Por Carmen P. Pallarés Muñoz @CarmenPallares Directora RRHH Ayuntamiento de Marbella Consultora

Dice la Organización Internacional del Trabajo: “…las buenas prácticas de la negociación colectiva garantizan que los empleadores y los trabajadores negocien en un plano de igualdad y que los resultados sean justos y equitativos. La negociación colectiva permite que ambas partes negocien unas relaciones de empleo justas, evitándose costosos conflictos laborales.”

Pero, ¿es esta definición aplicable cuando la negociación se produce entre los sindicatos y los representantes del gobierno (local, regional o nacional)? Probablemente si examinásemos cual combate de boxeo las mesas de negociación los resultados arrojarían empates técnicos o victorias reñidas a los puntos: la historia del derecho laboral lo avala. Sin embargo, utilizando el mismo símil, si nos acercamos al ring, al cuerpo a cuerpo, y atendemos a las técnicas de negociación, la victoria por KO de los sindicatos sería indiscutible.

El movimiento sindical se ha convertido en la envidia de cualquier partido político en la oposición; los sindicalistas son verdaderos expertos en el debate, en el fondo y en la forma, que forjan su carrera en la especialización, no tienen un pasado en el poder que reprochar, y lo que es más importante, no tienen compromisos a futuro que cumplir: el sindicato nunca se convertirá en gobierno.

Bien es cierto que, como cualquier otro poder público, sufren la sombra de la corrupción o el clientelismo, pero sin duda llegan a las mesas con mucho menos lastre que los políticos a los que se enfrentan y con la indudable pátina de defensores de los trabajadores.

Ante esta situación de desventaja el gobernante solo puede contrarrestar los envites de las demandas sindicales a través de dos técnicas:

1. Dominio del marco formal de la negociación. El respeto máximo a las reglas del juego y sobre todo su manejo pormenorizado supone eliminar debilidades que pueden marcar el tono de la negociación: una convocatoria no ajustada a derecho, un defecto formal, o desconocimiento de la normativa legal, son mucho más que pequeños fallos.

2. La calma y el placaje al ego. Se ha señalado al principio que, sin perjuicio de huelgas, movilizaciones etc. el resultado de la negociación suele dar frutos positivos. Ganar a los puntos no da la gloria de un KO (a la que es muy difícil renunciar), pero es el verdadero objetivo de la negociación. El político debe recordar que no hay un público, un electorado al que conquistar y que si lo hubiese quizás serían los propios sindicalistas, entonces… ¿Por qué enfrascarse en eternos debates dialecticos? ¿Qué tal un guiño a SUS egos?

Si recordamos de nuevo a la OIT, esta subraya que “los países en los que la negociación colectiva está muy coordinada, tienden a tener menos desigualdades en los salarios, un desempleo más bajo y menos persistente, menos huelgas y más breves que los países en los que la negociación colectiva está menos instaurada” y por tal objetivo puede que merezca la pena apartar el combate en la arena política por un momento y relegarla a los debates con la oposición.

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