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“Las encuestas influyen mucho menos que lo que los periodistas y políticos se creen, lo que no quiere decir que no tengan ningún impacto”


Entrevista a Narciso Michavila Núñez, sociólogo, presidente de GAD3.

Economista, político, experto internacionalista y escritor uruguayo de origen español. Fue Secretario Técnico de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (1960-1967), Presidente del Banco Central del Uruguay (1967-1968), Secretario ejecutivo de la CEPAL (1972-1985), Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay (1985-1988), Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, (1988-2005).

Narciso Michavila, @nmichavila, es sociólogo y especialista en análisis electoral y en Opinión Pública y Seguridad. Es presidente de GAD3, consultora de investigación sociológica y comunicación constituida en 2001 con el nombre de Gabinete de Análisis Demoscópico.

Narciso Michavila es doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Estadística Aplicada por la misma Universidad. También es especialista en Diseño de Investigación Social del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Ha sido profesor de Opinión Pública y Seguridad en el Doctorado Paz y Seguridad Internacional del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED y profesor visitante de International Public Opinion and Security en la Universidad de Tromsø (Noruega), además de impartir docencia, actualmente, sobre herramientas de investigación en varios masters de postgrado.

Colaborador habitual en los medios de comunicación en temas demoscópicos y la actualidad política, varios medios le sitúan como uno de los asesores de cabecera del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, del que es amigo personal desde hace años.

La entrevista fue realizada en dichas jornadas por Sergio Martín, director del programa “La Noche” en el canal 24 horas de Radio Televisión Española (RTVE).

Por Ignacio Martín Granados, @imgranados, director de El Molinillo de ACOP.

Recientemente, en las elecciones europeas y del Reino Unido o incluso en el referéndum griego, hemos podido comprobar cómo las encuestas no han acertado con sus previsiones. ¿A qué cree que ha podido deberse?

Hay un factor común en todas las democracias: el voto es cada vez más volátil, se decide más tarde y hay mayor oferta electoral. Pero hay que ver las peculiaridades de cada proceso electoral: los británicos fueron capaces de acertar en el referéndum en Escocia, sin embargo, en las generales de mayo tuvieron un desvío de siete puntos. Nuestra experiencia trabajando en Londres la noche electoral con uno de los institutos es que las encuestas telefónicas, que le daban cuatro puntos a Cameron, se dejaron influir por las online que tradicionalmente habían acertado.

En el caso griego podemos desvelar ante los lectores de El Molinillo, que entienden del mundo de investigación, que en GAD3 estuvimos haciendo tracking con una empresa griega y al final vimos una situación tan convulsa que no nos atrevimos a dar los resultados que íbamos a publicar desde Madrid, la víspera. La situación era excepcional: nunca ha habido un referéndum convocado en una sola semana, con permanentes cambios de posición y con cierre de bancos.

Para elaborar con éxito una encuesta intervienen muchos factores, ¿cuáles cree que son los principales?

Claramente la profesionalidad de los entrevistadores. Una encuesta es un cúmulo de conversaciones, por eso lo importante no es que haya muchas entrevistas, sino muy buenas entrevistas, y para eso, es clave la brevedad del cuestionario y la claridad de las preguntas.

Tradicionalmente las encuestas han jugado un papel destacado en las elecciones ya que servían para medir y formar a la opinión pública pero también tenían efectos como la movilización o desactivación del electorado ¿Considera que sigue siendo así?

Las encuestas influyen mucho menos que lo que los periodistas y políticos se creen, lo que no quiere decir que no tengan ningún impacto. La prueba es que ahora mismo estamos comparando los resultados de los partidos nuevos, no con lo que obtuvieron en las últimas elecciones sino con lo que las propias encuestas les estaban estimando hace unos meses. Pero, al final, en el voto son tantas las decisiones que entran en juego, que las encuestas tienen la capacidad de condicionar, nunca de determinar el resultado final.

En las últimas elecciones municipales y autonómicas en España una de las dificultades de los profesionales demoscópicos ha sido identificar el voto útil y el oculto, junto a su alta volatilidad ¿Cómo influyen estos factores? ¿Pueden atenuarse?

