Por María Pinto @pinto_fdez Consultora en comunicación

Uno de los motivos por los que se adelanta unas elecciones es por la falta de confianza y de apoyos al partido más votado, y esto es lo que le ha pasado a Benjamín Netanyahu en su cuarto periodo como Primer Ministro de Israel.

El contexto político que llevó a tomar la decisión de adelantar los comicios se debió principalmente a los conflictos políticos entre los partidos que conformaban la coalición de gobierno liderado por Likud, el partido de Netanyahu, y el abandono del exministro de Defensa, Avigdor Lieberman y de su partido Israel Beitenu.

Este hecho, provocó la reducción del número de escaños en el parlamento, dejando a la coalición de gobierno con 61 escaños de 71, y a la oposición con 59 escaños. De ahí, que Netanyahu decidiera adelantar las elecciones seis meses antes de terminar su mandato.

El pasado 9 de abril, tenían lugar los comicios del Knésset, el Parlamento israelí (por circunscripción única y mediante un sistema proporcional, lo que permite a los partidos más pequeños tener representación parlamentaria y que ningún partido pueda gobernar solo), en el cual, se presentaron 40 partidos políticos, para disputarse los 120 escaños del parlamento.

Todos los partidos que participaron en los comicios, representaron una amplia gama de alianzas y agrupaciones, como el Bloque árabe-israelí, que representa la quinta parte de la población del país y los partidos clasificados como ultra-religiosos, el Shas y el Judaísmo Unido de la Torá, que representan al 10 % de la población judía.

Durante la campaña electoral el verdadero tendón de Aquiles para Netanyahu fue su gran rival, Benny Gantz, de la coalición Azul y Blanco (formada por Resiliencia para Israel; Centrista Yesh Atid y el movimiento Telem), de centro-izquierda.

Tanto Benny Gantz como Netanyahu, mantuvieron una intensa campaña electoral, con discursos opuestos. Mientras Gantz, se basaba en la seguridad nacional y refiriéndose así mismo como el salvador de Israel, Netanyahu arremetía contra los palestinos y decía ser víctima de los medios de comunicación y del sistema judicial, lo que permitió polarizar a la sociedad en dos extremos.

Tras la celebración de los comicios y conocer los resultados, Netanyahu empató con 35 escaños con Gantz. Hay que recordar que para ingresar en el parlamento los partidos deben de superar el umbral de 3,25 % de los votos.

Esta aritmética, en principio, favorecía a la coalición de derechas -liderada por Likud- al imponerse con 65 diputados frente a los 55 del bloque de centroizquierda y de los partidos árabes, gracias al respaldo de las fuerzas nacionalistas, de la extrema derecha y ultraortodoxos.

Pero, el pasado 29 de mayo, y tras un mes del juramento de la 21º Knesset, se decidió disolver el parlamento por falta de acuerdo con Israel Beitenu, debido a la proposición de ley sobre el reclutamiento ultraortodoxo, y convocar nuevas elecciones para el 17 de septiembre.

Este hecho, fue promovido por el partido de Netanyahu, Likud, para impedir que la segunda fuerza más votada, Coalición Azul y Blanco, formara gobierno y tener así la posibilidad de ganar las próximas elecciones, donde sería su quinto mandato.

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