Por Alex Comes, @alejandrocomes Director de @estudiolabase y subdirector de @Beerspolitics

Bono, el mítico líder de U2 y reconocido activista en la lucha contra la pobreza en África, lucha que por cierto le llevó a ser nominado en 2005 y 2006 al Nobel de la Paz, destacó que “la música puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas”. Y, haciendo un recorrido a lo largo de la historia podemos afirmar que, si esto no es como Bono dice, la realidad está muy cerca.

Sin lugar a dudas, parte de nuestro lenguaje emocional está intrínsecamente ligado con la música, dejando patente la alta transmisión sensorial que siempre ha tenido este arte en nuestro interior. Llega hasta lo más profundo de nuestras entrañas, configurando, en la mayoría de los casos, un estilo de vida que va directamente asociado a nuestra personalidad.

Este proceso de construcción de nuestra identidad personal viene dispuesto por nuestra relación con los distintos grupos sociales con los que interactuamos, configurando así nuestra identidad política. Este proceso de socialización temprana va en la mayoría de los casos sincronizado a un proceso de socialización musical, gracias a que nuestros gustos musicales suelen ser un fenómeno que nos permite conectar con personas afines a nuestros gustos.

Y es que tal y como señalan multitud de artículos relacionados con el campo de la neurociencia, las razones para votar por una determinada opción van mucho más allá de lo racional y de lo ideológico, entrando en juego elementos emocionales y conexiones neuronales que poco tienen que ver con las propuestas que nos hace llegar desde los partidos que entran en liza en un contexto electoral.

Es tal vez por este motivo que música y política, así como los profesionales que se dedican a ello, sin diferenciar el espectro ideológico y la reivindicación social, han ido utilizando sus palabras, es decir, sus canciones, para hacer llegar más lejos aquellos mensajes políticos y
sociales y sus reivindicaciones. En definitiva, su lucha política, con el objetivo de captar adeptos a su causa y convertirse así en prescriptores del movimiento que ellos y ellas representan.

En la mayoría de estos casos la música ha sido un instrumento de protesta contra el poder establecido, buscando derrocar al statu quo político actual y unir a un grupo de la población bajo el mismo manto cultural. Pero, como he dicho anteriormente, estos son mayoría pero no exclusiva, puesto que han sido varios Gobiernos los que también han ‘utilizado’ a cantantes o grupos de música, de una manera extraoficial, para transmitir aquellos mensajes que más les convenía. Llegados a este punto, creo que conviene recordar una de las series que mejor ha retratado algunos aspectos de nuestra sociedad, Los Simpsons, recuperando el uso que hicieron de la banda musical de Bart, Panda Tope, y su canción Alístate en la Marina, cuyo objetivo era, efectivamente, aumentar el número de jóvenes que se unieran al ejército estadounidense.

Música y política

Escribía ya hace unos años Xavi Peytibi, aunque sigue estando más vigente que nunca, que la identificación es una de las claves para establecer una vinculación emocional entre político-ciudadanía. “Nos identificamos más con alguien alegre, cuya percepción nos provocará verlo con optimismo, entusiasmo, j­ovialidad o esperanza. Uno de los modos rápidos para que alguien nos parezca o nos haga sentir es a través de la música”, en palabras del propio autor.

A lo largo de nuestra historia, tal y como indica también Xavier Peytibi en el artículo, es a mediados del siglo XIX en EE.UU. (dónde si no) cuando empezaron a crearse “canciones hechas a propósito para el candidato, hablando de él o criticando satíricamente al opositor, por ejemplo Lincoln and Liberty (1860) o Tippecanoe and Tyler Too (para Harrison en 1840)”. Más tarde, ya en el siglo XX, fue cuando diferentes grupos de música profesionales empezaron a mostrar públicamente sus vinculaciones políticas e ideológicas a favor, o en contra, de un determinado candidato.

Como podemos comprobar, la vinculación entre música y política o entre campañas electorales y política no es nada nuevo, ya que esta relación se viene gestando durante hace ya muchos años.

Si hemos de elegir un político de primer nivel que ha tenido el apoyo musical de grandes referentes artísticos de su país, este ha sido, sin lugar a dudas, Barack Obama. Y buena muestra de la relación que gestó el entonces presidente de los EE.UU. con uno de sus activistas musicales, Bruce Springsteen, es el reciente lanzamiento del podcast Renegades: Born in the USA por parte de ambos.

Spotify, la plataforma reina

En la actualidad, una de las herramientas más útiles que pueden servir tanto los partidos políticos como las personas que están al frente de estos es Spotify. En esta aplicación gratuita podemos reproducir nuestra música favorita, configurar una playlist y seguir todas las novedades de nuestros grupos favoritos, así como de aquellos que la herramienta determina como similares a estos.