La volatilidad va muy unida a la decisión de última hora. Retrasar el campo hasta el último minuto es decisivo. El voto oculto, por otra parte, no existe. Acudir al voto oculto o a que el elector te miente es una mala excusa del analista que ha fallado en su estimación. Tenemos suficientes herramientas para saber interpretar y corregir los sesgos. Uno de los problemas que hemos tenido hasta las europeas es que no teníamos un recuerdo de voto de los partidos nuevos en el que apoyarnos, ahora ya sí, y por eso ahora los institutos estamos acertando de nuevo.

Muchos sondeos se siguen elaborando llamando a los domicilios cuando en muchas casas ya no existen los teléfonos fijos ¿La telefonía móvil introduce un sesgo en el método de muestreo o las empresas demoscópicas han sabido adecuarse a los nuevos tiempos?

Todas las encuestas tienen un sesgo: las encuestas online tienen dificultad de acceder a la población más mayor, la telefónica a la gente que no tiene fijo y las domiciliarias entrevistan a muchos más parados y trabajadores a tiempo parcial de lo que corresponde. Lo importante es saber corregir ese sesgo.

En este sentido, ¿cuáles son las principales innovaciones que se pueden ofrecer desde el ámbito de las encuestas?

Claramente la inmediatez en el análisis y presentación de resultados. Los cambios están siendo tan rápidos que los resultados de las encuestas, especialmente de voto, se quedan obsoletos en muy poco tiempo. En este terreno, las nuevas tecnologías y el trabajo en equipo son determinantes.

Volviendo a la interpretación de los datos, ¿considera que, de un año a esta parte, con los partidos denominados “emergentes” -Podemos y Ciudadanos- hemos pasado de su infraestimación a la sobrerrepresentación en las encuestas?

Podemos es un voto más ideológico y por tanto ha sido más fácil acertar en los resultados, por eso estimo que no será difícil anticipar su nivel de apoyo. El más difícil es el de Ciudadanos, porque es una marca nueva que produce poco rechazo y que más fácilmente dicen votar los indecisos o abstencionistas, por eso su nivel de apoyo en las encuestas no se ha traducido a las urnas. Es lo que nos sucedió en las elecciones andaluzas o autonómicas. Lo mismo nos está sucediendo con el recuerdo de voto de municipales, dicen haber votado a las candidaturas de Ciudadanos muchos más votantes de lo que realmente lo hicieron.

¿Por qué cree que los medios de comunicación se refieren de forma despectiva a la “cocina” (tratamiento) de los datos recogidos en una encuesta?

A mí no me importa hablar de cocina, porque aunque la clave de la encuesta es un buen trabajo de campo de los entrevistadores, saber interpretar bien los datos es fundamental y ahí no existe una fórmula exacta. La obligación de una encuesta de voto es anticipar al máximo el resultado y para ello los datos del campo son muy importantes, pero la intuición, que sólo da la experiencia, para analizar esos datos lo es más todavía.

Por eso el problema no es cocinar los ingredientes del campo, lo que es imprescindible para acertar en la estimación, sino explicar el método de cocina y exponer con qué ingredientes has contado. En todo caso, la ventaja de las encuestas electorales es que son las únicas en las que de verdad se puede contrastar luego su grado de precisión. Por eso, el dato más importante de una ficha técnica es el instituto que ha realizado la encuesta.

En España está prohibida la publicación y difusión o reproducción de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación durante los seis días anteriores a la votación. En los tiempos tan rápidos en que vivimos en los que podemos acceder por internet a una encuesta publicada por un medio extranjero, por ejemplo, ¿tiene sentido esta norma?

Como ocurrió en las europeas, un 40% de la población decide su voto la última semana, por lo tanto, que al representado se le prohíba acceder a una información que solo tienen sus representantes no tiene ningún sentido. Es una norma absolutamente obsoleta.

¿Se atreve a vaticinar alguna tendencia para las próximas elecciones generales en España? ¿Qué escenarios de alianzas y pactos nos podemos encontrar al día después de los comicios? ¿Sobrevivirá el bipartidismo o asistiremos a una nueva etapa política de consensos?

El escenario será similar al de europeas y municipales con un Partido Popular ligeramente por encima del Socialista pero con un escenario de gobierno que no se cerrará en las urnas sino en los pactos postelectorales. Paradójicamente, la aparición de dos formaciones de ámbito nacional le dará a los partidos nacionalistas más poder de negociación que nunca.

 

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