Por Libio Encarnación @Libioenfoque CEO & President en Enfoque Consultoría Estratégica.

La gestión de la incertidumbre parece ser el factor determinante en la ecuación política-electoral del 2015-2016 en República Dominicana dadas las evidentes contradicciones e indefiniciones manifiestas en la precampaña y campaña. En las elecciones de este año se regresa a la práctica de celebrar votación unificada, los votantes dominicanos tendremos que elegir presidente, vicepresidente, legisladores, alcaldes y alcaldesas, regidores, suplentes, gobernadores y demás puestos de elección directa; en total más de cuatro mil plazas a las que se han postulado no menos de noventa mil candidatos a elecciones internas en sus partidos.

A este escenario de “sobrepoblación política” se suma el desmembramiento ideológico de las principales estructuras políticas del país y la ausencia de una ley de partidos y agrupaciones políticas. A continuación describiré cómo se ha conjugado el escenario electoral entre alianzas e intereses.

Danilo Medina, presidente de los dominicanos, se encuentra en el tránsito de su cuarto año de gestión de gobierno y el 15 de mayo será posible confirmar si la tendencia que reflejan las encuestas se corresponde con la realidad del voto expresado en las urnas, dado que las últimas mediciones otorgan al presidente entre 25 y 30 puntos de ventaja por encima de su más cercano contendiente Luis Abinader, candidato presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Cabe señalar, para quienes no lo supiesen, que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que en su momento fue el opositor más fuerte al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), actualmente concurre en alianza con el mismo. Es decir, Danilo Medina es el candidato presidencial del PLD y también del PRD. Dicha terna electoral ha devenido en el más notorio fenómeno de renuncias y movilidad partidaria vista en la historia reciente del país, gente disgustada que se mueve a otra organización política porque en su partido no hubo primarias por las alianzas firmadas por las elites.

A las “imposiciones” que trajo consigo la alianza PLD-PRD, se suman las diferencias entre el actual presidente, Danilo Medina, y el expresidente también del PLD, Leonel Fernández; estas discrepancias en algunos casos han generado tensiones importantes en el proceso de selección de las candidaturas, dificultando la posibilidad de que los aspirantes dispongan de tiempo para organizar estratégicamente sus estructuras de campaña. El dilatado y errático proceso de elección interna de candidatos no sólo ha restando tiempo al proceso de conformación de las boletas electorales, sino también ha contribuido, en gran medida, a la ausencia de contenidos programáticos. Los candidatos “peledeistas” han tenido que gestionar el proceso electoral actual bajo el manto de la incertidumbre política, la celeridad por el cierre de los plazos para la inscripción de las candidaturas ante el tribunal de elecciones y las consecuencias que generan las fisuras entre sus dos principales líderes.

En el Partido Revolucionario Moderno y el Reformista Social Cristiano el fenómeno se repite, impactando en los niveles de intención de voto a favor de estas dos fuerzas políticas, a diferencia de lo que ocurre en la alianza PRD-PLD.

Por lo anterior, el actual proceso electoral dominicano, impregnado por la toma de decisiones bajo ambiente de incertidumbre, podría dejar importantes lecciones para la clase política del país, mal acostumbrada al no debate de las ideas, a la no profesionalización de los asuntos políticos, a la práctica del “transfuguismo”, a la explotación de actividades gubernamentales que rozan los límites de la ética en tiempos electorales y al olvido casi total de la cada vez más escasa práctica de escuchar a los votantes.

Las preguntas para quienes trabajamos en procesos electorales son ¿cómo impactarán en los votantes las rupturas de alianzas históricas, el establecimiento de nuevas alianzas políticas y la simultaneidad de elecciones? ¿Se incrementará el número de abstencionistas o, por el contrario, la alta concurrencia de votantes a las urnas evidenciará que estos aspectos, detallados como incidentes graves en el manejo de la política, no afectan a los votantes?

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