Por Luciana Panke @lupanke Escritora y conferencista

El pasado 28 de octubre Brasil eligió al candidato de la ultraderecha, el capitán del ejército Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal – PSL), como el nuevo presidente del país. Desde los años 40, es la primera vez que un militar es elegido para el cargo. Aunque Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores – PT) haya vencido en más ciudades, el resultado quedó en 55,13 % contra 44,87 %. El electorado brasileño tiene más de 140 millones de personas. En Brasil el voto es obligatorio, pero el 78 % salió a votar y el restante no. Es una cifra histórica de ausentes, votos nulos o blancos. Esos sumaron más de 89 millones de votos, lo que significa que no es la mayoría que lo apoya, de hecho, menos de 40 % de los votantes lo hacen.

El escenario del estancamiento del PT y del ascenso de la derecha se venía gestando desde 2013, con las manifestaciones callejeras en contra de la corrupción en el Mundial de Fútbol que tuvieron mucha fuerza. Poco después, empezó la operación de la Policía Federal, conocida como “Lava Jato” y que tuvo como blanco principal el Partido de los Trabajadores. También la acusación por corrupción contra la presidenta, Dilma Rousseff (PT), nunca comprobada.

Con su dimensión continental, Brasil y sus 200 millones de habitantes, guarda muchísimas variedades de gente y de economía. Norte y sur son casi países distintos. Pensar una campaña electoral en escenarios radicalmente diferentes es un reto. La victoria de Bolsonaro es un hecho para analizar, ya que pertenece a un partido pequeño, tenía poco tiempo de cobertura en radio y televisión electoral, casi no ha participado de los debates electorales y ha realizado poca inversión financiera.

Entre los factores que explican la victoria de Bolsonaro destaco: la mala economía, la decepción con las instituciones y el odio al Partido de los Trabajadores, tomado como el único responsable de la corrupción. Para que los lectores tengan una idea, en Brasil, cualquier problema se dice que es culpa del PT, si uno no es de Bolsonaro es del PT. A mí me preguntan todo el tiempo, cuando no estoy de acuerdo con determinadas pautas políticas, me lo dicen: “¿Pero eres del PT?”, así con admiración o repulsa. De hecho, para los analistas políticos se volvió una costumbre empezar sus respuestas diciendo: “No soy del PT, pero…”. Sí, es eso lo que está pasando en Brasil.

Las estrategias de propaganda política defendidas por Domenach se cumplen: se eligió el enemigo único (PT); la comunicación está orquestada en todas las partes reforzando que hay que matar a los bandidos, que el PT es corrupto, que los derechos humanos tienen que acabar; la confusión de informaciones: en una hora Bolsonaro hablaba una cosa, otra hora hablaba de otra, se peleaba con sus hijos y con su vice. Lo que transmite es una imagen de “macho”, o sea, un total refuerzo de la cultura patriarcal y machista.

¿Qué ha hecho para llegar a la victoria? Adoptó las estrategias militares de información y desinformación. Es un trabajo sistemático, sus frases de efecto movilizaron el discurso de odio reprimido por parte de la población respecto a las políticas sociales. Él ha verbalizado la violencia y los prejuicios que muchos creían como verdad, pero no tenían la intrepidez de decirlo, como el machismo, la homofobia, la xenofobia y el racismo. Por más contradictorio que parezca, era el candidato que todo el tiempo hablaba en nombre de Dios y ha hecho de las iglesias su base electoral. Otro factor muy importante fue el uso de las redes sociales y los bots para crear fake news y que llegaran más rápido. Después del atentado, se volvió más héroe aún y era llamado “mito”. Todo ello aumentó las emociones y la gente votó en base a falsas informaciones.

La democracia está en riesgo, los discursos de odio de un grupo hacia el otro están provocando una verdadera ola de crímenes en el país. Lo que pasó en estas elecciones es que el odio al Partido de los Trabajadores, fenómeno que llamamos de antipetismo, se volvió más fuerte que la solidaridad. La ultraderecha representada por los dos militares que hacen declaraciones homófobas, machistas y xenófobas han animado a la población a salir del closet fascista.

En ese contexto, las brasileñas protagonizaron las portadas de los medios de comunicación de varias partes del mundo. Se unieron en importantes movilizaciones tanto en redes sociales como en las calles. El “Movimiento #EleNão” también conocido como “Primavera Morada” ha llevado millones de mujeres a las calles en Brasil y en otros países el día 29 de septiembre de 2018. Las mujeres están organizadas para seguir resistiendo ante cualquier violencia, así como otros grupos de LGBT, negros y maestros. El día después de los resultados de las elecciones, en Brasil solo se escuchaban los gritos violentos de muchos seguidores de Bolsonaro. Varios conflictos fueron registrados, especialmente en las Universidades. A los demás, les queda el miedo. Todos están observando, algunos con esperanza, otros con ansiedad, otros temerosos, lo que va pasar en la economía más grande de Sudamérica. Ahora queda esperar a 2019.

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