Por Alberta Pérez, @Alberta_pv

El 2 de marzo Israel vuelve a las urnas por tercera vez desde abril del 2019. Hecho que expreso en futuro sabiendo que para ustedes, lectores, a estas alturas ya serán de sobra conocidos los resultados de esta votación. Que escribo sobre el futuro, pero ya es un hecho del pasado. Aún así, puede que la siguiente pregunta todavía siga vigente: ¿Cómo han llegado los israelíes a repetir el peregrinaje a las urnas tres veces en un año?

Tanto el actual ministro en funciones Benjamín Netanyahu, en el poder de forma ininterrumpida desde 2009 y líder del partido Likud; como Benny Gantz, líder de la alianza centrista Azul y Blanco, celebraron la victoria como suya con el empate del primer sondeo en abril del 2019. Una victoria que a día de hoy todavía no se ha consagrado. Los resultados de aquella ya anticipada votación, convocada tras una crisis gubernamental, reflejaron la discrepancia política que ha acarreado hasta día de hoy tres elecciones en menos de un año y los israelíes votarán de nuevo este 2 de marzo, en un intento por resolver un puzle que puede ser histórico para el país.

El final de 2018 fue turbulento para la Knesset (Parlamento). El por aquel entonces ministro de Defensa y líder del partido derechista laico “Israel Beitenu”, Avigdor Lieberman, dimitía en noviembre de 2018 como protesta por la negativa a una ofensiva de Netanyahu, líder de la coalición gobernante por aquel entonces, al lanzamiento de 460 proyectiles del grupo islamista Hamas en el sur del país, en busca de una tregua. El alto al fuego fue criticado por Lieberman como una “rendición ante el terror”. En consecuencia, decidió dejar a la coalición sin los cinco escaños de su partido, con una muy ajustada mayoría de 61 diputados sobre 120. Ya se olían las elecciones anticipadas. Esto ocurría el 13 de diciembre de 2018, mes en el que la policía israelí recomendaba la acusación de Netanyahu en un tercer caso de corrupción a la Fiscalía General del Estado.

Con la entrada del nuevo año, el Parlamento se enfrentaba a otra piedra en el camino que finalmente le obligaría a disolver el Parlamento. La fecha límite establecida por el Tribunal Supremo para la aprobación de una reforma en la ley de reclutamiento al servicio militar obligatorio se acercaba, la aprobación de la reforma buscaba ofrecer un trato igualitario a todos los judíos, sin distinciones. El sector jaredí está exento desde la creación de Israel en 1949 (junto a los árabes israelíes, aunque por motivos distintos) del servicio militar obligatorio, un derecho que los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido ya habían avisado, no estaban dispuestos a mermar. Esta disputa llevó a la coalición liderada por Netanyahu a comunicar en el diario Haaretz: “Dada nuestra responsabilidad nacional y presupuestaria, los líderes de los partidos de la coalición han decidido, unánimemente, disolver la Kneset (Parlamento) y celebrar elecciones a principios de abril, transcurridos cuatro años de la legislatura”. El Parlamento se quedaba sin oxígeno.

Pero los resultados de abril no ayudaron a cambiar la situación, con un empate técnico entre Gantz y Netanyahu. El exministro de Defensa Avigdor Lieberman, líder del partido Israel Beitenu (Israel Nuestro Hogar), jugó un papel importante en el bloqueo de la derecha, negándos­e a volver con el Likud y los partidos religiosos, ya que consideraba que sus demandas en cuestiones de Religión y Estado no habían sido escuchadas. Además, exigía la inclusión de los judíos ultraortodoxos en el servicio militar. Así, el 30 de mayo la Knesset votó a favor de una disolución, que suponía una nueva jornada en las urnas que se estima generaría un gasto de 130 millones de euros directos al país y un aproximado de 550 millones derivados de la jornada festiva, que sería un nuevo día no laborable. Para Netanyahu, por otro lado, implicaba continuar como líder en funciones hasta nuevo aviso. Dejaba al partido Azul y Blanco sin opciones a encontrar el acuerdo, con las acusaciones de corrupción en su contra haciendo eco.

Cinco meses después, el 17 de septiembre de 2019, un 69,86 % de la población acudía a las urnas de nuevo. Una participación más alta de lo esperado, que esta vez dio la ventaja al partido Azul y Blanco, con un escaño más que el Likud. Sin embargo, los treinta y pocos escaños que contaba cada partido no lograron conseguir apoyos suficientes para formar Gobierno. En diciembre de 2019 Gantz y Netanyahu se echaban las culpas mutuamente por finalizar sin éxito el plazo para elegir un candidato a formar Gobierno y por ende, a una nueva convocatoria de elecciones el 2 de marzo, dos semanas antes de que comience el juicio por los tres delitos de corrupción contra el primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu que vio sus acusaciones formalizadas en enero de este año.

¿Qué le depara el 2020 a Israel? Díganmelo ustedes.

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