Por Alberta Pérez, @alberta_pv

Es una historia que lo engloba todo, destrucción y creación: la relación del ser humano con las drogas es antiquísima, y según los investigadores, probablemente más de lo que las evidencias arqueológicas confirman. En Europa se han hallado pruebas del consumo de opio que datan del 5.700 a.C. Y sí, tu taza de café matutina también constituye un ejemplo de consumo de sustancia psicoactiva, la cafeína es, de hecho, la droga más popular del mundo.

Según una leyenda popular, el origen del café se ubica en Etiopía y fue un pastor que sorprendido por el efecto que producían las ‘bayas’ de café en su rebaño decidió llevar el fruto hasta un monasterio. Un relato perfectamente creíble.  Este artículo de La Vanguardia nos cuenta que las cabras son animales aficionados a las sustancias psicoactivas. En Yemen y Etiopía es común verlas mascar hojas de khat, una planta con propiedades euforizantes, pasatiempo que comparten con los habitantes de estos países… Y no es que las personas estemos como cabras, muchos animales consumen estupefacientes. Ahora que ya hemos disfrutado de las Navidades voy a desmitificar, con permiso de Rudolf, la historia de Papá Noel. Resulta que, si vemos a un reno correr sin rumbo y haciendo ruidos e­xtraños como si estuviese ebrio, es posible que haya consumido un hongo alucinógeno llamado Amanita muscaria, lo cual según dicen las malas lenguas, p­udo ser el origen de la historia de Santa Claus y sus ‘viajes’ en trineo.

La polémica alrededor del costoso (y en ocasiones ineficiente) sistema de prohibición de las drogas es una discusión con implicaciones socioeconómicas, geopolíticas, legales e inherentemente éticas. Hace poco más de un año, el 2 de diciembre del 2020, las Naciones Unidas reconocían a nivel internacional el beneficio médico y terapéutico del cannabis, reclasificándolo fuera de la lista IV de la Convención Única de estupefacientes de 1961, tras una serie de recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. La lista IV es un espacio donde se hallan las sustancias estupefacientes más perjudiciales y en donde encontramos opioides como la heroína.

Existe, por supuesto, dentro de este cambio una letra pequeña que especifica las recomendaciones en el porcentaje adecuado de tetrahidrocanabinol o THC (la sustancia adictiva y culpable de los efectos psicoactivos) y cannabidiol o CBD (principio activo relacionado con el beneficio medicinal) que deben encontrarse en el producto para disminuir su contraparte nociva. Este gesto, que ha tardado 60 años en ocurrir, alienta el desarrollo de la investigación médica y cultivo del cáñamo, ayudando también (pese a que su uso recreativo siga siendo reconocido como ilegal a nivel internacional) a suavizar la estigmatización existente sobre esta planta que, a su vez, no deja de ser la droga ilegal más consumida en todo el mundo, un consumo que según estudios ha aumentado durante la pandemia.

Muchos países ya habían despenalizado el consumo y la posesión de marihuana. En Europa, Holanda fue la pionera en aprobar en 2003 su uso medicinal, pero desde 1976 se toleraba su venta al por menor (hasta 5 gramos) y consumo en los coffee shops, licencia que los no residentes carecen en algunas provincias del sur desde 2012. Luxemburgo autorizó en 2021 el consumo recreativo en la esfera privada y su cultivo para uso personal. Hasta ahora, solo Uruguay y Canadá autorizan el cannabis recreativo, siendo el primero el precursor mundial en permitir la producción, distribución y consumo de marihuana, a la venta en farmacias y clubes cannabicos del país. Continuó Canadá en 2018, bajo la promesa del partido liberal liderado por Justin Trudeau, convirtiéndose en el primer país del G7 en permitir la posesión de hasta 30 gramos por persona y 4 plantas de marihuana por casa. Ahora, parece que el nuevo Gobierno de Alemania quiere convertir a su país en el tercero de la lista y sumarse a esta tendencia liberal que no deja de tener claroscuros. El concepto “fiebre del oro verde” es real, tal y como demuestra Synbiotic, la única empresa de cannabis alemana que cotiza en bolsa, que aumentó su valor en un 33% rozando una capitalización de 97 millones de euros tras publicarse la noticia. La preocupación principal de esta nueva corriente es caer en publicida­d errónea donde se obvien los perjuicios de la sustancia. El relato. La pregunta es: ¿Cuál va a ser el eslogan esta vez? Esta es una preocupación real, porque como puede observarse en este artículo, abrimos el melón y se nos llena la boca de tendencias políticas, leyes, libertad, prohibición y dinero…, pero muy poco de educación y al final es el marketing quien se nos adelanta siempre.

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