La canciller Angela Merkel ha sido la figura excluyente de la campaña electoral alemana. Además de conseguir un triunfo que casi le otorga la mayoría absoluta en el Bundestag, la líder conservadora logró una victoria demoledora en el campo de la comunicación. Su estrategia fue capaz de dictar la agenda electoral, de establecer los frames o marcos interpretativos de los temas y de neutralizar los intentos de sus competidores para tomar la iniciativa. El análisis de este proceso mediante la aplicación de la teoría del frame estratégico permitirá señalar algunos factores determinantes para comprender el éxito de la comunicación electoral de la líder alemana.

Franco Delle Donne, doctorando en la Freie Universität Berlin y consultor en comunicación en el Parlamento de Berlin, @fdelledonne

La apuesta de Merkel por un frame económico asociado a una fuerte personalización de la campaña electoral permitió a la canciller germana acceder a un tercer mandato consecutivo . La oposición no estuvo a la altura y por diferentes decisiones erróneas perdió la batalla discursiva en el espacio público. Este resultado abre interrogantes que intentaremos responder a lo largo de este artículo: ¿Por qué la socialdemocracia y sus aliados no pudieron con una canciller que, después de casi una década en el poder, proponía no cambiar nada? ¿Cuál fue la importancia del frame estrégico en la contienda electoral? ¿Por qué los partidos de la coalición gobernante no se beneficiaron electoralmente de la misma forma?

Hace casi 40 años, el científico social Erving Goffman (1974) definió al frame o encuadre como un esquema de interpretación que permite a los individuos percibir, etiquetar, ordenar, seleccionar e interpretar los sucesos o situaciones del entorno. Bajo estos linea­mientos fue desarrollada la corriente del ssue o frame-estratégico. Esta teoría sostiene que el apoyo hacia una propuesta política determinada aumenta si se logra dominar la discusión pública sobre el tema en cuestión. Según Pan y Kosicki (2003), cuando se discute un tema en el espacio público se genera una competencia entre distintos actores que pugnan por imponer su propio frame. Entendido como la interpretación del actor sobre un issue, ese frame establece las pautas para desarrollar, argumentar y justificar una propuesta que incrementará su aceptación en tanto y en cuanto logre imponerse ante los frames de los otros actores. Una campaña electoral es un momento excepcional para observar esta dinámica y así analizar los movimientos y estrategias de los distintos actores para impo­ner su frame y obtener mayor apoyo del electorado. Lo sucedido en septiembre de 2013 durante la campaña alemana es un ejemplo de los posibles efectos del uso inteligente del frame-estratégico.

La personalización y el frame económico

Tras ocho años en el poder, Merkel y su partido decidieron apostar por una estrategia centrada en la personalización del mensaje electoral. La figura de la canciller fue asociada desde el inicio de la campaña con una política exitosa que, según su discurso, logró sortear la crisis y mantener la estabilidad en el país germano. Más allá de lo acertado o exagerado de su mensaje, el objetivo era poner en el centro de la discusión la crisis y paralelamente el tipo de líder que puede estar al frente del país durante ese período . Puestos de trabajo, equilibrio financiero, cargas impositivas o deuda pública fueron de manera implícita parte del discurso de la Unión Demócrata-Cristiana (CDU). Todos estaban incluidos dentro de un denominador común: la economía.

Asimismo, la canciller reforzó su postura incorporando el recurso del miedo. Este condimento extra pudo haber producido el efecto que Levin, Schneider y Gaeth (1998) denominan Goal. Los autores argumentan que una persona realiza una acción determinada cuando obtiene un beneficio por ella. Sus estudios demostraron que este efecto es aún más potente cuando la acci­ón, en lugar de otorgar un premio, evita un posible daño. En consecuencia, teniendo en cuenta que el peligro o riesgo es un motivador más intenso, es factible especular con una relación entre esta teoría y los posibles efectos del discurso de Merkel en el electorado.

Aquel frame de corte económico no fue solo la base del discurso político conservador, sino también la de su socio político, el Partido Li­beral (FDP). El FDP elaboró una estrategia que se apoyó en los logros de su gobierno de coalición con la CDU de Merkel en la economía.

