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La campaña de base de Obama


Han pasado algunas semanas desde que se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Tiempo suficiente como para poder diseccionar algunas claves de la campaña de ambos candidatos desde el punto de vista de la organización, de la movilización, etc. A continuación una crónica de cómo fueron organizadas las campañas de base de ambos candidatos, a tan solo unos pocos días de la celebración de las elecciones.

Pérez Colomé, autor del blog http://www.obamaworld.es/

La campaña de base de Obama es el factor que más ha contribuido a su reelección, pero quizá el menos conocido. En mi viaje por Virginia, Carolina del Norte, Pensilvania y Ohio durante los 18 días previos a la elección, dediqué buena parte del tiempo a investigar cómo ha sido este año la campaña de base de Obama por dentro.

Las dos mayores diferencias entre las elecciones de 2008 y 2012 han sido: la precisión en los datos de los votantes y el menor entusiasmo, lo que implicaba disponer de menos voluntarios. La campaña ha paliado este problema al empezar a preparar el terreno en enero. Han tenido menos voluntarios en número, pero seguía habiendo muchos y muy dedicados.

La campaña electoral de Obama tenía tres objetivos, según dijo uno de sus encargados a Politico: “Veo las campañas como construir una lista. Puedes hacerla con nuevos votantes que apoyen al presidente. Puedes persuadir a los indecisos. O puedes hacer que más de tus partidarios vayan a votar”.

La campaña tiene tres métodos para lograr esos objetivos: primero, el candidato y otros políticos -mítines y debates-; segundo, los anuncios -en la tele y otros medios- y, tercero, la campaña de base. Los políticos y la tele se encargan de organizar el mensaje y de persuadir o convencer. La campaña se ocupa de aumentar el grupo de votantes y de hacer que vayan a votar.

La ventaja de Obama sobre Romney en la campaña de base fue apabullante. Este año menos que en 2008 -los republicanos estaban más movilizados-, pero la diferencia aún resultaba abismal. En tres puntos explico cómo funciona la campaña de Obama y las diferencias con la de Romney.

La política da igual

La campaña de base de Obama es una empresa. Su objetivo es encontrar y acumular gente y llevarlos a votar. Da igual lo que ocurra en los debates, lo que diga Romney o el último error del presidente. “Nosotros tenemos la cabeza metida aquí dentro”, me comentaba una empleada de la campaña de Obama en el norte de Virginia.

El sistema es sencillo. Hace un año, la campaña empezó a alquilar locales comerciales en ciudades clave de los estados importantes (también tienen sedes en estados seguros o perdidos, pero destinan menos recursos). Las oficinas suelen ser locales en centros comerciales, al lado de otras tiendas, o despachos en edificios. Se alquilan unos meses hasta el 7 de noviembre -el día después de las elecciones- y lo paga la campaña gracias a sus donativos. A esas oficinas enviaron primero a un miembro a sueldo (se llaman field organizers, organizadores del terreno) para que empezara a montar la red de voluntarios.

El presidente Obama tiene su propia campaña de base, independiente del Partido Demócrata. Un gran debate que apenas acaba de empezar es dónde irá a parar la base de datos del presidente con millones de potenciales y activos votantes demócratas. Obama perdió algunos millones de votantes -entre ellos los que no fueron a votar por los efectos del huracán Sandy-, pero ganó. En esas bases de datos hay muchos de los nombres que le dieron la victoria. Si van a votar a cada demócrata que se presente, es mucha ventaja. El problema es que otros candidatos no tienen el tirón emocional de Obama, incluso en 2012 con el desgaste del primer mandato.

La primera diferencia con Romney fue que el candidato republicano se basaba en las sedes de su partido para crear un satélite de su campaña. En todas las oficinas de Romney en las que estuve, al lado o en el mismo edificio había la de los candidatos locales. La segunda gran diferencia fue el número de oficinas por estado. En Ohio las de Obama triplicaban a las de Romney. Lo importante no fue sólo eso, sino también la dedicación al presidente en unas y la división de esfuerzos para el aspirante en otras.

Qué hacen los voluntarios

Nada más llegar lo primero que hacían los field organizers era buscar voluntarios. La columna vertebral de la campaña de Obama eran los empleados, pero sin los miles de voluntarios no hubiesen llegado a nada. A principios de año, buscaban primero “súpervoluntarios”, gente que conociera bien el terreno y tuviera tiempo para implicarse con responsabilidad: son los líderes del vecindario (neighbourhood team leaders). Conforme se acercaba la elección escogían a “capitanes” de equipos: en los días antes de las elecciones, había tres equipos: puerta a puerta, acompañar a gente a las urnas y de soporte.

Una vez montado el equipo, y con más field organizers según la importancia de la oficina, empezaba la caza de voluntarios de a pie. En 2008 no hacía falta: había un sinfín de americanos que querían que ganara Obama con entusiasmo. Fue el típico año donde la gente decía que llevaba treinta años sin meterse en política. En 2102 no fue así: había voluntarios, pero menos.

