Por Julia Sousa, @juliapoza, periodista.

La incertidumbre que se vive en aspectos políticos y económicos está produciendo que ciertas praxis periodísticas parezcan habituales y normales, cuando en el fondo no lo son. Nos referimos a pedir el OK al entrevistado, cuando dicha entrevista se ha realizado libremente por parte del protagonista y, además, se ha grabado con su consentimiento.

En la profesión periodística se impuso hace tiempo la praxis de entregar la entrevista escrita antes de su publicación, con el fin de que el protagonista pudiera dar o no su consentimiento definitivo para la posterior publicación en el medio. Y, digo impuso, porque no fueron los medios periodísticos quienes implementaron esta dinámica, sino algunos dircom de políticos y empresarios. Y, los medios, con el fin de conseguir dichas entrevistas consintieron. Y, efectivamente, se convirtió en una praxis habitual, pero el término habitual lo dice todo. Lo habitual no significa que sea correcto, beneficioso, obligatorio… simplemente alude que ha sido una costumbre y como tal costumbre parece que se haya constituido en un dogma. Y no lo es. Si un periodista pide una entrevista y el entrevistado accede a ella libremente, lo único que puede pedir es que su publicación se ajuste a sus palabras y, por ello, los periodistas graban dichas entrevistas, también con el consentimiento del entrevistado.

Cierto es que a pesar de este protocolo periodístico, todavía hay entrevistados que una vez han leído sus respuestas en un medio escrito, repiten hasta la saciedad que el periodista se inventó cosas o bien, que malinterpretó sus palabras. Menos mal que siempre queda la grabación de la cinta. No estoy de acuerdo con esta praxis habitual de la que hablábamos antes porque me parece que obedece a un control desmesurado de la información y a una servidumbre por parte de la prensa que no ayuda a la libertad de expresión. El periodista no puede, ni debe, inventarse nada. Partiendo de esta base ineludible, si hace bien su trabajo, no debería haber más controles por parte de nadie. Hace poco hubo un gran revuelo por una entrevista realizada al expresidente Felipe González en la que salió a la luz que antes de su publicación en un medio escrito había habido la praxis de pedir el OK al entrevistado.

Sobre la web del Ayuntamiento del Madrid

Otro tema distinto, pero también relacionado de alguna manera con la falta de libertad de expresión, concierne a la web Versión Original del Ayuntamiento de Madrid. Una web, ahora rectificada por el consistorio, que también vulneraba dicha libertad de expresión, ya que intentaba corre­gir, señalar o criticar informaciones aparecidas sobre el organismo público en los medios, aduciendo falta de rigor en las informaciones. Rigor se confunde en ocasiones con trabajar al “dictado”. Hay que ser riguroso, claro que sí, en la base de contrastar las informaciones, en la base de publicar algo cuando lo tienes confirmado por distintas fuentes y partiendo de la praxis que una información rigu­rosa ha de tener pocos adjetivos y muchos sustantivos.

Josep Ramoneda opina que la incertidumbre es connatural a la política, pero dicha incertidumbre crece muy rápido y este proceso acelera también el deseo de querer controlar más y mejor; sobre todo, ahora que la información es muy rápida a través de las redes sociales y por tanto, mucho más difícil de delimitar. Pero la política debería diferenciar la información en las redes y la información periodística, aunque en muchos casos quieran mezclarlo todo. Ya sabemos que un ciudadano puede hacer una foto con su móvil y subirla a una red con un comentario y estallar una crisis, según su contenido. Pero, insisto, no hablamos de periodismo en este proceso. Por tanto, el supuesto temor que tienen los políticos a la masiva información es comprensible, pero deberían diferenciar entre información y opi­nión. Los ciudadanos son libres de opinar y los periodistas somos libres para dar información.

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