciones de liderazgo, suelen quedar encasilladas entre paredes de cristal que las limitan a guetos alineados con los estereotipos: se concentran en comisiones o carteras m­inisteriales de educación, niñez, discapacidad, y otras áreas relacionadas con el cuidado y la acción social; y vemos pocas mujeres en defensa, economía, obras públicas, o ciencia y tecnología. Enfrentan también precipicios de cristal, porque suelen ofrecerles lugares en los que el riesgo de fracaso es alto. Por ejemplo, las investigaciones muestran que con frecuencia las mujeres son seleccionadas para competir como candidatas en distritos difíciles de ganar. Cuando pierden la elección, eso alimenta la idea de que las mujeres “no están hechas para la política”, se culpa a la mujer.

Los medios de comunicación son también un obstáculo, por los dobles estándares y coberturas estereotipadas que realizan de las mujeres políticas y candidatas electorales. Su accionar ayuda a la reproducción y mantenimiento de otra barrera: los prejuicios hacia las mujeres políticas que llevan que, a la hora de votar, se prefiera hacerlo por hombres. Hay otras barreras internalizadas en la socialización, que alimentan techos de cemento. En el caso de las mujeres políticas, consisten en autoexcluirse de posiciones de liderazgo por temor a las consecuencias negativas y al alto costo que perciben que ello tendría para sus vidas personales y familiares. Un último obstáculo para nada menor que hay que visibilizar son los suelos pegajosos, barrera cultural y psicosocial que naturaliza el espacio de lo privado como femenino, que adhiere a las mujeres a las tareas de cuidado, obstaculizando sus posibilidades de desarrollo al exigirles que “equilibren” trabajo fuera y dentro del hogar, cosa que a los hombres políticos no se les exige del mismo modo.

¿Sigue siendo el liderazgo una cosa de hombres? ¿Cómo se puede fortalecer el liderazgo femenino?

Cuando ingreso a dar una charla a un auditorio lleno de personas -bueno, cuando ingresaba, pre pandemia- practico un ejercicio simple. Pido que cierren los ojos e imaginen una persona liderando.
Luego solicito que alcen la mano quienes imaginaron una mujer. El resultado es el mismo: rara vez alguien alza la mano, porque nuestros sesgos inconscientes hacen que cuando pensamos en liderazgo pensemos en varón. Eso significa que, desde cero, desde el punto de partida, el liderazgo de las mujeres desafía lo que en psicología llamamos “prescripción de rol”, esto es, una creencia social extendida que indica que creemos natural que los hombres sean líderes y no así que las mujeres lo sean. Aún hoy, en la tercera década del siglo XXI, para liderar en política no da lo mismo ser varón que ser mujer. No lo digo solo a partir de la experiencia de trabajo con mujeres políticas, sino de la evidencia de los datos.

El reporte de perspectivas de desarrollo humano de PNUD 2020 muestra que el 47% de la población de 75 países del mundo cree que los hombres son mejores líderes políticos. Ese es el Goliat que enfrentamos quienes trabajamos en el diseño de estrategias para visibilizar los liderazgos, el posicionamiento y la comunicación de las mujeres políticas.

Las mujeres no somos encasillables, somos diversas, y por ende, nuestros estilos de liderazgo lo son”

Fortalecer el liderazgo de las mujeres es una tarea complicada que requiere sortear una “trampa 22”. Si las mujeres políticas se muestran empáticas y compasivas, se duda de sus habilidades técnicas. Si muestran ambición, orientación a ponerse al mando, se las cataloga de masculinas, suelen ser castigadas y etiquetadas como mujeres mandonas y desagradables. Si no son lo suficientemente agresivas o asertivas, o si son empáticas, se las tilda de débiles. Enfrentan permanentemente el reto de comunicar que pueden ser tanto empáticas y compasivas, como fuertes y determinadas.

En determinados ámbitos, los medios de comunicación contribuyen a perpetuar estereotipos de género. ¿En qué debemos mejorar los profesionales de la comunicación política para desterrar esos estereotipos?

Debemos asesorar a las mujeres políticas con perspectiva de género. Eso incluye también anticipar el tratamiento estereotipado que recibirán en los medios de comunicación, darles herramientas para que puedan hacerle frente y evitar que las afecte en su confiabilidad, posicionamiento en las encuestas o en la intención de voto hacia ellas.

“Necesitamos abandonar las visiones estereotipadas y visibilizar el potencial de las mujeres para ocupar todo tipo de posiciones de liderazgo estratégico”

Uno de los retos actuales que tenemos los profesionales de la comunicación, es evitar el encasillamiento de las mujeres políticas en un nuevo estereotipo. Me refiero a no alimentar la creencia de que existe un único estilo de liderazgo típico de las mujeres. Una de las preguntas más frecuentes que he recibido durante la pandemia, es si existe un estilo de liderar propio de las mujeres. Encuentro muy preocupante esa insistencia en forzar a todas las mujeres políticas en un mismo molde. Por la manera en que hemos sido socializadas, es cierto que tendemos a incorporar ciertas prácticas, valores y prioridades. Pero de ahí a caer en un nuevo estereotipo, hay un gran trecho. Creo que es una expresión más de la incomodidad cultural de aceptar que las mujeres no somos encasillables, somos diversas y, por ende, nuestros estilos de liderazgo lo son. Los liderazgos de los hombres son diversos; nadie diría que Obama tiene el mismo estilo que Trump. Los liderazgos de las mujeres también son diversos, porque las mujeres somos diversas. No es lo mismo el liderazgo de Jacinda Ardern, que el de Angela Merkel. Hay mujeres maternales y empáticas y otras que no lo son, así como hay hombres empáticos y otros que no. Necesitamos abandonar las visiones estereotipadas y visibilizar el potencial de las mujeres para ocupar todo tipo de posiciones de liderazgo estratégico.

A tu juicio, ¿qué mujeres están marcando la diferencia en la práctica de la política?

El contexto de la COVID-19 ha permitido visibilizar a muchas mujeres líderes. Y lo ha hecho en un doble sentido porque nos ha permitido verlas en acción, y también comprender lo pocas que son. Las jefas de Estado de Nueva Zelanda, Taiwan, Alemania, Finlandia, Dinamarca, Noruega, por mencionar solo algunas, han sido reconocidas y elogiadas por sus excelentes liderazgos en el manejo de la crisis de la pandemia. También han tenido una gran actuación lideresas del nivel de la política local, que son menos conocidos pero no por ello menos valiosos.

“Las mujeres nos tenemos que sacar de encima esa presión cultural de tener que ser perfectas”

¿Qué consejo profesional les darías a las mujeres que aspiran a convertirse en especialistas en comunicación política?

Que no dejen de incorporar la perspectiva de género en su trabajo. Que busquen mentoras, modelos y pares, espacios donde compartir sus experiencias y encontrar apoyos. Que no tengan temor de destacarse y mostrar sus logros. Y que no tengan miedo de equivocarse, porque las mujeres nos tenemos que sacar de encima esa presión cultural de tener que ser perfectas.

¿Y a aquellas que pretenden involucrarse en política y tomar parte activa?

Que se atrevan, que si les ofrecen un lugar acepten, que pidan lo que quieren en voz alta, que hagan todo lo posible por sentarse a las mesas donde se toman las decisiones, que comuniquen y visibilicen sus logros, y que si llegan a ocupar una posición de poder, sumen a más mujeres. No solo porque es lo correcto, sino porque a causa de todos los obstáculos y desigualdades, el poder continúa siendo un lugar muy solitario para las mujeres y sumar a otras mujeres a los equipos de trabajo es un excelente antídoto.

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