Además, otra de las posibilidades que tiene Spotify es la de emitir cuñas radiofónicas que puedes segmentar según el perfil demográfico de la persona usuaria así como de sus gustos musicales. Es decir, si tenemos detectado que la mayoría de nuestros seguidores escuchan predominantemente a grupos indie, podremos destinar el grosso de nuestro presupuesto a este tipo de personas usuarias.

Por poner un ejemplo, hay un estudio que se realizó en Argentina en 2019 que analiza los gustos musicales de la ciudadanía vinculado a sus preferencias políticas donde determina que, aquellas personas que optan por un partido de derechas, escuchan más a Calamaro y Coldplay, mientras que en el otro lado del tablero, aquellos votantes progresistas, escuchan más a Fito Páez o Radiohead.

Dejando de lado las posibilidades económicas que ofrece Spotify a los anunciantes, hemos visto recientemente cómo los partidos políticos han empezado a utilizar Spotify con el objetivo de acercarse a sus posibles votantes a través de la música. Como señala Antoni Gutiérrez – Rubí en un artículo, “una de las vías más rápidas para identificarnos con ese alguien o para generar determinados sentimientos es la música”.

Uno de los pioneros de esta herramienta, como he mencionado anteriormente, fue Barack Obama en su campaña de 2012 y recientemente, aquí en España, el PSOE también creó su propia playlist para las elecciones de 2019.

También encontramos casos como el de Caetano Veloso, que tras la victoria de Jair Bolsonaro creó una playlist llamada ‘Política’, donde recopila canciones para motivar a la resistencia brasileña contra el nuevo presidente del país.

Y la pregunta es, ¿qué contenidos puedo generar? Aquí os dejo algunas ideas:

  • Playlist con las canciones favoritas de nuestro candidato o candidata. De esta manera las personas usuarias que vean esta lista podrán conocer de primera mano los gustos musicales de esta persona, humanizando así al candidato/a y tratando de establecer una conexión emocional con los mismos.
  • Playlist con las canciones que suenan en nuestros actos de campaña. Los mítines o actos principales de campaña se organizan por diferentes motivos y uno de los principales es la de generar un ambiente festivo y alegre que sirva para retroalimentar de ilusión y optimismo a todas las personas que asisten al mismo. De este modo, si generamos una playlist con las canciones que hemos utilizado para animar los momentos previos o post evento, seremos capaces de generar un sentimiento de nostalgia y así conectar con nuestros militantes evocando esos buenos momentos.
  • Playlist colaborativas de activistas. Una campaña sin activistas formados y motivados está condenada al fracaso. Así de claro. Por tanto, durante la organización y la ejecución de la campaña electoral hemos de ser capaces de involucrar a todo nuestro equipo de activistas para que estén durante todo este tiempo siendo nuestros altavoces en sus diferentes círculos personales, profesionales, etc. Una de las opciones para activar a este grupo de colaboradores es la de generar una playlist donde todos hagan su aportación musical.
  • Playlist con ‘himnos históricos’ para nuestro público. Otra de las opciones que tenemos para llegar a nuestros (posibles) votantes es la de configurar listas de reproducción con aquellas canciones históricas que son verdaderos himnos para grupos de la población marcados políticamente por un acontecimiento histórico. Por poner un ejemplo, canciones como Al Vent o L’Estaca son dos himnos para todas aquellas personas que lucharon de manera activa contra la dictadura franquista en España.

Además, Spotify te da la opción de crear tu propio podcast, como ha hecho este año el Partido Popular, ofreciendo así la posibilidad de llegar a tu audiencia a través de la voz, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.

Spots musicales

Otra de las acciones que podemos llevar a cabo en una campaña electoral con la música como protagonista, es la elaboración de spots musicales, como los que recientemente han realizado en España Íñigo Errejón o Jessica Albiach. En ambos casos, el equipo de campaña en colaboración con diferentes artistas del sector han escrito una
canción o jingle. Ya sea adaptando la canción de un tema conocido o creando uno desde cero, donde la letra del mismo comunique las principales cualidades de la persona que lidera la candidatura y/o a las principales medidas que contiene nuestro programa electoral.

Para concluir, la relación entre música y política está presente desde los orígenes de las campañas electorales y la revolución tecnológica que ha vivido nuestra sociedad. Las diferentes plataformas sociales han aumentado las posibilidades para crear contenidos con objetivos políticos. Y es que como dijo el celebérrimo compositor alemán, Ludwig van Beethoven: “La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”.

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