Entrevista a Simón Pachano, profesor del departamento de estudios políticos en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y miembro del consejo asesor internacional de Acop.

El Dr. Simón Pachano es uno de los politólogos más prestigiosos de Ecuador. Pachano se licenció en Sociología entre Quito y Santiago de Chile, investigando sobre temas relacionados con el mundo rural, las migraciones y la lucha contra la pobreza. Sin embargo, a medida que profundizó en estos temas, sus intereses fueron derivándose hacia la Ciencia Política, disciplina en la que obtuvo un doctorado en la Universidad de Salamanca (España). Ese campo le permitió ahondar en los problemas de la calidad de la democracia, el robustecimiento de las instituciones políticas, el diseño de los sistemas de partidos y las implicaciones de los sistemas electorales. Sus publicaciones le han llevado a dictar clases en Argentina, Bolivia, Perú y España, entre otros muchos países.
El profesor Pachano habla sin pelos en la lengua sobre los desafíos que enfrentan las democracias latinoamericanas en el siglo XXI. En esta entrevista, el asesor internacional de ACOP asegura que la comunicación política debe ir de la mano del fortalecimiento de los partidos. Además, subraya que se torna como una cuestión imperiosa (para la calidad de la democracia) poner freno a la tendencia creciente de desconfianza hacia los políticos y hacia la política en general.

Por David Redoli Morchón

Dos de sus últimas publicaciones son Estado actual y futuro de la democracia en Ecuador y Calidad de la democracia en los países andinos. En su opinión, ¿cuáles son los requisitos necesarios para considerar una democracia como de “alta calidad”?

Hay un cierto acuerdo entre los académicos que estudian estos temas en que una democracia de calidad es la que asegura la vigencia plena de los tres tipos de democracia: civil, política y social. En términos concretos, esto significa, en primer lugar, la existencia un Estado de derecho (imperio de la ley), en segundo lugar sufragio universal, derecho a participar libremente en las decisiones políticas, derecho a elegir y ser elegido, elecciones libres, limpias, plurales y frecuentes, capacidad de control de los mandatarios por parte de la ciudadanía, acceso a múltiples fuentes de información sin censura y, en tercer lugar, generación de condiciones de igualdad de oportunidades, lo que se traduce en la exis­tencia de gobierno responsable y de una sólida institucionalidad con capacidad para responder a las necesidades y demandas de la sociedad.

¿Qué importancia otorga a la comunicación para formar a “buenos políticos” en los países andinos?

Ciertamente, es importante preocuparse por la formación de los políticos, pero este objetivo encuentra sus límites cuando se lo enfrenta con la realidad de la mayoría de países latinoamericanos y con principios básicos de la democracia. Me refiero, con este último tema al principio democrático del derecho universal a elegir y ser elegido, que no puede ser limitado por razones de formación de las personas. Con el primer tema me refiero a las escasas oportunidades reales de educación que tiene una alta proporción de las personas en nuestros países para alcanzar una buena formación. Quizás cabe hacer en este aspecto un paralelismo con lo que ocurre en el fútbol, donde se hace una selección claramente meritocrática que sería imposible hacerla para la política en un régimen democrático. En otras palabras, para formar parte de un equipo de fútbol (así como para participar en actividades empresariales y académicas), una persona debe demostrar sus capacidad y su formación. En política democrática eso sería inconcebible. Por ello es tan interesante el estudio de las carreras o trayectorias de los políticos y su incidencia sobre la calidad de la democracia.

Teniendo en cuenta su experiencia en el estudio de la región andina, ¿está usted a favor de que existan “escuelas de políticos” para preparar a líderes en los partidos políticos de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú?

Sí es muy importante. Las experiencias que existen en América Latina son muy ilustrativas al respecto, pero es necesario tomar en cuenta lo que señalé antes acerca de los límites que ponen la realidad, por un lado, y los principios democráticos, por otro lado.

Hace poco el catedrático Manuel Alcántara planteaba en estas mismas páginas (El Molinillo, nº 50, enero 2013) que en España y en muchos países de América Latina existe una percepción negativa de los políticos profesionales y de la profesionalización de la política. Se aboga en mayor medida por políticos-ciudadanos o políticos-técnicos. ¿Qué opinión le merecen estos plantea­mientos, cada vez más frecuentes?

