Por Nuno Cruz Inácio @nunocruzinacio Consultor político

Cuando el Partido Socialista de António Costa perdió las elecciones parlamentarias de 2015 ante los socialdemócratas de centroderecha (se identifican más con el nombre original de Partido Popular Democrático), tuvieron que poner en práctica el ambicioso programa de austeridad impuesto por la UE y el FMI (con un préstamo de 78.000 millones de euros). La mayoría de los observadores esperaban que los socialistas los apoyaran a volver a las centrales de bloque de los años 80. Pero António Costa tenía otros planes.

Quien se convirtió en el primer descendiente de hindús (su padre era de Goa, antigua provincia portuguesa en India) en ser nombrado primer ministro en Europa, convenció a los tres partidos de izquierda (Partido Comunista Portugués, Bloque de Izquierda y Verdes) para firmar un acuerdo de base parlamentaria que vino a dar sostenibilidad a un gobierno socialista. Muchos han dudado de esta estrategia, ya que los partidos de izquierdas están completamente en contra de la Unión Europea, el euro y la OTAN, y defienden políticas diferentes sobre el empleo que defiende el Partido Socialista (el Partido Comunista controla la mayor confederación sindical portuguesa). Sin embargo, dos años más tarde, la llamada «geringonça» sigue en pie y los socialistas obtuvieron su mayor victoria histórica en las elecciones municipales. Sin comprometer el objetivo del déficit público (3 % en 2017, que caería a 0,9 % si el apoyo a los bancos no se considerase), parte de los recortes de salarios y las pensiones se han invertido, las empresas están rompiendo al alza los registros de las exportaciones, el sueldo mínimo subió 75 euros, y el desempleo cayó a un impresionante 7,8 % (la media de la zona euro fue del 8,7 % en el primer trimestre de este año).

En una entrevista reciente con The Economist, António Costa declaró que «hemos demostrado que hay una alternativa al No hay alternativa«. Este discurso resulta ser una respuesta a la narrativa de la anterior coalición de derecha, que basada en los estudios del FMI y de la UE, siempre decía que el único camino existente era el de la austeridad.

PERO, ¿POR QUÉ FUNCIONA?

Hay que empezar a darse cuenta de que el Partido Socialista de Portugal es diferente de la mayoría de sus homólogos europeos. El partido no se originó en los sindicatos, pero en el ámbito académico, empresarial y cultural, había élites que querían enfrentarse al comunismo en el periodo posterior a la revolución que derrocó a la dictadura fascista, por lo que su ambición natural es el poder y no la «pureza ideológica».

En segundo lugar, esta era la única manera de que los partidos de izquierda bloquearan un gobierno de derecha minoritario. Hasta entonces, nunca en Portugal los partidos de izquierda se habían entendido con el fin de hacer una coalición parlamentaria. De hecho, habían existido coaliciones de izquierda pero a nivel local, y la más notable es la que permitió a António Costa asumir la presidencia del ayuntamiento de Lisboa, posición que mantuvo hasta que llegó a la dirección del Partido Socialista. Al tratarse de una coalición de marco parlamentario, en los partidos de izquierda no se prohíbe el lanzamiento de la crítica al gobierno socialista, y tanto el Bloque de Izquierda como el Partido Comunista pusieron en marcha un par de ataques principalmente a través de la política exterior, pero también han defendido al gobierno cuando se trata de temas importantes como los presupuestos del Estado.

Naturalmente que esta coexistencia ha abierto algunas heridas, en particular después de la victoria antes mencionada del Partido Socialista en las elecciones municipales, ya que retiró ocho de los diez municipios que el Partido Comunista perdió el 1 de octubre de 2017. Las encuestas no ayudan mucho a una convivencia amistosa entre los partidos de la coalición, ya que es muy evidente la ventaja que el Partido Socialista ha obtenido de ella. Muchos, incluso, afirman que la coalición solo se mantiene por la capacidad de persuasión de António Costa y su Secretario de Estado para Asuntos Parlamentarios, Pedro Nuno Santos. Este es el eje de la “geringonça”, nombre con el que el historiador Vasco Pulido Valente nombró la coalición de izquierda, y que Paulo Portas (exlíder del PP) repetiría en el Parlamento. En una entrevista con la Magazine Visão, Pedro Nuno Santos dijo: «Siempre pensé que la izquierda tenía que trabajar junta y siempre luché por ello. Por lo tanto, la democracia se ha enriquecido”. Fue uno de los principales negociadores del acuerdo para formar gobierno y es el interlocutor con los partidos de izquierda. Y quien tiene que manejar las sensibilidades de los socios.

Uno de los argumentos que utilizarán finalmente es que nadie quiere tener la carga de derribar a un gobierno que en menos de tres años pasó del mal estudiante de la Unión Europea a la posición de maestro ejemplar, y que además tiene uno de los jefes de gobierno mejor valorados de toda Europa.

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