Pese a que ambos partidos utilizaron el mismo frame, se observa una diferencia relevante en su aplicación. La CDU se centró en Merkel y su cualidad casi intrínseca de garante de la estabilidad. Esta afirmación se apuntalaba en su propia experiencia al frente de Alemania durante el tiempo de la crisis financiera. Por su parte, el FDP se concentró en comunicar una serie de datos económicos positivos que daban cuenta de un gobierno capaz de tomar buenas decisiones. Sin embargo, cometieron dos errores importantes. El primero, no tener en cuenta el “sindrome del Junior-Partner”, es decir, el problema que sufren todos los compañeros de coalición, que consiste en la tendencia de la opinión pública a adjudicar los éxitos al partido más poderoso de la coalición, en este caso la CDU. Este escenario perjudicó a los liberales durante sus cuatro años en el poder y llegaron bastante desgastados a la campaña electoral.

El segundo problema del FDP fue su incapacidad para apropiarse de los logros que enumeraban. Su mensaje ponía el acento en el voto inteligente, cuyo objetivo era beneficiarse del electorado de la CDU. Según los li­berales, solo re-eligiendo a la coalición actual formada por CDU y FDP, era posible continuar con estos logros y evitar riesgos. Sin embargo, este intento de los liberales por convertir su comunicación gubernamental en comunicación electoral se vio truncado porque la figura de Merkel encarnaba en sí misma a la coalición gobernante. Esa construcción del imaginario colectivo alemán ubicó al FDP en un lugar secundario y poco relevante para el futuro de Alemania. Tanto es así que el partido liberal quedó fuera del Parlamento alemán por primera vez en la historia al obtener menos del 5% de los votos.

Así el frame económico que presentaba un país exitoso pero necesitado de una canci­ller fuerte y con experiencia, como la actual, era apuntalado por ambos partidos pero aprovechado por una sola candidata: la líder de la CDU. La propuesta era de continuidad política, pero esa continuidad radicaba mucho más en la figura de Merkel que en la coalición gobernante.

Tres errores estratégicos de la oposición

Por su parte, la oposición conformada por el Partido Socialdemócrata (SPD), el Partido Verde (Bündnis 90/die Grünen) y el Partido de la Izquierda (die Linke) elaboraron un frame de corte social. Según esta interpretación, Alemania podía y debía ser más justa para todos. En este encuadre se puso en relieve una serie de medidas redistributivas como el salario y la jubilación mínimos, el aumento de impuestos a los ciudadanos de mayores ingresos, la inversión en educación y el apoyo a familias y especialmente a las mujeres, entre otros puntos.

Pese a que esta agenda electoral podía ser de especial interés para gran parte de la población alemana nunca consiguió instalarse en el debate público. Es decir, nunca logró convertirse en factor decisor del voto para la mayoría de los alemanes.

Una posible explicación para este problema de instalación de agenda de los competidores de Merkel puede localizarse en los propios e­rrores estratégicos de su campaña electoral. En primer lugar, tanto el SPD como los verdes intentaron unificar agendas para demostrar trabajo en conjunto y comunión de ideas. Sin embargo, esta decisión significó una fuerte erosión de la identidad del partido verde. La incorporación de temas socialdemócratas a su agenda provocó un “efecto difusivo”: por un lado, diversificó demasiado su mensaje y, por otro, le quitó protagonismo a sus propios position issues . Temas como la bio-alimen­tación, la energía renovable o el crecimiento sostenible perdieron importancia al formar parte de un conjunto demasiado diversificado y numeroso de issues. Este “efecto difusivo” generó confusión en el electorado y paralelamente ocultó a los verdes como interlocutores interesantes para los medios de comunicación: para conseguir statements sobre ideas socialdemócratas, era mejor consultar a los propios socialdemócratas.

En segundo lugar, la oposición también tuvo inconvenientes con la utilización de la campaña negativa. En este punto cabe destacar que todo discurso político debe tener un “otro”, es decir, un elemento que sirva de re­ferencia simbólica para representar la posición del emisor político respecto de los diferentes temas. No obstante, es peligroso abusar de este recurso, ya que su uso indebido puede convertir una ofensiva en publicidad para el adversario.

La alta popularidad de Merkel llevó al SPD a cometer justamente ese error. Por un lado, los socialdemócratas “publicitaron” a la líder conservadora con su propia gráfica electoral. Tres de los siete motivos de su cartelería exhibían una fotografía de la canciller que ocupaba más del 50% de la imagen. Además incluía un texto de difícil decodificación para el ciudadano promedio menos informado. En resumen, el mensaje negativo fue demasiado complejo como para mostrar de manera clara los puntos negativos de la canciller. Por lo tanto, la cartelería socialdemócrata no fue más que una imagen enorme y gratuita del adversario político.

