Háblame y te escucharé. Házmelo sentir y no lo olvidaré.

Antoni Gutiérrez-Rubí, @anto­­­­nigr, Asesor de comunicación. Vicepresidente del Consejo Di­re­ctivo de ACOP.

La gestión del caudal emocional es imprescindible para cualquier fase de la acción política: denuncia social, movilización activista, confrontación electoral y relato de la acción política. Sin emociones, sin diseño del recorrido emocional de la idea o la propuesta política, su efectividad es limitada. Pensamos lo que sentimos. Nos movemos por necesidad y, también, por motivación y estimulación. El universo emocional es el vestíbulo del conocimiento. Todo pasa por ahí. Y todo se distribuye desde esa plataforma de experiencias, percepciones, sensaciones y conocimientos emocionales.

Nuevas posibilidades para la política de las emociones.

La sociedad digital, con las nuevas redistribuciones de poder y de relaciones y las nuevas posibilidades de intervención gracias a una tecnología social, permite explorar nuevas posibilidades para la política de las emociones. Estas posibilidades estaban antes residenciadas, fundamentalmente, en el poderoso efecto de la publicidad electoral, de la creatividad gráfica o del storytelling político.

Las redes sociales, con su capacidad de establecer nuevas relaciones con base en redes de intereses y motivaciones, permiten nuevas concepciones. Las preguntas son ¿qué estás haciendo o pensando? Lejos del quién eres y de dónde vienes. Esta identificación de la identidad personal con la acción o el pensamiento ofrece posibilidades para un relato político centrado, preferentemente, en compartir intereses y motivaciones. Es decir: emociones.

Tecnología emocional

La tecnología social, en especial con las nuevas posibilidades de los dispositivos móviles fablets (tablets+fones), así como una gama rica de soluciones que hibridan audio, imagen y texto abren posibilidades inéditas hasta hace muy poco. La creación de poderosas imágenes con gran narrativa audiovisual que potencian la creatividad de los usuarios (electores que primero son ciudadanos y activistas online) abrirán una nueva etapa para la comunicación política que se nutre y se inspira en las emociones que se comparten, que crecen, que se proyectan en redes y entornos digitales.

Algunas compañías, en su nueva versión de plataforma social, han diseñado recursos sencillos y amables, con grandes posibilidades para que los usuarios puedan expresar sus propias ideas mediante la creación de colla­ges, vídeos, memes, y otros contenidos multimedia dinámicos, en cuestión de segundos, que además pueden ser comentados por otros usuarios y compartidos dentro de la propia plataforma, y son compatibles con redes como Twitter, Facebook, Pinterest o Tumblr.

Este es el caso, entre otros ejemplos, de las opciones Collage, Picotale, Video Party y Blink de Microsoft a través de So.cl. Independientemente del éxito de esta concepción propietaria y, hasta cierto punto, cerrada de estas nuevas herramientas, lo que reflejan es una oleada de soluciones híbridas (como por ejemplo Vine) que junto a las redes con fuerte contenido icónico y visual (como Line) abren el universo de conversaciones más dinámicas, en donde lo visual y lo creativo (y, en consecuencia lo emocional) disponga de nuevos recursos de efectividad. Estas opciones multimedia, fáciles y rápidas, son las mejor soluciones para estrategias multiplataforma y multiformato que serán, creo, las re­ferenciales y las centrales en la nueva cultura de la comunicación de branding (corporativo y político). Compartir experiencias (vitales, cotidianas) en las redes, y añadir capas de interpretación y darles sentido y contexto es un universo de posibilidades para la exploración de las emociones en el activismo y la acción política.

La creación de ecosistemas emocionales en la política, también facilita –aunque no siempre – oportunidades para una mayor perso­nalización e implicación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Hablar con el corazón y desde el corazón permite aproximaciones más horizontales y más empáticas con los electores y activistas. Crear entornos y experiencias en donde se viva un momento único es básico si se quiere fortalecer (ampliar, consolidar y fundamentar) el compromiso político o el activismo con el compromiso personal, y no solo ideológico.

Poseemos, también, tecnologías y soluciones que recrean y facilitan la emocionalidad de las conversaciones y estimulan los afectos y los intereses compartidos. Esta relación densa e intensa emocional permite empodera­mientos personales más profundos, con más huella y recorrido que la simple adscripción e identificación ideológica.

El cerebro racional es emocional.

Nuestro cerebro piensa lo que siente y piensa en imágenes. La neuropolítica es una disciplina extraordinaria para enriquecer y am­pliar las opciones de la comunicación política. El íntimo itinerario ver-sentir-pensar se hace cada vez más intenso, más fuerte y más abier­to para una concepción política que no desprecie lo emocional, confrontándolo –torpe y equivocadamente- a lo ideológico o lo programático. Tenemos a nuestra disposición una tecnología (social), unas redes (digitales) y unos dispositivos (móviles) que favorecerán la relación entre las emociones individuales y las colectivas. Entre lo que siento y lo que sentimos. Entre el yo y el nosotros. Quien, desde la política o desde las disciplinas a su servicio, no comprenda que sin la creación de momentos o contenidos memorables no hay opciones de éxito político estará perdiendo una gran oportunidad para avanzar. Y solo recordamos lo que nos hizo sentir (soñar, imaginar, desear, aspirar, emocionar…).

Los datos son abrumadores. La evidencia empírica de la relevancia de las emociones en la configuración cognitiva está fuera de toda duda. Pensamos lo que “sentimos”. Y sentimos lo que “percibimos”. El triángulo percepción (sentidos) – sentimientos (emociones) – y conocimiento (pensamientos, ideas) es indiscutible. la política de las emociones es aque­lla que reconoce el papel determinante de los sentimientos en el compromiso y la acción política. Sin emociones, no podremos comprender los estados de ánimo de las personas. La praxis política se ha vuelto “insensible” y aquí ha empezado la brecha de legitimidad y de proximidad con la ciudadanía.

La construcción política del “nosotros”.

La construcción del “nosotros” es clave para un proyecto político democrático. De la circunstancia personal, al horizonte colectivo. De los problemas individuales a las soluciones colectivas. Para esta concepción coral, plural y colectiva (es decir: democrática) el discurso emocional puede permitir nuevas alianzas en lo público y para lo público desde posiciones individuales (e individualistas). Las emociones socializan. Y esta posibilidad de reencontrarnos en un nosotros colectivo puede regenerar la política y la democracia. No estoy hablando solo de técnica (tradicional abordaje de los expertos, oficios y profesiones de la comunicación política), estoy hablando de compromiso político personal y colectivo.

De nuevo, las emociones. Sin ellas no hay sentimiento de pertenencia y de lo colectivo. Emociones indignadas o esperanzadas, has­tiadas o ilusionadas, negativas o positivas, son la energía más potente para la cons­trucción de marcos de interpretación política y escenarios de actuación que van desde el activismo a lo electoral. Las tecnologías sociales y, en particular, las nuevas herramientas que potencian el multiformato, van a multiplicar su potencial como articuladoras de consensos compartidos. Ahí está su fuerza. Así funciona nuestro cerebro, y así funcionan las redes. g

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