El esfuerzo por conseguir implicación creció durante la campaña. El equipo no supo o no pudo crear grandes lazos con sus votantes durante los cuatro años de presidencia. El momento más espectacular que viví de caza de voluntarios fue en un mitin de Obama en Richmond, Virginia: docenas de miembros de la campaña pedían a los asistentes si podían hacer algo como voluntarios. Estuvimos allí 4 horas en colas y esperando a Obama, así que hubo tiempo. Pedían siempre nombre, dirección, teléfono y correo, y lo apuntaban. A mí me lo preguntaron tres veces. Había unas 15 mil personas. Es un promedio increíble.

Lo primero que hacían cuando alguien pisaba una oficina de Obama era pedirle los datos. La gente de Romney, en cambio, no era nada sistemática. En alguna oficina de Romney pregunté cuándo se hacía canvassing: “Tú ven, te damos unas direcciones, algunos folletos y vas”, me dijeron a seis días de las elecciones. Nada más; ésta era la organización. En cambio, dejé mi teléfono en una oficina de Obama y un par de días después me llamaron porque aún no me había presentado. Pura eficacia.

Los miembros del staff de Romney estaban peor organizados. No había criterios comunes en las oficinas: todas las de Obama se parecían, con los mismos cárteles y objetos; las de Romney, no. Aunque Romney era el hombre de negocios, la campaña que funcionó como una empresa solvente fue la de Obama. Incluso el temor exagerado que tenían sus miembros a hablar con periodistas estaba organizado. Era un búnker de empleados asustados para el ya presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

¿Y ahora dónde están los votantes?

Hay una organización, cientos de oficinas y empleados, y miles de voluntarios. ¿Ahora por dónde se empieza a buscar a los votantes? Las listas con las bases de datos llegan desde “la campaña”, me decían. “La campaña” es el cuartel general en Chicago. Es el Santo Grial de la política electoral: ¿en qué barrio viven los votantes más probables? ¿Cuáles son los indecisos fáciles de persuadir? ¿Qué tipo de mensaje enviar a alguien que nunca ha votado? Parece pura ingeniería social y era un gran secreto.

La preparación del software que gestionara esta avalancha de información llevó dos años y al final requería el trabajo de 120 empleados, según The Washington Post. La base de datos había crecido a partir de datos públicos (el censo y el registro) y los de consumo: a qué revistas está alguien suscrito, cuántos coches tiene, cuánto cuesta su casa o si tiene licencias de caza. Según el cruce de datos, se daba un coeficiente sobre las posibilidades de que alguien votara por el presidente de 2012.

Esta información se unía a la que los voluntarios lograron durante meses por teléfono o en visitas a casas. Las preguntas solían ser siempre variantes de las mismas: ¿está registrado para votar?, ¿puede el presidente contar con su apoyo?, ¿cuáles son los temas que más le preocupan? El perfil resultante era casi perfecto de las intenciones de voto o las opciones de convencer a alguien. Los voluntarios que no suelen hacer persuasión, solo se encargan de recopilar información. La persuasión se la dejan a otros canales. Si el votante pide saber más, le envían o dan folletos. Pero no van con puntos específicos que haya que vender y convencer.

En una oficina de Romney pude coger una guía para llamadas. Es así de sencillo, con todas las opciones previstas: cada palabra está medida. “Hola, soy ____. Hago de voluntario para la campaña de Mitt Romney y el Partido Republicano para recordarle que su voto es importante en esta elección”.

En una oficina en Ohio una voluntaria de Obama me contó que desde Chicago les habían ordenado peinar tres barrios del condado. En total, unas 17 mil personas. En esos meses había que descubrir los partidarios, los indecisos y, cuando se abriera la opción del voto anticipado, preguntarles una y otra vez si habían votado. Para llamar y visitar a 17 mil personas se necesitan bastantes horas y manos.

Este tipo de estrategia tan precisa puede parecer extraña para no iniciados. Leslie es profesora de español en Pensilvania. Como la mayoría, en 2008 se implicó más que este año. En 2012 solo fue a llamar puertas el último sábado porque la líder vecinal era amiga suya. En 2008, Leslie no entendía por qué debían ir una y otra vez a la misma calle con el peligro de molestar y perder a votantes cuando había barrios enteros en otras zonas que ni siquiera habían visitado. Leslie le echaba la culpa al encargado de la oficina, “un californiano que no entendía esta región”. Pero la campaña es así: detecta un bolsillo de votantes posibles y se centra en ellos; repetir calles no significa llevar el mismo mensaje a las mismas casas. Por ejemplo, la campaña sabe qué ciudadanos han votado en años anteriores. Hay que perseguir sobre todo a los esporádicos.

El nivel de sofisticación de Romney fue ridículo comparado con esta maquinaria. Su sistema para llevar a la gente a votar -el ORCA- reventó en el día clave y dejó a miles de voluntarios sin nada que hacer ese día. Fue un fracaso enorme y merecería otro artículo aparte. Los republicanos saben que les costará años ponerse a ese nivel de precisión.

El problema para los republicanos fue que la gente de Obama ya había previsto que iban a perder votantes y su primer objetivo fue aumentar el número para tapar esos agujeros. Lo consiguieron y en porcentaje el electorado fue tanto o más demócrata que en 2008. En suma, Obama trabajó en tres frentes -púlpito, tele y calle- y Romney solo en dos -púlpito y tele. Hubo un candidato que salía con ventaja.

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