Buscando alguna explicación, se puede sostener que esa es una expresión de insatis­facción con la política en general. Es lo que se desprende de las encuestas que se realizan periódicamente (Latinobarómetro, Lapop de la Universidad de Vanderbilt), en las que se hace evidente una tendencia creciente de la desconfianza hacia los políticos y la política en general. Esta puede derivarse de malos resultados económicos y sociales de la gestión política, de la percepción de corrupción o incluso de la incapacidad para ofrecer resultados positivos en el combate a la inseguridad ciudadana (que ocupa el primer lugar entre los problemas que preocupan a las personas). En algunos países ese desencanto se tradujo en la consigna “que se vayan todos”, pero también en algunos de ellos el lugar de esos “todos” fue ocupado por uno solo. Por consiguien­te, la solución no ha ido necesaria­mente por el reemplazo de los políticos profe­sionales por técnicos o, lo que sería ideal, por una mayor presencia de la sociedad, sino por un resurgimiento del viejo caudi­llismo latinoamericano.

¿Está suficientemente desarrollada la comunicación política en América Latina?

No, no lo está. Es un campo en el que es necesario trabajar mucho. La comunicación política debe ir de la mano del fortalecimiento de los partidos o, en buena parte de los países, del nacimiento de nuevos partidos.

¿Qué recomendaciones daría a los asesores de comunicación de los políticos de América Latina?

La única recomendación que me atrevo a hacer es que el primer paso para actuar en la política latinoamericana es comprender las amenazas que se ciernen sobre los regímenes democráticos del continente. Del riesgo de golpes militares, que estuvo presente en los primeros años de las transiciones a la demo­cracia, se pasó a la preocupación por la go­bernabilidad cuando fue necesario enfrentar la crisis económica, y ahora se presenta el peligro de una deriva autoritaria de regímenes que tienen un origen democrático. Ese es el contexto en que deben actuar los asesores de comunicación y, de manera especial, los políticos.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la democracia en Ecuador?

Precisamente Ecuador es uno de los países que enfrenta el peligro de la deriva autoritaria. Una muestra muy clara de esto se encuentra en la ley de comunicación que acaba de aprobar la Asamblea Legislativa. A esto se suma la criminalización de la protesta social, el control del sistema judicial por parte del Presidente y su utilización como instrumento político.

¿Cuál es el papel de la prensa en la calidad de la democracia ecuatoriana?

Los medios de comunicación se han convertido en los únicos espacios de debate y deliberación. La desaparición de los partidos políticos y el reflujo de los movimientos sociales han dejado a los medios en una posición de actores políticos que ellos no la han buscado pero que deben ejercerla.

¿Cómo se utilizan en Ecuador (en el ámbito político), y con qué efectos, los nuevos canales de comunicación que propicia Internet?

En las “redes sociales” hay un debate permanente, aunque hasta el momento su penetración sea minoritaria en la población ecuatoriana. Sin embargo, como se ha comprobado en muchos países (como los que vivieron la “primavera árabe”), esas formas comunicacionales son muy efectivas en momentos críticos. Seguramente esa debe ser la causa por la que el gobierno ecuatoriano mantiene una presencia permanente en ellas por medio de equipos especializados y que actúan profesionalmente.

El profesor Francisco Sánchez pu­blicó el año pasado el satírico libro Quien tiene boca, se equivoca, pero el que tiene seso, no dice eso. Ha­giografía del Dr. Ralph Belt, PIS, y la Re­volución Citadina, que levantó cierto revuelo en Ecuador, por su velada crítica, en clave de humor, al presidente Correa. En su opi­nión, ¿comunica bien el Gobierno del presidente Rafael Correa para articular su “re­volución ciudadana”?

En primer lugar, el libro del profesor Sánchez constituye una excelente pieza de humor político y de la ironía que es necesaria en situaciones como las que vive Ecuador. En segundo lugar, sin duda el presidente Correa es un excelente comunicador y su gobierno tiene un aparato muy efectivo para este fin. Nunca en Ecuador ha habido una presencia comunicativa estatal como la que se observa en este proceso de la “revolución ciudadana”. Lo hace con el control de un gran “h­ol­­­d­ing” de medios, con cadenas obligatorias que interrumpen la programación de radio y televisión y, sobre todo, con la presencia permanente, dominante y única del presidente Correa.

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