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La otra vida de los políticos:


Opciones de reposicionamiento personal en torno a la difusión de conocimiento

Por Enrique Marí Chaparro, @quiquemari Director de Consultoría de Thinking Heads

Se acaba el mandato. A las espaldas muchos años en primera línea de la escena política, en puestos de diferente responsabilidad institucional. Muchas políticas públicas impulsadas, muchos cambios legislativos, sociales y económicos registrados. También errores, críticas de adversarios, de colectivos ciudadanos, de periodistas, hasta ataques en el plano personal y familiar. Pero llega el momento de retirarse, de dejar que “otros tiren del carro”. Tanto en su cabeza como en los debates de la opinión pública, azuzada por los medios de comunicación, le vuelve a rondar la misma pregunta: “¿Qué voy a hacer cuando termine?” La jornada no comenzará a las seis de la mañana con llamadas de teléfono, correos electrónicos, whatsapps, no habrá barullo en torno a su casa una hora después, y tampoco verá frente a su despacho a 50 personas pendientes de cualquier movimiento para tener un minuto en el que departir un tema importante. Ni sonará el teléfono con la misma insistencia; tampoco los medios de comunicación estarán pendientes y su nombre dejará de salir en los principales titulares del día. Después de tantos años de no manejar su jornada laboral, se acerca ese cambio conocido como el ‘síndrome de la agenda vacía’.

Cada político que ha tomado la decisión de retirarse de la primera línea procesa la salida de su mandato de manera diferente. El exmandatario estadounidense John Quincy Adams (1825-1829), poco antes de dejar la Casa Blanca, afirmó que “no hay nada más patético en la vida que un expresidente“. Tal vez por eso se negó a abandonar Washington y su posición de influencia y poder. Se mantuvo como legislador del Capitolio durante diecisiete años más, hasta el día de su muerte.

La vida posterior de los políticos que dejan altas responsabilidades de Estado siempre es un asunto espinoso para la mayor parte de la opinión pública porque pone en cuestión sus nuevas actividades profesionales y personales. Es un debate público controvertido, con más detractores que defensores, porque mezcla curiosidad, crítica, estupor, incluso una forma de “prohibición social”, en la medida que se considera que “no pueden desarrollar una actividad privada que genere retornos económicos o reputacionales”. Lo que hacen y lo que ganan, desde la pensión pública hasta sus ingresos privados están mal vistos. En el imaginario colectivo existe una creencia, más o menos generalizada, que los asimila a “jarrones chinos”. Personas que, una vez fuera del puesto de mando ya no deben hacer nada más. Se les critica que den discursos o impartan conferencias en medio mundo, que den clase en instituciones académicas, que publiquen libros y, por supuesto, la más polémica de las decisiones: que sean asesores de empresas privadas o se incorporen en puestos directivos; lo que socialmente se conoce como “la puerta giratoria”.
El origen de esta polémica es que los derechos, las responsabilidades y las obli­gaciones de los expolíticos no son bien conocidos por la ciudadanía en España. Esta mala imagen y mala percepción es, ante todo, un problema de comunicación. De falta de un relato que explique al más amplio espectro de ciudadanos la importancia del reposicionamiento del político que se retira y el valor que sigue aportando a la sociedad. Esta falta de compresión degenera en un problema de transparencia.

Vuelta a la vida anterior: Unos; después de años en primera línea, deciden volver a su “anterior vida”. Tal vez retomar su profesión original, su puesto en la administración pública, en la universidad o volver a tener responsabilidad en el negocio familiar que tuvo que delegar. Es el caso de Alfredo Pérez Rubalcaba que después de más de 20 años en política y 17 cargos institucionales volvió a encontrarse con los alumnos en las aulas de la Facultad de Químicas. O de Alberto Ruiz Gallardón, que retomó su labor de abogado. Ahora destaca en la defensa internacional de Leopoldo López.

