Por Miguel del Amo Román, @Migueldelamo1, Profesor de Protocolo Social y Etiqueta

Camisetas reivindicativas, lazos amarillos, pulseras rojas, azules, verdes, moradas, naranjas. Mascarillas de todos los colores, chapas, pines, etc. Este tipo de complementos en nuestra indumentaria es claramente información y nos muestra de alguna manera la ideología política de quien los lleva puestos. Por supuesto no es una ciencia exacta, pero sí que existe un patrón que marca la ideología política de nuestros representantes y simpatizantes.

Cuando hablo de indumentaria y vestimenta, me gusta recordar una época muy especial del siglo XIX, el Romanticismo. Por aquel entonces, los bailes y cenas que se celebraban en los palacios, palacetes y hotelitos de la capital de España eran verdaderos mítines políticos. Las mujeres, que no tenían ni voz ni voto, se las ingeniaban para no ser anuladas políticamente, llevando en su indumentaria complementos que hablaban por ellas y por supuesto dejaban claro cuál era su ideología política.

Las grandes damas de la nobleza madrileña asistían con unos maravillosos vestidos de miriñaque, con sus mejores joyas y complementos para dejar claro también su poderío. Entre estas joyas y complementos había dos que no podían faltar, el brazalete y el abanico.

Estos brazaletes, confeccionados en su mayoría en oro, diamantes, esmaltes, marfil y vidrio, suponían en las más valientes, un auténtico desafío el llevarlo puesto. Las más osadas llevaban el denominado brazalete de malla. Era igual que los demás, pero elástico o con una cinta que se ataba cuidadosamente en la parte alta del brazo muy cerca del borde del guante. En la parte central estaba el medallón, una pieza ovalada, que no era más que un marco de fotos con cristal protector en miniatura. En el medallón, lo normal era llevar la fotografía del esposo, en el caso de estar casada, pero lo cierto es que muchas de ellas lo utilizaban para llevar la fotografía o acuarela de su político favorito.

Los abanicos tenían un lenguaje propio y se utilizaban para que la dama se comunicase con la familia durante los bailes para que supieran en todo momento cómo estaba la situación entre la dama en cuestión y su pretendiente. También se utilizaban para transmitir de una manera discreta mensajes políticos y proclamas, que escribían sobre la guarda o varilla gruesa del abanico. Un escándalo mayúsculo por aquellos tiempos.

Bien es verdad, que esta elegancia en las formas ha desparecido y nada tiene que ver con la actualidad. Pero sí que nos deja claro la importancia de la indumentaria en la comunicación política, tanto ayer como hoy en día, que una prenda o un complemento determinado defiende una ideología.

Está claro que ni todos los representantes políticos de Podemos van con la camisa remangada, ni todos los del Partido Popular van con americana azul y pantalón gris. Además, aquí hay que poner en valor la frase de “no te fíes de las apariencias”. Pero sí que está claro que hay colores y materiales que identifican directamente a los votantes y simpatizantes con su ideología política. El cuero y la piel son generalmente más de izquierdas, mientras que el azul combinado con el gris y el verde caza son generalmente más representativos de la derecha.

Estos colores y materiales refuerzan la personalidad del político y le diferencian de otros representantes. El azul es el color favorito del Gobierno de España y es el más oportuno para la comunicación política. Es un color que transmite tranquilidad, autoridad, seguridad, neutralidad, liderazgo y confianza.

Los políticos también utilizan las corbatas para comunicar mensajes y transmitir emociones. El color azul es el más utilizado, refleja profesionalidad. La de color rojo aporta seriedad, la morada elegancia y sofisticación y la corbata verde calma y serenidad.

En nuestro país la corbata de color verde se utiliza mucho por los monárquicos para reivindicar y salir en defensa del Jefe del Estado. El acrónimo V.E.R.D.E, significa Viva el Rey de España. Para concluir esta reflexión entre alguna de las relaciones entre indumentaria e i­deología, recalcar que nuestros representantes políticos utilizan los colores de una forma corporativa e incluso realizan guiños diplomáticos con los colores de su indumentaria desde hace mucho tiempo. Es más común entre nuestras representantes femeninas jugar con los colores para lanzar mensaje­s con su vestimenta. Blusas, trajes, bolsos y carteras de mano con los colores de la bandera que representan y sombreros y tocados con los colores del país que visitan o reciben como anfitrionas. Gestos que dejan claro la importancia de la indumentaria en la comunicación política.

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