En tercer lugar, el SPD tampoco conectó las críticas a la jefa de la CDU con el frame estratégico que había planteado desde su agenda de temas. Las críticas a Merkel se basaron en los escándalos gubernamentales que esta­llaron en aquellos meses de campaña. Así el caso de espionaje estadounidense o los desbarajustes en el Ministerio de Defensa fueron “incorporados” al discurso del candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, pero nunca “integrados” al mismo. El problema de dicha “integración” corresponde a un desfasaje en el plano de la aplicación del frame. Mientras que su agenda de temas se encuadraba bajo un frame social, como se ha mencionado, sus ataques discursivos a la canciller creaban uno nuevo. Siguiendo la clasificación de frames de Hallahan (1999), Steinbrück utilizó un frame de atributos contra la líder de la CDU. En este tipo de encuadre se pone el foco en elogiar o reprobar una característica determinada del objeto del discurso. El SPD entonces optaba por una crítica a la capacidad de liderazgo y administración de Merkel.

La creación de este segundo frame produjo no solo un debilitamiento en el primer frame de los partidos opositores, ya que se le quitó fuerza y recursos (simbólicos y concretos), sino que también llevó al SPD al plano del encuadre de su enemigo: Merkel como fi­gura predominante de la campaña.

La neutralización del frame enemigo

Hasta aquí se han analizado los errores estratégicos de la oposición. No obstante, la clave de la clara victoria de Merkel en el plano comunicacional se da a partir de su capacidad para explotar esos desa­ciertos de socialdemócratas y verdes.

La estrategia de la líder conservadora neutra­lizó el frame socialdemócrata al integrarlo a su propio frame estratégico. En otras palabras, el frame económico de Merkel fagocitó al de la oposición mediante una leve transformación discursiva de una de las propuestas opositoras. En su spot electoral, la propia Merkel aseguraba que la alternativa a su gobierno era votar por una constelación de partidos que tenía como objetivo subir los impuestos. La canciller no aclaraba a quién se le aplicarían esos nuevos gravámenes, ni por qué. Bastaba con que explicase que una subida de impuestos sería peligrosa para la estabilidad del país y que con ella esto no sucedería. La jugada de Merkel quitaba importancia al fin redistributivo, y por ende social, de la medida y la llevaba al plano del frame económico. A partir de aquel momento, el debate cambió de eje y la discusión política pasó a una fase de polarización total: o bien se votaba por una continuidad con estabilidad, especialmente económica, o se optaba por un cambio de gobierno con la incertidumbre que ello conlleva.

Conclusión

La capacidad de la CDU de fijar la agenda y de imponer su frame económico permitió el lucimiento de la figura de Merkel como garante de una Alemania estable. La canciller fue definida como condición necesaria para la estabi­lidad de un país que deberá enfrentar tiempos difíciles. A causa de las propias falencias o de las virtudes ajenas, la oposición fue incapaz de tomar la iniciativa en ningún momento de la campaña electoral. En términos políticos el resultado electoral no fue contundente ya que Merkel deberá negociar con sus adversarios para formar el próximo go­bierno. No obstante, la canciller y su partido desarro­llaron una estrategia de campaña acertada y efectiva, que sacó el máximo provecho de las virtudes propias y los errores ajenos.

1 La alianza conservadora CDU/CSU de Angela Merkel obtuvo el 41,5% de los votos mientras que su inmediato perseguidor la socialdemocracia apenas alcanzó el 25,7%. Esto dejó al partido de la canciller a solo cinco escaños de la mayoría absoluta en el Bundestag.

2 Ese tercer mandato está condicionado al el éxito de las negociaciones de coalición. Si fracasan, se debería llamar nuevamente a elecciones. Las encuestas indican que en ese hipotético escenario Merkel volvería a salir victoriosa.

3 Los carteles electorales de la líder conservadora fue­ron un fiel reflejo de esta estrategia.

4 Los position issues son aquellos temas que dan cuenta de disputas ideológicas y que por lo tanto diferencian las posiciones de los distintos partidos políticos.

Referencias

Goffman, E., Frame analysis, Harper & Row, New York, 1974.

Hallahan, K., “Seven Models of : Implications for Public Relations”, Journal of Public Relations Research, 11(3), 1999, pp. 205-242.

Levin, I., Schneider, S. y Gaeth, G., “All frames are not created equal: A typology and critical analysis of effects”, Organizational Behavior and Human Decision Processes, vol. 76, 2, 1998, pp. 149-188.

Pan, Z. y Kosicki. G., “Framing as a Strategic Action in Public Deliberation”, en Reese, S., Gandy JR., O. & Grant, A. (eds.) Framing public life. Perspectives on Media and Our Understanding of the Social World, New Jersey, Lawrence Erlbaum Associates, 2001.

 

 

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