Continuar en política: Otros, sienten “el veneno” de la política en las venas. Quieren seguir siendo influyentes, relevantes. No quieren ver desaparecer la autoridad de su voz política. Por eso, dejan de estar en el frente político y aceptan volver a una segunda o tercera línea para, desde ahí seguir influyendo, ya sea como diputado de base, con responsabilidad en el partido o fuera de ellos pero con una exposición mediática recurrente. En los últimos tiempos, Felipe González y José María Aznar han tenido mucho protagonismo en la actualidad política del PSOE y PP. Al igual que el exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Margallo, que este septiembre lanza nuevo libro sobre la convivencia democrática en España en tiempos del desafío catalán. O Rafael Correa, expresidente de Ecuador, que mantiene un tenso pulso con el actual presidente del país, Lenín Moreno y los miembros del su gabinete. Cada vez crecen más los rumores sobre la posibilidad de que prepare su candidatura a las próximas elecciones de 2021. Algo que intentó sin éxito en 2015 George Papandreu, fuera del PASOK, cuando anunció sus aspiraciones de volver a la política griega lanzando su nuevo partido Movimiento de Socialistas Democráticos. O de Ricardo Lagos, que durante 2016 y 2017 se promovió como candidato a la Presidencia de Chile del próximo 19 de noviembre aunque lo desestimó al no lograr su proyecto político suficientes apoyos en las primarias ante Alejandro Guillier. Ejemplo llamativo es el de Vicente Fox que cogió la bandera del orgullo mexicano contra Donald Trump por su decisión de construir un muro que separe EE. UU. de México.

Paso al sector privado: Hay otros que dan por cerrada su trayectoria en política y buscan una reencarnación ejecutiva en una empresa para reposicionarse en el sector privado; en puestos de determinada dirección en empresas o consejos de administración en los que su visión pueden ser de gran valor estratégico para la toma de decisiones empresariales. Casos éxito directivo como los de Josu Jon Imaz, CEO de Repsol; Josep Piqué, ex CEO de OHL y expresidente de Vueling; Rafael Arias-Salgado, expresidente de Carrefour España o José Folgado, presidente de Red Eléctrica. Jordi Sevilla abandonó la política para incorporarse como senior advisor de PricewaterhouseCoopers, primero, para después integrarse en el equipo del primer proyecto político de Pedro Sánchez. Se despidió de la política con la publicación de su libro “Vetos, pinzas y errores: por qué no fue posible el Gobierno del cambio” y se incorporó a Llorente&Cuenca como vicepresidente. O el de Gerhard Schröder que retomó su trabajo de abogado y asesora empresas. O el éxito empresarial de Tony Blair, ex primer ministro británico, que en 2016 se vio obligado a cerrar su consultora privada para poner fin a la controversia que suscitaban sus elevados ingresos como consultor para multinacionales y gobiernos con sombra de duda respecto a Derechos Humanos.

Puestos de responsabilidad política en instituciones nacionales u organismos multinacionales: Otros intentan buscar puestos de dirección y responsabilidad política en instituciones u organismos multilaterales en temas en los que son considerados expertos como diplomacia, economía, derechos civiles, desarrollo democrático y humano, energía, sostenibilidad, etc. a través de los cuales aspiran seguir manteniendo un perfil y una exposición política notable. Desde principios de este año Antonio Guterres es el secretario general de las Naciones Unidas. Anteriormente fue primer ministro de Portugal (1995 y 2002) y alto comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (2005-2015). La que fuera ex primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland, fue también ex secretaria general de la OMS y ex enviada especial de la ONU para el Cambio Climático. O Mary Robinson, que fue la primera mujer en llegar a la presidencia de Irlanda en 1990, ha sido también excomisionada de la ONU para los Derechos Humanos y elegida presidenta de la Iniciativa para una Globalización Ética y de la Comisión Internacional de Juristas. Sin cargo oficial pero de alta influencia destaca la misión de mediación internacional encargada por Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y avalada por la OEA a José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos en el conflicto que vive Venezuela. Una tarea complicada porque los resultados nunca están garantizados y, de producirse, en el mejor de los casos, tardarán años en verse. O la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Gryspan que fue secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y administradora asociada del PNUD, y actualmente es secretaria general de la secretaría general Iberoamericana (SEGIB).

Elegir una misión o activismo político o social: Pero también los hay que escogen una causa en la cual reenfocarse y luchar por unos objetivos concretos (medioambiente, derechos humanos, protección de la infancia, etc.). Es una elección personal para crear sus plataformas propias, en forma de fundaciones, foros o iniciativas para colaborar a cambiar las cosas desde un plano político y social independiente. Siempre sabiendo manejar la notoriedad, relevancia y reputación que han construido y cultivado en toda una vida ocupando cargos de responsabilidad política. Promueven los principios que siempre han defendido pero desde otra perspectiva; con independencia, construyendo alianzas sociales y políticas en pro de un fin que pueden capitalizar y protagonizar.

El ejemplo mejor desarrollado en la actualidad es el de Barack Obama, que antes de dejar la presidencia con apenas 55 años, creó la Obama Foundation para centrar sus esfuerzos en su actual prioridad que es formar a la próxima generación de líderes impulsando proyectos de desarrollo de talento. Esta plataforma está concebida como organismo participativo entorno a la construcción de sus ideas, sus valores, su legado y sus proyectos con todas aquellas personas que quieran adherirse de forma voluntaria creando una potente comunidad virtual. Desde 2005 otro expresidente de EE. UU., Bill Clinton, impulsa con su plataforma Clinton Global Initiative proyectos que solucionen los desafíos más apremiantes del mundo. A través de esta iniciativa organiza foros al más alto nivel como la agenda paralela de actos en Nueva York durante la semana de la Asamblea General de Naciones Unidas todos los meses de septiembre.

La Fundación Democracia y Desarrollo de Ricardo Lagos es otro ejemplo. A través de esta plataforma el expresidente de Chile promueve la acción y participación ciudadana en la mejora de la convivencia y la democracia con proyectos como ‘El Quinto Poder’, ‘Vecinos Conectados’ y ‘Tu constitución”.

Hace unos meses, José María Aznar seccionó FAES del PP para que sea una institución independiente de pensamiento y lobby. Felipe González ha creado recientemente una fundación que lleva su nombre y que tiene como fin conservar su legado político en forma de proyectos sociales y divulgativos que contribuyan al progreso y ofrezcan herramientas para que la sociedad enfrente los retos y desafíos del siglo XXI.

Aunque, por desgracia, a veces ese activismo social es una lucha en primera persona a causa del diagnóstico de una enfermedad. La lucha de Pascual Maragall contra el alzheimer es el claro ejemplo de ello.

REPOSICIONAMIENTO DESDE EL CONOCIMIENTO: CÓMO CUIDAR EL POSICIONAMIENTO PERSONAL PARA DIFUNDIR IDEAS

Cualquier razón para reposicionarse es válida. Independientemente de la opción que escojan, todos los expolíticos tienen algo en común: son personalidades que siguen siendo activos muy valiosos en la escena política y social. Por eso, deben tener la oportunidad de aportar su experiencia y talento de una manera estratégica cuidando su reposicionamiento personal desde el ámbito del conocimiento; desde la experiencia, aportando y compartiendo su visión de los temas en los que tiene una opinión acreditada. Trasmitiendo su visión, sus valores, su reflexión, su pensamiento y su legado sobre determinados temas clave para el desarrollo de sus países o a nivel global.
Un líder político, ya sea expresidente o exministro, tiene que ser ante todo un inspirador. Alguien que, en la reflexión sobre los asuntos de los que habla, haga que su mirada se eleve por encima de la contingencia política del día a día. Que tenga ideas que aportar a la sociedad para que esta mejore y evolucione: un conocimiento que le hagan diferenciarse y que sea capaz de transformar esa sociedad. Es la única manera en la que verá reforzada su credibilidad y tendrá siempre la confianza del mayor porcentaje posible de la opinión pública. Es la única manera de construir un liderazgo sólido en estos tiempos líquidos —según la expresión exitosa de Baumann—, en esta época en la que los avances y la transformación digital de todos los ámbitos de nuestra vida han provocado un gran vacío de reputación.

El reto del líder político es mantener ese equilibrio entre la experiencia y la percepción pública que se tiene de él. No se trata de que sea influyente por vanidad o simplemente por serlo, sino que consiga que le otorguen confianza y credibilidad como experto en un tema concreto. Experto por sabio. Experto por poseedor de ideas, de conocimiento. Experto por su solidez. Por eso deberá cultivar y difundir sus ideas. El expolítico no será un prescriptor de circunstancia, sino una autoridad en una materia. Al Gore nunca fue presidente de los EE. UU. Pero cuando dejó la política logró posicionarse como un gran experto global en medio ambiente, futuro y tecnología. Hasta tal punto que recibió el Premio Nobel en 2007 por su activismo contra el cambio climático.

Desde que dejó la vicepresidencia de la Unión Europea Joaquín Almunia ha optado por un posicionamiento vinculado al mundo del pensamiento. Desde su conocimiento de la Unión Europea está preparando un libro para principios de 2018 sobre cómo la regeneración de Europa tiene que venir de la recuperación de la identidad socialdemócrata. Parecido posicionamiento, aunque con más proyección pública, está teniendo Laura Chinchilla, presidenta de la República de Costa Rica entre 2010 y 2014, que destaca en estos momentos como una de las políticas más influyentes en empoderamiento femenino en Latinoamérica.

¿Cómo reposicionarse desde el ámbito del conocimiento?

– Nuevo posicionamiento: siempre creado una estrategia de posicionamiento destinada a garantizar de manera sostenida la relevancia e influencia en su ámbito de acción y en sus audiencias para lograr el máximo impacto de sus ideas a partir del enfoque estratégico de su papel en la sociedad. Con ello se busca crear un círculo virtuoso en torno al líder político y sus ideas. Así interactúa en la sociedad, logrando no sólo posicionarse en el lugar deseado, sino contribuyendo con sus ideas a inspirar y generar cambios y beneficios.

– Áreas de pensamiento y temas de influencia: reflexión en torno a su legado político para ponerlo en valor. Para definir los campos en los que puede destacar más y los temas que domina como pensador o experto. Deberá analizarlos para basar su visión de la realidad y construir un corpus de pensamiento que aporte valor a la sociedad. Así colabora en la construcción de una sociedad más comprehensiva, más lúcida y más crítica.

– Plataforma o iniciativa: podrán crear una plataforma de influencia y liderazgo que impulse proyectos, foros e iniciativas que generen los cambios y progresos buscados.

– Canales de Comunicación: desa­rrollo de un plan de comunicación que sea el altavoz de sus ideas comunicando de manera eficaz y sencilla a través de los canales idóneos. Siempre empleando to­das las herramientas de comunicación como artículos de opinión, participación en foros y conferencias, creación de contenidos para blogs y redes sociales, o la escritura de libros que resuman su pensamiento.

– Estrategia de contenidos: lo prioritario es construir una tesis diferencial que aporte valor al debate en el área de conocimiento donde se desarrolla. Para después moldear esa tesis en contenidos y poder hacerla comprensible de manera sencilla a cualquier persona.

Vivimos en una sociedad extremada­mente compleja que evoluciona y cambia a un ritmo vertiginoso, una sociedad en la que las formas de comunicación se han trasformado radicalmente en pocos años y plantean nuevos retos de futuro. Por eso, el líder político ha de trabajar su reposicionamiento en base a sus ideas, conocimiento y capacidad de reflexión materializándolos en proyectos; ya sean de forma individual o en el marco de una iniciativa o institución como Ricardo Lagos o Barack Obama. Esa será la única manera en la que podrán conservar y difundir el recuerdo de su legado posicionándose en el mercado de las ideas, es ese lugar virtual en el que los líderes y pensadores buscan respuestas para entender la realidad –cada vez más compleja y vertiginosa- en la que vivimos. Trabajan para -ahora que tienen tiempo y no viven en la frenética agenda política-, reflexionar, crear pensamiento y di­fundir ideas que aporten soluciones a problemas concretos que viven nuestras sociedades. De esta manera posicionarán mejor sus pensamientos, su visión política e institucional como expertos. Porque en definitiva, cada vez dejan los cargos más jóvenes, con más carrera profesional por delante y con más energía y fuerza para seguir haciendo cosas por esas causas en las que creen.

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